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Environmental Science and Pollution Research (2017) 24: 8004-

2. Materials and methods

4.3 Implications for biomonitoring

Apéndice

A: El legado de la

Psicología analítica

"Un enano ve más lejos que un gigante, si se puede parar sobre los hombros de un gigante", escribió una vez el poeta Coleridge. Lo que Coleridge dijo acerca de los poetas, se considera igualmente para los psicoterapeutas. Cada terapeuta que actualmente ejerce como tal, puede recurrir a una rica tradición de la investigación de la psiquis humana. Todos nosotros les debemos más agradecimientos de los que en general estamos conscientes, a los gigantes del pasado como William James, Freud, Jung, Adler, Reich, Moreno, sólo por nombrar los más conocidos. Naturalmente rebasaría los límites de este libro, si yo quisiera tratar de presentar sus respectivos méritos detalladamente, pero por lo menos es sensato exponer en forma breve, en qué sentido la terapia de preexistencia ha sacado provecho de algunas conclusiones principales de esas personas.

Habitualmente se entiende por psicología analítica la investigación de procesos inconscientes en la psiquis. Discrepando con la leyenda popular de que Freud "descubrió" el inconsciente en alguna fecha alrededor del año 1900, en esta parte hay que dejar constancia, que ya en el siglo diecinueve se comprobó clínicamente el "funcionamiento" del inconsciente en personas hipnotizadas, con suficiente frecuencia. En ese período también ya se investigaban científicamente, fenómenos como la múltiple personalidad, el sonambulismo, disociaciones (o divisiones) de la personalidad y la histeria. Además, apenas se sabe que el término "inconsciente" ya estaba totalmente difundido en los círculos filosóficos europeos en los años cincuenta del siglo diecinueve.

Como el verdadero fundador de la psicoterapia moderna se puede considerar perfectamente a Franz Antón Mesmer (1734-1815), del que ya se habló brevemente en el capítulo 3. Él no sólo descubrió junto con su estrecho colaborador, el Marqués de Puységur, el efecto curativo de ciertos estados de sueño de trance o hipnóticos, sino también planteó la existencia de un flujo magnético que actúa universalmente, cuya obstrucción ocasiona enfermedades o la pérdida de vitalidad psíquica. Freud transformó esa idea un siglo más tarde, para constituir la teoría de la libido o de la energía psíquica, la que ocasiona neurosis o depresiones, en caso de ser reprimida o bloqueada inconscientemente. Mesner y su colaborador también observaron que durante una "cura magnética" de ese tipo, volvían a fluir los sentimientos y pensamientos bloqueados hasta ese momento, lo que en algunos pacientes provocaba una incertidumbre en forma de crisis. Al final del siglo diecinueve, ese procedimiento penetró en la hipnoterapia bajo el nombre de "método catártico" (la palabra griega Katharsis significa "limpieza"). Más tarde Freud habló del desahogo que puede observarse cuando afectos reprimidos salen a la superficie. Una versión actualizada y extraordinariamente eficaz del método catártico, fue instaurada por psiquiatras después de la segunda guerra mundial, para el tratamiento de neurosis de guerra. Con ayuda del medicamento Natrium-Pentotal ("la droga de la verdad") y de métodos hipnóticos, soldados gravemente traumatizados por sus experiencias de guerra fueron trasladados nuevamente a aquella situación de guerra que había causado el daño emocional. Si el soldado "vivía" otra vez esa situación con todo su horror y dolores, desaparecían los síntomas en general. Mas adelante también fueron tratados con éxito de manera parecida, veteranos de Corea y Vietnam.

J. L. Moreno logró igualmente efectos catárticos a principios del siglo veinte, al encargarse de que los conflictos psíquicos pudieran expresarse. Él hacía experimentar otra vez a sus pacientes situaciones no resueltas, pero cargadas emocionalmente, representando un papel o en forma psicodramática, como él la llamaba. Ese procedimiento goza hasta ahora de un gran prestigio en los círculos de especialistas y tiene una gran importancia, especialmente en relación con la terapia de preexistencia.

Aun cuando se pudiera no considerar a Freud como el descubridor del inconsciente, le corresponde, sin embargo, un lugar central en la historia de la psicoterapia, a causa de su observación de la interacción dinámica entre la consciencia y el inconsciente. Al atribuir las neurosis a la represión o negación de las grandes corrientes subterráneas que hay en la vida sentimental e instintiva de la persona, él le puso fin a la fijación unilateral de la atención sobre la mente racional y dirigió los primeros exámenes intensivos de los principios energéticos vigentes en el área del inconsciente.

Freud desarrolló primero el procedimiento de las asociaciones libres, como un método exacto que le permitía seguir el camino por el que los contenidos del inconsciente se infiltran continuamente en la consciencia. Así llegó finalmente a la conclusión, de que aquellos instintos "primitivos" e impulsos emocionales, como por ejemplo, ansiedad sexual, rabia, sed de venganza, etc., que son reprimidos por la consciencia "civilizada", no desaparecen en realidad, sino llevan una existencia emocional independiente en el inconsciente. Desde allí extraen permanentemente energía de la consciencia y de esa manera ocasionan depresiones, neurosis de miedo, fobias, etc., o aparecen como síntomas físicos, estados de ánimo irracionales o como los llamados actos fallidos.

Freud descubrió primero en los sueños los restos de ese patrón de sentimiento, donde se manifiestan en forma de dramas fantásticos, pero con sentido. Independiente de Freud, Jung llegó a resultados muy parecidos, a causa de sus experimentos clínicos de asociaciones. (La mayoría de las personas están familiarizadas actualmente con tales exámenes, que se basan en que a las personas de prueba se les lee una larga lista de palabras totalmente cotidianas, con las cuales la persona respectiva tiene que asociar alguna idea. Si entre la mención de una palabra determinada y la "respuesta" correspondiente transcurre un rato notablemente largo, eso es un indicio de que el campo de palabra respectivo está ocupado emocionalmente). Jung fue el primero que describió exactamente tales emociones reprimidas, junto con las energías bloqueadas, complejos y tensiones emocionales vinculadas con éstas, que en conjunto llevan una existencia en la vida autónoma del inconsciente, que produce mucho efecto.

Con respecto a la estructura básica de la psiquis humana, Freud y Jung concuerdan: en que cada uno de nosotros "lleva consigo", además, un mundo diferente y fantástico, en el que nuestros dolores, miedos, esperanzas, etc., producen combates "simbólicos" y con eso influencian constantemente nuestra forma de hablar y de actuar.

Dos aspectos de la teoría de Freud; el intenso énfasis de la sexualidad y de la infancia para el origen de las neurosis; ocasionaron más tarde la discordia entre Freud y Jung. Entretanto, la perspectiva freudiana, es decir, la especial observación de la relación triangular entre el niño y los padres (y del complejo de Edipo que resulta de allí), ha llegado a ser un pilar fundamental del pensamiento psicológico. Actualmente se ha transformado en una especie de tema común, que las causas de disturbios emocionales hay que buscarlas en la primera infancia. No sólo los freudianos, sino también los terapeutas especializados en hipnosis tienen esa tendencia y aplican la técnica de la regresión en la edad para hacer revivir sucesos del pasado, sean reales o imaginarios. Naturalmente los hipnoterapeutas clínicos del siglo diecinueve como Liébeault, Charcot y Janet también practicaban la reanimación regresiva de experiencias traumáticas, pero Freud se tomó para sí el derecho de haber descubierto la altamente compleja vida interior del niño.

Jung, que estaba escéptico frente a las ideas de Freud, lanzó la pregunta que hasta ahora es ardientemente discutida, si los complejos no se podían atribuir también a un factor hereditario en forma de disposiciones congénitas, entre otras cosas. Para Jung el edipal drama del celo y del deseo no gira principalmente en torno a los padres, sino más bien alrededor de una experiencia común de toda la humanidad, de un suceso transpersonal, es decir, observable universalmente, o sea, un suceso arquetípico.

En realidad ese drama ocurre en una psiquis individual, en la que no están los padres mismos, sino solamente su imaginación, es decir, justamente aquellas imágenes que se han originado de la coincidencia de la característica de los padres con la disposición individual del niflo.

A pesar del intento de sus seguidores posteriores, de poner una cuña entre ambas escuelas, Freud llegó a conclusiones notablemente parecidas:

Me parece absolutamente posible, que todas las cosas que se nos presentan actualmente en el análisis como fantasía, hayan sido alguna vez acontecimientos reales en los primeros tiempos de la familia humana.

Las principales diferencias de opinión de las dos escuelas no se refieren tanto al carácter del complejo, sino más bien a las condiciones de su formación. Freud y sus adherentes querían hacer valer solamente a los padres como causantes de los complejos, mientras que Jung aceptaba otra base más de formación. Cuando nos ocupamos con el inconsciente, así descubrió Jung, nos encontrarnos no sólo con imágenes de los padres y del niflo, sino igualmente con héroes, tiranos, esclavos, reinas, comerciantes, charlatanes, seductoras, chivos expiatorios, sacerdotes, generales, señores feudales, campesinos, etcétera. Cada una de esas figuras es un complejo personificado, que anima los dramas internos de nuestros sueños y fantasías y les entrega la misma cantidad de energía que pueden entregar los recuerdos de nuestros padres personales.

Jung constató simplemente que los escenarios dramáticos que representan nuestros complejos en el inconsciente, no sólo hacen recordar el mito de Edipo, sino los diferentes mitos, leyendas y cuentos difundidos universalmente y los grandes dramas de la literatura mundial. De esa manera, podemos sentirnos interiormente perseguidos por terribles sentimientos de culpa, como el héroe griego Orestes que era perseguido por la furia. En su pieza El día de la familia, T. S. Eliot trató ese mito. Pero de igual manera podemos experimentar el viaje arquetípico de un protagonista que trata dar prueba de su masculinidad. Protagonistas repugnantes de Hamlet hasta el Maratón Man de Dustin Hoffman, han representado reiteradamente ese tema místico. Una mujer cuya hija abandona la familia a causa de un hombre desconocido, siente tal vez una rabia y una pena como las que sintió la diosa griega Démeter, cuando Hades raptó a su hija Perséfone. Otra mujer tal vez esté permanentemente a la búsqueda de aventuras amorosas con hombres poderosos y de esa manera repite la historia de la diosa del amor Afrodita/Venus.

Finalmente, Jung llegó a la conclusión de que las neurosis, de las que sufrimos nosotros la gente moderna, posiblemente sean un tipo de castigo, porque no valoramos adecuadamente aquellos poderes mayores que rigen nuestra vida. "Los dioses", dijo él una vez, "han llegado a ser una enfermedad". Con solo descubrir los modelos arquetípicos que están detrás de nuestras historias personales de vida, podemos liberarnos hasta cierto punto de las presiones "divinas" predeterminadas. El poeta Keats escribió una vez "que la vida de las personas, entendida correctamente, es una alegoría". Esa opinión ha seguido siendo decisiva hasta ahora para la psicología junguiana y para su muy creativa sucesora, la psicología arquetípica de James Hulmán. Hillman cree que una psicología que comprende que las imágenes arquetípicas surten

efecto en todas las actividades culturales y creativas; en las artes, la ciencia, la religión y la política; valora debidamente la múltiple realidad de lo que llamamos "alma". El verdadero propósito de la psicología consiste para Hulmán, tal como para Keats, en "crear el alma".

B: ¿Era Jung un seguidor de la