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Implications of tourism-related policy interventions for livelihoods and conservation at Bwind

Figure 2.3 Tourism and biodiversity conservation direct linkage strategy (adopted from Salafsky et al., 2001).

2.3 Methodological approach

2.3.2 Implications of tourism-related policy interventions for livelihoods and conservation at Bwind

Maquiavelo es ante todo un hombre del Renacimiento Italiano. Este período histórico representa una ruptura con la tradición del pensamiento medieval cjue permitirá entre otros aspectos la constitución autónoma, en forma gradual

14. Tomando en consideración que la obra de N. Maquia­ velo no es homogénea, y atentos a los alcances de este trabajo, seguiremos en este acápite la línea teórica trazada en E l P rín cipe. De todas formas, se realizarán algunas men­ ciones a otros trabajos del autor.

y progresiva, del conjunto de las hoy denominadas cien­ cias sociales.15 En este marco se desarrollan ideas que exal­ tan la individualidad. La vinculación entre el saber y la apli­ cación instrumental de ese conocimiento se acercan y se toman inseparables. Proliferan las áreas independientes de indagación, cada una preocupada en defender su autono­ mía y su modo de explicar los fenómenos, sin interven­ ción de la Iglesia y de su cosmovisión. Maquiavelo repre­ senta así, una separación en la reflexión sobre la sociedad de sus condicionantes teológicos y filosóficos, transforman­ do a la política en un campo secularizado del saber.16

En tanto la tradición clásica y medieval habían enfoca­ do el conocimiento político como un conjunto de princi­ pios prescriptivos, haciendo hincapié en el “deber ser”, la “nueva” ciencia desecha este acercamiento y propone un estudio del “ser”; es decir, un análisis y una reflexión signi­ ficativamente más pragmática de la realidad. Se produce un alejamiento de la preocupación por el tema de la auto­ ridad legítima, más vinculada a la idea de un mundo esta­ ble, para acercarse a cuestiones de poder y a la capacidad de ejercer el dominio dentro de un contexto de cambio y constante movimiento.17

En relación a la naturaleza humana, el hombre es defi­ nido com o uit ser egoísta. Sobre este aspecto, nuestro autor sostiene en los D iscu rsos s o b r e la P r im e r a D é c a d a d e Tito L iv io que “Es necesario que quien dispone una República y ordena sus leyes presuponga que todos los hombres son malos, y que pondrán en práctica sus per­ versas ideas siempre que se les presente la ocasión de

15. Portantiero, Juan Carlos: La S ociología clá sica: D urkheim

y Weber, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina (CEAL), 1995, p. 9.

16. Ibid.

Nicolás Maquiavelo: La secularización del pensamiento social

hacerlo libremente...”18 Éste es uno de los aspeaos crucia­ les de la concepción del hombre para el autor. Una visión marcadamente pesimista que se distingue de la mirada medieval. Por esta razón, los individuos “olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio”.19 Por lo tanto, los hombres serán siempre malos si la necesidad no les obliga y sólo por conveniencia, a ser buenos.20

Cuando analizamos la relación del Príncipe con el pue­ blo vuelve a aparecer la concepción pesimista de la natu­ raleza humana: “No debe pues, un Príncipe ser fiel a su promesa cuando esta fidelidad lo perjudica y han desapa­ recido las causas que le hicieron prometer. Si todos los hombres fueran buenos, no lo sería este precepto; pero com o son malos y no serán leales con él, tampoco debe serlo con ellos".21

Esta tradición de pensamiento iniciada por Maquia­ velo será continuada por otros autores, destacándose especialmente T. Hobbes, quien comparte esta visión pesimista respecto de la naturaleza humana.

El desarrollo teórico de Maquiavelo es novedoso en su tiempo histórico, en tanto inicia un proceso de ruptura con la concepción medieval del poder. La reflexión políti­ ca se desliga de la ética y de la moral. El poder se seculariza y queda mucho más claramente establecida la separación de la política respecto de la teología. La primera gana en autonomía dentro de un esquema de comprensión y de criterios de juicio, independientes de cualquier valoración

18. Maquiavelo, Nicolás: D iscursos sobre la P rim era D écada d e

Tito Livio, Madrid, Alianza Editorial, 1987, p. 37.

19. Maquiavelo, Nicolás: E l Príncipe, Buenos Aires, Marymar, Buenos Aires, 1978, cap. 17, p. 99.

20. Ibid., cap. 23, p. 137.

21. Maquiavelo, Nicolás: op. cit., cap. 18, p. 103-

religiosa o por lo menos ética. Maquiavelo no se cuestiona por el valor moral de una acción, sólo le interesa su valor político. Se constituye, así, en el creador de un orden po­ lítico autónomo, que no admite nada superior a él. De esta forma, el pensamiento político se seculariza mucho más radicalmente que en ese conjunto de precursores que lo prefiguran desde Marsilio de Padua.22

Según B. Croce, Maquiavelo es el primero en pen­ sar la política en forma autónoma. Esto significa la identificación de las características propias de la activi­ dad política, de las leyes que la gobiernan y que son distintas de otras actividades humanas, y marcadamente distintas de la moral.23

D esde su peculiar punto de vista, M aquiavelo establece una secularización radical de la política. A este proceso denom inam os “maquiavelismo” y no a la vulgar aceptación del vocablo entendido com o un actuar sin escrúpulos, utilizando la violencia, el fraude y el engaño, o la práctica de un com plejo de deslealtades y traiciones.

Maquiavelo es un pensador político moderno, no so­ lamente por ser un punto de ruptura con el pensamiento medieval sino, también, en tanto busca excluir de la teo­ ría política todo lo que no parece ser estrictamente polí­ tico. Si bien la religión es la más importante víctima de

22. Touchard, Jean: H istoria d e la s id ea s políticas, Madrid, Tecnos, 1983, p. 205. Para muchos autores, Marsilio de Pa­ dua es el iniciador del quiebre teórico que permite la ruptura con el pensamiento medieval. Esta afirmación reconoce el aporte realizado por Marsilio en el campo de la seculariza­ ción, pero a la vez señala que en su matriz de pensamiento siguen estando presentes componentes medievales.

23. Bobbio, Norberto; Matteucci Nicola: D iccion ario d e P olí­

Nicolás Maquiavelo: La secularización del pensamiento social

este principio de exclusión, hubo otras también significa­ tivas.24

Otro de los aportes de Maquiavelo a la teoría polí­ tica es haber incorporado al análisis el concepto de “for­ tuna”. “A los particulares que únicamente a la fortuna deben el llegar a ser príncipes, cuéstales poco trabajo ascender, pero mucho el mantenerse: suben sin ningún obstáculo; pero al llegar, empiezan los inconvenientes”.25 Si bien la política es entendida como un saber científico, las predicciones de ésta no son infalibles, pues junto a las determinaciones naturales, obra también el azar. La fortu­ na surge conceptualmente como oposición a la cosmovi- sión teológica dominante en el medioevo a partir de lo cual todo fenómeno se explica por principios religiosos. La divina providencia determinaba el devenir histórico y los hechos de la cotidianeidad de los hombres. Maquia­ velo introduce de esta forma, una nueva categoría al aná­ lisis político. El estudio, el manejo y la administración del poder no deben descartar aquellos elem entos azarosos que están siempre presentes en la política moderna.26

El pensamiento de Nicolás Maquiavelo fue precursor de las monarquías absolutas europeas. En igual medida, el florentino reflexiona con preocupación por las dificultades en que se encuentra la tardía unificación italiana. El “nue­ vo Príncipe” debe ser el actor responsable de realizar esta unidad, estableciendo el orden y un organismo político fuer­ te. En relación a esta línea de pensamiento, Maquiavelo

24. Wolin, Sheldon, op. cit., cap. 7, p. 214.

25. Maquiavelo, N: El P rincipe, Buenos Aires, Marymar, 1978 cap. 7, p. 44.

26. Maquiavelo no propone explicar toda la dinámica po­ lítica a partir del concepto de “fortuna”, sin embargo sos­ tiene que de ésta depende la mitad de nuestras acciones.

muestra algunos matices en otros trabajos.27 En los D is­ cu rso s... hay un mayor tratamiento de la idea de Repúbli­ ca, y su tono es más moderado que en El P rín cip e. Por lo tanto, el rol dominante de las monarquías absolutas en la política europea aparece más homogéneamente en E l P rín cip e, pero no en igual dimensión en Los D iscu rsos.28

Según Maquiavelo, el acceso al poder puede realizar­ se por diversos caminos; sin embargo, la fuerza y la violen­ cia son los instrumentos principales. No debemos ser in­ justos en este punto con el autor de E l Príncipe-, no apare­ ce en sus desarrollos un uso indiscriminado e inescrupulo­ so de la violencia, como se le ha atribuido muchas veces en forma errónea. Ésta es comprendida como una alterna­ tiva, un instrumento en manos del político moderno.29 La

27. En particular en los D iscursos sobre la p rim era d éca d a d e

Tito Limo, Madrid, Alianza, 1987.

28. Para algunos autores esta diferencia puede ser entendida como una contradicción entre las dos obras, pero no nece­ sariamente debe ser interpretada así. En los D iscursos, Ma­ quiavelo señala que los Estados pueden organizarse de dis­ tintas formas, y una de ellas es la monarquía, cuyas diversas circunstancias se estudian en El P ríncipe. En el mismo libro, Maquiavelo rescata a la República como la forma más perfec­ ta. Sin embargo, reconoce en su texto que podían surgir con­ diciones excepcionales, como la formación de un Estado, su reforma, o en caso de crisis, que exigirían que el poder per­ maneciera en manos de una sola persona. En estas circunstan­ cias vuelve a aparecer la figura de El Príncipe.

29. La violencia y la crueldad en tanto instrumentos del Prín­ cipe, debían aplicarse inteligentemente afirmaba Maquiavelo. “De aquí se deduce que el usurpador de un Estado debe procurar hacer todas las crueldades de una sola vez para no tener necesidad de repetirlas y poder sin ellas asegurarse de los hombres y ganarlos con beneficios. Quien hace otra cosa por timidez o mal consejo, necesita estar constantemente con

Nicolás Maquiavelo: La secularización del pensamiento social

coerción es una herramienta que el príncipe puede utili­ zar si permite y asegura un resultado exitoso.* 30 Los ele­ mentos vitales de la actividad política no pueden ser con­ trolados sin aplicar la fuerza o al menos la amenaza de la violencia.

Por otro lado, el autor contempla formas de consen­ so com o otra posibilidad a ser tenida en cuenta por el conductor político. Así nos señala que “por fortísimo ejér­ cito que tenga un príncipe, necesita la buena voluntad de los habitantes para ocupar un Estado”.31 Continuando con esta línea argumental Maquiavelo afirma: “Desdicha­ dos los príncipes que, para asegurar su Estado, tienen que tomar medidas excepcionales, teniendo a la multi­ tud por enemiga, porque el que tiene com o enem igo a unos pocos, puede asegurarse fácilmente y sin mucho escándalo, pero quien tiene por enemigo a la colectivi­ dad, no puede asegurarse, y cuanta más crueldad usa, tanto más débil se vuelve su principado”.32 Sin embargo, en la particular situación conflictiva en que se encontraba

el cuchillo en la mano...”. Maquiavelo, N: El P rincipe, cap. 8, p. 58. Por otro lado, no debe confundirse el uso que le daba a la coerción Maquiavelo, con la utilización que propuso Georges Sorel, quien tiene una visión heroica y mítica, no instrumental de la violencia.

30. Maquiavelo hace un fuerte hincapié en la finalidad y el resultado de las acciones del hombre. A partir de esta prima­ cía, todos los medios que se hayan aplicados serán juzgados honorables si permiten llegar a ese objetivo.

31. Maquiavelo, Nicolás: op. cil., cap. 3, p. 20. En otro mo­ mento de El P rincipe, el autor sostiene que “La mejor fortale­ za Idel príncipe] es el afecto de los pueblos, porque por muchas que el príncipe tenga, no le salvarán si le odian sus súbditos”, Ibid ., cap. 20, p. 124.

32. Maquiavelo, Nicolás: D iscursos so b re la P rim era D écad a

la península itálica en el siglo XV y a principios del siglo XVI, difícil era pensar en alguna forma d e unificación po­ lítica q u e n o se materializará a través del u so m asivo de la fuerza. “Pregúntase co n este m otivo si e s m ejor ser am ado q u e tem ido o tem ido q u e am ado, y se responde qu e convendría ser am bas cosas; pero, siendo difícil qu e estén juntas, m ucho más seguro es ser tem ido qu e am a­ do, en el caso de que falte uno de los dos a fe a o s”,33 afirma M aquiavelo. La ley es útil, pero la fuerza constituye la razón última para el ejercicio del poder.34

Si ésta e s la naturaleza d e la acció n política, u no de los aportes más im portantes de M aquiavelo e s haber d e­ sarrollado lo qu e Sheldon Wolin d enom ina “una e c o n o ­ mía d e la violencia”. Es decir, una ciencia de la aplicación controlada de la fuerza. El control de la violencia d epen­ día de la correcta adm inistración d e la dosis d e coerción aplicada, adecuada a cada circunstancia.35

R ecord em os en este asp ecto, qu e el p lanteo de Ma­ qu iavelo n o es unilineal. Sostiene qu e el Príncipe d eb e cuidar su reputación, ya q u e una d e sus fortalezas e s la ad hesión del pu eblo. D e esta forma reco n o ce su poder; pero con el o b jeto de construir una teoría del m anejo de esta opinión del pueblo, que el sabe m aleable, sensible a

33. Maquiavelo, Nicolás: E l P rín cipe, Buenos Aires, Marymar, 1978, cap. 17, p. 98.

34. En este mismo punto el autor afirma: “Sépase que hay dos maneras de combatir, una con las leyes y otra con la fuerza. La primera es propia de los hombres, y la segunda de los animales; pero como muchas veces no basta la primera, es indispensable acudir a la segunda”. Ibicl. Cap. 18, p. 102. 35. Wolin, Sheldon: op. cit., p. 239. La verdadera prueba de que la violencia había sido aplicada correctamente, la daba el hecho de que la crueldad aumentara o disminuyera en el transcurso del tiempo.

Nicolás Maquiavelo: La secularización del pensamiento social

la fuerza y fácil de engañar. Un consenso que tiene un sentido de apariencia y de astucia.

Al referirse a la religión, Maquiavelo no se preocupa en cuestionar la verdad o falsedad de su dogma. Sólo se interesa por el rol que desempeñan en la vida pública, sus posibilidades a la llora de ser utilizadas con fines po­ líticos, o la efectividad de su función educativa. Opositor del poder papal, expresa su desprecio por las aristocra­ cias nobiliarias de origen feudal. Ambos eran un estorbo para la constitución de un Estado nacional en Italia. Por tal razón, la crítica a la Iglesia Católica, que se manifiesta en diversos momentos de su obra, no se dirige hacia sus contenidos teológicos sino a sus aspectos políticos. “Con­ viene recordar que cuando el imperio en estos últimos tiempos em pezó a ser rechazado de Italia y el poder temporal del Papa a tomar mayor consistencia, se dividió Italia en muchos Estados, porque varias de las grandes ciudades tomaron las armas contra los nobles que favore­ cidos por el Imperio las oprimían, y la Santa Sede las auxiliaba, aumentando así su dominación”.36 Así compren­ de Maquiavelo el poder de la Iglesia y de los Estados Pontificios; considerándolos como uno de los grandes res­ ponsables de la situación política Italiana, más atada a la vieja matriz feudal que al surgiente Estado nacional capi­ talista. En coincidencia con esta línea conceptual señala nuestro autor: “Los italianos tenemos, pues, con la Iglesia y con los curas esta primera deuda: habernos vuelto irre­ ligiosos y malvados; pero tenemos todavía una mayor, que es la segunda causa de nuestra ruina: que la Iglesia ha tenido siempre dividido a nuestro país. Y realmente un país no puede estar unido y feliz si no se somete todo él a la obediencia de una República o un Príncipe, com o ha sucedido en Francia y en España. Y la causa de que Italia

no haya llegado a la misma situación, y de que no haya en ella una República o un Príncipe que la gobierne es sola­ mente de la Iglesia”.37

En base a las reflexiones de Nicolás Maquiavelo sobre el tema del Estado surge en forma más general el concepto “razón de Estado”, aunque no en su form ulación contemporánea.38 Este principio afirma que el Estado, cual­ quiera sea su forma, tiene una tendencia orgánica a bus­ car el continuo incremento y consolidación de su propia potencia, en detrimento de cualquier otra finalidad. El Esta­ do posee una tendencia natural a extenderse; no recono­ ciendo ni moral ni derecho internacional que la pudiera li­ mitar. En otras palabras, al perseguir estos objetivos, el Esta­ do puede violar toda norma existente, si es útil a su fin.39 40 Esto no significa afirmar que la potencia sea el único objeti­ vo del Estado, sino que es el instrumento específico e insus­ tituible, para alcanzar los fines que se proponga.

Si bien el Estado es uno de los centros de preocupa­ ción intelectual de Maquiavelo, su obra no constituye una teoría acabada sobre esta temática. E l P r ín c ip e s e aproxi­ ma más a un tratado sobre el tema del poder. Las formas de acceso al poder, sus mecanismos a través de la histo­ ria, y las dificultades para mantenerse en él a través del tiempo, son agudamente desmenuzadas en su obra. Por momentos el lector parece estar frente a un libro con múltiples recetas sobre el arte de gobernar.^

37. Maquiavelo, Nicolás: D iscursos sobre la P rim era D écad a

d e Tito Livio, Alianza Editorial, Madrid, 1987, p. 69.

38. Maquiavelo representa un salto cualitativo en el desarro­ llo de este concepto.

39. Bobbio, Norberto; Matteucci, Nicola: op. cit., pp. 1.382- 1.383.

40. Algunos ejemplos de estas “técnicas útiles" a ser aplica­ das fueron analizados en los capítulos 5, 6, 10, 13 y 19, Ma­ quiavelo, Nicolás: op. cit.

Nicolás Maquiavelo: La secularización del pensamiento social

Para Maquiavelo el método de estudio de la política es el de la ciencia. Primero se analizan los hechos para luego tratar de llegar a conclusiones y a leyes del com ­ portamiento político general. Por esta razón, el estudio de la historia y de los hechos históricos cobran una real importancia. Ésta es el laboratorio que pemiite el acceso a regularidades en el campo de la política.41 La historia se transforma en un instrumento que debía ser conocido por el Príncipe en su globalidad pero ahora con un nuevo ob­ jetivo, el de la actuación política. De esta forma desapare­ ce la tensión entre teoría y praxis, donde todo análisis teó­ rico tiene en última instancia, un sentido práctico.

También la guerra se constituye en objeto de estu­ dio y reflexión desde esta misma perspectiva. De esta forma, al analizar la reconquista de la ciudad de Pisa, nuestro autor señala que “para llevar a buen término (refiriéndose a la conquista de la ciudad] hay que tomar­ la por asedio, por hambre o por asalto, emplazando la artillería bajo sus murallas”.42 Con ésta y otras afirmacio­ nes, Maquiavelo busca quitarle a la guerra el halo de inevitabilidad que arrastraba desde la Antigüedad, ha­ ciéndola entrar en la esfera de los fenóm enos con oci­ dos y por lo tanto controlables y previsibles.43

41. El puntilloso estudio de la historia que realizó Maquiavelo, lo llevó a analizar no sólo las situaciones políticas cercanas a su época, sino también una gran cantidad de ejemplos histó­