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Imputation derivations

Chapter II. Uncovering Heterogeneity in Tax Perceptions

A.4 Chapter 1 Derivations

A.4.3 Imputation derivations

En el momento de la llegada de los españoles al Altiplano Cundiboyacense en 1536, las distintas comunidades muiscas se encontraban organizadas en unidades políticas del tipo cacical. La organización política de los cacicazgos muiscas coincide en líneas generales con las descripciones de los llamados “cacicazgos norandinos” (Reichel-

Dolmatoff 1984; Salomon 1980), y en lo fundamental, posee las características más conspicuas de lo que en la teoría antropológica y arqueológica se conoce como “cacicazgos”, “jefaturas” y “sociedades de rango medio” (Carneiro 1981, Earle 1987,

Feinman y Neitzel 1984, Wright 1994). Existe una cantidad suficiente de evidencias para poder argumentar que entre los distintos cacicazgos muiscas prehispánicos existieron personas e instituciones que representaban el poder político, la autoridad y el liderazgo comunitario, además de tener prerrogativas sociales y económicas que los diferenciaban del resto de la población (Langebaek 1987b, 1995a, 1996b, 2001, Drennan 2008, Boada 1998, 1999, 2007, 2009 Henderson y Ostler 2009; Kurella 1998). Los datos arqueológicos recolectados recientemente indicarían que la génesis de la desigualdad social se pudo haber dado en las fases más tardías del período Herrera o a comienzos del Muisca Temprano en el 900 o 1.000 d.C, y para el momento del inicio del Muisca Tardío en el 1.200 d.C (aprox) es evidente en muchos casos la existencia de

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élites locales que tuvieron cierta capacidad para controlar y manipular para su beneficio algunos recursos materiales y simbólicos (Boada 1999, 2006, 2007, Kruschek 2003, Langebaek 2008, 2012, Romano 2009).

Las investigaciones arqueológicas e historiográficas sugieren la idea que independientemente de su variabilidad en tamaño demográfico, importancia y prestancia del cacique, y grado de control territorial, entre los cacicazgos muiscas del período prehispánico Tardío habría por lo menos dos niveles sociopolíticos diferentes. Uno correspondería a lo que las fuentes españolas llamaron “capitanías” y en otras ocasiones

partes” o “parcialidades”. Como se ampliará a continuación, este nivel consistía en un

grupo familiar liderado por una figura política que suele aparecer en la documentación colonial como “capitán”. El otro nivel estaría compuesto por los cacicazgos.

3.2.1. Los capitanes

Para los arqueólogos del período prehispánico del altiplano, la figura de los “capitanes

y la naturaleza de las “capitanías” han sido bastante esquivas. Sólo en pocas ocasiones

se ha encontrado evidencia de lo que podrían ser asentamientos de capitanías prehispánicas (Boada 1998; 2007, Fajardo 2011, Henderson y Ostler 2009, Langebaek 1995a; 2001; 2006; 2008; 2012, Rodríguez 2013, Romano 2009). En general, los “capitanes” han sido primordialmente vistos como las cabezas y líderes de conjuntos de

unidades domésticas que se agrupaban en linajes exogámicos con un patrón de filiación matrilineal y uno de residencia patrilineal, que es la forma más sencilla de definir a las “capitanías” muiscas.

Se sabe de la existencia de estos personajes, y algo de su funcionamiento, a partir de la lectura de fuentes escritas de comienzos del período colonial. En éstas, los capitanes aparecen constantemente en pleitos jurídicos y judiciales relacionados con cacicazgos y encomiendas, en cuestiones relacionadas con las doctrinas y la evangelización, y en aspectos laborales y tributarios de las poblaciones indígenas en las primeras décadas de la dominación hispánica. Tal vez su actuación en múltiples aspectos de la vida de las comunidades esté relacionada con la naturaleza polifacética que pudieron haber tenido los capitanes en tiempos precolombinos.

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Según los diccionarios y vocabularios de la lengua muisca conocidos (Diccionario y Gramática Chibcha 1987/1619?/, Gramática, confesionario, catecismo breve y

vocabulario de la lengua mosca-chibcha, 2013/1612?/, Vocabulario mosco

2013/1612?/, Vocabulario mosco (2) 2013/1612?/) y el estudio lingüístico de Diego Gómez (2012), la palabra castellana “capitán” fue una traducción de “zybyntyba”, en

algunos casos, y en otros de “tybargue”6. La diferencia corresponde a que estas fuentes sugieren la existencia de dos clases de capitanías. Por un lado, el término “uta” fue

traducido como “capitanía menor”, con el correspondiente “capitán menor”, llamado

uta” o “tybargue”. Por otro, “capitanía”, que corresponde al término “zybyn” o

zibyn”. Los historiadores y antropólogos del siglo XX asumieron que esta

diferenciación implicaba una jerarquía entre ellas, en donde varias “utas” componían

una “zybyn”, con la obvia conclusión que un “zybyntyba” tenía bajo su control a más de

un “tybargue”. Esta idea de jerarquización entre dos clases de unidades sociales

construida desde la historiografía nunca se ha probado arqueológicamente. Los reportes arqueológicos que existen sobre patrones de asentamiento de los períodos Muisca Temprano o Muisca Tardío, sugieren que no había una jerarquización espacial entre las concentraciones de población que podrían hipotéticamente corresponder a las capitanías. Como ya ha sido señalado anteriormente por Langebaek (1987b: 28-29), más allá de la explicita mención en los corpus lexicales de la colonia, el uso de los términos muiscas para las capitanías y los capitanes en pleitos y procesos coloniales es escaso, y por el momento es preferible mirar con sospecha la idea de una relación jerárquica entre dos tipos de capitanías. En los documentos usados en la presente tesis no se encontró el uso de ninguna de las palabras indígenas mencionadas para llamar a estos personajes. Otra interpretación para la existencia de dos clases de capitanías distintas se refiere a la posibilidad de ser parte de un sistema dual en el cual cada “uta” tendría su “zybyn

como contraparte, aun cuando no necesariamente eran unidades simétricas. Según Langebaek (2006:228), esta sospecha podría verse corroborada en algunos patrones arqueológicos como sería el caso del sector central del asentamiento de “El Infiernito” en el Valle de Leiva, y en varias menciones de pleitos coloniales tempranos en los que se nombran cuestiones como capitanes de “abajo” y “arriba”. No sería la primera vez

que se menciona la existencia de principios duales entre los muiscas prehispánicos

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(Lleras 1996, Correa 2004) y según Langebaek (2012), estaría acorde con sistemas de organización socio-territorial similar al de otros grupos de habla chibcha del actual territorio colombiano e inclusive centroamericano. Al respecto, no se puede dejar de mencionar que en la presente investigación se han encontrado referencias a “suta” como

componente de un cacicazgo en un pleito de finales de la década de 1560 entre los caciques de Combita y Chaine por indios que se movían entre un cacicazgo y otro en el cual, en algunas ocasiones del proceso, se nombra al primero de los caciques como jefe de “Combita y Suta” dando la impresión de ser una unidad política compuesta por dos

partes, aun cuando no es claro si se trata de dos capitanías –o dos conjuntos de capitanías– que se sentían diferentes entre sí (AGN Encomiendas 2 doc. 6 fols. 465r y 478r). Actualmente existen poblaciones vecinas en el altiplano que repiten este mismo patrón como es el caso de Tenza y Sutatenza, y Tausa y Sutatausa. No está demás aclarar que, en casi todos los casos, las poblaciones actuales de la parte andina de los departamentos de Cundinamarca, Boyacá y el sur de Santander mantienen los nombres de las poblaciones indígenas que las originaron en el período colonial. La idea de la “dualidad muisca” es bastante atrayente, pero como suele ocurrir con las problemáticas

cuestiones de los dualismos indígenas americanos aplicables a la arqueología, es preferible que el tema se siga manejando con cautela hasta contar con evidencias más completas.

En todo caso, bien se trate de niveles distintos de jerarquías entre capitanías, o las dos caras de una misma moneda, es importante retener que las relaciones entre ambos tipos de “capitanías” se establecían por medio de diversas prácticas sociales. Por ejemplo, se

cuenta con algunas evidencias en campo lingüístico y del significado de las palabras. Los términos muiscas para referirse a viejo son “tybara” y “tybacha”. Si se tiene en

cuenta que el vocablo “guê” significa “casa” y que “uta” fue entendido, aparte de “capitanía menor”, como “patio” o “patio de la casa”, tendríamos que “tybargue

podría hacer alusión a una persona mayor que respondía por los intereses de cada una de las “casas” o unidades domésticas. Muy probablemente la zybyn, encabezada por su respectivo zybyntyba, estaba compuesta por más de una unidad doméstica o guê. Los llamados “patios” pudieron ser los espacios abiertos y públicos entre unidades de

vivienda en donde se celebraran fiestas y encuentros sociales patrocinados o conducidos por un capitán.

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De otro lado, la palabra “tyba” por si sola es una traducción de “amarillo” y “platero

(Londoño 1996). Los “plateros” eran los artesanos que producían ciertos artículos de

oro en el altiplano, en especial aquellos que guardan relación con la iconografía chamánica. Ténganse en cuenta además de un par de indicios importantes. El término “suetyba”, fue traducido por los misioneros católicos como “demonio”. Dada la

tendencia de los evangelizadores de esa época de demonizar todas las cuestiones de la religión y el ceremonial de los pueblos originarios de las Américas, es probable que para los muiscas la expresión “suetyba” guardara relación con rituales y símbolos

sagrados. Pero más profundo que esto está que “suetyba” podría significar a la vez “ave anciano” y “ave amarillo”, lo que a todas luces podría relacionar a los capitanes con la

orfebrería (amarillo como color del oro) y con los complejos chamánicos del norte de Suramérica. Por ejemplo, estaría la representación del ave como símbolo del “vuelo chamánico” (Pineda 2005).

Visto de esta manera, la relación entre diferentes tipos de capitanes podría ser, por mencionar solo algunos aspectos, la entrega y circulación de elementos y conocimientos asociados al ritual, la curación y las festividades sociales. No está demás apuntar que el chamanismo genera una serie de relaciones sociales y de poder horizontales antes que vínculos verticales y basados principios jerárquicos (Gnecco 2005). Recientemente Langebaek (2006:228) manifiesta que el ritual y la festividad eran lo que posiblemente les daba coherencia a la existencia de las dos estructuras arqueológicas simétricas en el sitio de “El Infiernito”, lo que él interpreta como la expresión material de la dualidad

zybyn/uta.

La descomposición lingüística de las palabras muiscas de “capitanía” y “capitán” se

ampliará con más detalle cuando se hable de las representaciones materiales del poder. Por ahora, las distintas traducciones del término “tyba” bastan para sugerir que las

posiciones de liderazgo en cada uno de los linajes exogámicos que componían las capitanías muiscas prehispánicas pudieron estar ocupadas por personas mayores que, además de pertenecer al grupo de filiación, demostraran cierta pericia en la conducción de ceremoniales y la elaboración de los objetos en metalurgia que participaban en los rituales y festejos.

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Dentro de todo este panorama nebuloso, algo que aparece en algunos documentos coloniales es que el trato y relación de los caciques muiscas prehispánicos con las unidades domésticas y grupos familiares debía hacerse en muchas ocasiones por medio de los capitanes indistintamente de cómo se nombraran. Por ejemplo, los capitanes pudieron también ser los conductores de algunas tareas comunales que les interesaban a los caciques como la elaboración de textiles de algodón (Londoño 1990), aunque esta apreciación es tomada de fuentes relacionadas con la tributación de finales del siglo XVI y su extrapolación a los tiempos precolombinos debe ser tomada con reserva.

3.2.2. Los caciques

En las fuentes documentales se encuentran varias palabras de la lengua muisca para referirse a las personas que ocupaban las posiciones de mayor prestigio y autoridad dentro de cada comunidad. Según los diccionarios y vocabularios coloniales de la lengua de los indígenas del altiplano, que se han citado en páginas anteriores, la única palabra muisca que claramente fue traducida al castellano como “cacique” es

psihipqua” o “sihipkua”, e inclusive la acción de “cacicar” o “hacerse cacique” fue

una interpretación de “psihipquansuca”. “Psihipqua” o “sihipkua” también fue

entendido como “señor” y “príncipe”. Mientras que sí existen interpretaciones

castellanas de algunas palabras asociables a “capitanía”, para el término “cacicazgo” no

se han encontrado términos muiscas.

Ahora bien, ni en los documentos de archivo del período colonial de tipo jurídico o civil, ni en las crónicas, se hace referencia a “psihipqua”. Los cronistas consultados en

esta investigación como son Fray Pedro de Aguado (1916/1581/, 1956/1581/), Juan de Castellanos (1932/1592?/), Fray Pedro Simón (1981/1625/) y Juan Rodríguez Freyle (2003/1636/) utilizaron los términos muiscas zipa y zaque para nombrar a los caciques de Bogotá y Tunja, pero no se encuentra ninguna otra palabra indígena para el genérico de “cacique” de los otros “pueblos” y “señoríos” del Altiplano Cundiboyacense. En

documentos administrativos, judiciales y eclesiásticos lo común es que se refirieran al líder y cabeza de cada jefatura utilizando las palabras coloniales “cacique” o “señor”,

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forma de liderazgo de los grupos. Al respecto, es posible, como lo ha sugerido Jorge Gamboa (2010:88), que la palabra “zipa” sea una simplificación castellana de la

pronunciación de “psihipqua”, y en muchos documentos se hace mención a los “zipas

o “zipaes” como sinónimo de autoridad. Incluso fue la interpretación de las “lenguas” o

traductores de los pleitos en algunas visitas y procesos judiciales cuando los indígenas se referían a los oidores de la Real Audiencia (Herrera 1993a). En algunos pleitos sobre encomiendas se ha encontrado el apelativo de “saque” para acompañar al nombre de

caciques, e incluso de capitanes, lo que indica que pudo también ser una palabra para significar algún tipo de autoridad (Bernal 2008). Otros términos como “usaque” se han

usado para nombrar a caciques de áreas de frontera en el sur del altiplano, o para caciques regionales que pudieron haber controlado a varias unidades políticas pequeñas. Sin embargo, para “zaque”, “zipa” o “usaque” no se han encontrado traducciones en los

vocabularios y diccionarios muiscas del período colonial (Diccionario y Gramática Chibcha 1987/1619?/, Gramática, confesionario, catecismo breve y vocabulario de la lengua mosca-chibcha 2013/1612?/, Vocabulario Mosco 2013/1612?/, Vocabulario Mosco (2) 2013/1612?/). Puede ser, y esto no pasa de ser una sugerencia, que para principios del siglo XVII, cuando los padres de la Compañía de Jesús hicieron los diccionarios y corpus lexicales de los muiscas, estas palabras ya no se usaran.

Por ahora, es preferible mantenerse en la línea que se ha adoptado en los últimos años y asumir que “psihipqua” o “sihipkua” era la forma en que los habitantes de las distintas

regiones del territorio muisca pudieron haber llamado a las cabezas de las unidades políticas de nivel cacical. Algunas de éstas consistían en dos o tres unidades familiares que tenían a una de sus cabezas como cacique, y su control territorial se centraba sobre la cuenca de una quebrada. En otras, podían incluir cientos de individuos y su cacique controlar a varios cacicazgos pequeños asentados en uno o varios valles aledaños. A diferencia de lo que pudo ocurrir con los capitanes, entre los caciques y el resto de la población, se mantenían algunas diferencias sociales adscritas a la posición política, y en especial, el acceso y control de recursos simbólicos y productivos estratégicos. Como ya se ha indicado en párrafos precedentes, en cada cacicazgo uno o más capitanes pudieron haber servido de mediadores entre las unidades domésticas y el cacique para la organización de las faenas agrícolas, las actividades sociales y religiosas, las cadenas de

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redistribución de bienes y regalos, y en general, en todos los aspectos que sirvieran para la reproducción social y cultural de la comunidad. La naturaleza del cómo pudo haber funcionado esa mediación en el mundo prehispánico del altiplano, así como los mecanismos que la permitían, se discutirá a continuación.

3.2.3. Modelos propuestos sobre la organización socio-política prehispánica en el altiplano

Una de las propuestas sobre la organización política de las sociedades precolombinas de los Andes colombianos, que ha tenido fuerza dentro las interpretaciones arqueológicas sobre el Altiplano Cundiboyacense hasta fechas relativamente recientes, fue elaborada por Gerardo Reichel-Dolmatoff (1984, 1996[1987]) con su propuesta sobre los

cacicazgos sub-andinos. La idea básica era que el poder de los caciques muiscas estaba determinado por un sistema de economía política en el cual el trabajo agrícola y artesanal de las unidades domésticas era entregado como tributación a los caciques de cada comunidad. A su vez, éstos tributaban a uno de los dos grandes caciques que habría en el momento de la conquista española. El poder y la autoridad política estaban detentados por líderes con prerrogativas sociales especiales y dentro de sus funciones se encontraba la organización de la vida política, económica, religiosa y militar. Las diferencias sociales y el acceso al poder estarían prescritas por el nacimiento, y el cargo de cacique se heredaría de tío a sobrino siguiendo los principios matrilineales de los muiscas. Se trataría de una organización social en “clanes cónicos” dentro de los cuales

el linaje del cacique era el más poderoso y al que pertenecía la élite cacical.

Reichel-Dolmatoff mantuvo la idea transmitida por los cronistas españoles de los siglos XVI y XVII y de otros autores contemporáneos a él (Broadbent 1964; Falchetti y Plazas 1973; Friede 1966; Hernández Rodríguez 1990 [1948]; Tovar 1980) de una población organizada en cacicazgos que gravitaban alrededor del Zipazgo y el Zacazgo. Este esquema asumía que los indios del Altiplano Cundiboyacense habían sido junto a los Taironas de la Sierra Nevada de Santa Marta las sociedades precolombinas con el más alto desarrollo en el territorio colombiano. Incluso, habían superado la “etapa” de

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prehispánico en los Andes del norte de Suramérica, para “confederarse” en entidades

supraregionales y estar en vías a formalizar un “estado” –aspecto que se truncaría por la

conquista española antes de cerrarse la segunda mitad del siglo XVI–. En las últimas décadas, algunos autores (Langebaek 1987b, Kurella 1998, Correa 2004) han matizado la idea de los dos grandes caciques, argumentando que si bien el Zipazgo era el cacicazgo meridional más grande, en el norte el poder político estaba distribuido entre los caciques de Tunja, Sogamoso y Duitama. De igual forma, proponen la existencia de algunos cacicazgos independientes en el noroccidente del territorio muisca.

El esquema de la jerarquización de los cacicazgos muiscas fue completado con estudios etnohistóricos sobre la organización de las unidades familiares. La autoridad del Zipa y el Zaque era seguida regionalmente por un “usaque” o cacique regional cuyo poder se

extendía sobre los caciques locales. En cada localidad el cacique, “pshipqua”en lengua muisca, actuaba sobre las “capitanías mayores”, las cuales, a su vez, estarían

compuestas por “capitanías menores” (Broadbent 1964; Kurella 1998; Tovar 1980;

Villamarín y Villamarín 1981). Se ha propuesto que tanto la organización del trabajo comunitario para las labores agrícolas y artesanales, como los flujos de centralización del “tributo” o “tamsa” y la relativa importancia de especialistas religiosos responderían

a estas líneas jerárquicas (Boada 2009; Londoño 1996; Tovar 1980; Villamarín y Villamarín 1999).

No obstante, el esquema de jerarquización política entre los muiscas prehispánicos, en especial lo relativo a los niveles superiores e inferiores, posee algunos problemas derivados principalmente de la información contenida en las fuentes coloniales y la manera como los españoles tradujeron los términos indígenas. Desde un principio, los conquistadores asumieron que las unidades sociales nativas y los nombres para denominarlas podían entenderse de la misma manera cómo funcionaba en la campiña medieval en la península Ibérica en donde una entidad –llámese feudo, castillo, etc.– mantenía una subordinación comercial y política a otras más pequeñas (Lockhart 1999:37). En el caso concreto de los muiscas, Langebaek (1987b:29) opina que la existencia de términos para dos tipos diferentes de capitanías no necesariamente implica