CHAPTER 4: THE EFFECT OF CURIOSITY AND INFORMATION-PREDICTION ERRORS ON
4.2.2.4 Information prediction errors and its effect on memory for low curiosity trivia
Tengamos un hecho muy en cuenta: el noroeste peninsular tuvo una cristianización muy tardía. Había en todo el territorio un núcleo de creencias que, por encima de las afirmaciones que puedan hacer los investigadores volcados visceralmente a la idea cristiana, tenían fuerza religiosa suficiente
No olvidemos, en este sentido, que hay una leyenda vaqueira que asegura que fueron miembros de esta comunidad marginada quienes, siguiendo el camino que les marcaba una vaca blanca,
llegaron a tierras bercianas en tiempos remotos y fundaron allí la ciudad de Villafranca. La leyenda, conforme a la tradición semítica atribuida ya casi oficialmente a los maragatos -que no a los vaqueiros-tiene un clarísimo carácter ocultista y procede de tradiciones religiosas muy remotas.
b) El origen común -y falso, por supuesto- atribuido a maragatos pasiegos brañeros y agotes supone, en ciertos casos, una tradición paralela. Es la que hace que todos estos pueblos desciendan de núcleos musulmanes conquistados o de cristianos marginados por haber pactado antipatrióticamente con los musulmanes. En este sentido, no debemos olvidar que, para el pueblo, como puede verse en numerosas tradiciones, llamar moro a un ser remoto o fantástico no es tanto adjudicarle el apelativo de musulmán, sino retrotraer su historia al acontecimiento más antiguo del que se tiene noticia. Por eso, muchos megalitos y muchos petroglifos son llamados en Galicia
pedras dos mouros. Uniendo a estos pueblos marginados por su pretendido origen moro, el pueblo no hace otra cosa que adjudicarles una antigüedad superior a todo acontecimiento conocido.
c) Curiosamente, incluso en algunos aspectos culinarios conservados hasta nuestros días hay rasgos que unen a distintos pueblos secularmente marginados. Por no citar más que un ejemplo entre otros muchos, sugiero la comparación entre los sobaos pasiegos y las mantecadas maragatas de Astorga: son prácticamente el mismo manjar.
d) Pero entre todos los rasgos comunes está, a mi modo de ver, la tradición abierta o encubiertamente semítica de estos pueblos. En el caso de los maragatos, ya hemos apuntado las investigaciones luminosas del doctor Carro. Si efectivamente tienen una razón de ser, los maragatos, como fenicios, tienen un origen semítico con un rasgo que les caracteriza en las Sagradas Escrituras: los fenicios del rey Hiram fueron los grandes colaboradores del rey Salomón en la construcción del Templo de Jerusalén. Por su parte, los agotes navarros fueron conocidos en la Edad Media, tanto en el lado francés como en el lado español de Navarra, como excelentes constructores y mejores carpinteros. Aunque no se los admitía en la vida comunitaria de los cristianos -hasta el punto de tener las mismas discriminaciones religiosas que los vaqueiros y no poder ser enterrados con los demás ciudadanos-, se solicitaba su colaboración en la construcción de los templos y una leyenda bastante difundida en tierras navarras contaba que los agotes habían colaborado en la construcción del Templo de Salomón y que lo habían hecho mal, por lo que Dios les condenó al exilio y les permitió contraer la lepra.
e) Esa misma lepra es otro de los rasgos comunes atribuidos por la tradición popular a buena parte de los pueblos marginados. Tanto los agotes como los vaqueiros y los maragatos fueron en su día acusados de leprosos. Sin embargo, a mi modo de ver, esta acusación tiene una doble vertiente significativa: por un lado, el deseo de las autoridades -sobre todo de las autoridades eclesiásticas- de mantenerlas por alguna razón en su marginación; por otro lado, la indudable importancia que tiene, a nivel de búsqueda de tradiciones olvidadas, que el patrono de estos leprosos sea precisamente san Lázaro. Y esto por una razón: porque san Lázaro, por encima de sus rasgos cristianos, aúna rasgos pertenecientes a los antiguos cultos ligures al dios Lug. Con ello, la devoción hacia san Lázaro de los pueblos marginados se ve reforzada por olvidados cultos a Lug que siguieron practicando, tal vez sin saberlo ellos mismos.
para resistir los embates de un cristianismo políticamente poderoso. Esta zo- na noroeste era, en muchos aspectos, la meta de creencias y de búsqueda de conocimientos desde tiempos demasiado olvidados por la historia. Las llamadas «invasiones» célticas no habían sido otra cosa que una peregri- nación en busca de los orígenes y de saberes muy remotos. El llamado luego Camino de Santiago era una ruta ancestral, seguida por hombres y pueblos enteros que buscaban al final de ella las razones más profundas de su esencia (5).
Muchos de estos pueblos se asentaban en amplias zonas de la larga ruta. Son los llamados pueblos invasores, que entraron en oleadas siguiendo más sus principios mágico-religiosos que sus eventuales necesidades económicas. Otros núcleos étnicos menores buscaron emplazamientos reducidos y allí subsistieron, a lo largo de muchos siglos, conservando sus creencias y sus costumbres, sin mezclarse con las mayorías raciales que les rodeaban, y aun muchas veces despreciados por ellas. Entre estos pueblos minoritarios esta- ban los que luego se llamarían maragatos (6). Entre las mayorías étnicas, los suevos que tal vez les combatieron. Pero recordemos que cuando entraron en la península con los vándalos asdingos (7), hacia el año 408, los suevos no eran cristianos, y que su primera conversión no se produjo hasta cuarenta años después (8).
5. Las razones de estas oleadas de inmigrantes primitivos las expuse en mi libro Los supervivientes de la Atlántida (op. cit.). No puedo ahora volver sobre ellas, aunque probablemente más de una vez tendré que hacer alusión a las razones aportadas en este libro.
6. Fijémonos bien cómo todos los pueblos llamados «malditos» están localizados en vías de acceso natural -y hasta tradicional- al núcleo mágico de Compostela. Los agotes y los maragatos se encuentran precisamente en torno al camino francés de Santiago. Los pasiegos de Cantabria y los vaqueiros asturianos están asentados en vías secundarias que fueron utilizadas como rutas de acceso a Compostela antes de que se institucionalizara el camino francés. Aún pueden verse vestigios de la antigua ruta en tierras ocupadas por ambos núcleos de población. Por su parte, los brañeros extremeños estaban asentados en territorios atravesados de sur a norte por la Vía de la Plata, que era el acceso al noroeste peninsular de los que llegaban -antes y después del auge de las peregrinaciones jacobeas- a las zonas sagradas de Galicia. En esa misma ruta están asentados los hurdanos, en el límite de Cáceres y Salamanca. Y hasta -curiosamente- los núcleos gitanos menos trashumantes de la península: los gitanos salmantinos.
7. Conviene tener en cuenta, a modo de recuerdo cultual, que los vándalos asdingos fueron los llamados lugios por Tácito, lo que hace pensar que, en un momento remoto de su historia, siguieron la religión de Lug. Por su parte, los suevos que entraron con ellos en la península pertenecían al grupo llamado Herminon, y formaban seguramente un núcleo de varias tribus unidas por la comunidad de culto a Ziu. En el momento de entrar en la península juntos, aunque los suevos seguían siendo paganos, los vándalos asdingos habían adoptado ya el cristianismo arriano, el mismo que practicaban los invasores visigodos.
8. A mi modo de ver, es más sospechosa -religiosamente hablando- la actitud de los suevos en cuanto a la adopción de credos. Haciendo un breve resumen, tengamos er cuenta que entran en la península, como paganos, en 408. En 448, Hidacio convierte a su rey Rekhiario -y de rebote a todos sus súbditos- al catolicismo. (sigue en la pag. siguiente)
Los bandazos del paganismo -yo lo llamaría mejor de las religiones tradi- cionales- tardaron en extinguirse en las tierras maragatas. Sólo que, estando ya oficialmente cristianizadas, esos focos de regreso a las creencias ances- trales fueron llamados heterodoxias porque trataban, en cierto modo, de tomar como base al cristianismo institucionalizado para adaptarlo a los senti- mientos religiosos más arraigados en el pueblo.
Por este motivo, la herejía fomentada por Prisciliano se prolongó durante mucho tiempo en las tierras dominadas por la diócesis de Astorga.
Extraña y curiosa herejía la de Prisciliano. Posiblemente constituyó la mues- tra más clara de sincretismo religioso que se dio en los primeros siglos del triunfo oficial de la Iglesia (9). En ella resurgen los ritos ancestrales; las ideas cosmogónicas de las grandes religiones de la humanidad se adecuan, con un sentido auténticamente renovador, con las que siempre se han considerado como las creencias más primitivas del hombre. San Jerónimo comparó a Prisciliano, como poeta, con los clásicos antiguos y decía de él que fue «muy estudioso del mago Zoroastro». Por su parte, el concilio reunido en Zaragoza en el año 380 para juzgar su herejía lanzó contra él ocho cánones condena- torios, de los cuales el segundo prohibía «celebrar oscuros ritos en las caver- nas y en los montes», y el cuarto especificaba: «Nadie se ausentará de la iglesia desde el 16 de las Calendas de enero (17-XII) hasta el día de la Epifanía, ni estará oculto en su casa, ni irá a la aldea, ni subirá a los montes, ni andará descalzo...». Se habló de consagraciones de frutos al Sol y a la Luna, y se le acusó formalmente de creencias prohibidas, como la transmi- gración y las prácticas astrológicas.
Prisciliano fue la primera víctima de la Iglesia triunfante. Fue decapitado en Tréveris en 385, junto con seis de sus seguidores más firmes, y la tradición popular asegura que su cuerpo reposa en la cripta de Santa Eulalia de Bóve-
En 465, por conveniencias políticas impuestas por la proximidad visigoda, Remismundo y todos los suevos se pasan al arrianismo. Sigue un período en que las noticias son confusas, y en 560 vuelve a producirse una conversión masiva al catolicismo después de la labor evangélica de san Martín Dumiense. Cito todas estas vicisitudes porque tengo el convencimiento, abonado por la investigación de detalles muy significativos en construcciones que llamamos visigóticas, pero que pudieron tener un origen suevo, de que este pueblo llegó a la península -lo mismo que otros anteriormente- en busca de una tradición religiosa ancestral que le condujo camino de Occidente. Creo que lo prueba -aunque ahora no podamos descender a detalles- una serie de rasgos y de símbolos que aún pueden encontrarse en construcciones como Santa Comba de Bande, Quintanilla de las Viñas y la ermita llamada visigótica de Barbadillo del Mercado, estas dos últimas en la provincia de Burgos.
9. Quien desee ampliar sus conocimientos sobre Prisciliano y su herejía, le recomiendo la edición de sus Tratados y cánones, realizada por Editora Nacional en 1975.
da, a pocos kilómetros de Lugo (10). Sulpicio Severo dice que, después de su muerte, «no sólo no se reprimió la herejía [...], sino que se afirmó y propagó más. Pues sus seguidores, que antes le habían honrado por santo, comenzaron a venerarle por mártir» (11).