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Implementation Summary and Conclusions

A unque desde el prim er volumen de H istoria de la sexua­ lidad se puede encontrar un cierto desplazam iento de los intereses y un inicio de la reflexión sobre la subjetividad, las primeras formulaciones rigurosas se encuentran en los cur­ sos Subjetividad y verdad y H erm enéutica del sujeto. A partir de este m om ento, las referencias filosóficas del autor francés tendrán que ver con el m undo griego y rom ano, ya que la cuestión del sí mismo había tenido un gran desarrollo d u ­ rante las épocas helenística y rom ana m ediante las nociones del cuidado y las técnicas de sí. La transición foucaultiana hasta este nuevo m odelo teórico queda explicada en el pri­ mero de los cursos como un m odo de acceder a la historia de la subjetividad desde otro lugar:

La historia del cuidado y de las técnicas de sí sería, pues, un modo de llevar a cabo la historia de la subjetividad: no a tra­ vés, sin embargo, de las divisiones entre locos y no locos, en­ fermos y no enfermos, delincuentes y no delincuentes, tam­ poco a través de la constitución de campos de objetividad científica que dan lugar al sujeto que vive, habla y trabaja, sino a través del emplazamiento y de las transformaciones en nuestra cultura de las relaciones consigo mismo.

Ya no se trataba tic ver cómo se objetiva al ser hum ano a través de saberes y d e dispositivos de saber refinadísimos (un análisis ya realizado), sino de reflexionar sobre las posibilida­ des de los cuerpos y los placeres, observar el nexo entre las relaciones consigo mismo que habilitan una cultura determ i­ nada, las propias verdades y la constitución del uno mismo.

En H erm enéutica d el sujeto se presenta una vía d e e n ­ trad a al problem a q ue — com o siem pre en Foucault— , no es la usual: el sujeto no ha sido siem pre un problem a del pensam iento. N i siquiera era una cuestión a te n er en cuen­ ta en m uchos m om entos d e la historia. Tan solo pasó a ser el cen tro d e la cuestión a p artir del siglo xvm , cuando se vinculó al sujeto con el m odelo d e conocim iento. D escartes fue u n o d e los prim eros en convertir al sujeto en el centro del asunto cognoscitivo al situar la base d e la ciencia en su célebre «Pienso, luego existo». P ero ese tip o de concep­ ción del sujeto n o ha sido la misma a lo largo d e la historia. A cudiendo a textos platónicos, Foucault desarrolló en su curso la oposición en tre «cuidado de sí» y «conocim iento de sí».

P o r un lado, el cuidado de sí nos remite a toda una gama de transform aciones espirituales que el sujeto debía realizar para alcanzar la verdad. Era un tipo de ascesis, de acceso a la verdad, que se lograba m ediante ejercicios sobre uno mismo que lo preparaban para la vida. N o todo el m undo era capaz de alcanzar la verdad, solo aquellos que habían cuidado del uno mismo y se habían transform ado convenientemente.

En el otro extrem o del cuidado de sí aparece el conoci­ miento de sí, m ediante el cual cualquier sujeto es capaz de llegar a la verdad, aunque sea miserable, inmoral, injusto o deleznable. Si sigue las reglas lógicas de lo verdadero, será capaz de hacerse con la verdad. Pero será una verdad ajena a los ejercicios sobre uno mismo, será una verdad objetivada.

La historia do la filosofía acogerá al conocim iento de sí como único paradigm a de relación entre el sujeto y la ver­ dad a p artir de la entronización

que D escartes realiza de la razón. Sin em bargo, la opción foucaultia- na po r la espiritualidad, p o r la ética concebida desde el cuidado de sí, no responde a una nostalgia de la

antigua G recia, sino a un intento de desarrollar una filosofía crítica que ponga en juego, de nuevo, las posibilidades de la subjetividad.

Quizás gran parte de la o bra de Foucault — especialmente la última— pueda leerse como el estudio del m odo en que las técnicas d e sí, la labor sobre el uno mismo, se han red u ­ cido al simple conocim iento de sí, al conocim iento d e la na­ turaleza secreta del hom bre, de su identidad, orientada a la constitución del sujeto com o objeto de conocim iento. F ou­ cault expresó la sospecha de que esta constitución a través del conocim iento tiene p o r única finalidad el reconocerse como sujeto obediente, sumiso y ordenado. D esde esta pers­ pectiva, es posible com prender la reflexión ética foucaultia- na como un intento de escapar a las construcciones que el poder realiza sobre nosotros mismos. Se trata, como marcó Foucault en sus textos sobre Kant y la Ilustración (¿Q ué es la Ilustración?), de sustituir la pregunta kantiana «¿quiénes somos?» por otra pregunta de inspiración griega: «¿qué po ­ demos hacer de nosotros mismos?».

Se trata, en suma, de salir a la búsqueda de otra filosofía crítica.

Hermenéuticadelsujeto

Experiencia y subjetividad

Será en Historia de la sexualidad. E l uso de los placeres donde Foucault m arque con gesto más claro este objetivo, relacio­

nándolo con una empresa ligada a la politización de la ex­ periencia. Mientras que, al principio, no se trataba de hacer una historia ni de los com portam ientos sexuales concretos ni de los códigos morales, sino de las formas de experiencia ¡ de la sexualidad, ahora el objetivo será considerar las for­ mas de subjetivación por sí mismas, la constitución del uno mismo a través de la noción de experiencia.

¿Q ué es la experiencia? Es la correlación entre los sabe­ res, el poder y la formación de subjetividad que se da en un m om ento concreto. Responde a los límites de lo que pode­ mos decir, saber, sentir y hacer en una situación concreta. La experiencia queda definida p o r el m odo en que se nos gobierna, pero tam bién perm ite que el ser hum ano se go­ bierne a sí mismo y es en este cam po donde Foucault p re­ tende situar su nuevo proyecto: en las técnicas que perm iten constituir una subjetividad que reinvente las posibilidades del uno mismo.

La modificación del itinerario previsto no es trivial. Im ­ plica un profundo cambio en la investigación, que podría identificarse como la transform ación de la genealogía de la sexualidad en una ontología histórica de la subjetividad a través de las experiencias: sustituir la pregunta «cómo nos gobiernan» por «cómo nos podríam os gobernar». Así pues, la modificación del proyecto tuvo que ver tanto con la vo­ luntad de realizar una historia de la subjetividad como con analizar los modos de evadirse de tal subjetividad, de poder experim entarse a uno mismo de otro modo. Así lo plantea en E l uso de los placeres: «¿A través de qué juegos de verdad se da el hom bre a pensar su ser propio cuando se percibe como loco, cuando se contem pla como enfermo, cuando se reflexiona como ser vivo?».

Frente al sólido entram ado que analizaba Foucault en sus obras mayores, el análisis de la subjetividad pretende esbo-

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