General discussion
7.5 Implementation of PEF pre-treatment in the production process of dried probiotics and starter cultures
Marcela Lagarde explica que “la condición genérica de las mujeres está estructurada en torno a dos ejes fundamen- tales: la sexualidad escindida de las mujeres, y la definición de las mujeres en relación con el poder —como afirmación o sujeción— y con los otros”,6 y esa condición es la que 4 Ibidem, p. 20.
5 Barbieri, op. cit., p. 22.
6 Lagarde, Marcela, Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, pu-
impide que sean sujetas autónomas y realmente libres, es decir, “las mujeres están sujetas de su propia condición genérica en el mundo patriarcal”.7
Lagarde desarrolla la categoría cautiverio “como sín- tesis del hecho cultural que define el estado de las mu- jeres en el mundo patriarcal”. Se trata de una estructura de poder que se levanta sobre la propia condición de las mujeres, enraizada en la realidad material del sexo bioló- gico y, por tanto, en su capacidad reproductiva de vida, en tanto se cumplan o no con los mandatos impuestos por el sistema sexo-género, es decir, con el deber ser que el género nos exige a las mujeres. Marcela Lagarde identifica cinco cautiverios:
• Madresposas: todas las mujeres se convierten en madres y esposas de los hombres de su vida, es decir, del padre, del esposo, de los hermanos, de los hijos, de los compañeros de trabajo, porque se da por hecho que ellas deben cuidar y sostener la vida de todas las personas.
• Monjas: representan la negación de la sexualidad y de la maternidad, pero, a su vez, son esposas de dios y madres universales.
• Putas: “las prostitutas son la especialización social reconocida por todos: su cuerpo encarna el erotis- mo y el ser-de-otros se expresa en la disponibili- dad (históricamente lograda) de establecer el vín- culo vital al ser usadas eróticamente por hombres diversos que no establecen vínculos permanentes con ellas”.8 Así, se entiende que las mujeres buenas
son las que renuncian a la exploración erótica y las
tas, presas y locas, 4a. ed., México, UNAM, 2005, p. 35. 7 Ibidem, p. 36. 8 Ibidem, p. 62. LAS MUJERES NO SOMOS CIS
putas son las que ejercen su erotismo, más allá de la situación de prostitución.
• Presas: en una doble dimensión, material y subje- tivamente, las mujeres son presas de su condición, “la casa es presidio, encierro, privación de libertad para las mujeres en su propio espacio vital”,9 pero
también están las presas en cárceles, que por lo regular los delitos de los que se les acusan tienen una carga de género.
• Locas: son quienes se escapan de las imposiciones de género y, por tanto, de la feminidad, “las sui- cidas, las santas, las histéricas, las solteronas, las brujas y embrujadas, las posesas y las iluminadas, las malasmadres, las madrastras, las filicidas, las putas, las castas, las lesbianas, las menopáusicas, las estériles, las abandonadas, las políticas, las sa- bias, las artistas, las intelectuales, las mujeres solas, las feministas”.10
En ese sentido —y como lo vimos con Barbieri—, el género es un ordenador social que estructura y sujeta la vida de las mujeres; no puede ser un atributo individual en sentido positivo porque jerarquiza la sociedad con res- pecto al poder y las mujeres —en distintas dimensiones— siempre son la base de la pirámide, sin embargo, las mu- jeres también tenemos diferencias significativas que nos estratifican, por ejemplo, una mujer blanca nacida en la Ciudad de México, si bien comparte la condición de mujer, no estaría en la misma posición que una mujer indígena que ha migrado a la misma ciudad.
Así, pues, Marcela Lagarde propone el análisis de gé- nero a través de la condición y situación de género. La
9Ibidem, p. 63. 10 Ibidem, p. 497.
condición de género se refiere al conjunto de elementos que históricamente han determinado el lugar que los se- res humanos han ocupado en las sociedades de carácter patriarcal, donde las mujeres son oprimidas y los varones se definen por su dominación y supremacía —como hasta ahora lo hemos revisado—. La situación de género hace referencia a las circunstancias específicas y particulares determinadas por el contexto de cada persona, mujer u hombre. Y, a estas dos dimensiones, la Dra. Patricia Casta- ñeda añade una tercera: la posición de género, que sería el “lugar que ocupan las mujeres dentro de estructuras de diferenciación/desigualdad social, determinado por la imbricación de su condición de género, su situación de género y el poder”.
Estas dimensiones son indispensables para entender que, si bien las mujeres compartimos la condición del ser mujer, nos atraviesan diversas opresiones que también ne- cesitamos visibilizar para señalar las posiciones de privilegio u opresión de unas frente a otras. Este ha sido uno de los de- bates más importantes al interior del movimiento feminista, impulsado por mujeres que han sufrido la colonización, para denunciar que el feminismo radical tenía en el centro un tipo de mujer que no correspondía con la realidad de la mayoría de las mujeres. Sin embargo, me parece importante señalar que, a pesar de que la teoría feminista radical surgió en la academia, por parte —en su mayoría— de mujeres blancas norteamericanas, y su aplicación a otras realidades (como la latinoamericana, por ejemplo) ha sido criticada, sería un error romper con ella y excluirla, pues nos brindó herramientas fundamentales para el análisis de la opresión de las mujeres, pero sí es necesario tomar en cuenta los aportes que otras corrientes del pensamiento feminista han brindado para el estudio de realidades con dimensiones más complejas, atra- vesadas por otras opresiones.
LAS
MUJERES
NO
SOMOS