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4 EngD Research

4.3 Laboratory testing of material in a sour environment

4.3.2 Behaviour under cyclic loading

4.3.2.2 Influence of loading conditions

Para Boyle no es una auténtica explicación la que recurre a una entidad misteriosa; explicar un fenómeno es deducirlo de algo que se halla en la naturaleza y que es más conocido que lo que se quiere explicar.49 Las formas sustanciales y las otras que ocultan nuestra ignorancia como “naturaleza” no son, pues, explicaciones; son únicas como lo son las cosas que hay que explicar.60 Al mismo tiempo las explicaciones cualitativas no carecen de valor allí donde no se puede dis­ poner de nada mejor, pues Boyle cree como More que la nueva filosofía ha llegado a extremos injustificables en Des­ cartes y en Hobbes. A buen seguro, las explicaciones más satisfactorias son las que se hacen en términos de volumen, forma y movimiento, “sin embargo, no hay que despreciar las explicaciones en las cuales los efectos particulares se de­ ducen de las cualidades más patentes y comunes o estados de los cuerpos, tal como el calor, el frío, el peso, la fluidez, la dureza, fermentación, etc., aunque es probable que ellas mismas dependan de las tres cualidades universales nombra­ das en primer término”. La gravedad ofrece un buen ejem­ plo. “Digo que se le puede permitir que dé razón de una cosa propuesta y refiera así los fenómenos a esa conocida propiedad de casi todos los cuerpos de aquí abajo que lla­ mamos gravedad, aunque él no deduce los fenómenos a par­ tir de los átomos, ni nos hace conocer la causa de la grave­ dad. Y en realidad hasta ahora ningún filósofo nos ha dado una explicación satisfactoria de ella.” Por las mismas razones y con el mismo espíritu, criticó Boyle las explicaciones ideo­ lógicas. A diferencia de Descartes y Hobbes, no pone en duda la validez de la causalidad final, pero observa que una

respuesta al último porqué de algo no puede sustituir a una respuesta del cómo inmediato. “Pues para explicar un fenó­ meno no basta con atribuirlo a una causa eficiente general, sino que debemos mostrar en forma inteligible y de modo particular cómo esa causa produce el efecto propuesto. Muy torpe ha de ser el investigador que al requerir una expli­ cación del fenómeno de un reloj queda satisfecho con que le digan que es una máquina hecha por un relojero. Pues con esto no se dice nada de la estructura y el ajuste del muelle, de las ruedas y del volante del reloj, y de las otras partes de la máquina y de la manera como unas actúan sobre otras, cooperando de tal modo que hacen que la aguja marque la hora del dia.61 El objeto de la ciencia experimental no es la explicación total de las cosas; tiene que ir efectivamente más allá del mecanismo; hay una admirable concurrencia de las distintas partes del universo para producir efectos parti­ culares. De todas estas cosas será difícil dar una explicación satisfactoria si no se reconoce un Autor inteligente u Ordena­ dor de las cosas.”62 Pero Boyle reitera en su réplica a la crítica de More sobre sus conclusiones experimentales, “.. .su­ poniendo que el mundo haya sido creado y que es continua- 'mente conservado por el poder y la sabiduría de Dios; y su­ poniendo el concurso general de Dios para mantener las leyes que ha establecido, los fenómenos que me esfuerzo en explicar pueden resolverse mecánicamente, esto es, por las propiedades mecánicas de la materia sin recurrir al odio que la naturaleza tiene por el vacío, a las formas sustanciales o a otras criaturas incorpóreas. Y por esto, si he mostrado que los fenómenos que he tratado de explicar se explican por el movimiento, tamaño, gravedad, forma [repárese en la inclu­ sión de la gravedad en esta lista], y otras propiedades me­ cánicas..., he hecho lo que pretendía hacer”.63 Era real­

61 Boyle, V, 245.62 Boyle, II, 76 y sig. M Boyle, III, 608 y sig.

GILBERT Y BOYLE

mente importante para la marcha progresiva de la nueva filosofía de la ciencia que la aceptación de Boyle de la teleo­ logía como un principio metafísico válido no la aplicara en física/'4 En esto sigue a sus precursores al sostener que la causa secundaría e inmediata de cualquier efecto es siempre un movimiento previo de alguna clase. “Constituido el mun­ do tal como ahora está por el gran Autor de las cosas, con­ sidero que los fenómenos de la naturaleza son producidos por el movimiento local de una parte de la materia que choca con la otra.” 65 “El movimiento local parece ser, en efecto, la principal de las causas segundas y el gran agente de todo cuanto ocurre en la naturaleza; pues aunque el volumen, la figura, el reposo, la situación y la estructura concurren en los fenómenos de la naturaleza, sin embargo en comparación con el movimiento parecen ser efectos en muchos casos, y en muchos otros algo más que condiciones o requisitos, o causas sirte qtta non”66, pero todos siguen siendo ineficaces hasta que se produzca un movimiento real. Boyle anhela afirmar constantemente, sin embargo, refutando a Hob- bes, que esto se aplica sólo a las causas secundarias; afirmar absolutamente que el movimiento sólo es posible para un cuerpo contiguo y móvil es complicarse en un regreso infini­ to y negar la causalidad última de una deidad espiritual.67

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64 Boyle, IV, 459. Las ideas de Boyle sobre el tiempo y el espacio no son muy claras. El interés principal que tenia por el segundo era armonizarlo con la concepción religiosa de la eternidad; en cuanto al espacio no logra ver ninguna relación entre él y el movimiento; de aqui que mientras niega de palabra la idea del espacio absoluto de More lo admite implícitamente. Parece seguir la posición de Descartes sobre la relatividad del movimiento. El universo en su conjunto no es capaz de movimiento local, pues no hay cuerpo al cual no pueda aban­donar o aproximarse, pero “si los cielos mas extemos fueran impeli­ dos por el irresistible poder de Dios, en una dirección u otra manera, se seguirla un movimiento sin cambio de lugar”. Parece haber aquí una confusión de ideas, pero Boyle no ofrece en ninguna parte un aná­ lisis más claro.

66 Boyle, III, 42; Cf. también IV, 60, 72 y sig.; 70 y sig. 66 Boyle, III, 15.

CONCEPCIÓN DEL HOMBRE

H. INSISTENCIA EN LA REALIDAD DE LAS CUALIDADES