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Chapter 2: Method

2.12 Improving the validity of the data

 

Este dispositivo está en la actualidad estrechamente relacionada con el anterior en la medida que la calidad es una exigencia para poder colocar la producción en el mercado; en el caso de la etapa primaria esto consiste en negociarla, bajo diversas formas, con la etapa industrial. Históricamente la viticultura ha sido una actividad productiva destinada principalmente a su posterior industrialización; sin embargo, a lo largo del siglo XX se han producido importantes modificaciones en la articulación agro-industria. Muchos de ellos respondieron a cambios generales del contexto económico global y otros se deben atribuir a modificaciones específicas en la industria vitivinícola, entre ellos la consolidación de las bodegas como “núcleo” de esta cadena agroindustrial. Así, en los últimos tiempos la industria dejó de ser una simple “transformadora” de la uva en vino para desempeñar muchas otras funciones más complejas que hacen a la competitividad y posicionamiento de la empresa. El mencionado control de la producción primaria y la provisión de insumos “hacia atrás” y la distribución comercial y diversificación de actividades -como el enoturismo-, se encuentran entre las extensiones “hacia adelante”. Estos procesos han modificado profundamente la relación siempre conflictiva entre viñateros e industriales, incorporando ahora nuevos elementos que se agregan a los tradicionales.

En las condiciones actuales en las que los agentes sociales agrarios desempeñan su actividad productiva, la articulación agroindustrial está generalmente asociada a las posibilidades de asesoramiento técnico y de financiación de inversiones en producción y tecnología.

Así, este dispositivo estaría representado por el imperativo de “integrarse” de alguna manera a la etapa industrial. En un escenario como el descripto en el Capítulo 4, la posibilidad de concretar los pagos del producto en tiempos razonables –aunque no siempre a mejores precios- se limita al establecimiento de relaciones más o menos durables con alguna bodega que elabore vinos para exportación para el caso de productores de uvas finas. Si son productores de uvas comunes les

resta como opción –en la búsqueda de un pago más a tiempo y mejor que el realizado por las bodegas trasladistas3- la integración a alguna cooperativa.

Destacamos entonces que si bien la articulación agroindustrial en la vitivinicultura mendocina reviste diversas formas, está dominada por una que denominamos como “integración difusa vía poder de mercado”4. Un histórico desfasaje político entre el poder de los productores y los industriales, determinan que sea casi nula la existencia de contratos de integración formales. Asimismo, están extendidos los acuerdos “de palabra”, donde tanto el productor como la bodega tienen la “libertad” de no respetarlo hasta último momento. Pero como ya destacamos anteriormente, en los últimos años ha tenido lugar una difusión muy importante esta hibridación de modalidades de integración agroindustrial que combina, una integración de tipo total (con seguimiento y control técnico durante el ciclo, aunque esto también varia con el productor y su trayectoria en relación a la empresa), con una de tipo informal, en el sentido de que no existen compromisos más allá de las convenciones que establecen productor y profesional agrónomo en representación de la industria. Esto da origen a un control técnico, económico y político por parte del eslabón industrial, en detrimento de la capacidad de decisión de los productores.

Asimismo, este tipo de integración se puede entender como una hibridación históricamente formada5 en la vitivinicultura mendocina, a partir de dos de las caracterizadas en la tipología de articulación agroindustrial realizada por Teubal (1995, 109-125): la integración vertical contractual (formal o informal, total o elemental) y la integración vertical vía poder de mercado.

La oferta y demanda de uvas depende –entro otros factores- de los ciclos económicos amplios (hasta la crisis mundial del 2008 era una etapa de fuerte expansión que llevaba los precios al alza y las empresas ampliaban sus planes de producción y venta) que actúa como un elemento fidelizador y estabilizador de los proveedores-; de las inclemencias climáticas (heladas, granizo,       

3 Se denomina bodega trasladista a la empresa industrial que se dedica fundamentalmente a elaboración de vino y que

no posee infraestructura para fraccionamiento, por esto la empresa luego de la elaboración se dedica a vender y trasladar el vino hacia alguna bodega que finalmente lo fracciona y comercializa.

4 En los estudios agroindustriales, el problema de las formas de articulación entre agricultura e industria es un clásico.

En esta Tesis nosotros hacemos énfasis en noción de integración “difusa” haciendo referencia a que las condiciones y poderes que regulan esta articulación no se evidencian a partir de un análisis superficial. Por el contrario, actualmente un viticultor no sabe muy bien si está integrado o no, en qué consiste esa integración y mucho menos quién es la otra parte (industrial) con la que él se integra. Esto determina que aunque necesariamente existe una integración, las características de ésta son bien diferentes de las que conoció tiempo atrás.

5 Mc Michael y Araghi (2006:36) destacan que “… las formas sociales, así como las locales necesitan ser

contextualizadas, de manera que las relaciones “globales" de producción y consumo deben ser situadas históricamente en tiempo y espacio. Esto es, las relaciones globales tienen modalidades "locales" implicando yuxtaposición de tiempos y culturas sociales diferentes en espacios sociales diversos. Hibridación para ser claros, pero históricamente formada y formándose, antes que empíricamente formada y formándose”.

lluvias en cosecha, etc.) que aumentan o reducen las cosechas y por lo tanto la oferta de uvas; del porcentaje destinado a mosto que fijan los gobiernos de las provincias vitivinícolas (esto tiene un impacto principalmente en el mercado de uvas comunes) y, el nivel de concentración económica de la etapa industrial que funciona –al menos en la fijación del precio de referencia- como un oligopsonio.

Una evidencia de esto es que en algunas empresas líderes se paga –a partir de los seis meses después de entregado el producto- en base a una “fórmula” que tiene en cuenta la “calidad objetiva” del vino obtenido (evaluada según parámetros estandarizados enológicamente), el trabajo que hizo el productor (si realizó o no las tareas y aplicaciones que el agrónomo le indicó a lo largo del ciclo) y, el “precio de mercado”. A esta altura es claro que los riesgos más importantes corren por cuenta del proveedor; sin embargo, algunos autores sostienen que, con las nuevas exigencias de calidad, esto comenzaría a cambiar incluso en el caso de las uvas comunes (Bocco et al, 2007:75).

Otra característica de este tipo de articulación agroindustrial dominante es que, salvo raras excepciones (uvas finas seleccionadas por alguna característica muy particular) en las cuales la empresa le compra la uva al productor, las bodegas elaboran las uvas de los productores “a cuenta de terceros”. Esto significa que la bodega le cobra un porcentaje –habitualmente en producto- en concepto de elaboración y alquiler de vasija al producto; luego éste puede venderle el vino a la bodega donde lo elaboró o decidir comerciarlo con otro establecimiento. Entendemos que este difundido mecanismo, que es parte de la mencionada integración difusa vía poder de mercado funciona como un elemento central de control político de las decisiones que el productor puede tomar respecto de su producción.

Finalmente, interesa destacar dos elementos asociados a este tipo de articulación agroindustrial. Uno es que al retrasarse los pagos del ciclo anterior, el productor se ve obligado a entregar –no vender- nuevamente su producción a la misma bodega en espera de la concreción de los pagos atrasados. Por otro lado, en el caso de que decida vender su vino a otro establecimiento distinto de donde fue elaborado, las posibilidades de que realmente pueda comercializar su vino (de determinada calidad) y no “el promedio general de la bodega” son tan bajas que generalmente el productor opta por malvendérselo a la bodega elaboradora.