3.2 Modelling
3.2.4 Summary and Conclusions
Durante el siglo xix la sexología comenzó la tarea de realizar un com pendio claslficatorlo de las conductas sexuales consideradas como patológicas. El psiquiatra austríaco Richard von Krafft-Ebing (en la imagen de la izquierda), contemporáneo de Sigmund Freud (a la derecha), escribió en 1886 un manual que agrupaba todas las ten dencias en sexología, Psicopatía del sexo, una obra de gran difusión en la que aparecían «desviaciones» sexuales de todo tipo: violadores, sodomitas, pederastas, exhibicionistas, eyaculadores precoces, prosti tutos, travestidos... Ahora bien, si estas conductas eran desviaciones, ¿lo eran con respecto de qué? El lugar en el que se desviaban no era otro que el sexo heterosexual orientado a la reproducción.Todo deseo que no se encontrase encauzado hacia este objetivo era considera do desviación y, por lo tanto, patología. Freud compartió con alguna salvedad la propuesta, sumándose al discurso que privilegia el sexo reproductivo frente al deseo por medio de la patologización de la his teria. La influencia de las clasificaciones de la primitiva sexología ha continuado vigente, con matices, correcciones y modificaciones, has ta hoy en día. Contra las posibilidades del placer, la sexología impuso la dictadura del sexo como el modo occidental de reconocimiento de sí.
En todos los tiem pos, y probablem ente en todas las culturas, la sexualidad ha sido integrada a un sistema de coacción.
Historiao blasexualidad
constatación básica que perm ite apartarse de la idea tic re presión es que a p artir del siglo XVI se construyó un discur so sobre la sexualidad que no responde a una restricción: en lugar de reducirse al silencio, el sexo va tom ando cada vez mayor protagonism o, mayor volumen de discurso. Q uizás, afirmaba Fou- cault, algún día no se entienda p o r qué en los últimos siglos tanta gen te distinta habló tanto de sexo. Es sobre esa proliferación del discur so sexual donde el autor francés enfoca su mirada. ¿Por qué se habla d e sexo? ¿Es lo mismo el sexo del que se habla que la sexualidad? La respuesta tendrá que ver con el hecho de que el sexo es una fijación posible d e las mil posibilidades de placer del ser hum ano. U na fijación que se realiza a tra vés de un dispositivo llamado «sexualidad», que posee un saber científico que la refrenda (psiquiatría y sexología) y cuyo fin no es otro que el de orientar — alentando, incitan do, prom oviendo el sexo direccionado— a los sujetos sexua les hacia la ordenación social im perante.
Fue en el siglo xvm cuando se pusieron en funcionamiento cuatro grandes estrategias discursivas que, según Foucault, tuvieron im portantes implicaciones en el dispositivo de la se xualidad. La histerización del cuerpo de la mujer, la pedago- gización del sexo del niño, la socialización de las conductas procreadoras y, po r último, la psiquiatrización de los place res perversos. Estas cuatro estrategias fueron conform ando los m odos a través de los cuales el poder se ejerce sobre la sexualidad hum ana con una finalidad concreta. Con la me dicina y la psiquiatría como saberes eminentes, la sexualidad se fue m oldeando en los cuerpos de las mujeres y los niños, definiendo lo sexualm ente saludable com o procreación y
las enferm edades sexuales com o patologías. Poco a poco, la sexualidad fue construyendo su espacio ideal: la familia. Tanto el hecho d e definir el cuerpo d e la m ujer com o por tad o r de una sexualidad que es necesario vigilar, com o la aparición d e la necesidad de educación sexual a los niños m ediante el control de la masturbación son dos elementos estratégicos que, unidos a la protección médica, social, jurídi ca y política de ía familia com o núcleo de procreación (salud sexual), y a la psiquiatrización de las perversiones, provo carían un efecto inesperado e inédito del poder: además de construir un saber — la sexología— , y unas prácticas norm a lizadas — con el modelo d e la familia y la procreación— , el poder establecía la verdad de uno mismo a través de la intimi dad secreta del sexo. La subjetividad, entonces, pasó a ser el campo de batalla donde se produce el com bate p o r el poder.
El ser hum ano tiende a pensar que el p o d er es algo ajeno a sí mismo, algo que se le im pone, pero la obra de Foucault viene a corroborar la idea contraria: esa búsqueda de una verdad íntima y profunda en una región interior que es puro deseo no es sino una estrategia po r medio d e la cual se afian za el poder. C uando un individuo se define com o hetero sexual, homosexual, transexual, activo, pasivo, dom inante, dominado, masculino, femenino, es decir, cuando identifica su interioridad con una característica propia de la sexuali dad, nos dice Foucault que ese proceso habla el lenguaje del poder. Q ue el poder produce nuestras verdades, nuestra sexualidad. N o podem os reducir la sexualidad al sexo. De hecho, esta reducción es la que lleva a pensar que el poder funciona como una m era prohibición d e un deseo p u ro e interior. Foucault nos m uestra que el sexo es tan solo una ficción orientada a agrupar la m ultiplicidad de conductas, sensaciones y placeres en unidades anatómicas que serán objeto de una verdadera ciencia: la sexología, encargada d e