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7 Implications for school leaders

In document Performance beyond expectations (Page 76-78)

En la poesía de Ramírez se inscribe el pasado de los hombres y mujeres traídos del África17 al Nuevo Reino de Granada; las marcas de esta historia diaspórica han sido detonadoras de su poética y es posible establecer a través de ella el diálogo que recrea la diáspora africana.

Colombia es el resultado de un proceso inacabado, iniciado en el siglo XVI durante la época de la conquista, que se mantuvo de forma constante a lo largo de los siglos XVII, XVIII y se consolidó con las independencias del siglo XIX. Blancos, negros e indígenas conformaron un sistema productivo que fue configurando una estructura política, social y cultural, marcada por la violencia y la exclusión.

Uno podría conjeturar fructíferamente, sin embargo, que es en relación con el estado- nación-moderno (tanto durante como después de la esclavitud) que la cuestión de la población de los africanos y sus descendientes dispersos a través de las fronteras geopolíticas del Atlántico moderno se hace más nítida. Esto es así especialmente en la medida en que tomamos en cuenta las condiciones de la producción colonial y capitalista, y la dominancia de la blancura racial en la formación de estados particulares en los que los afrodescendientes fueron incorporados y en donde continúan siendo subordinados, y en el sistema mundo en su extensión más amplia. (Branche, 25)

El proceso de colonización del Pacífico colombiano se intensificó a partir de la segunda mitad del siglo XVI, cuando las noticias sobre los hallazgos de minas auríferas, empezaron a circular (Sánchez, 278). Tal como lo señala Eduardo Restrepo, el Pacífico es una región que se incorporó en lo que se denominó segundo ciclo de oro. Se generó entonces un

      

17 A  los  que  se  denominaban  Angola  provenían  de  los  ríos  Dande  y  Cuando  (Kwango),  en  el  norte de la actual Angola; los Lucumí o Yoruba, de Nigeria; los Biáfara y Bran de Guinea; los  Yelofo, de Cabo Verde: los Mandinga –musulmanes desde el siglo XII, letrados, recitadores del  Corán y quizás educadores de sus amos analfabetos‐, de Guinea Bisseau; los Mina, Arará y Fon  –quienes,  gracias  a  sus  conocimientos  sobre  el  oro,  les  dieron  vida  a  las  minas  del  Chocó  y  Barbacoas‐, de San Jorge da Mina, una factoría de negros en territorio fanti de la Costa de Oro;  los  Carabalí,  de  la  costa  de  Calabar,  en  Nigeria,  y  los  Mondongo,  Congo  y Manicongo  –que  predominaron desde 1580 hasta 1640, cuando los españoles se valieron de su conocimiento  de las tierras bajas y húmedas para descubrir minas y poblar ciudades en las selvas del bajo  Cauca antioqueño, del valle del río Magdalena y de la cordillera Occidental‐, del Congo. Veánse  Palacios Preciado, 1973; Curtin, 1969; Sharp, 1976; Friedemann & Arocha, 1984; Friedemann,  1993; Klein, 1999. (Montoya y Jiménez, 340) 

sistema esclavista organizado en cuadrillas18, encargadas del proceso de extracción del metal en ríos y aluviones (Restrepo, 240). Dicho sistema requirió de la incorporación permanente de mano de obra esclavizada19. La esclavitud se fundamentó como una institución social, económica y política, sobre la que se consolidó un tipo de sociedad, en la que aunque se promulgó la Ley de Manumisión y Abolición de la Esclavitud en 185120, se consolidaron estructuras racistas con relación a la población afrodescendiente.

De 1580 es la referencia documental más antigua sobre un cargamento de negros africanos transportados a América, directamente desde África. La presencia individual de negros es más antigua. El último cargamento de que tenemos pruebas fehacientes fue desembarcado en abril de 1873, en la costa sur de Cuba, y traslado inmediatamente al ingenio azucarero “Juraguá”, en cercanías de la ciudad de Cienfuegos. Hay indicios de que en fechas posteriores arribaron a Cuba algunos barcos negreros más; pero no existen pruebas concretas al respecto. Por lo tanto, fijando los años de 1518 y 1873 como las fechas límites, tendríamos 355 años de comercio de esclavos africanos, durante los cuales tiene lugar el proceso de traslado coercitivo de seres humanos más gigantesco que ha conocido la historia. A lo largo de este periodo se estima que arribaron a América no menos de 9.5 millones de negros africanos, en función de seis producciones fundamentales: azúcar, café, tabaco, algodón, arroz y minería. (Moreno, 13)

La esclavización es sin duda alguna el acontecimiento histórico principal al que recurre María Teresa para iniciar el proceso de rearticulación, reconstrucción y consolidación de la historia de sus antepasados. En el poema, “Ellos despatriaron nuestra gente”, Ramírez Nieva muestra como la esclavización es un proceso central en la historia de la población afrodescendiente y es un referente ineludible en el momento de rehacer los relatos.

      

18 Conformadas  entre  cinco  y  veinte  esclavos  al  mando  de  un  capitán,  que  en  muchos  casos  era también un esclavo. 

19 Los africanos empezaron a ser traídos en oleadas (llamadas cargazones) a Portobelo (actual  Panamá)  y  a  Cartagena.  Los  negros  que  sobrevivían  a  la  travesía  eran  comprados  en  Cartagena y llevados hacia Popayán y Santa Fe de Antioquia (…) Desde Popayán eran llevados  a las haciendas del valle geográfico del Cauca, a las haciendas del Patía y los reales de minas  de Pacífico, desde comienzos de los siglos XVII hasta el siglo XIX. (Rutas de libertad 228)  20 La compra de la libertad o manumisión que se concretaba a través de una “carta de libertad”  podía resultar de la compra de la libertad por parte del propio esclavo, de la compra que un  esclavo hacía de la libertad de otro (por lo general un pariente) o bien de la concesión de la  libertad por parte del propio amo. (Helg, 97) 

Ellos despatriaron nuestra gente Ané a prokia gende suto Ellos repartieron nuestra gente Ané a prokia gende suto mira ve, blanco mina be kolorao… nosotros heridos por ustedes Suto a jiri, enú nosotros pisoteados por ustedes suto a jundi, enú mi gente ha llorado ma gende ele a yola ha llorado intensamente ele a yola

añu… añu… añu… añu… elelo, elelo

elelo, lai… añú Elelo, elelo hemos llorado a gritos. elelo lai… añú…

suto a tan leko

¿Qué me trajiste? ¿ké bó tre mi? ¿Qué nos trajiste? ¿ke bó tre mi? A ti te hablo hombre blanco

a ti te hablo extranjero I ta abla bó kolorao ustedes nos trajeron i ta ablá bó angini separación enú a tré

destrucción de la familia yulungulu

llanto… llanto. musunga

leko, leko

Hoy mi raza negra, ague, ma loango, morena, es nuestro orgullo timbo…

hemos tratado de olvidar Nguini oggullo suto somos fuertes, valientes suto kambama obbira… sinceros, de noble corazón. Okusuto kañaña

Suto kamabsú… kolaso

En el verso, “Ellos repartieron nuestra gente”, la hablante poética sitúa la esclavización en un lugar central para comprender el proceso diaspórico; tal como lo señala Jerome Branche, “la mirada hacia atrás que hacen los afrodescendientes se da con relación a África como referente epistémico primario” (25). El viaje trasatlántico como fenómeno fundante de la separación con los orígenes y del comienzo de la reconstrucción de la memoria colectiva.

Los verbos usados por la autora, repartir, herir y llorar, (prokió, jirí, yolá21) definen el rompimiento que implicó, tanto la captura, como el posterior viaje hasta llegar al Nuevo

      

21 Solmery Cásseres Estrada en su diccionario afro‐palenque español, señala que los verbos en  palenquero  no  se  conjugan,  siempre  están  escritos  en  infinitivo,  diferenciando  el  tiempo  a  partir del marcador que los acompañe. En Mabungú, triunfo, no aparecen las acentuaciones de  los verbos, es necesario identificar si es una omisión de la autora con fines estéticos, si es un  error en la traducción que ella hace a palenquero o si es un error de edición. 

Mundo, la segregación de la que fueron víctimas y el dolor generado por la pérdida de la patria, de África. El blanco (kolorao), mencionado por la autora,agrupa al ellos, los otros (ané), portugueses, holandeses, españoles, franceses, entre otros, quienes estuvieron al frente de la trata de hombres y mujeres africanos desde finales del siglo XV.

Luz Adriana Maya señala que la trata consistía en establecer acuerdos comerciales de todo tipo, en donde los portugueses y la gente de África occidental fueron quienes iniciaron estas negociaciones, se intercambiaba desde marfil y plumas de avestruces del Kongo, hasta seres humanos para trabajar en las minas de la América que habían descubierto los españoles en 1492 (2010, 125).

“Hemos llorado a gritos (suto a tan leko)”, exclamación de dolor por la muerte de un ser querido. En este verso escrito en palenquero no hay verbo, la autora encuentra en la palabra lekoel contenido necesario para transmitir, usa el marcador, a tan, para referirse al pasado.El yo poético se hace parte de ese grupo humano, reconoce el dolor generado por la esclavitud. Leko, dolor por la muerte de un ser querido; todos y todas aquellos que murieron tanto en el viaje y como resultado de los tratos y trabajos a los que fueron sometidos, son incluidos por la autora en la categoría de familia, la gran familia de África. El proceso histórico reaparece como elemento cohesionador de la diáspora.

En efecto, es a través de un saludable involucramiento con el pasado, como parte de una formidable tarea teórica de la diáspora como recuperación, que una discursividad poética y analítica con “potencial orientador de la acción” podría ser producida. (2009, 26)

La oralidad surge a través del uso de la jitanjáfora, “añu… añu/…elelo, elelo/elelo, lai… añú”. En el diccionario aparece la palabra Eleeloo que se traduce como lamento, María Teresa la divide en dos y le aporta sonoridad al verso. En el poema escrito en lengua palenquera se puede observar que el lamento está escrito de la misma forma, no existe traducción posible para él. Este lamento extiende un puente entre el español y el palenquero, el dolor se mantiene intacto en ambos lenguajes. La autora expresa así el llanto y el dolor; se crea un coro, un fondo musical, un ritmo, que como lo señala Jaramillo, usa para fijar conceptos primordiales, al interior de su cultura (2011, 19).

En las declamaciones que María Teresa hace de sus poemas, la oralidad se manifiesta con la fuerza que no es difícil percibir a través de las palabra escrita. Canta los lamentos, grita los lamentos y todo ello lo acompaña con movimientos de su cuerpo. Cuerpo y voz se vuelven una unidad con el escrito dándole un nuevo significado.

Las características propias de la oralidad se apoyan en estructuras lingüísticas que contienen ideas para ser declamadas y transferidas, y por eso pueden ser memorizadas por poetas, narradores y oradores en una función similar a la del griot22 ancestral. (19)

Edouard Glissant en su libro, El discurso antillano, afirma que la única manera de mantener la función de la escritura es irrigarla en las fuentes de lo oral. Considera que si ello no se lleva a cabo y si no se tiene como inspiración a las fuentes orales, la escritura podría desaparecer como necesidad cultural. (229).

Paul Zumthor en su libro Introducción a la Poesía Oral (1983) define La performance “como la acción compleja por la que el mensaje poético es simultáneamente transmitido y percibido aquí y ahora”(33). La puesta en escena de Ramírez es una perfomance, en la que como lo señala el autor, “el gesto, en vez de ahogar el lenguaje, lo valoriza” (57).

En el último verso la autora hace una actualización de la historia, cambia de tiempo, del pasado al presente, “Hoy mi raza negra (…) hemos tratado de olvidar/somos fuertes, valientes”. Los adjetivos usados, fuertes, valientes, sinceros, de noble corazón, retornan la humanidad, valoran positivamente, devuelven una imagen diferente de la provista por el colonizador.        22 En la sociedad malinké, ubicada en un territorio al norte de Guinea y limítrofe con Malí, los  griots son un grupo que se encuentra dentro de la casta de los ñàmàkálá. Sus actividades  principales se destacaban principalmente  aquellas ligadas al mundo de la música y la canción.  El principal rasgo de esta casta es su dominio de la palabra. Entre sus tareas destacan la  música, el canto y el baile. (Montes, 234) 

Los intercambios étnicos de los individuos procedentes de África en el Nuevo Mundo, generaron a partir de los legados existentes en cada una de ellas, procesos de revitalización cultural que les permitieron resistir a la esclavización.

Nina S. de Friedemman señala que “las huellas de africanía se entienden como cadenas de asociaciones icónicas que se fueron creando a partir de procesos de reintegración étnica entre los/as esclavizados procedentes de África”. Los hombres y mujeres negras23 arribaron al país, provenientes del África occidental, en calidad de esclavos; ingresaron por el puerto de Cartagena (Maya, 129) y de ahí fueron distribuidos al resto del Nuevo Reino de Granada, con el objetivo de fortalecer la mano de obra indígena diezmada por los excesos del sistema de encomiendas implementado por el Imperio Español. La llegada al Caribe y al Pacífico de los hombres y mujeres esclavizados, empezó en el siglo XVI y se mantuvo de forma constante hasta mediados del siglo XIX. Este constante flujo consolidó procesos de hibridación y sincretismo cultural, garantizando así la permanencia de legados culturales y memorias del pasado en África.

Así pues, en el estado actual de los estudios de las culturas negras, se descarta el hecho de que el bagaje iconográfico traído por los africanos –en su mayoría adultos saludables- hubiera podido ser aniquilado. Más bien empieza a explorarse el proceso de cómo tales íconos o representaciones simbólicas denominadas en este trabajo huellas de africanía, han llegado a reflejarse en los sistemas de las culturas negras. (1992, 547)

En el poema “Diáspora/Adiós mi gente” la autora pone de manifiesto los intercambios étnicos señalados.

      

23 Juan  David  Montoya  Guzmán  y  Orián  Jiménez  Meneses,  señalan  en  su  texto,  ¿Racismo  sin  Raza? Esclavitud, discriminación y exclusión en el Nuevo Reino de Granada, 1573‐1808, que:  Perros, armas, caballos y esclavos negros fueron los bienes más codiciados por los europeos  durante la conquista del Nuevo Mundo (…) Los primeros esclavos fueron traídos desde Sevilla  a las Antillas a comienzos del siglo XVI, y, a medida que avanzaba el descenso demográfico de  los nativos, a los invasores españoles se los autorizó a importar pequeños grupos de esclavos  procedentes de las costas Africanas (336) 

Diáspora Diaspora24

Adiós mi gente Ario gende mi

¿San Basilio te vas? San Basilio te ba?

Adiós, ya me voy Ario, ya me boy.

¿África te vas? ¿Áfrika te ba?

¡Ya me voy! ¡Ya me boy!

Adiós… adiós… Ario gende mi

Adiós mi gente, ario gende suto

adiós gente nuestra… i lo keta ki abla bo,

i ta abla utere

Y los que están aquí se los digo ario: Kongo, Arará, Kuniri, Bantú les hablo a ustedes, ario: Keke, Yareue, Tafé, Uru adiós: Kongo, Arará, Kuniri, Bantú ario: Muanga, Ucambo, Chokó adiós: Muanga, Ucambo, Chokó ario: Yoruba, Mandinga, Lukumí. adiós: Yoruba, Mandinga, Lucumí

Ario: Masunga, Mulnago, Majuancho.

Adiós: Masunga, Mulango, Majuancho. Ario to labandongo nguini Adiós: to labandongo nguini, ma gende di tyela mi… adiós a todos los hermanos negros Kolaso suto.

la gente de mi tierra nuestro corazón

Para la autora, San Basilio de Palenque se representa como el referente de África en América. En el poema, África es el sujeto sobre el que recae la acción. Es este sujeto quien parte en el verso, es África quien se despide de su gente, de los hombres y mujeres de ascendencia africana instalados en las nuevas tierras. La voz poética trae el continente africano, encargado este de acompañar a los suyos en el viaje trasatlántico hacia el Nuevo Mundo.

La diáspora se refiere entonces, en la apuesta poética de Ramírez, al reconocimiento de la dispersión de hombres y mujeres provenientes de dicho continente y causada por la esclavización. La voz poética se nombra como parte de ese movimiento.

“To labandongo nguini”, adiós a todos los hermanos negros, hermanos con diferentes procedencias, pero todos provenientes de África, el corazón del que surge la diáspora.

      

Agustín Laó-Montes, al hacer referencia a la diáspora señala que el primer momento de la identificación diaspórica, es el “momento de recuperación contra la pérdida de la memoria y de cultivo de una identidad colectiva”. (53)

Jaime Arocha afirma que el concepto de africanía se refiere a aquella identidad que los afrodescendientes fueron modelando para resistirse a la esclavización, aún antes de que a los cautivos se les forzara la ruta transatlántica. De ahí que se haya fundamentado en memorias mandingas, bantúes, yorubas, akanes y carabalís para modelarse en respuesta a la apropiación de los vínculos, objetos, plantas y animales que les ofrecían los nuevos sistemas sociales y ambientales en América (Citado en E Restrepo 2002 53-54).

No llegaron entonces al “Nuevo Mundo”, sujetos desprovistos de historia; por el contrario, arribaron sujetos que traían consigo una memoria profunda y las marcas inscritas de sus lugares de origen, representadas en el lenguaje, los dioses, las formas de organización social, entre otras.

La gente del África que llegó a nuestro país y sus descendientes no solo trataron de mantener sus ritos de origen africano a pesar de la represión inquisitorial, sino que es muy posible que la imagen demonizante que el cristianismo creó acerca de ellos y de sus culturas haya sido utilizada simbólicamente para resistir a la negación cultural que les imponía el sistema esclavista” (Maya 1996, 30)

Las huellas de africanía, como lo anota Friedemann, interpretan así el bagaje cultural sumergido en el subconsciente iconográfico de los africanos de la diáspora esclavizada (175). Este proceso dinámico es descrito por María Teresa Ramírez en el poema En casa de brujos (2011)

En casa de brujos Posa Kasangalana

Los brujos… Ma kankamán…

los hijos de brujos… ma bandoki…

las jóvenes brujas… ma bangana…

las brujas ancianas… ané a musulé

ané a tan musulé

Distinguidos por su sabiduría, ané a ta toka ngungú sabiduría antigua y futura, ané a ta topa: guakabo, tocan el desgastado tambor, jirgüeta; guangolé i ñoka.

ellos encuentran: pájaros agoreros plantas mágicas, hechizos

y culebras doradas venenosas. Un posa kasangalana kambembé ombe

En casa de brujos: kambembé mujé pócimas atrapa-hombres, ané a topá inkusi: pócimas atrapa-mujeres to kapuchichiri-manga encuentran la maldición un posá kasalanga para los perversos extranjeros, ané a ta aklamá Changó aclaman a Changó: rayo-luz ané a ta toca ngúngu fuego-danza. Bindanga, bindanga, nguini ané a ta toca ngúngu

Tocan el viejo tambor del recuerdo tranzan… trenzan recuerdos ancestrales

tocando el antiguo tambor inolvidable.

Las huellas de africanía se esbozan claramente. La autora hace referencia a los brujos y brujas (kankaman: sabedores, médicos tradicionales), designación hecha por lo inquisidores a los hombres y mujeres traídos del África, quienes en un proceso de resistencia reactivaban en el Nuevo Mundo sus prácticas culturales. Luz Adriana Maya señala que en el proceso de evangelización de los/as esclavizadas, la iglesia católica les identificó con el demonio25. Se estableció en Cartagena de Indias el Tribunal de la Inquisición el 25 de febrero de 1610 con el objetivo de controlar las prácticas heréticas en el Nuevo Mundo .

Los afro-neogranadinos fueron perseguidos y acusados de ser brujos y sortílegos, hechiceros y curanderos durante dos siglos consecutivos. A lo largo del XVII, el famoso Tribunal combatió la herejía no solo de judaizantes y luteranos, sino sobre todo la "brujería", es decir, la memoria africana, considerada idólatra, pagana y demoníaca. (Maya

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