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4. Implementation

4.2 Input and Output (I/O)

Puesto que los filósofos hindúes se refieren al proceso cósmi­ co como lila, u obra divina, parece apropiado ilustrar las com­ prensiones profundas holotrópicas de la naturaleza de la realidad

utilizando la analogía de una película, que es una versión tecno­ lógica moderna del espectáculo de magia. La intención de los productores de películas es crear una buena imitación, una ver­ sión imaginaria de la realidad material. Para ello se sirven de to­ dos los medios disponibles necesarios para alcanzar su objetivo. Habitualmente es muy fácil para los espectadores imaginar que las escenas que se desarrollan en la pantalla representan aconte­ cimientos reales en el mundo material. En algunos casos, el im­ pacto de una película en algunos espectadores puede ser tan fuer­ te que éstos respondan emocional mente a la misma como si fuera real. Esto sucede a pesar del hecho de que saben intelectualmen­ te que lo que están viendo no es sino un juego de ondas electro­ magnéticas de diferentes frecuencias dentro de un solo campo unificado de luz.

En los estados holotrópicos de conciencia podemos descubrir para nuestra sorpresa que este mismo principio puede aplicarse a nuestra experiencia de la realidad de cada día. Lo que nos parece un mundo de objetos sólidos es un juego de vibraciones esen­ cialmente vacío. Naturalmente, nuestra experiencia del mundo es más plena y rica que la de una película, puesto que incluye algu­ nas dimensiones que la tecnología cinematográfica actual es in­ capaz de transmitir, como las cualidades táctiles, olfativas y gus­ tativas. En su famosa novela de ciencia ficción Un mundo feliz, Aldous Huxley describe una futura forma de entretenimiento en la que se supera esta dificultad, puesto que las experiencias de los espectadores no se hallan limitadas en la novela a las esferas óp­ tica y acústica, sino que incluye estas otras cualidades de los sen­ tidos. Los investigadores contemporáneos en el campo de la rea­ lidad virtual ya están experimentando con guantes especialmente diseñados que enriquecen la experiencia de los mundos visuales y acústicos electrónicamente creados, añadiéndoles la dimensión táctil.

Ya he descrito la experiencia de lo “divino inmanente” en el que el mundo material se percibe como una obra dinámica de energía creativa cósmica. Esta experiencia también revela la uni­

dad indivisa que subyace al mundo de la separación. Muestra que lo que encontramos en la vida cotidiana no son individuos dife­ renciados ni objetos sólidos, sino aspectos integrantes de un cam­ po unificado de energía. Por absurda que pueda parecer a un rea­ lista ingenuo, esta conclusión concuerda plenamente con los descubrimientos de la física moderna. Éstos demuestran que lo que habitualmente percibimos como materia sólida es esencial­ mente vacío. La ciencia del siglo xx ha proporcionado así bases para la desconcertante afirmación de los sabios hindúes de que nuestra percepción del mundo formada por objetos materiales densos es una ilusión (máyá).

Desarrollemos ahora un poco más la analogía entre la filma­ ción de una película y la creación de la realidad material. Obser­ vando simplemente la película, no podemos entender completa­ mente los procesos que implica, puesto que algunas respuestas importantes sobre lo que nos está sucediendo no pueden encon­ trarse en la pantalla. Lo que vemos en las películas no tiene una existencia y sentido independientes por sí mismos. La película es el producto de un proceso muy complejo y sus fases esenciales no están incluidas en nuestra experiencia inmediata de observa­ ción. Para entender realmente los acontecimientos que estamos presenciando, tendríamos que sustituir la experiencia ingenua de contemplar la película por un análisis sistemático y profundo del proceso que la crea.

En primer lugar, tendríamos que desplazar nuestra atención de la pantalla, giramos y descubrir el artilugio responsable de las ilusiones que estamos percibiendo. Detectaríamos que su compo­ nente esencial es una potente fuente de luz que proyecta las imá­ genes en la pantalla. Tras una inspección más atenta, también en­ contraríamos el carrete de celuloide que determina las formas y colores que estamos viendo. Esta situación es asombrosamente similar al famoso símil de la cueva que Platón utilizó en el diálo­ go de La república para describir la naturaleza ilusoria del mun­ do material.

na a una situación en la que un grupo de personas está encerrado en una caverna. Están firmemente encadenados al suelo de forma que sólo pueden mirar frente a ellos y hacia arriba. Detrás de es­ tos prisioneros hay un fuego resplandeciente y un pequeño muro sobre el que unos titiriteros exhiben figuras humanas y de anima­ les así como otros objetos. Los prisioneros están absortos con­ templando las sombras en la pared que es el único aspecto de toda la situación que pueden percibir realmente. Fascinados por el espectáculo, son completamente inconscientes de la verdadera naturaleza de esta situación.

En el símil de Platón, los objetos de nuestro mundo material conocido se comparan a las sombras formadas en la pared de la cueva por un fuego, mientras que la verdadera naturaleza de la realidad permanece oculta para nosotros. Platón también sugiere que los prisioneros de la cueva creen que los ecos de los sonidos que emergen detrás de ellos son realmente producidos por las sombras. En el ejemplo que hemos puesto de una película podrí­ amos igualmente identificar no sólo el origen de las imágenes, sino descubrir también el origen de los sonidos, remontándonos hasta la cinta magnética que los genera.

Cuando continuamos nuestra exploración, un examen más cercano del proceso de la proyección revelará que lo que percibi­ mos como movimientos suaves y continuos consiste en realidad en secuencias rápidas de imágenes discontinuas y parpadeantes. Además, esto guarda paralelismos con las comprensiones pro­ fundas procedentes de los estados no ordinarios de conciencia en lo que concierne a la naturaleza de la realidad. Repetidamente he oído informes a este respecto de personas que han tenido diver­ sas formas de experiencias holotrópicas. Las mismas compren­ siones profundas pueden encontrarse en las fuentes espirituales tradicionales. Por ejemplo, según el budismo tibetano, la realidad es radicalmente discontinua. El mundo está constantemente «en­ cendiéndose y apagándose a la existencia», disolviéndose y re­ creándose de un instante a otro. Del mismo modo, nosotros no poseemos una existencia continua del nacimiento a la muerte,

sino que morimos y renacemos todo el tiempo. Una versión mo­ derna y basada científicamente en el mismo concepto aparece en la filosofía de Alfred North W hitehead (1929).

El próximo paso para indagar con más profundidad la expe­ riencia de la película nos lleva a salir completamente de la sala de proyección. Entonces descubrimos que la película empezó como una idea en la mente de alguien y que todos los procesos necesa­ rios para realizar la película fueron motivados por la intención de concretar la historia en la pantalla y transformarla en una expe­ riencia vivida y convincente. La realidad descrita en la película no posee una existencia independiente por sí misma. No puede entenderse plenamente si la sacamos de este contexto más am­ plio. La razón esencial de la existencia de la película es la inten­ ción de proporcionar un tipo concreto de experiencia. Según las comprensiones profundas que se tienen en los estados holotrópi- cos, ocurre lo mismo en lo que respecta a nuestra experiencia del mundo material.

Una persona ingenua, como un niño o un nativo de una cultu­ ra preindustrial que no ha tenido contacto con la tecnología mo­ derna, podría confundir una película bien hecha con la realidad. En el futuro, las películas holográficas, con sonido holofónico, la televisión holográfica y, en especial, la avanzada tecnología de la “realidad virtual” harán que esta distinción sea aún más difícil de establecer. Sin embargo, ya hoy día, la idea de que nuestro cos­ mos pueda ser una “realidad virtual” producida por una inteli­ gencia superior no parece tan rocambolesca como podía parecer- lo hace cien o incluso cincuenta años.

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