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Infection, Genetics and Evolution 9 (2009) 672-682 (Epub 2008 May 9)

Si desean una representación de la atmósfera terrestre, pien- sen en el blanco terciopelo de un melocotón. En términos relativos, ese terciopelo tiene el mismo espesor que la atmós- fera de nuestro planeta. –Al contrario la piel externa de una cebolla es otro símil.

A pesar de su finura, esta capa de gas es lo que hace que la Tierra sea única, comparada con otros planetas conocidos. Esa fina capa de atmósfera permite la vida sobre la Tierra y, sobre todo, el desenvolvimiento de toda la diversidad biológica que depende totalmente de ese halo invisible, frágil, y amenazado.

Es imposible determinar la progresión del calentamiento de la atmósfera de aquí a 25 años, en parte porque depen- derá de nuestras acciones durante ese tiempo. Lo que es evi- dente, sin embargo, es que la actividad humana es responsa- ble de ese calentamiento, peligroso y no natural, del clima. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, (Intergovernmental Panel On Climate Change, IPCC)131 de las

Naciones Unidas, proporcionó un informe132, mientras yo

estaba escribiendo esta obra, que atribuía un del 90% de la responsabilidad del calentamiento a la actividad humana. Las pruebas son irrefutables según ellos.

He aquí las únicas tres conclusiones a las que llega el IPCC (con enlaces a las fuentes de información):

1) La subida de nivel de los océanos está aumentan- do un 50% más rápidamente133 que lo que se pre-

2) La Corriente del Golfo va un 30% más lentamen- te134 entre 1957 y 2004.

3) El IPCC explica que el calentamiento atmosfé- rico tendrá consecuencias posteriores peligrosas. El 80% del calor extra está proporcionado por los gases de efecto invernadero y es absorbido por los océanos. Cuando aumente la temperatura de los océanos, la parte más importante de ese calor quedará en la atmósfera. Aunque esas emisiones se reduzcan drásticamente, el mundo seguirá ca- lentándose un 0,1° C por decenio durante cierto tiempo.

Más de 2.000 científicos especialistas en el estudio del cam- bio climático y de las disciplinas relacionadas, contribuye- ron al informe del IPCC, cuyas conclusiones compartieron unánimemente. Para toda la gente razonable, el debate sobre si el cambio climático es un fenómeno preocupante, o no, acabó. Quizá la última palabra sobre la posición consensual adoptada por el IPCC al respecto corresponde al ecologista australiano Tim Flannery: “Si IPCC declara algo, hay que creerlo, y entonces se podrá ver que las cosas son mucho peores que las que anunciaron”.

James Lovelock consiguió movilizar a la comunidad inter- nacional en cuanto a los daños de los CFC sobre la capa de ozono. Ahora tenemos que conseguir otro acuerdo, mucho más importante que el Protocolo de Kyoto. Para lograr esta- bilizar el clima, las intenciones del Protocolo de Kyoto deben multiplicarse por 12135, declara Tim Flannery: es necesario re-

ducir el nivel de CO2 un 70% de aquí a 2050 para conservarlo al doble de lo que era antes de la revolución industrial.

Si no hacemos nada, el nivel de CO2 en la atmósfera se duplicará: de tres partes por 10.000 del nivel que había a principios de siglo, pasará a seis. Podría calentar el planeta unos 3° C y quizá hasta 6° C.

Si con un golpe de varita mágica pudiéramos parar las emisiones de gases de efecto invernadero inmediatamente, la Tierra seguiría calentándose por las emisiones anteriores hasta 2050. El CO2 perdura mucho tiempo en la atmósfera. Una gran parte del CO2 desprendido cuando el mundo em- pezó a reconstruirse tras la Primera Guerra Mundial, sigue calentando el planeta.

Como dice Tim Flannery:

Desde el principio de la Revolución Industrial un calentamiento global de 0,63° C ocurrió en nues- tro planeta y la causa principal es el aumento de CO2 en la atmósfera, que pasó de 3 partes por 10.000 a casi 4. La mayor parte del crecimiento en el uso de combustibles fósiles ocurrió durante las últimas décadas, y nueve de los diez años más calientes nunca registrados se sitúan desde 1990 hasta ahora136.

En otros términos, la responsabilidad incumbe a la genera- ción del Baby Boom, puesto que la mitad de la energía en- gendrada desde la Revolución Industrial se consumió duran- te los últimos 20 años.

Pero no por una generación: por todos nosotros, en los países desarrollados y, en el futuro, la explosión inevitable

de la población mundial será la principal culpable del cam- bio que el hombre inflinge al planeta.

El siglo XX empezó con una población de algo menos de mil millones de seres humanos y concluyó con una po- blación de 6 mil millones. Cada uno de estos seis mil millo- nes de individuos utiliza, como promedio, cuatro veces más energía que hace 100 años.

Como decía en la introducción de este capítulo, nos en- frentamos ahora a la prueba física del cambio climático, y Europa es un lugar idóneo para mostrar los climas extremos. El calentamiento de la atmósfera provoca esos extremos. Cada grado de calentamiento induce un aumento de las llu- vias del 1%137. Parece poco, pero el aumento se reparte de

forma desigual.

Los años 90 fueron los más calientes de toda la histo- ria de Inglaterra, desde los primeros datos, de 1660, siendo 2006 el año más caliente nunca vivido, 2005 el segundo más caliente, 1998 el tercero y 2001 el cuarto.

En enero de 2007, el British Meteorological Office había avi- sado que 2007 sería el año más caliente jamás registrado138

(aunque parece que, sobre todo, fue el más lluvioso). La ten- dencia a condiciones meteorológicas extremas es obvia y se repite a través de una gran parte de la Europa continental.

En octubre de 2007, el New York Times daba noticias alar- mantes bajo el título: “Arctic Melt Unnerves The Experts”*: * NdT: “El deshielo de Artica preocupa a los expertos”.

El casquete glaciar en el Ártico se desheló tanto este verano que las olas invadieron dos importantes rutas de barcos: el Paso del Noroeste por Canadá y la Ca- rretera del Mar del Norte de Rusia.

Por todas partes el hielo flotante se derritió hasta un punto sin precedentes durante un siglo o más, según varias estimaciones.

Ahora los seis meses nocturnos han vuelto al Polo Norte. En el frío que se intensifica, nuevo hielo se forma sobre vastas extensiones del Océano Ártico. Asombrados por los cambios ocurridos este verano, los científicos están estudiando las fuerzas que expu- sieron 2,6 millones de metros cuadrados de agua al descubierto (seis veces la superficie de California) su- perando la media desde que los satélites empezaron a registrar en 1979139.

El IPCC identificó específicamente a la actividad humana, a lo largo de los últimos 250 años, como responsable de ese calentamiento atmosférico, y ahora nuevas pruebas su- gieren que el problema empezó antes. El Profesor Emérito William F. Ruddiman140 de la Universidad de Virginia es un

paleoclimatólogo experimentado, con sesenta años de ex- periencia. En su reciente obra, Plows, Plagues and Petroleum, da pruebas (registro de fósiles y cilindros perforados en el hielo y el suelo) de que el calentamiento global anormal se habría iniciado hace 12.000 años, cuando el hombre empezó las cosechas y la cría de ganado, con la revolución agrícola.

Los árboles derribados para dejar sitio a tierras agrícolas ya no absorbían más CO2 de la atmósfera y las extensiones quemadas para crear tierras labradas aumentaron las emi- siones de dióxido de carbono. Luego, mientras se trabajaba la tierra para sembrar y se inundaban los arrozales, el meta- no –un gas poderoso calentador del clima– se desprendió también a la atmósfera. El número de animales criados para proporcionar comida o vestido contribuyó mucho también a ello, porque su metabolismo digestivo produce metano.

Por supuesto, hace 12.000 años el número de humanos so- bre el planeta era muy bajo –unos pocos millones no más– y el efecto sobre la atmósfera del calor anormal de sus actividades era mínimo. Pero el Profesor Ruddiman y sus colegas lograron medir esas variaciones sutiles, y dedujeron que esos cambios habían influido de forma negativa sobre el desarrollo habitual de los ciclos a los que se somete la atmósfera de nuestro plane- ta. Nuestro clima es tan sensible –y los datos proporcionados por los fósiles tan precisos– que el equipo de Ruddiman fue capaz también de señalar las reducciones de emisiones huma- nas de CO2 y de metano durante los períodos en que las plagas asolaron Europa y Asia reduciendo la actividad humana hasta, a veces, en un 50% durante algunos añosg.

En el año 2030 los historiadores que miren hacia atrás, hacia esta primera década del siglo XXI, la identificarán como el momento en que los humanos empezaron, por fin, a preocuparse verdaderamente por el problema del cambio climático. Una variación, casi palpable porque es percepti-

g William Ruddiman declaró de modo formal en la introducción de su obra que no recibió ninguna sub-

vención de organismos o de organizaciones que hubieran podido tener interés en probar su aceptación o su rechazo al hecho del cambio climático.

ble, está surgiendo en las mentalidades de los países occi- dentales –mientras escribo– y ahora mismo parece que no pasa un solo día sin que una figura política importante, una cadena de supermercados o un jefe de Gobierno, declare su innovadora voluntad de luchar contra el calentamiento globalh.

Uno de los antiguos líderes políticos que puede pre- sumir de haber actuado con constancia en la lucha contra el problema del calentamiento global es el antiguo Vice- Presidente de los Estados Unidos, Al Gore. No sólo des- empeñó un papel en la película sobre el cambio climático titulada “Una verdad incómoda” (que obtuvo un Oscar del Mejor Documental), sino que también sigue políticamente activo. Llamado a testificar ante el Comité del Congreso Americano sobre la Energía y la Calidad del aire en marzo de 2007, declaró:

Quiero hoy dar testimonio de lo que considero una urgencia planetaria, una crisis que amenaza la su- pervivencia de nuestra civilización y la vida sobre la Tierra.

El planeta tiene fiebre. Si su bebé tiene fiebre, usted va al médico. Si el médico le dice que hay que inter- venir, usted no le contesta: “Leí un libro de ciencia ficción que explica que eso no es un problema”. Us- ted actúa141.

h Y, en efecto, cuando me pidió este informe (alentándome a enfocarle sobre el cambio climático y

el ahorro de energía) PlasticsEurope actuaba en nombre de la industria europea de productores de plásticos para llamar la atención del público sobre este alarmante problema.

Algunas causas menos conocidas del cambio climático