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Resting-state functional connectivity pre-processing

CHAPTER 3: RESTING-STATE FUNCTIONAL CONNECTIVITY WITHIN THE

3.2.1.5 Resting-state functional connectivity pre-processing

Una vez más vamos a regresar al convento templario de Ucero, para rea- lizar, desde él, otra experiencia de cartografía informal. Situemos primero las dos distancias primitivas a Creus y a Finisterre y tracemos luego las líneas que van desde Ucero al convento portugués de Tomar, y desde Ucero al en- clave de Culla, del que tratamos ampliamente en el capítulo primero.

Nueva sorpresa: el ángulo formado por Ucero-Finisterre-Tomar mide exac- tamente 40° centígrados. Es, por lo tanto, la novena parte del valor angular del círculo (16).

16. Recordemos todo lo contado en el capítulo anterior respecto al valor del número 9 en el esoterismo templario: 9 caballeros, 9 años desde la fundación hasta el reconocimiento de la orden, la importancia de la 9.a letra hebrea -la Teth- en la simbología templaria. Recordemos finalmente la importancia ritual ocultista -en cierto modo confirmada por la realidad histórica- referente a los años múltiplos de 9 y la coincidencia de crímenes rituales -o ritualizados- en algunos de estos años: 1170, asesinato de Tomás Becket; 1179, condena de los valdenses; 1188, derrota de los templarios en Casal-Robert; 1314, ejecución de Jacques de Molay; 1431, ejecución de Juana de

Midamos el ángulo Creus-Ucero-Culla. Su valor es exactamente el mismo: 40° centígrados.

Sigamos la experiencia. Tracemos desde Ucero una línea hasta Toledo, la ciudad mágica por excelencia de toda la Península. El ángulo formado con la vertical-Ucero-Toledo es de 20° exactos.

Busquemos el complemento a este ángulo al otro lado de la vertical. La nueva línea cortará el arco de circunferencia exactamente en la zona de El Argar y pasará casi exactamente por el enclave templario de Caravaca.

Prolonguemos ahora el ángulo hacia el norte. La línea Toledo-Ucero cortará la comarca dolménica de Guipúzcoa; la línea El Argar-Ucero atravesará limpiamente la zona de los santuarios prehistóricos de Cantabria y pasará, casi con total exactitud, por el monte Castillo de Puente Viesgo y por las inmediaciones de la caverna de Altamira.

templaria, del mismo modo que las líneas maestras del apartado anterior nos dibujaron una Tau.

¿Se trata de una sucesión de casualidades? Cabría pensarlo sólo haciendo uso de una mentalidad espectacularmente escéptica. Concurren demasiadas coincidencias. Se dan demasiadas exactitudes. Hay, sin duda, un marcaje templario constante, vigilando con su presencia los núcleos mistéricos de una geografía cuyas coordenadas tuvieron que ser establecidas desde un lugar clave previamente localizado. Un lugar desde el que unos signos determinados podían señalar con exactitud los lugares que significaban una meta.

Pero este lugar -Ucero- sólo podía encontrarse poseyendo unos conoci- mientos geográficos muy superiores a los que normalmente son admitidos en la época medieval en la que nació, vivió y murió la orden del Temple. Sin embargo, no olvidemos que los templarios pudieron estar en contacto con los grandes cartógrafos judíos, tanto mallorquines como portugueses. No olvi- demos que Mallorca era una de las metas fijas del Temple. No olvidemos que los cartógrafos Cresques fueron protegidos en Portugal por la orden de Cristo, heredera de los bienes y de las metas de los templarios. No olvidemos que el mapa de Piri Reiss, que tanta polémica ha levantado sobre los conocimientos cartográficos de la antigüedad, tiene su origen probable en un marino que acompañó a Colón en sus viajes. No olvidemos que Colón, casi con absoluta seguridad «marrano» (17), tuvo acceso a los archivos de la orden de Cristo en Portugal y a los de Calatrava en Castilla, heredera y custodia ésta de los bienes del Temple.

Recordemos, finalmente, que el pueblo hebreo, desde los tiempos de Salomón, comerció, colaboró, construyó templos y surcó los mares codo a codo con sus vecinos fenicios, posiblemente el pueblo que en la historia antigua -me refiero a la historia oficial, conocida y reconocida- tuvo mayores y más perfectos conocimientos geográficos. Pero los fenicios, lo mismo que sus herederos y sucesores, los púnicos cartagineses, fueron materialmente borrados de la historia con la colaboración de Alejandro de Macedonia y de

17. El origen judío de Cristóbal Colón fue documentado ya en 1913 por el historiador Celso García de la Riega. Maurice David descifró en 1933 el judaísmo de su firma y de algunos de los signos empleados por el almirante. Salvador de Madariaga apoya en su biografía la ascendencia hebrea de Colón, y hoy ya casi todos los historiadores la han reconocido. Pero importa recordar que, durante su estancia en Portugal, Colón tuvo acceso a la carta de navegación del profesor judío de Salamanca Abraham Zacuto, y que Ishaq Abravanel, de quien hemos hecho mención anteriormente, protegió económicamente la empresa colombina, como la protegió el «marrano» Luis de Santángel. Se sabe igualmente que en la tripulación del primer viaje de Colón había varios judíos conversos: los hermanos Lacalle, que eran marineros; Torres, que actuaba de intérprete, y el médico Bernal.

los romanos. ¿Por qué y cómo desapareció un pueblo tan sabio y tan prós- pero que, además, había alcanzado tan altas metas en la búsqueda del saber?