CHAPTER 6: RELATIONAL REASONING NETWORK (RRN) FOR ANATOMICAL LAND-
6.2 Materials and Methods
6.3.4 Input Landmark Configurations
Se crearía, se haría, poesía, en relación a las funciones sociales que de ella se esperarían. No se haría poesía por nada, inclusive en caso de hacerla sin ningún motivo, tendría una política construida detrás (ese plus de Foucault). Históricamente el uso de la poesía habría tenido diferentes funciones sociales, del mismo modo que lo que ha sido llamado poesía ha ido variando, mutando en diferentes momentos y circunstancias. Presentaré dos grandes funciones generales, complementarias, y como los archipiélagos, unidas por aquello que las separa. Por un lado, la poesía concebida como generación de conocimiento, poesía que tendría la capacidad de comunicar significados sociales, antiguamente concebida como facilitadora del recuerdo. Por el otro, la poesía como flujo afectivo, antiguamente, asociada a la función estética77. En ambas concepciones, la poesía nos afecta, nos mueve, nos incita, invita, convoca al sentir. En la primera, la producción del sentimiento iría de la mano del signo, en el segundo, de la mano del ritmo, pero la poesía debiera ser entendida más allá de esa doble deformación, de esa dicotomía que la emplaza en bandos enfrentados. Algo que es absurdo pero que sucede en la poesía española, como refiero más adelante. Hay un combate por las formas de producir símbolos desde la composición poética, y un tratar de separar a la poesía de la música y de la atribución de su función estética (desde la Teoría General del Signo). Al parecer algunos de los poetas quieren hacer algo más que hablar bonito con el lenguaje porque han creído que hablar bonito con el lenguaje, como hablaría Oliverio Girondo
En la Masmédula (1953), es un no hacer nada, un no decir nada. La poesía genera
afecto, suelta afecto, y el afecto habría sido recluido a la sombra del signo78.
Estas dos grandes funciones generales podemos encontrarlas en el establecimiento y desarrollo de subgéneros poéticos a través de la historia socio-cultural de uso. Según Marcel Mauss (1967/2007), en la historia del uso de la poesía podríamos identificar tres géneros cuya disponibilidad seguiría vigente: poesía épica, poesía dramática y poesía lírica. Desde la semiótica se articula la diferencia entre subgéneros a
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Además de estas dos grandes áreas presentadas. Encontramos en la atmósfera discursiva diferentes construcciones funcionales. (a) El decir de la poesía como facilitador del recuerdo. Con funciones sociales diferenciales, marcadas fundamentalmente por el dominio o no de la escritura, la poesía épica, oral y escrita, hoy en día sigue vigente no solamente en África y en la Polinesia, sino también en Occidente. Marcel Mauss (1967/2007) señala que, en las sociedades ágrafas, el ritmo sería el modo clave y facilitador significativo de una mayor capacidad de recuerdo. La formulación y transmisión por el ritmo (por ejemplo, los proverbios y las máximas legales) es la garantía de la sobrevivencia del “orden” e “identidad” colectiva. En las culturas escritas occidentales, el poema épico tiene la análoga función ritual, refundacional; canto significativo, vigía de una historicidad y su prospectiva. Porque concentraría la atención en el ritmo y la presencia del ritmo invita a la repetición, repetición que puede contener variaciones, aliteraciones y asonancias. A la asonancia regular al final de verso, se le llama rima. (b) La poesía como creación de lo bello (contagio del neoplatonismo, al uso en el renacimiento), (c) la poesía como expresión de la desesperación, entre otras.
78 Diferentes enfoques teóricos se han preocupado por indagar y en algunos casos establecer el campo de influencia, de radiación de las artes en relación con los procesos sociales y la institución de la sociedad Véanse en Europa los Estudios Literarios alemanes y sus planteamientos sobre la estética de la recepción (Jaus, 1992; 2002) y en Inglaterra los postulados de los Estudios Culturales, ambos en la década de los 60.
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partir de la valoración del gradiente en el tipo de uso denotativo o connotativo del lenguaje. las poesías épica y dramática estarían próximas al uso denotativo y, la poesía lírica al connotativo. Señalo tal aproximación teórica para prevenir de los prejuicios que por su lugar de poder, como vengo narrando, a la que perspectiva semiótica pudiera disponernos. Me inclino por no usar tal dicotomía más que para mostrar la polarización que genera, prefiriendo hablar desde la metáfora del archipiélago, sin dar por sentado categorías anteriores al uso del discurso poético.
Enhebrando de nuevo con la tensión entre el imaginario instituyente e instituido, en la Crítica Literaria podemos apreciar la construcción contemporánea de la pugna, la bipolarización, entre las dos grandes funciones descritas en el albero de la poesía española. Siendo la poesía como medio de conocer y transmitir conocimiento y sentimiento la instituida, contando con el apoyo de las editoriales tradicionales. Para entender la bipolaridad de la poesía española de finales del s. XX, Rosa Benéitez señala dos hechos concretos: la publicación de la antología de José María Castellet, Nueve
novísimos poetas españoles (1970); y la aparición en el diario El País (8 de enero de
1983) del manifiesto “La otra sentimentalidad”79 (Benéitez, 2001). Más allá de que Rosa oxigene la diversidad en la poesía de los nueve novísimos, tirando línea hacía la diversidad poética en estos autores. Señalar, por mi parte, a Leopoldo María Panero como extranjero y resbaloso entre los demás resbalosos al movimiento homogeneizador y la estrategia comercial de Castellet. El polo que aparece para alterizar el resto de la diversa poesía española, han sido los firmantes del manifiesto citado, los poetas de la Poesía de la experiencia80, quienes sosteniendo la bandera de la “poesía comprometida” heredera de la Generación del 27, siguen criticando toda poesía que no sea “cercana” al pueblo, es decir, toda poesía “que vaya contra el lenguaje”, que se pase de lírica, que haga de este un juego circense, una anécdota curiosa, una “alquimia verbal” o que sea un “fetichismo lingüístico”. El antivanguardismo y la negación de la multiplicidad de este movimiento ha generado una contra discursiva desde varios frentes de los cuales rescato figuras como Jenaro Talens, Miguel Casado, el colectivo Alicia Bajo Cero y Rosa Benéitez entre otros. La Poesía de la experiencia ha querido tomar las riendas institucionales de la poesía española rapando con aquellas poéticas que no se ajusten a su forma de ver la poesía. No por su despótica posición la poesía ha de ser lo que ellos pronuncien, pues la poesía se les escapa cada vez que un lector interpreta un poema de
79 Firmado por Luis García Montero, Álvaro Salvador y Javier Egea. 80
Para la corriente de la Poesía de la experiencia, el poeta como observador y lector de la “realidad” habría de ofrecer su elucubración crítica y visionaria como forma de estar comprometido responsablemente con su sociedad y tiempo histórico. Los poetas de la experiencia “creen que el trabajo del poeta es asumir la intemperie y recorrer el tiempo actual, con todas sus tensiones, para situar al hablante y al lector en el mundo, un mundo que nos deja perplejos en muchas ocasiones, pero en el que no vivimos sin recursos” (Eire, 2003: 229). Esta visión de la poesía defiende llevar el afecto de la mano del signo, entonar el nosotros desde la inteligibilidad del lenguaje cotidiano, y llamar compromiso político (de izquierdas) a lo que ellos hacen. Refiriéndome a este tema en la introducción, la posición de poder gestada, aglutinada, por la poesía de la experiencia conlleva el desprecio por los demás haceres y devenires articulativos disponibles en la poesía española contemporánea. Se queda corto lo político en el poema al encerrarlo en la postura del autor, en la presunta claridad que de su oficio irradiaría, en el empleo de claros referentes históricos, sociales y políticos, en los guiños autobiográficos, en la apuesta por el lenguaje “llano”, y en la creencia de que se lograría entonar un “nosotros” formativo.
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García Montero en otros sentidos de los que García Montero pudiera, en su abanderaje, presuponer.
Hermanar ciertas funciones de la poesía a un determinado uso del lenguaje, asfaltar rutas por las que el hacer poético y denostar aquellas prácticas que no sigan la prescripción de lo que se debe hacer para que la poesía haga sociedad, podría ser una muestra de las estrategias de captura y estabilización ligadas a una política de la poesía. Ana Gorria (2012) lleva a cabo una aproximación a la poesía española actual. La investigadora y poeta analiza los desplazamientos en los núcleos habituales de producción poética, de corte endogámico, cerrados y en torno a revistas y grupos, hacia agrupaciones menos sólidas, más parciales, puntuales, flexibles, en gran medida, gracias a la emergencia de una industria editorial alternativa que permite presentar a los poetas jóvenes en otro formato al de la revista literaria, este es el de la “antología inaugural”, publicaciones que se han ido convirtiendo desde la década de los setenta en habituales. Mesuradamente, Ana sostiene que, entre 1990 y 2010, la poesía española habría alcanzado un notable desarrollo, debido a múltiples situaciones, entre los cuales quiero resaltar: el contacto más intenso e incluso con otras tradiciones poéticas, particularmente, con la norteamericana y la latinoamericana; la relectura crítica de su propia herencia y las “leyes” que gobernaran el cambio literario: la apertura a la multidisciplinaridad, de ahí que la poesía no sólo se haga a través de la escritura sino que ha sido abierta a otros soportes audiovisuales y performativos, pues el desplazamiento además de apuntar la crisis fronteriza en diferentes estratos: entre los géneros literarios, entre los géneros artísticos, muestra atención sobre la preocupación alrededor de la performatividad poética, esta preocupación podría ilustrarse en dos niveles: los efectos del poema, y la consideración de los procesos creativos, del desarrollo de los proyectos, una atención que antes sólo estaba dada al producto; y por último, que, dentro de la construcción del discurso estético, uno de los moduladores principales, hoy en día, sea la “ironía estética”.