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Chapter 2: Method

2.11 Thematic analysis

 

Es evidente la pesada herencia con la que carga la vitivinicultura mendocina tras la crisis de su modelo centenario de crecimiento cuantitativo. El desarrollo durante todo el siglo XX de una viticultura centrada en producir grandes cantidades de uva de relativamente baja calidad, derivó en que un amplio sector continúe actualmente atrasado respecto de la nueva vitivinicultura. En este sentido, también se plantea que en realidad existe un sobredimensionamiento de la etapa primaria en relación a la demanda y perspectivas del mercado mundial de vinos.

La nueva vitivinicultura aparece como la respuesta –entre pocas opciones- a la gran crisis de los años 80, que a su vez cargaba en su interior a las sucesivas crisis previas y los efectos de las excesivamente variables políticas públicas. Esta acelerada, aunque fragmentaria, reorientación de la producción hacia uvas de calidad tuvo el objetivo de elaborar vinos destinados fundamentalmente a un mercado mundial cada vez más globalizado y ávido de los vinos del Nuevo Mundo. Este proceso se realizó en buena medida gracias a la inversión extranjera directa que territorializó sus capitales –mediante diversas estrategias- tanto en la etapa industrial como en la primaria. Asimismo importantes cambios tecnológicos estuvieron asociados a la implantación de los nuevos viñedos instalados en zonas particularmente aptas para las nuevas variedades de alta calidad enológica; esto sin embargo no hubiera sido posible sin un marco de desregulación estatal que transfirió la capacidad de regulación hacia el sector privado más concentrado.

Este proceso de reestructuración sin embargo, lejos de haberse dado en el conjunto del sector, estimuló una creciente heterogeneidad al interior de la vitivinicultura, profundizando la coexistencia de diversas configuraciones vinculadas a la producción de distintos tipos de vino y mosto. Estos modelos se diferencian no sólo por la base varietal sino por los conocimientos y manejos técnicos, la demanda de trabajadores especializados o no y el tipo de relación que se establece con la industria. En efecto, dentro de las diferentes modalidades de aprovisionamiento de materia prima se encuentra la integración vertical (por propiedad) por parte de las grandes bodegas, a través de la explotación de viñedos propios, modalidad que alcanza cerca del 50% de la demanda de uva. Ante una creciente participación del vino fino en la estrategia sectorial, se puede esperar la continuidad de los cambios hasta ahora inducidos en la producción primaria. Sumado a esto la creciente competencia en el mercado mundial por la colocación de estos vinos, redunda en mercados muy dinámicos y por lo tanto con mayores riesgos. Esto puede llevar a que las bodegas no avancen considerablemente en una mayor integración vertical, ya que otros tipos de articulación les permiten distribuir riesgos ante coyunturas complejas. Este proceso puede, a la vez, inducir tendencias hacia una dualidad productiva en tanto persisten por un lado, los productores cuasi- cautivos integrados a la nueva vitivinicultura, mientras que por el otro, la uva destinada a la elaboración del vino común y el mosto se concentra en el resto de los productores vitícolas. Sin embargo, entre estos “extremos” existe una importante porción de productores que desarrollan las más diversas estrategias de diversificación vitivinícola, manteniendo características y prácticas tradicionales y modernas.

Asimismo, los impactos de la reestructuración se reflejan en la evolución de los tamaños de los viñedos, donde se destacan por un lado, la disminución de los estratos asociados generalmente a la vitivinicultura tradicional del tipo campesina y por otro lado, el crecimiento del estrato comprendido entre 50 y 100 hectáreas, asociadas a los nuevos emprendimientos vitivinícolas empresariales, entre los que se cuentan nuevos actores que ingresan a la actividad. Asimismo, relacionado a esto último, una incipiente concentración de la etapa primaria vitivinícola se evidencia en tanto el tamaño medio del viñedo entre 1988 y 2002 aumentó alrededor de un 15%. Este proceso modifica lentamente la superficie vitícola controlada históricamente por las pequeñas explotaciones.

Sin embargo, distintos indicadores permiten advertir la heterogeneidad de la estructura vitícola a principios del 2002. Así, podemos observar que esta no sólo se da entre los distintos tipos de productores vitícolas sino también hacia dentro de cada tipo. Así, Productores Familiares Capitalizados y Productores Descapitalizados Pluriactivos, aunque con comportamientos y disponibilidad de recursos diferenciados, se encuentran subordinados a un reestructurado complejo industrial que consolida las relaciones asimétricas entre una y otra etapa a partir de, entre otras aspectos, transferir al sector primario nuevas funciones y condiciones.

En este contexto nos preguntamos por las diversas trayectorias socioproductivas seguidas por los distintos tipos de productores. Ante una caída relativamente importante en la rentabilidad de las explotaciones más pequeñas, indagamos sobre qué estrategias socioproductivas desplegaron y pusieron en juego los distintos productores para mantenerse en la actividad, vinculadas a situaciones de pluriactividad y pluri-insertabilidad. Asimismo, los empresarios vitivinícolas participaban de procesos también dinámicos y competitivos –como la producción de uvas de calidad-, muchas veces asociados a otras actividades productivas y económicas. En este sentido, el análisis en profundidad de los cambios tecnológicos y de articulación con el sector industrial eran líneas de indagación centrales para comprender las transformaciones en las relaciones sociales y productivas en el sector primario. Los niveles de rentabilidad diferencial obtenidos por las distintas explotaciones también hacían pensar en nuevas fuentes de heterogeneidad. Asimismo, las motivaciones y formas de ingreso a la actividad por parte de nuevos actores extra-agrarios a la producción vitícola eran también interrogantes a trabajar.

Entonces, un conjunto adicional de interrogantes quedaban planteados luego de caracterizar la estructura social agraria vitícola:

¿Cómo los Productores Familiares Capitalizados organizaban su producción para poder sostener esos procesos de capitalización?

¿Qué papel jugaba el aumento del precio de la tierra y de los insumos en general, en los distintos tipos de productores?

¿Qué nuevos vínculos aparecían o se profundizaban entre el capital agroindustrial y el sector primario?

¿Qué tipo de expansión experimentaban las explotaciones vitícolas empresarias? ¿Qué papel jugaban la tierra y el capital en este tipo de explotaciones?

En síntesis, si bien podemos afirmar que hacia 2002 en la estructura social agraria vitícola de Mendoza habían operado distintos procesos que darían cuenta de una profundización de las heterogeneidades, un análisis de este tipo no permite indagar en el conjunto de factores que estructuran las distintas estrategias socioproductivas, incluidas las subjetividades de los agentes y la interacción entre ellos. Las experiencias y argumentos que esgrimen unos y otros sólo es posible indagarlo a través de una estrategia metodológica diferente. Esto es lo que hacemos en el Capítulo 5.