Recientemente un amigo me preguntaba cuál era el mejor método para estudiar. Es una pregunta que los docentes escuchamos muchas veces, pero la respuesta más honesta, aunque pueda parecer que se evita la ayuda es: “depende, no hay un mejor método de estudio, tú eres el que mejor te conoces y tienes que decidir eso”. Por supuesto, la ayuda se presta orientando a la persona, analizando su situación y resultados, decidiendo en función de sus circunstancias el método que más le conviene y se adapta a su realidad y características personales y académicas. Siendo sinceros y profesionales, dar esa receta mágica que ya advertimos, no existe, sería como que un psicólogo aconsejara siempre lo mismo ante un tipo de problema de forma mecánica, cuando lo que debe hacer es guiar a la persona, para que ella misma valore y encuentre la mejor canalización de su problema en relación a sus circunstancias.
Anticipado esto, proporcionamos una síntesis de posibles ideas y consideraciones a tener en cuenta de manera general, que pueden después considerar y aplicar a sus necesidades personales. Solo hay que recordar que es importante ser paciente: hay que darse un tiempo de prueba con consistencia en un método. Ni en un día o semana una técnica da resultados, ni es bueno probar cada día una estrategia diferente.
El principio siempre es más costoso, pero cuando usted o sus hijos ya tengan el hábito adecuado adquirido, los beneficios se irán viendo y mantener estas técnicas será más fácil, pues comprobará como los resultados merecen el esfuerzo, continuándolo.
En lo que sí están de acuerdo la mayoría de expertos es en que el estudio debe ser un proceso participativo, global y continuado entre escuela y casa, de ahí que este libro no sea un listado de técnicas de estudio, sino una concepción global de aprendizaje, donde para aplicar las estrategias que ahora se presentan, se deba tener en cuenta lo anteriormente argumentado en los capítulos previos.
1. El proceso del estudio comienza en el aula, siendo esencial que el alumno comprenda lo explicado (escuchar activamente y participar con aportaciones o preguntando dudas, no solo oír al profesor) y tenga ya un esquema mental de lo que se va a trabajar. La adecuada toma de apuntes, subrayado de lo importante, practicar los primeros ejercicios propuestos y apuntar las tareas para casa es fundamental. Si este primer paso se hace bien, es más probable que el alumno se implique y pueda seguir el hilo del tema cuando esté solo en casa y afronte la parte más aburrida o dura de las tareas.
2. El segundo paso es igual o más importante. El alumno ha de continuar solo, realizar los ejercicios revisando la teoría vista en clase y probar sus habilidades. Este trabajo personal de leer de nuevo todo y buscar la información relevante lleva un tiempo y un esfuerzo, esencial para el estudio comprensivo y un recuerdo de la información a corto y largo plazo. También implica leer el enunciado de un ejercicio y saber qué se nos pide. Esta habilidad es fundamental.
Surge aquí uno de los frecuentes errores, de padres o profesores particulares, que enseguida “salvan” al alumno de su agobio o duda, cuando éste dice “no entiendo qué hay que hacer”, o “no me sé esto”. Es lógico que un alumno desentrenado y poco motivado prefiera pedir ayuda, ¡muchas veces los profesores sabemos que ni se han leído el enunciado!, es más cómodo y rápido. Insista y dígale con tranquilidad que sabe que esa es la parte más difícil, pero que debe volverlo a leer, reflexionar y entender qué le están preguntando, pues así será capaz de aprender a ser más autónomo y maduro. Si realmente tras varias lecturas comprensivas el alumno se bloquea, puede enseñarle el proceso con un ejemplo que se invente muy parecido al que tiene que hacer, pero dejando que después haga él sólo el ejercicio “de verdad”.
Cuando las dudas persisten incluso con ayuda, o el alumno no entiende un ejercicio, es preferible que las asuma como parte del aprendizaje, las anote en su agenda escolar y pregunte al día siguiente en clase. Acostumbramos a los alumnos a evitar este proceso de preguntar dudas, cuando es importantísimo para sus habilidades sociales (atreverse a exponerlas con naturalidad) y académicas (prestar atención a la nueva explicación y resolución de sus
dificultades, para interiorizar mejor el proceso de aprendizaje).
3. Se continúa el proceso del estudio en clase, donde se corrigen los ejercicios repasando lo aprendido, y los alumnos preguntan sus dudas, lo que enriquece a toda la clase (se le puede decir al alumno que gracias a él y su pregunta, muchos compañeros que tenían la misma duda lo han entendido mejor). Es así como se va consolidando de forma comprensiva lo aprendido, sentando las bases para el estudio individual.
De forma paralela, existirán algunas salidas culturales, visitas familiares, visionado de vídeos o actividades extraescolares que puedan tener relación con lo que se está estudiando, y que seguro que motivan al alumno y le ayudan a retener mejor datos y contenidos fundamentales. Por ejemplo, si está estudiando historia visite el museo de su ciudad con él en el tiempo de ocio. Los beneficios son su aprendizaje, pero también estimularle culturalmente, demostrarle un uso adecuado del tiempo libre y pasar un buen rato de conversación y diversión en familia.
4. En este punto el alumno se enfrenta al estudio individual, para un examen, pero también para consolidar aprendizajes que seguro después necesitará en temas o cursos posteriores. La corrección de un examen después en clase es una parte muy importante que permite aprender de los errores para próximas ocasiones, y sentirse bien (refuerzo positivo) por los resultados alcanzados tras un esfuerzo continuado.
El estudio específico y personal en casa requiere memorizar, escribir, repasar…, como luego se especificará. Pero seguro que si los anteriores pasos han funcionado bien, éste es más agradable, fácil y estimulante. Muchos estudiantes pasan directamente al estudio el día antes del examen: está claro que su estudio comprensivo con poco tiempo es mucho más difícil, y su recuerdo de los contenidos más efímero.