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An Improved Implementation of A*

Sin duda soy yo un bosque y una noche de árboles oscuros; sin embargo, quien no tenga miedo de mi oscuridad encontrará también taludes de rosas debajo de mis cipreses.

Friedrich Nietzsche

Aunque el estrés no es propiamente una emoción, es un proceso relacionado, por el que las personas respondemos a los sucesos del entorno o situaciones psicológicas que son percibidas como desafiantes o amenazantes. Según los datos de la Agencia Europea para la Salud y la Higiene en el Trabajo, el alto nivel de estrés psicológico es el trastorno que más bajas laborales y coste económico supone. Los centros escolares, incluyendo alumnos, profesores y equipos directivos, presentan altos índices de problemas relacionados con el estrés, llegando en casos extremos a lo que se conoce como Síndrome de Burnout o “estar quemado”.

Pese a que en el lenguaje popular se entienda como algo negativo “estoy muy estresado, no puedo más”, las situaciones positivas también pueden desencadenar estrés, y de las situaciones de estrés se puede sacar un lado positivo.

El estrés negativo puede paralizarnos, asociándose a sensaciones dañinas. Los estresores pueden ser físicos (cambio de ciudad, trabajo o centro educativo, problemas de conducta en el aula, examen, oposición…), emocionales (miedo al fracaso, ruptura sentimental, baja autoestima, conflictos…), o ambos vividos de forma simultánea.

Pero el estrés “bueno”, supone un desafío, resulta de los retos difíciles que creemos que podemos superar, y tiene sensaciones y acciones positivas. En los estudios, este estrés es fundamental.

Desde pequeños, nuestra tolerancia al estrés y a la frustración (que un niño aprenda que no siempre conseguirá o hará lo que quiera por mucho que llore o proteste; que no todo en la vida nos puede salir bien porque hay cosas complicadas, por ejemplo) van marcando nuestra capacidad de adaptación a situaciones difíciles, que nos demandan una respuesta, que a veces será aceptar la realidad.

Las personas somos diferentes en nuestra reacción a una misma situación. Mientras que un trabajo voluntario de clase puede ser percibido por un estudiante como una mayor carga de esfuerzo, con alta probabilidad de hacerlo mal porque no tiene tiempo (estresor negativo), otro estudiante puede entenderlo como una oportunidad para subir nota o un reto para aprender y mejorar (estresor positivo).

Como siempre, marcar los límites y el sentido común hará que como padres o educadores establezcamos hasta qué punto un niño puede tolerar la carga de responsabilidad exigida para cada edad.

agenda de por la tarde con actividades extraescolares seguidas, donde no tenga tiempo ni para descansar tranquilamente. Los niños que meriendan mientras andan o en el coche, que no pueden ni contar a sus padres lo que han hecho porque unen colegio con varias actividades… no están obteniendo los beneficios esperados. Imaginen lo que supone con esta corta edad y nivel de maduración. ¿Estaremos construyendo «niños robot» hiperactivados?

Las leyes educativas determinan el nivel de los contenidos que debe exigirse en cada edad, pudiendo flexibilizarse para los alumnos con necesidad específica de apoyo educativo a través de adaptaciones curriculares y organizativas individuales (es el caso de alumnos a los que se les modifican los contenidos o actividades que realizan en clase, por tener un nivel inferior o superior de conocimientos y/o capacidades).

Sin embargo, en igualdad de contenidos, la exigencia que se da en cada aula depende de la programación que planifican los profesores de las diferentes materias, al igual que cada familia decide cómo ocupar el tiempo de sus hijos. Cada docente tiene un nivel de exigencia, es de una manera con los niños, utiliza materiales más o menos complejos y consigue tener mejor o peor relación con ellos. El estrés, por tanto, según factores físicos y emocionales, será diferente.

En cualquier caso, si usted detecta que su hijo muestra un elevado y desproporcionado nivel de estrés o ansiedad ante los estudios, debe comunicarlo y tratarlo en primer lugar con el profesor y orientador del centro, con quien establecer la mejor forma de colaboración para mejorar la situación de su hijo, y equilibrar la balanza entre exigencia, esfuerzo y capacidad.

En otras ocasiones parece que los alumnos carecen de estrés, de ánimo para plantearse metas, estando demasiado relajados y sin preocupación por plazos u obligaciones. En este lado del extremo, también debe tratarse la necesidad de activar este “estrés positivo” que les empuje y anime a reaccionar.

Definir con ellos metas y realizar un calendario con notas sobre qué ha de hacer para conseguirlas, es el primer paso, esperando que al ser capaz de cumplirlas y ver resultados, el alumno obtenga satisfacción y bienestar sintiendo que empieza a controlar su vida y su futuro. Continuando la idea propuesta de que es positivo tener cierto grado de estrés escolar, siendo uno de los factores que nos hace reaccionar y tomarnos en serio los estudios, puede intentarse percibir la existencia de exámenes finales como un reto al que dar respuesta, estudiando más.

Además de controlar las variables físicas que pueden estresarnos de forma negativa (relajación ante ansiedad y nervios, por ejemplo), existen otras intervenciones que realizan los especialistas, como técnicas para aumentar la creencia en la autoconfianza y su capacidad para resolver situaciones nuevas o difíciles. El apoyo social es una fuente de ayuda importante, no solo tener compañía física, sino más bien y sobre todo, sentir que se tiene apoyo de otras personas para afrontar nuestro estrés.

Algunas estrategias para combatir el estrés son: Haz ejercicio físico.

Descansa lo suficiente.

Cuida tu alimentación (horarios y calidad). Ten algún hobby o actividad placentera al día.

Aprende y consigue decir “no” a algunas personas, planes, favores o tareas. Piensa positivamente sobre ti mismo.

Elige qué metas te propones este curso, qué cosas buenas traerán, y qué harás para lograrlas. Concreta pequeñas tareas diarias en una lista y colorea las que vayas consiguiendo, te animarás.

Organiza bien tu tiempo y aprovéchalo. Es una buena manera de sentir que aunque no hayas conseguido todos los objetivos, has hecho lo que has podido con el tiempo disponible.

En los centros educativos, que toda la comunidad educativa se sienta parte integrante de un equipo que busca un bien común (la calidad educativa para el alumnado), y que resuelva los problemas de directivos y personal del centro, alumnos, familias y profesores de manera constructiva y colaborativa, puede reducir los niveles de estrés y conflictividad. Con ello, todos ganan, aumentando el buen clima del entorno escolar.

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