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“La gran cuestión... que no he sido capaz de responder, a pesar de mis treinta años de estudio del alma femenina, es ¿Qué quieren las mujeres?”. Esta frase fue dicha nada menos que por Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, e ilustra muy bien lo que la mayoría de los hombres siente con respecto a las mujeres: uno nunca sabe exactamente lo que quieren, ni cuando, ni cómo.
Las mujeres son diferentes a los hombres, eso es un hecho, y al decirlo no nos referimos a las pocas similitudes físicas entre ambos, sino que piensan y reaccionan distinto a los hombres ante determinados estímulos. A pesar de que ninguna mujer es igual a la otra, y que muchas piensan diferente entre sí, aún así, como grupo tienen muchas cosas en común (que son más notables, incluso, que lo que las distingue).
Debido a todas las diferencias entre ambos sexos es que este libro no podría ser usado al pie de la letra por mujeres intentando seducir a los hombres: las cosas que les interesan a cada uno son distintas, aunque en muchos aspectos, cosas similares pueden funcionar. Por eso, recomiendo que si quien lee este libro es del sexo femenino, lo ideal sería que adapte estos contenidos de acuerdo a sus objetivos.
Estas diferencias entonces hacen que sea imposible hacer un compendio de estrategias que sirvan para ambos sexos, lo cual explica el fracaso rotundo de quienes intentan vagamente exponer sistemas de seducción unisex: lamentablemente, lo que funciona para un sexo no necesariamente funciona para el otro, y viceversa. Puede que haya alguna que otra pauta universal, pero ésta no sería la regla sino más bien la excepción. Algunas de las cosas que encuentran divertidas las mujeres son las revistas de moda y las novelas. Les encanta el drama, y siempre buscan idealizar o complicar las cosas, ya que no les gusta lo simple. A la mayoría, en algún plano (por más que sea inconsciente), les apasionan los chimentos y tener la vida de esa famosa estrella de cine que tanto admiran- Aprender sobre su vida las entretiene, mientras aspiran a ser famosas también algún día.
En ocasiones, las mujeres intentan buscar un “no hombre”. Se muestran cansadas de que todos los hombres, a su criterio, sean iguales y busquen las mismas cosas, considerándolos mediocres e inmaduros. Lamentablemente para ellas, la esencia del hombre es diferente a la de la mujer, por lo que ese ideal que tienen es casi inconseguible, ya que a pesar de sus quejas lo que realmente estarían pidiendo sería una mujer en un cuerpo de hombre. Esos personajes existen sólo en las novelas y las
películas, y de llegar a existir en la realidad, no pasaría a ser más que un amigo porque no lo verían desafiante, lo que les haría perder rápidamente el interés. En definitiva, su “hombre perfecto” sería, irónicamente, rápidamente descartado por “poco hombre”. Los hombres, en cambio, son mucho menos complejos: les gustan los deportes, ver mujeres con poca ropa y buen cuerpo haciendo cualquier cosa donde se las pueda apreciar bien, las películas de acción y los videojuegos (sólo por dar algunos ejemplos). Son pocos los hombres que lloran viendo una novela, o las mujeres que se fanatizan con algún deporte de acción. Con esto tenemos, al menos, un indicio de que ambos sexos se entretienen con diferentes cosas, y eso mismo que los entretiene es lo que atrae.
La simplicidad de la mente del hombre, que suele buscar soluciones prácticas, choca más de una vez con el idealismo de la mujer. Mientras que si a un hombre le damos una mujer que no lo moleste demasiado y le dé libertades, tenga buen cuerpo y sea buena en la cama se conformará, la mujer pretenderá tener al lado un hombre inteligente, con buen humor, estéticamente presentable, y muchas dualidades que muchas veces son difíciles de alcanzar: tranquilo, pero activo si la situación lo amerita… atento, pero no pesado… preocupado por ella, pero que le permita tener su libertad, etc.
En su idealización, más de una vez buscarán una especie de “príncipe azul”, y serán bastante inconformistas a la hora de encontrarlo: por algo uno de sus pasatiempos principales es escuchar todo lo que tienen los hombres de sus amigas (para ver lo que carece el propio), aunque eso sí, a las demás les dirán lo bueno que es el propio para que sus amigas también vean de lo que carecen los suyos. Juntarse a hablar y despedazar a los hombres por lo poco que las entienden será uno de sus pasatiempos favoritos. Nosotros como hombres, aún entendiéndolas, no evitará que ellas algo malo nos encuentren de todas formas (pero no se lo dirán a las amigas, claro).
Otra de sus fantasías está relacionada con todo lo misterioso e inexplicable de la vida. En general, preferirán estar con un hombre que se cruzó en su vida de casualidad, como la clásica escena de película donde ambos van caminando distraídos, chocan sin querer, se miran, se dan cuenta que hay una conexión y quedan en encontrarse nuevamente. Todas las fantasías de este tipo son altamente adictivas para ellas, por lo que siempre que podamos, debemos explotar todo lo mágico en ellas.
Parte de todo ese drama que crean buscará, entre muchas otras cosas, llamar nuestra atención, y las pondrá en una especie de montaña rusa emocional. Estas emociones son altamente adictivas (recordando que a ellas les encanta el drama). Preferirán siempre una relación tormentosa con picos de excitación y placer, frente a una relación estable pero monótona, por lo que más de una vez si no tienen problemas se los crearán para
sentirse de esa forma. Estos sentimientos encontrados las divierten y también las entretienen. Para ellas es placentero mientras que para nosotros es un suplicio.
Por otro lado, ellas tampoco entenderán muchas de nuestras necesidades. Una película de acción o un partido de rugby, por ejemplo, reflejarán la mayoría de las cosas que entretienen a un hombre: acción, competencia, poder o adrenalina… que son justamente cosas que al mayoría les aburren, y jamás entenderán como es posible que nos pasemos horas hablando de fútbol entre amigos.
Como toda la raza humana sin distinción de género, el sexo femenino no queda exento de buscar lo mismo que el resto: sobrevivir y reproducirse. Reproducirse significa mucho más para la mujer que para el hombre: ella será la encargada de engendrar al bebé por nueve meses, como así también de ser la principal fuente de protección y alimento del mismo una vez nacido. Dicho en otras palabras: la inversión que hace la mujer a la hora de tener sexo es mucho mayor que la que hace el hombre.
Debido a esto, tienden a pensar de una forma diferente a nosotros, e instintivamente reaccionan de una forma distinta. Buscarán, ante todo, asegurarse de que quien sea el futuro padre del bebé, sea una persona responsable que sea capaz brindarle protección y alimento (o sea, mejorar sus chances de supervivencia). Ésta es, probablemente, una de las causas más importantes por las cuales las mujeres, instintivamente, relacionan el sexo con los sentimientos, o al menos, necesitan sentirse apegadas de alguna forma al hombre.
Las mujeres buscarán hombres que satisfagan este tipo de necesidades, aún actualmente, tal como lo hacían hace miles de años. Específicamente, ¿qué es lo que buscarán hoy en día las mujeres en un hombre para sentirse atraídas? Ya sabemos, al menos, qué las entretiene… ahora, buscaremos saber qué las atrae, y la respuesta es, a su vez, compleja y simple. Cada mujer busca características diferentes, pero a grandes rasgos, todas se ven interesada por las mismas cualidades generales, y las mismas son:
SALUD:
Por más que muchas veces uno no tiene este aspecto en cuenta, es uno de los más importantes. Buscar hombres saludables es completamente lógico desde un punto de vista evolutivo, ya que un hombre con esas características podrá proveer a su familia de comida y protección, mientras que sus hijos, a su vez, tenderán a ser más saludables también (porque heredarán los genes de sus padres), lo cual no solamente mejora la especie sino que además indirectamente les brinda protección a sí mismos. Cuando sean viejos, tendrán nuevamente hijos fuertes y saludables que podrán proveerles de todo lo que ellos necesiten.
Pues bien, ¿como mejoramos nuestra salud? Como primer consejo, habría que dejar todo tipo de actividades autodestructivas. Cigarrillo, vida sedentaria, comida chatarra, alcohol, drogas y similares deben ser reemplazados por vida activa y sana. Ir al gimnasio y comer bien son un gran comienzo. No solamente se verán mucho mejor estéticamente, sino que se sentirán así también. Creo que, en algún punto, esto ni siquiera debería estar relacionado con las mujeres… ¡háganlo por ustedes mismos y por su vida! Nunca está de más cuidarse.
La perseverancia será clave a la hora de ser exitosos o fracasados sea lo que sea a lo que se dediquen, así que sin demasiadas vueltas anótense en un gimnasio (sin poner excusas, sin decir que no tienen tiempo, o ganas) y empiecen a ir regularmente, al menos, tres veces por semana, como para ir acostumbrándose a tener una responsabilidad constante por fuera de su trabajo o sus estudios.
Muchos aspectos que estéticamente atraen a las mujeres se relacionan con esto: un cuerpo atlético con un bajo índice de grasa corporal no será solamente más vistoso sino que, además, será más atractivo para ellas porque les dará una señal inconsciente de que son machos saludables con buenos genes para pasar a las generaciones venideras. Aún así, todo esto no es un requisito indispensable para atraer a las mujeres: el simple hecho de no tener ningún problema a la vista que demuestre que no tengan buena salud ya será suficiente en la mayoría de los casos, por lo que, en lo posible, intenten no hablar de lo cansados que están o de lo frágiles que son frente a los resfríos.
ESTÉTICA:
Muchos hombres dan una importancia exagerada al interés que realmente tienen las mujeres la apariencia del hombre a la hora de hacerlo elegible como un posible candidato sexual. El problema es que piensan como hombres y no como mujeres: para el hombre es de suma importancia la apariencia física de la mujer, por lo que no sería ilógico pensar que para la mujer corran las mismas reglas. Sin embargo, según estudios, la importancia de la apariencia física de los hombres para las mujeres se encuentra rondando el 20% o 30% del total de características por las que se sienten atraídas. Dependiendo cómo lo interpretemos, esto significa que la importancia que tiene es relativa. Es lógico que cuanto menos bello sea un hombre, menos chances tendrá con una mujer, pero por otro, es interesante para ese hombre saber que aún no siendo bello, casi un 80% de lo que la mujer verá en él será fuera del plano estético. Las mujeres valoran a un hombre atractivo mucho más que a uno que no lo es, e incluso, el simple hecho de ser atractivo ya lo hará un buen candidato porque supondrán que a su vez se
estética, lo más importante para las mujeres no será lo bien que nos veamos, sino cómo las hagamos sentir.
Nuestra personalidad y nuestras acciones, entonces, serán mucho más importantes que nuestra belleza. Lo aceptemos o no, debemos actuar como si la belleza no importara, ya que juega un papel fundamental a la hora de la confianza en uno mismo y lo bien que nos vendemos frente a las mujeres. De todas formas, llegará un punto donde no podremos mejorar muchísimo más estéticamente, y aún así no nos veamos como una estrella de Hollywood.
En general, hablando de estética, la misma más bien debería ser tomada como un posible obstáculo: mientras evitemos todo tipo de repulsividad, en general, ya será suficiente. Con estar prolijos y aseados casi siempre bastará. No debe ser algo que nos traume o a lo que demos demasiada importancia, ya que las mujeres valoran más otras cosas, pero eso no es excusa para descuidarnos.