2 LITERATURE REVIEW: ELECTROCHEMICAL DRINKING WATER
2.2 Iron Electrocoagulation
2.2.3 Important operation parameters for EC
La riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista de producción se nos aparece como un ¨inmenso arsenal de mercancías¨ y la mercancía como su forma elemental.
Carl Marx (1946: 3). La explotación del azufre no resulta como algo al azar o producto de un espíritu emprendedor y decidido como en la actualidad quiere hacerse parecer, sino que es la resultante de condiciones económicas concretas.
Juan Cajas (1982:37).
El descubrimiento y posterior proceso de extracción de azufre natural en el territorio de Puracé se remonta a la década de 1940, cuando el ingeniero Manuel María Mosquera Wallis en tu tarea de modernizar la infraestructura vial del territorio colombiano100, termina por
descubrir una veta del mineral en el sitio conocido como San Juan, lugar localizado en el territorio Puracé (Flórez, 2011). Así se desprende de los relatos recopilados entre algunos moradores de la región por parte del antropólogo Juan Cajas en el año 1982:
100 El ingeniero Manuel María Mosquera Wallis estaba a cargo de la construcción de una vía que conectaba a
Corría el año de 1937 o alguito más, no estoy muy seguro, pero esos tiempos eran, cuando se empezaron los trabajos para encontrar las vetas del mineral; el dueño de la idea era el tal Manuel María Mosquera, ya finao y papa del que es Gerente hoy día de Industrias Puracé, él; yo me acuerdo, estaba de director en la construcción de la carretera, que apenitas la estaban empujando de Puracé pal Huila; eso fue por los lados de San Juan, donde él se topó con las primeras piedras; la abierta de la carretera era a punta de pica y pala, en una de esas halló las benditas piedras, algo así como grises y pinticas amarillas, eso lo encostaló y se lo llevó pal centro (Popayán), de allí en adelante, al Doctor Mosquera, le dio en darse sus caminatas por los lados mismos del Volcán, a yo varias veces me convido pallá, y oiga, uno iba sin darse cuenta de qué era lo que él buscaba, más tarde fue que vinimos a abrir la entendedera. Nos parecía raro si, el que anduviera en esas, en veces hasta llegamos a creer que era buscador de entierros que seguramente andaba en la pista de algún alumbrao, uno entonces no le paraba muchas bolas a las andadas de Don Manuel, como no entendía se quedaba mirando no más, ignorantes que éramos; en esas épocas como no había escuelas, a duras penas sabíamos hablar entre nosotros mismos, de haber tenido algún estudio pues nos hubiéramos enterao y hasta se había podido prohibirle las correrías al Doctor; es que mire lo pendejo que hemos sido, dizque servirle nosotros mismos de guiaderos por 30 centavos que era lo que nos pagaba el condenao, imagínese, todo el día desde por la mañana, pegábamos pa las faldas del volcán con picas y aparatos que él traía pa jurgar la tierra. En veces subíamos en bestias y otras a pie, él nos mostraba por dónde meter las pica, o el hueco pa ajustar la dinamita en el peñasco, con la pala removíamos tantico y recogíamos la piedra menudita que se metían en chuspas de plástico o en costales. En esas el Doctor estuvo metido arto tiempo, cuentan los compañeros porque hasta allá no me tocó, que se amarraban un rejo en la cintura pa bajar al peñasco, por los laos del Vinagre y los otros lo atrincheraban desde lo alto y desde allá se sacaba el material. A Don Manuel uno le preguntaba que para que era eso y él se quedaba callao o contaba cualquier cosa, menos que era azufre lo que estaba buscando (Cajas, 1982: 29).
En igual sentido se refiere Jorge Arboleda, quien en el año 1990 logró recopilar a partir de algunas historias contadas por puraceños, apartes de la reconfiguración mitológica y material de la región, a partir del descubrimiento de la utilidad económica del azufre en Puracé:
Fue Cornelio Pisso (hay otros nombres) quien descubrió la mina, él murió hambriento; y fue él quien le trajo a Mosquera el azufre en un morralito. Manuel se lo llevó a Cali y Popayán y lo hizo ensayar y como vio que le daba resultado entonces empezó a buscar el sitio exacto de la mina.
Cerca a San Juan, Manuel María olía el aroma de azufre, lo siguió y encontró el lugar donde brotaba en los termales. Este azufre lo llevó en flor (polvo), en terrón y en espedón y lo hizo cocinar en un horno en Puracé y como no le daba resultado siguió buscando (Arboleda, 1990: 74).
El proceso de exploración y explotación del azufre natural en Puracé constituye una iniciativa individual de Manuel María Mosquera, quien realizó los estudios técnicos y comprobó la existencia de un yacimiento con reservas importantes en el territorio del Volcán Puracé101. El relato visibiliza el desconocimiento e inocencia de los pobladores
locales sobre la utilidad de ciertos recursos como el azufre natural, en una forma muy similar a lo acontecido con el oro y la plata y su significado para los aborígenes a la llegada de los conquistadores españoles. Es por ello que se observa poca comunicación de Manuel María Mosquera hacia los indígenas puraceños respecto al valor económico del azufre y sus posibilidades de explotación, a pesar de su proceder en la solicitud de una autorización del Cabildo para impulsar el proyecto. Así se desprende de las narraciones de uno de los informantes en la obra de Cajas (1982: 30):
Y bueno hora verá: las cosas fueron pasando y uno vide que él un día llegó hasta el Cabildo que estaba reunido y dijo: -Señores yo he venido a ver si ustedes me arriendan la mina-, ahí fue donde nosotros le descubrimos la mala intención, el Doctor quería que el Cabildo no se opusiera sino que le aceptara de una vez la propuesta, él decía que por cosas de la Ley todo lo que se encontrara le pertenecía al Gobierno, que él teniendo en cuenta que la mina estaba entre el Resguardo y que por eso era que venía a pedir el permiso, que él no vía ningún problema para que le escrituraran ahí mismito. Un compañero le dijo que así de carrera no se podía, que había que saber primero qué era eso de la mina, porque él ni sabía de la tal mina, que más mejor era hacer las cosas despacio, a ver si convenía el trato o no; pero ya ve, como a la semana siguiente el Doctor Mosquera le pagó el viaje en carro a Popayán al Gobernador de la parcialidad, José Mazabuel, que así llamaba y junto con el Doctor Antonio Tafur hicieron escrito de la mina, en después como que hicieron un memorial pa presentarlo al Consejo Municipal de Cononuco, allí cuadraron el arriendo de la mina por 20 pesos al año y que según lo que se fuera hallando iban aumentando la paga, estando eso en Coconuco el Consejo lo mandó pa Bogotá y ahí aplicaron la Ley.
El contrato en referencia fue suscrito en el mes de abril de 1944, entre Manuel María Mosquera y los miembros del Cabildo de la época encabezados por José Mazabuel (Gobernador), Ángel Custodio Lazo (Alcalde), Rosalino Aguilar (Capitán general), Juan Clímaco Joaqui (Alguacil) y Modesto Charo (Secretario). Como asunto central se establecía por parte de los indígenas otorgar en arrendamiento por término de tres años “[…] todas
las minas de azufre que existan dentro de los terrenos de la Parcialidad de Puracé”,
-reservando para Manuel María Mosquera- “[…] el derecho de renunciar a él o de darlo
por terminado antes de ese plazo, si después de la exploración, a su juicio no encontrare minas de azufre explotables comercialmente”102. El contrato no estipulaba valor alguno
sobre el canon de arrendamiento, estipendio, regalía, o cualquier otro tipo de obligación por parte del arrendatario con la comunidad. Se dice que Manuel María Mosquera utilizó
de 1982; estudios recientes calculan reservas cercanas a 3 millones de toneladas (Calle, 2009)
102 Notas tomadas del contrato de arrendamiento suscrito entre Manuel María Mosquera y el Cabildo de
procedimientos innobles, como el acto de emborrachar al Gobernador del Cabildo para que firmara el documento de arriendo de la mina y así lograr sus objetivos económicos. En su documento, Cajas (1982), expone la narración de Isaías Cueto, un lugareño de Puracé, quien afirma:
En principio cuando el Doctor Mosquera pidió que se le alquilara la mina, se acordó que no, que primero había que conocer las partes del arreglo para que las cosas quedaran claras, no fuera cosa de que la comunidad saliera perjudicada. Nosotros no estábamos enteraos de lo perjudicial del azufre, pero eso si estábamos como avisaos de entrar en tratos con los blancos. El vergajo ese de José Mazabuel, fue el único responsable del arriendo de la mina, el tal Manuel María lo emborrachó y se lo llevó pa Popayán pa que firmara (Cajas, 1982: 33).
Es con base en este acuerdo que el ingeniero Manuel María Mosquera procede a emprender el proceso de explotación de la mina de azufre, hoy denominada mina El Vinagre. Así se desprende de una de las narraciones de los moradores citados por Cajas (1982: 33):
Yo vide que Manuel María, empezó a contratar pionadas, pa que le sacaran, ya no poquitas piedras sino hartas y se las fueran a arrejuntar en el sitio de Chichiuara. Yo cuento porque en veces me tocaba ayudar a buscar el personal, por recomendación del Doctor se llamaba a los comuneros, que pues son los mismos de la comunidad y se les pagaba al día, subía harta persona indígena, en un punto éramos más bien poquitos pero luego se aumento a más, el tal Manuel María y otros dotores de Popayán hacían dibujos en unos papeles grandotes y de cuadros chiquitos, así como hoja de cuaderno cuadriao pero grande, todos eran altos y se chantaban unas como ruanas de caucho negro y botas altas. A un lao del río, que pa ese entonces bajaba bien clarito que uno hasta se bañaba allí, se empezó a reventar la roca con pura dinamita, el Doctor buscaba el lao, si había hueco era mejor o si no se habría a punta de martillo y cincel, y se le apostillaba el taco de mecha, eso era prenderlo y corra pa bajo a esconderse, cuando pasaba el susto se volvía y se apartaba la roca cuartiada, las muy grandes tocaba que echarles maceta pa volverlas más manejables. Se hacia una montonera y se embutía en costales gruesos o tercios como se llamaba pa completar la carga, en el planito donde hoy quedan los autoclaves estaba el personal con las bestias, para transportar el material hasta Chichiua, cada partida era como de cinco o de diez animales, los contratistas echaban pa bajo por el puro camino de herradura, esos animales sudaban de lo puro duro que les tocaba, y en veces daba lástima verles el costillar hundido o florecido de la matadura, es que eso era muy fregao y el pago bien malo, cinco centavos por bestia era el pago por cada viaje, cuando los animales eran de arranque se jalonaban tres o cuatro viajes al día.
En Chichiuara ya había entrada pal carro, allí era más bien como guardadero, de allí pasaban en volqueta el material hasta el sitio llamado el Compartidero, que estaba más dentro, abajo en el cruce de Chapío y Tabío. En ese lugar el Doctor Mosquera hizo montar una como especie de caldera pa cocinar el material, es decir las piedras, eso era más bien alto hecho en el puro fierro y con tapa arriba, hasta allí llegaba el material, claro que eso era más amplio, no como está ahora, ahí se ocupaba más personal, para acabar de partir la piedra y volverla más menudita para que cupiera por la geta de la caldera y pa que se cocinara más rápido, entonces eso era dele y dele desde las siete de la mañana hasta pualla las cinco de la tarde. Con la maceta uno iba haciendo su montoncito aparte ¿y sabe cuánto pagaban? Cincuenta centavos el jornal.
Pa la cocinada del azufre, los compañeros de la parcialidad bajaban por la mañanita con los guangos de leña para poner a hervir la caldera, póngale, cómo no se iba a dañar esto, si por más de ocho años se estuvo cortando leña, todos los santos días, el metro de leña como que costaba tres pesos, si, como a ese precio lo pagaba don Manuel María.
Similares datos reporta Arboleda (1990), al citar el relato de algunos moradores del territorio de Puracé, quienes afirman lo siguiente:
Manuel María comenzó a explotar con cinco hombres más, desde San Juan, pasando por el Páramo Chiquito, hasta llegar al Alfombrado. Examinó todos los respiraderos y en ninguno encontró la calidad de azufre que buscaba. Cansado de caminar y sin ninguna esperanza él salió solitario con la escopeta en la mano para admirar la fauna y la flora de las faldas del volcán. Después de un rato, cuando seguía caminando, en el Alfombrado se le apareció un hombre simpatiquísimo que le dijo que él si sabía dónde estaba el azufre y que le diría donde encontrarlo si cada año, cuando abriera la empresa, Manuel María le entregaba el alma de dos de sus empleados (Arboleda, 1990: 75).
Manuel María no creía porque habiendo recorrido tanto no había encontrado nada; sin embargo acepto porque le faltaba recorrer la parte trasera del volcán a donde no había ido por miedo a las fieras y la selva.
El hombre le dijo que apuntara con la escopeta hacia la peña y que disparara, Manuel disparó y cuando el tiro pegó, broto de la roca mucho azufre en la piedra. Entonces el hombre le dijo que allí tendría que instalar la empresa y es el lugar donde ahora está la mina.
Para abrir la mina se empezó a picar en la peña y cuando apareció el azufre se descubrieron unas vertientes, como oídos, de donde salía candela.
El relato de los lugareños a través de Arboleda (1990), permite visibilizar el entramado mítico y mágico sobre el cual comienza a constituirse esta experiencia de la economía moderna en Puracé, lo cual podría describirse como un proceso de ensamblaje de novedosas estructuras simbólicas del mundo económico moderno sobre el viejo andamiaje tradicional o ¨premoderno¨ que caracterizaba a los habitantes de dicho territorio; en otras palabras, el relato de los puraceños muestra nada menos que la forma como en sus mentes comenzó a operar el proceso de apertura de la mina y su posterior explotación en Puracé (percepción del cambio histórico del mundo social y la relación de este con la naturaleza), desde un punto de vista simbólico e histórico.
El tratamiento técnico del azufre fue en principio de tipo artesanal, el proceso consistía en extraer el mineral en su estado natural mediante el sistema de cielo abierto o en pequeños
huecos que se abrían camino en los peñascos a través del uso de la dinamita. La piedra era reducida posteriormente al mínimo de su tamaño mediante el uso de macetas; ya en ese estado la roca era introducida a las calderas de las cuales se extraía el producto final. En un relato de los lugareños, se menciona lo siguiente: “El azufre primero se cocinó en ollas
donde Carlos Orozco y luego en hornos de leña; después se puso un horno de vidrio donde Rosa Rojas, en Chichiguara; que al tiempo llevaron al Compartidero a donde el azufre lo traían primero a la espalda y luego en mulas” (Arboleda, 1990: 76). Este era transportado
posteriormente hasta Popayán y distribuido desde esta ciudad a otros lugares del país (Cajas, 1982). Sin embargo, este proceso de extracción artesanal sería objeto de una profunda modernización en años posteriores, cuando se constituye Industrias Puracé SA. La explotación del azufre en Puracé no fue fruto del azar, fue por el contrario el resultado de condiciones económicas concretas de la economía nacional; se sabe que Manuel María Mosquera “[…] estaba ligado para la época a una vasta red de acuerdos económicos y
políticos en el Cauca y fundamentalmente con capitalistas del Valle” (Cajas, 1982: 37),
quienes le encomendaron descubrir posibles yacimientos de azufre en la región del volcán Puracé; así lo manifiesta Manuel María Mosquera Castro, al afirmar que en una oportunidad, cuando su padre “[…] vino a Cali, se reunieron con él varios industriales
azucareros, varios gerentes de ingenios azucareros y le expresaron la falta de azufre que había en Colombia”103.
Los avatares de la segunda guerra mundial habían generado una escases de azufre en los procesos de blanqueo y sulfatación del azúcar vallecaucano (Flórez, 2011). Adicionalmente, en el país había comenzado a incrementarse la demanda del mineral, como producto de los nuevos requerimientos del proceso de industrialización para la sustitución de importaciones (Ordoñez, 1998). El ritmo creciente de la demanda de azufre a nivel nacional conllevó en pocos años a la incorporación de un mayor número de indígenas puraceños al proceso extractivo del mineral, tal como lo relata uno de los puraceños (Cajas, 1982):
Vea en ese trajín nos mantuvimos harto tiempo y la gente de la comunidad como que se fue acostumbrando a ese trabajo de la minería, cosa nueva por estos lados, como sería que hasta el trabajo se repartía, por ejemplo: lunes, martes y miércoles eran dejaos pa jornaliar en la mina y el resto pa la agricultura y descansar, porque no crea, el trabajo era durísimo, cuando en la tarde se llegaba a la casa le dolía a uno el espinazo y los brazos, la caldera se mantenía con la leña ardiendo por debajo y eso era échele piedra menudita, el que manejaba el aparato le movía unas como rueditas de hierro y otras que parecían relojes y eso se iba pa lo alto una ventarrona de humo, de allí salía el azufre por un tubo, amarillito, ese ya se despachaba pa Popayán, del centro venían camiones a cargarlo y según decían, disque lo llevaban lejos a otras ciudades del país, creo que a Cali y Medellín.
Entre todos ya éramos como cuarenta los que trabajábamos con el doctor, hombres y mujeres, claro que los hombre éramos mayoría (Cajas, 1982: 38).
Manuel María Mosquera implementó en muy poco tiempo las primeras innovaciones (o modernizaciones) en el proceso extractivo, lo anterior encaminado a alcanzar el mayor nivel de productividad posible del azufre; así se desprende de una de las narraciones citadas por Cajas (1982: 39):
Más luego fue que empezaron hacer casas en la vereda de Campamento, casas grandes de ladrillo y a montar las tales calderas nuevas, para esos trabajos empezaron a llevar personal de los de abajo, de los que estaban en Chichiguara atendiendo el trabajo del material, pualla fue que vinieron dejando de usar leña y en cambio utilizaban el carbón de piedra, según me contaba el jefe de la pionada: el cabo Carlos Espinoza. Ese tal carbón de piedra lo traían de otras minas parecida a esta, que lo traían en tren hasta Popayán, que eso disque era como cinco vagonadas que descargaban en la estación del Barrio Bolívar y de allí lo echaban en camiones paca; el carbón de piedra era más rendidor que la leña y resultaba más barato, lo compraban por toneladas, allá en Campamento armaban un turupe alto de carbón que guarnecían con una armazón grandota de eternit para que el paramo no le hiciera