• No results found

Infrastructure for Annotating Text

In document RESEARCH & PRACTICE IN ASSESSMENT (Page 35-37)

La idea del sujeto siempre ha sido identificada con la libertad de pensamiento, de sentimiento y de actuación y por lo tanto tiene un papel importante en las líneas de las ciencias sociales que defienden la libertad como valor. No obstante la idea del sujeto soberano ha vivido muchas restricciones a lo largo de la historia y se encuentra, de momento, bajo la amenaza de su desaparición. En el presente capítulo se persigue discutir el papel de los sujetos en la producción de los discursos y para el análisis de los mismos. Se empieza con una pequeña revisión histórica sobre la idea del sujeto para finalmente discutir la pregunta de en qué medida los discursos están producidos por sujetos conscientes y autónomos.

Breve repaso histórico

Kant, en representación de muchos filósofos de la Ilustración, introducía la categoría general del hombre. En esta categoría abstracta todos los seres humanos son iguales. Cada ser humano tiene por nacimiento el mismo derecho: el derecho humano. Este derecho se basa principalmente en la razón. Con su idea del sujeto capaz de usar la razón, Kant se opone a la idea de que sólo Dios puede ser fuente de conocimientos verdaderos. Como escribía en su obra Was ist Aufklärung? (¿Qué es la ilustración?) (Kant, 1981 [1783-1786]) no percibe la incapacidad de razonamiento como principal problema para la ilustración sino la falta de valentía para usar la razón. La subjetividad razonable es el punto de partida de esta filosofía.

Pero ya con Marx y Engels comienza el pensamiento de las restricciones del sujeto. Con su economía política Marx opone a la idea de la razón y la libertad el carácter historico-social del ser humano. “Pero el hombre no es un ser abstracto sentado fuera del mundo. El hombre eso es el mundo del hombre, Estado, sociedad (Sozietät)” (Marx & Engels, 1956ss: tomo 1: 378). Aunque encerrado dentro de este mundo social los seres humanos (y sobre todo en forma de masa de la clase trabajadora) pueden determinar el curso de la historia. Es decir que las circunstancias producen tanto al hombre como el hombre a las circunstancias (Marx & Engels, 1956ss: tomo 3). Pero “hombre” aquí se tiene que entender en plural ya que para Marx las personas sólo son “personificación[es] de categorías económicas”(Marx & Engels, 1956ss: tomo 23: 192). Aunque no sociólogo sino psicólogo, Sigmund Freud es el siguiente en la cadena del desencantamiento del sujeto. Su obra, que tuvo mucha influencia sobre todo en la Escuela de Francfort, amplía la noción del sujeto mediante la introducción de procesos

psíquicos inconscientes y subconscientes. El sujeto soberano y dotado de la razón libre es pura apariencia (Kuhlman, 1987), esto puede ser la conclusión de sus ideas. Aunque parece tratarse de una restricción individual de cada sujeto, con el superego Freud crea una categoría de influencia de normas, reglas y exigencias sociales.

Para los autores de la Escuela de Frankfurt, Horkheimer y Adorno, la descomposición del sujeto no es contraria a la ilustración sino parte de la dialéctica de la misma (Horkheimer & Adorno, 1988): “Ilustración es totalitaria, es decir, siempre también es dominio sobre la naturaleza, sobre los individuos y sus necesidades” (p. 9). Son justamente la razón instrumental y la racionalidad los puntos de partida de este dominio. El individuo vive en una sociedad con poca posibilidad para el desarrollo de un sujeto. El individualismo que los autores perciben en el mundo actual es justamente el intento de reaccionar a esta pérdida del individuo (Adorno & Horkheimer, 1991).

De los clásicos a la sociología del discurso contemporánea

Como punto final a esta línea de clásicos y punto de partida del análisis del discurso se vuelve aquí a Michel Foucault que habla de la muerte y de la desaparición del sujeto autónomo, borrado por la omnipotencia de estructuras sociales. En múltiples obras describe como los seres humanos creen que se desarrollan a sí mismos, autocreando, de esta forma, sujetos libres. Pero finalmente “se descubre que lo que hace posible al hombre en el fondo es un conjunto de estructuras que, ciertamente, puede pensar describir, pero de las que la conciencia soberana ya no es el sujeto” (Foucault, 1967)

Así que escribe por ejemplo en Surveiller et punir (Vigilar y Castigar) (Foucault, 1994) cómo mediante la observación permanente, la evaluación de la inclusión y la subordinación a través del aparato de poder, surge el individuo moderno como individuo privado de subjetividad. No obstante, para Foucault es la práctica donde existe la posibilidad de aspirar al estatus de sujeto, lo cual remite aquí a la teoría del discurso como práctica, pero práctica fuertemente estructurada.

Foucault ofrece, en su libro “La Arqueología del Saber” publicado en 1969, una teoría del discurso como práctica de poder y conocimiento (Foucault, 1979). Para el (post)- estructuralista Foucault, los discursos no son resultado de una voluntad individual de los actores sociales, sino una práctica social, sobreindividual de (re)producción de conocimiento, en un campo social, que se refleja en un corpus de afirmaciones o enunciados, relativamente estable. Fundamental para comprender la teoría de Foucault es que este corpus de enunciados está estructurado por un sistema de reglas

teóricamente inteligible aunque desconocido por el hablante. Mediante un análisis del discurso y con un corpus de enunciados se pueden reconstruir las categorías de pensar, el orden de las representaciones, las formas aceptadas de hablar y las estrategias posibles. Todo ello forma un sistema y un orden de conocimiento que no existe en las cabezas de los sujetos sino que es el orden de pensar en un campo social (Diaz-Bone, 2003). Estos sistemas de reglas de afirmaciones tienen un impacto social poderoso, es decir estructuran el orden de lo social. Por lo tanto, se puede hablar de discursos como prácticas de poder y de análisis del discurso como análisis de lo social. Con Bourdieu se podría afirmar que los discursos son estructuras estructuradas y estructurantes a la vez.

Aunque los sujetos tienen la ilusión de ser el autor responsable del sentido y del acto de hablar, no conocen realmente sus efectos ni los pueden controlar. El análisis del discurso de Foucault no es, por lo tanto, un análisis hermenéutico. El sentido, la materialidad de los discursos no está en el consciente o en el subconsciente de los actores y no se pretende deducir de los discursos a los intereses o mentalidades de los actores individuales (Diaz-Bone, 2004).

“El análisis del discurso investiga cómo están relacionadas las prácticas discursivas con las prácticas no-discursivas y cómo el orden del conocimiento está relacionado con la estructura social de la diferenciación social. Aquí se muestra que hay una relevancia sociológica en la teoría del discurso de Foucault” (Diaz-Bone, 2003: § 6).

Aquí se encuentra el (post-)estructuralismo de Foucault con la teoría del sistema del nuevo Luhmann. La noción del discurso se asemeja a la noción sociológica de sistemas autorreferenciales (Luhmann, 2002, 2007b). De ahí que el discurso se convierta en un campo sociológico y no sólo en un asunto de estudios lingüísticos. Pero en la teoría de Luhmann, de los sistemas clausurados operativamente que se producen autopoiéticamente, la conciencia no está implicada en la comunicación, y para el autor alemán el campo sociológico empieza justamente ahí donde acaba la consciencia. Lo último es tarea de la psicología o de la neurología (véase Renn, 2005). Al principio esta noción de discurso es contraria a la idea de un discurso racional de participantes conscientes y deja poco espacio para el sujeto o el cambio social.

Pero Renn (2005) muestra que el sujeto no desaparece del todo como presupone Luhmann cuando habla de un proceso de construcción de textos en el sentido de “comunicación produce comunicación” o “textos producen textos”. Para Renn, la reproducción de las estructuras y del orden social siempre está incompleta y

justamente esto supone la oportunidad de posibilidades y significados divergentes y esta libertad produce necesariamente desviaciones del orden. La libertad de acción no se encuentra en el sujeto sino en la dimensión de la decisión misma, una decisión que en sí alberga un momento indecidible (si no fuera así la decisión no sería una decisión sino un seguimiento mecánico de reglas) (Moebius, 2005).

De ahí se puede concluir que los sujetos ni son libres ni son totalmente dominados por los discursos. Existe una libertad estructural que no se ha de confundir con una libertad consciente. El sujeto, en el análisis del discurso, es un objeto post-soberano que especifica (y de ahí produce cada vez nuevas formas y desviaciones) el tipo de una acción. Es ese margen de actuación el núcleo de una teoría de acción postestructuralista y de un sujeto post-soberano.

Ejemplos

Con dos ejemplos del análisis se quiere mostrar aquí lo dicho:

1. Aramburu (2003) cita en su investigación una frase de vecinos del barrio del Raval en Barcelona mediante la que se quejan de que en un parque sólo hay paquistaníes, jeringuillas y cagadas de perros (p. 47). La yuxtaposición de paquistaníes con categorías claramente degradantes convierte la noción de los primeros también en negativa. De tal forma que se puede entender como estructura argumentativa: “la estancia en el parque no es agradable (P) porque hay paquistaníes, jeringuillas y cagadas de perros (Q)”. Según el modelo de argumentación de Kopperschmidt (2000) esta frase alberga tres aspectos argumentativos independientes del hablante:

1. Q tiene que ser la verdad: Está considerado como verdadero el hecho de que en el parque hay paquistaníes, jeringuillas y excrementos de perros.

2. Existe una relación entre P y Q que basada en una regla R: paquistaníes, jeringuillas y excrementos de perros, degradan a los parques.

3. Q tiene que tener relevancia dentro del marco del problema P: La estancia agradable como valor importante se ve perturbada por el valor negativo que tienen paquistaníes, jeringuillas y excrementos de perros.

Es decir P es válido porque Q es válido (a base de R dentro del marco del problema P) (Kopperschmidt, 2000).

En este caso es probable (aunque sólo el análisis psicológico más amplio del resto del discurso lo pueda aclarar) que el hablante ha querido trasmitir esta argumentación aunque mediante una retórica de pura yuxtaposición se defienda de la obligación de tener que entrar en una argumentación en la que él pueda aparecer como racista (Aramburu Otazu, 2002).

2. Otro ejemplo que con variaciones se encuentra en este mismo trabajo y en otros (Beck-Gernsheim, 2004; Holz, 2001) puede ser una frase como: “españoles y musulmanes pueden convivir en paz”. Aquí no interesa un análisis completo de la frase y del “pueden” que significa que de momento no lo hacen o que el mero hecho de haber enunciado una frase así ya significa una relevancia social importante. Se quiere destacar aquí sólo un aspecto de lo comunicado, el hecho de que la construcción de ambos grupos como opuestos en categorías que lógicamente no tienen por qué serlo. La combinación de una categoría de nacionalidad y una de religión realmente permite formar cuatro grupos:

- Españoles no musulmanes - Españoles musulmanes - No españoles musulmanes - No españoles no musulmanes.

Pero se comunica que musulmanes no son españoles y que españoles no son musulmanes.

La frase descrita que puede haber surgido en un discurso benevolente, no obstante crea una barrera insalvable entre ambos grupos de modo que una mezcla de las categorías no es posible sino “sólo” una convivencia. En este caso (y de nuevo sólo un análisis psicológico más amplio del resto del discurso lo puede aclarar) probablemente no era la intención del autor el comunicar la existencia de esta barrera y si le preguntásemos por las categorías admitiría en seguida la existencia de mezclas.

Se ha mostrado como en dos casos, supuestamente distintos respecto al papel de la consciencia que sólo puede ser decidido por un análisis psicológico, el análisis sociológico puede mostrar un sentido comunicativo más allá de lo dicho. Es decir aunque existe una importancia del sujeto postsoberano en la creación del discurso, el primer análisis puede prescindir de la figura del sujeto y tratar el sentido como supraindividual. No obstante para una conexión con el cambio social y el futuro del

discurso y la sociedad el sujeto y su grado de libertad son de inmensa importancia. Meueler (1993) muestra la importancia de aspectos como la capacidad de convertirse a sí mismo en objeto de conocimiento, la fantasía, la creatividad y la espontaneidad, pero sobre todo la posibilidad de conocer partes de las condiciones subjetivas y objetivas del comportamiento. Estas características de los seres humanos ayudan al sujeto a ganar un poco más de competencia y soberanía en sus actuaciones.

El análisis del discurso, entendido así, no es un método reconstructivo que intenta entender el sentido que tiene una frase para los sujetos, sino que realmente se trata de una hermenéutica de segundo orden. El objetivo del análisis suele ser entender el sentido sobreindividual, no situacional o surgido de una interacción inmediata (Diaz- Bone 2005). Pero de ese modo, mostrando los límites de la libertad, devuelve a los actores una parte de la soberanía sobre sus actos.

In document RESEARCH & PRACTICE IN ASSESSMENT (Page 35-37)