Excepto la generada con origen nuclear, cada forma de energía en el mundo procede, directamente o no, del sol. La forma
más concentrada se origina en pequeños organismos celulares (plantas o animales) que necesitaban poco sol para vivir y que se hundieron bajo la superficie de la Tierra, y de los océanos, hace ya millones de años (produciendo petróleo, carbón y gas entre otras cosas). Los residuos comprimidos de aquellos organismos ricos en energía se llaman “combustibles fósiles”. Como eran muy fáciles de extraer y durante mucho tiempo no imaginamos los efectos que produciría sobre la atmósfera su contenido en carbono, los hemos quemado indiscriminadamente.
Hoy, los combustibles fósiles proporcionan casi el 80% de la energía mundial236 y la mayoría de los observadores
piensa que de aquí a 2030 seguirán proporcionando la ma- yoría de esa energía mundial.
Por lo que se refiere a la emisión de carbono, la clasifi- cación de “suciedad” de los combustibles fósiles, en orden ascendente, es: gas natural, petróleo y carbón. Las reservas de petróleo y de gas se reparten de modo muy desigual por el mundo. De momento, ese reparto da un poder econó- mico y político inmenso a las naciones que poseen las más amplías reservas. El carbón, sin embargo, está un poco por todas partes del planeta y representa el antídoto, fácil y muy utilizado, al poder que tienen las naciones más ricas en pe- tróleo y gas. Proporciona, en la actualidad, (según una esti- mación), el 24%237 de las necesidades energéticas mundiales.
Por razones políticas, el carbón permanece como la energía predilecta de muchos –gobiernos, aunque sea a menudo el combustible que más contamina.
Los Estados Unidos prevén construir muchas más centra- les eléctricas de carbón para intentar reducir su dependencia
de las importaciones de energía. The Christian Science Monitor decía en febrero 2004:
Después de 25 años en la lista negra de las fuentes de energía en Estados Unidos, el carbón vuelve a lo grande, impulsado por la demanda de electricidad a coste razonable y por la subida del coste de otros combustibles.
Al menos 94 centrales eléctricas de carbón –con ca- pacidad de llevar energía a 62 millones de hogares americanos están previstas en 36 estados.238
El carbón también es una de las más importantes fuentes de energía para los países en vías de desarrollo. Casi el 70% de la electricidad india procede del carbón y esta cifra sube al 80% para China.240
Mientras redactaba este estudio, decepcionó a los ecolo- gistas la noticia de que China se había colocado, inespera- damente, a la cabeza de los países más emisores de gases de efecto invernadero, mucho antes de la fecha anticipada para esa “promoción”. Bajo el título “China sustituye a los Esta- dos Unidos como más grande emisor de CO2 del mundo”,
The Guardian comentaba, en junio de 2007:
Según la Netherlands Environemental Assessment Agency, la demanda creciente de carbón para pro- ducir electricidad y el aumento de la producción de cemento potenciaron que las emisiones registradas en China en 2006 le colocaran por delante de los Estados Unidos. Se dice que China produjo 6.200
millones de toneladas de CO2 el año pasado, ade- lantando a los Estados Unidos, que emitieron 5.800 millones de toneladas. Inglaterra produjo unos 600 millones de toneladas.241
El Instituto Mundial del Carbón asegura que el carbón pro- porciona el 40% de la electricidad mundial242, pero a esta cifra
se opone la del –gobierno americano que pretende que la parte global del carbón sería del 24%, y esta diferencia explica la di- ficultad para conseguir informaciones de confianza sobre un tema tan políticamente sensible como la energía. Cualquiera que sea la cifra exacta, es cierto que el carbón sigue desempe- ñando un papel principal en la producción de electricidad.
¿Seguirá siendo, la producción eléctrica a partir del car- bón, la fuente de emisiones de carbono como lo es hoy? En abril de 2007 el Massachusetts Institute of Tecnology publicaba un informe titulado “El futuro del Carbón”. Los autores del informe llegaban a las conclusiones siguientes:
Existen numerosas posibilidades para mejorar los resultados de las centrales de carbón, en un mun- do asfixiado por las emisiones de carbono: mayor eficiencia en la producción, tal vez gracias a nuevos materiales; nuevos modos de abordar la gasificación, con captura del CO2 y reparto del oxígeno; concep- tos de sistemas avanzados, quizá guiados por una nueva generación de herramientas de simulación. Ante la urgencia científica, tendría que empezar in- mediatamente un esfuerzo agresivo en investigación y desarrollo, porque el corto plazo significa intere- santes beneficios.243
La captura y el “secuestro” del CO2 (almacenaje positivo para el medio ambiente) serán un gran negocio de aquí a 2030. El gigante industrial Siemens pretende desempeñar un papel importante al aplicar esta tecnología a las centrales eléctricas de carbón. En marzo de 2007 publicó un comuni- cado de prensa titulado “El carbón se hace más limpio”:
Si todas las centrales eléctricas de carbón se mejo- raran hoy aprovechando las últimas tecnologías, las emisiones de dióxido de carbono se reducirían en dos mil millones de toneladas cada año.
Siemens y EON están trabajando juntos en el proyec- to de una nueva central eléctrica en Irsching, Baviera, que mostrará las nuevas normas de capacidad, aho- rro y compatibilidad medioambiental. Con un ob- jetivo de eficiencia del 60%, operando con un ciclo combinado (gas y vapor), Siemens busca establecer el récord mundial de centrales de ciclo combinado. Siemens está también trabajando sobre innovadores diseños de centrales eléctricas con un medioambien- talmente compatible uso del carbón. Un ejemplo de la tecnología IGCC, o ciclo combinado de gasifica- ción integrada.
Una central térmica IGCC es una unidad de ciclo combinado con una fábrica antes de la gasificación del carbón que produce gas sintético. Las centrales IGCC producen un 60% menos y un 80% menos, respectivamente, de dióxido de azufre y de óxido de nitrógeno, en comparación con las centrales eléctri- cas convencionales de carbón, más sofisticadas.244