Tocar la puerta de un consultorio es para muchos, el inicio de la recuperación, algunos profesionales del campo de la salud mental y emocional se atreven a decir, que dicha acción representa el 50% de la recuperación, así de importante puede considerarse ese primer paso.
Pero no sólo los consultorios tienen puerta, también la tiene la casa de un amigo, una institución privada o de gobierno, también existen puertas en los templos, los conventos, las casas de retiros, los grupos parroquiales. Sólo debes tomar en cuenta, que hay puertas en las que vas a recibir ayuda profesional y otras en las que será un consejo, y aún otras en las cuales sólo irás a desahogarte de todas tus penas, tales son los casos de amigos, compañeros de trabajo y demás personas con las que coincidimos. Aunque no debe de preocuparnos estar tan atentos en estos detalles, ya que si la persona que buscaste para recibir algún tipo de ayuda, sabe ayudar de verdad, siempre te dará el mejor consejo para que sigas tu camino y encuentres lo más conveniente para tu proceso.
Y ¿por qué es importante tocar la puerta?, hay personas que creen, que la sanación emocional y mental comienzan cuando se empiezan a sentir mejor o cuando los problemas se dejaron atrás y por tanto ya no sufren los estragos de lo que vivían anteriormente, pero no es así, la persona comienza a dar signos de recuperación cuando empiezan a aparecer los pensamientos conscientes sobre su problema; por ejemplo, cuando se da cuenta de que las cosas no son como se quiere que sean, cuando el dolor emocional aturde, momentos de hartazgo y finalmente aparece la sensación de querer salir corriendo de esa situación.
Todo comienza ahí, porque de otra manera se está cómodo sin querer hacer nada por solucionar los problemas, o si no precisamente cómodo, sí en una situación de desesperanza, como si se creyera que se debe estar así toda la vida, porque no hay forma de salir de ese laberinto en el cual se ha metido de manera consciente o inconsciente.
Así que, cuando la persona comienza a sentirse mal e incómoda y se hace consciente de ello, es cuando empezará posiblemente a ver la luz del día, y quiero aclarar que posiblemente, porque he visto casos en los cuales también en este momento muchos sucumben porque no alcanzan a ver esperanza, ni cerca, ni lejos y caen en una profunda depresión o ansiedad que viene a empeorar todas las cosas.
Pero para quien ve algo de luz, las cosas se empiezan a mover en favor de la solución, se comienza con algunas preguntas, ¿tengo que soportar esto? ¿existirá alguna solución para mi caso?, voy a preguntar a fulanito, o zutanita, ¿cómo le hicieron?
porque ellos pasaron por situaciones semejantes a las mías. Algunos otros no se quedarán en sólo preguntarse, sino que se atreven a investigar algún teléfono, alguna dirección, incluso existen los que de manera determinada agendan alguna cita ya sea con algún consejero o profesional de la salud, dependiendo el caso.
Vale la pena decir, que lo que me ha tocado observar y atender en casos de consultorio, es que cuando una persona a hecho conciencia de lo que quiere, es muy difícil que no lo llegue a encontrar, y no sólo encuentran sino que no se detiene hasta resolverlo. Esto hace la diferencia entre los que quieren estar bien y los que sólo lo piensan o desean, pero no están convencidos.
Por eso es importante tener el valor de tocar la puerta, algunas personas dirán, pero tocar la puerta lo puede hacer cualquiera; la verdad es que no es así, ya que para ejecutar esa acción, es necesario contar con algunas actitudes que a continuación relaciono:
Actuar Pedir ayuda Insistir Querer
Antes de explicarlas, quiero que observemos estas actitudes en un personaje que aparece en la Biblia, ahí se narra la historia de un hombre que estaba ciego, su nombre era Bartimeo, y el texto dice así:
Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acom152 Para Sanar las Heridas de la Infancia pañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino.
Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!».
Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».
Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama».
Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.
Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!».
El texto es interesante, voy a tratar cada uno de los puntos que mencioné anteriormente con base en esta historia.
Actuar: un poco antes de que aparezca nuestro personaje gritando «¡Hijo de David, ten compasión de mí!», el texto dice que Bartimeo estaba sentado junto al camino, y eso ¿qué quiere decir? imagina todo lo que tuvo que hacer este hombre para encontrarse donde se encontraba, probablemente para empezar se tuvo que levantar muy temprano, arreglarse, pedir ayuda para trasladarse hasta el lugar “ya que era ciego”, y además intentar llegar hasta la orilla del camino para poder tener un buen lugar y desde ahí gritarle a Jesús, ¿y por qué pienso que tuvo que hacer eso?, porque era una procesión, había mucha gente, no era como otros momentos en los cuales las personas se encontraban con Jesús de frente sin hacer más. Así que si le tenemos que reconocer una primera actitud a Bartimeo, es ésa, la de actuar a pesar de todas las adversidades, los prejuicios y falsas creencias.
Pedir ayuda: es interesante, dice el texto que se puso a gritar, existe un dicho popular que reza así, “el que no habla, Dios no le oye”. Él sabía que tenía una oportunidad y no más, sabía que era necesario gritar para poder ser escuchado, porque había muchas personas y el murmullo y gritos de los demás no permitían que la petición de Bartimeo se escuchara si no fuera gritando, como quiera que haya sido, lo único que podemos aseverar es que él estaba seguro de lo que quería y no iba a dejar pasar la oportunidad, así que empieza a gritar, sí así es, no le importa si será bien vista su acción, o si los demás le comienzan a decir que se calle, a él sólo le importa ser escuchado.
Aquí quiero hacer un comentario que me parece importante, a través de mi experiencia: como psicoterapeuta me ha tocado escuchar a muchas personas decir lo siguiente, es que me dio pena hablar, no pedí ayuda porque luego me van a decir que estoy loco(a), lo que sucede es que intenté resolverlo yo para que nadie se diera cuenta... y claro, cuando por fin se dan cuenta que no lo pueden hacer solos, entonces es cuando piden ayuda, pero en muchos de los casos ya la situación se ha complicado de más.
Insistir: este punto es muy especial, vale la pena decir que no existen recetas mágicas para la sanación emocional, física, ni siquiera espiritual; así que si vas a empezar el camino de tu recuperación debes tener muy presente que comienzas a recorrer un camino que aunque no está determinado, sí podemos decir que en la mayoría de las ocasiones, no es un camino corto, tampoco podemos decir qué tan largo es, pero lo que sí es seguro es que dependerá mucho del interés y la fuerza con que lo afrontes. Es posible que lleguen momentos donde te sientas cansado o debilitado, incluso donde creas que estás perdiendo el tiempo, pero justo es ahí donde se separan los vencedores, de los vencidos; espero que seas de los primeros. En este caso lo que nos enseña Bartimeo es a insistir, si te sientes
cansado, avanza; si estás preocupado, avanza; si te estás desesperando, avanza; recuerda la frase de la poeta latinoamericana Alma Fuerte: No te sientas vencido, ni aun vencido.
Querer: has escuchado la frase “querer es poder”, al final te podrás dar cuenta de los que sí quieren estar bien, lo lograron. La persona que quiere alcanzar, va más allá de sólo intentarlo. Querer es asumirlo, afrontarlo, estar convencido, saber que tarde o temprano vas a llegar, es tener firmeza en el corazón y entereza en el alma. Al final, en el relato, le dice Jesús al ciego: «¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!». He tenido pacientes delante de mí y la palabra que le da sentido al proceso terapéutico y más aún a su compromiso de que hará todo lo que esté de su parte para trabajar en él, es cuando les pregunto ¿y qué es lo que quisieras que sucediera con este proceso? y entonces viene la palabra que es capaz de mover montañas: Quiero..., y ahí comienza todo.
Por eso es tan importante tocar la puerta, sólo al que toca se le abre. Y en este caso, se le abre la salud y la vida nueva.
Así que justo en este momento es donde entran nuestros personajes en acción. Cada uno llegó de diferente manera a trabajar su proceso de sanación interior, cada uno eligió diferentes rutas, algunos llegaron después de trabajar en talleres o conferencias, otros nunca habían oído que esto se podía hacer, otros fueron recomendados por personas que tienen conocimiento de este tema, pero que no se dedican al trabajo con personas de manera clínica. Pero cualquiera que haya sido la ruta, finalmente todos están aquí en tu lectura en este momento.