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pueblos indígenas de la América Tropical es y sigue siendo su popularidad como cosmético, que ha sido ya mencionado en las consideraciones históricas.
Este empleo ha derivado en la costumbre de usarlo también con fines diversos, relacionados con la protección de la piel. Se dice que muchos grupos huma- nos lo usan como repelente de insectos aunque esto no es muy aceptado por los científicos (y posiblemente tampoco por los insectos). Lo cierto es que la falta de olor no permite comprender su acción en este sentido, a menos que se tenga en cuenta que muchas formas de preparar el pigmento provocan su fermentación. La adición de otras substancias le da a la preparación un olor desagradable para muchos de nosotros. Puede ser que también sea desagradable para los insectos. Aliado de esto, téngase en cuenta que en los grupos humanos que usan el achiote para embadurnarse la piel, esta costumbre sólo es permitida a los hombres. Las mujeres solamente pueden embijarse algunos sectores de la cara, pero no es permitido usar para la piel del cuerpo. Si realmente fuera un buen repelente, esta discriminación no habría durado mucho tiempo.
El uso sobre la piel, según algunos autores, se basa también en una supuesta protección contra las quemaduras por luz solar muy intensa.
Su racionalidad no es muy clara aquí, pues no es tradicional, en la raza indígena, protegerse de la luz del sol.
Sí se emplea con frecuencia, sin embargo, para tratar las quemaduras. Se recomienda aplicar una pasta de achiote sobre el área lesionada lo más pronto posible y se dice que esto controla el dolor y la infección y tiende a evitar la formación de ampollas o el desarrollo de cicatrices deformantes.
Su color sanguíneo parece haber originado el empleo popular del polvo de las semillas como hemostático y de su ingestión para el control de la disentería.
Simbólicamente esto puede explicar su frecuente empleo para el control de la fiebre. Y más simbólicamente aún, su uso en infusiones, bebidas o en guisos para dar valor a guerreros y líderes comunitarios o como afrodisíaco.
Hay muchos y muy diversos usos medicinales secundarios, de valor en áreas geográficas limitadas: para los males del corazón, para las molestias respiratorias o renales, etc. Algunas de estas merecen una mayor investigación.
La acción benéfica contra la diabetes, por ejemplo, que fue reportada por Ayensu, ha encontrado una posible explica- ción en su capacidad hipoglicemiante comprobada en el laboratorio y su alegado empleo como antídoto para los venenos de la yuca amarga y del piñón de nuestra selva, debe ser mejor investigado junto con su posible acción contra la lepra. Estos son problemas médicos que están abiertos a nuevos aportes farmacológicos.
Aunque los usos medicinales populares del achiote son re- lativamente reducidos, su im- portancia industrial crece cada vez más rápidamente por una serie de circunstancias relacionadas principalmente a la especial atracción que el ser humano tiene por el co- lor rojo en sus alimentos, en sus tegumentos y en sus adornos. Ya en parte hemos men- cionado algunas de las razones que respaldan esta atracción desde el subconsciente colectivo de toda la humanidad.
A esto debemos agregar antiguos atavismos, refugiados en supersticiones ocultas o expresas (ver "Mal de ojo").
El color rojo en los alimentos, cosméticos, adornos y pertenencias, así como en objetos de rito, etc., tiene mucho que hacer con la sangre y con la vida. Las vestiduras de los cardenales, la alfombra roja con que se recibe a los huéspedes ilustres, la tinta roja con que se escriben o subrayan las heridas económicas, el color rojo de joyas y adornos, la cinta roja con la
que se protege a los seres indefensos contra la mirada hostil de los extraños, el rojo del peligro, del diablo, de la violencia, del patriotismo y de los reclamos políticos y el rojo con el que teñimos carnes, guisos y productos lácteos, son solamente una corta enumeración de cómo el rojo, que simboliza la sangre, es buscado por el ser humano para despertar emociones e instintos.
La invención de tintes rojos y anaranjados sintéticos a base de anilinas en las postrimerías del siglo pasado produjo, como hemos visto, el rápido desplaza- miento de los pigmentos naturales en el campo comercial e industrial. Sin embargo, la reciente condena de las anilinas como elementos nocivos, la prohibición de su uso y su desprestigio alimentado por la cancerofobia universal, nos hace recordar que aquí está el achiote, la cochinilla y la cúrcuma, pigmentos de fácil producción en el Perú.
Pintarse de rojo la piel y los labios, que en su expresión más primitiva parece haber tenido relación íntima con la sangre en sus aspectos violentos, vitales y mís- ticos, sufrió muy temprano una adaptación menos truculenta. El color rosado y rojo de los carrillos y labios se convirtió así en signo de salud y belleza y los pigmentos de ese color fueron pronto utilizados para cosméticos en escala industrial. El achiote es por eso ahora utilizado en grandes cantidades para la preparación de lápiz de labios, coloretes y arreboles, barniz de uñas, lociones contra la luz del sol y aceites para el pelo.
Lo mismo sucede en la preparación de alimentos. Desde que el achiote fue descubierto por la civilización occidental, su uso para dar color rojo, anaranjado o amarillo a los alimentos se generalizó en el mundo entero. Vimos ya que las naciones mediterráneas habían estado usando el azafrán y las naciones del sudeste asiático empleaban con el mismo fin la cúrcuma (el palillo, Cúrcuma longa, originaria de la India y después introducido en nuestro país). En la actualidad, prohibidas ya las
anilinas, el achiote es uno de los pocos colorantes aceptados legalmente en la preparación de alimentos.
Gran importancia industrial y económica tiene por eso el uso del achiote y sus derivados en la preparación de productos lácteos o sus sucedáneos como la mantequilla, el queso y la margarina, el chocolate, los aceites comestibles, helados, bizcochos, postres preparados, salsas, con- servas de carne y pescado, embutidos y otros productos cárneos, licores, vinos y bebidas gaseosas de tinte anaranjado, etc. etc. La coloración de tendencia rojiza despierta escondidas preferencias instintivas y hace que los huevos cuya yema es pálida o la carne de ave poco pigmentada tengan menos aceptación en el mercado, por lo que la adición de carotenoides a los alimentos de las aves de corral se ha convertido en una necesidad industrial imprescindible. Esto se obtiene con achiote, cúrcuma, marigold o mezclas purificadas de carotenos. El uso de las semillas del achiote en la dieta de las aves de corral tiene la ventaja de agregar un apreciable porcentaje de vitamina A, lo que acelera el crecimiento y la productividad de los animales.
Aliado de estos usos principales en la industria moderna, el achiote se usa en la preparación de barnices y tintes para la madera, en la fabricación de ceras para el piso, de betún de zapatos, en colorantes de velas, de ceramios y otros productos artesanales yen cierto tipo de tintes para tejidos. En esto último, su uso ha decaído mucho ya que el color obtenido es muy sensible a la luz solar, destiñéndose fácilmente; pero resiste muy bien el lavado con jabón y da un lindo color carne a la seda, por lo que sigue utilizándose para te- ñir determinadas calidades de ropa interior. Además, utilizando mordientes adecuados, da un color muy atractivo a los objetos de cuero.
El árbol de achiote es una planta muy atractiva que, en muchos lugares del trópico, se utiliza como ornamental en par- ques y jardines, especialmente aquellas variedades cuya floración es abundante y
Descripción
cuyos frutos presentan una cáscara de subido color rojo.
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RUDA
(Ruta graveolens)
Prácticamente toda la literatura consultada emplea como denonimación única "Ruta graveolens, L", aunque ocasionalmente se usa también la de "R.
chalepens;s", otra especie botánica muy
similar en todos sus usos y composición química. Algunos autores consideran estas dos denominaciones como sinónimos de la misma especie.
El vocablo "ruda'" o su traducción a diversos idiomas europeos, se usa vulgarmente para denominar otras plantas similares, cerca de cuarenta (R. bracteosa, R. montana, R. patavina, etc.), con mayor o menor relación botánica con la "R.
graveolens" o "R. chapelensis".
Muchas de estas "rudas'" no tienen ni siquiera relación botánica con la ruda que nos ocupa, como la Ruda amarilla (Tagetes
erecta), la Ruda cimarrona (Dalea domingensis), la Ruda de gallina
(Porophyllum ruderale), la Ruda de monte (Porophyllum punctatun) y la Ruda siria que hemos encontrado al hablar delA yahuasca.
Aquí nos vamos a referir únicamente a la ruda doméstica, hierba muy común entre nosotros. El nombre de "ruda" tiene vigencia en francés (Rue), inglés (Rue), alemán (Ruta), ruso (Ruta), arabe (Rowta), etc. Algunos autores son de la opinión que proviene de la raíz griega, "'Reuo", que significa, liberar, librar, poner en libertad, porque esta planta tiene una larga tradición como hierba medicinal, liberando a los pacientes de enfermedades y maleficios. Otros derivan el nombre del griego "roumal', refrenar, en relación a su supuesta acción frenadora de la sexualidad. Sin embargo, en todas sus menciones en la
Grecia antigua, recibía el nombre de 'Píganos' o '" Apíganos' y en las Sagradas Escrituras es conocida como "Peganon"
Saliendo del área europea, o de su influencia directa, recibe ya nombres disímiles sin relación con los anteriores: "sudabe" en Arabia, "Godong" en lava, "Satari" en la India, "Sudab" en Irán, etc. (Sudab es, en realidad, un preparado de la medicina Unani en el cual la ruda es uno de los componentes principales).
En la América Latina se conoce simplemente como "Ruda" o "Ruda jardinera", y cuando se quiere aclarar más se le llama "Ruda de Castilla". Los bra- sileños le llaman " Arruda doméstica" o "Ruta de Cheira Forte", y en el Caribe algunos le llaman "Hierba de la Gracia", "Hierba del Arrepentimiento" o " A ve gracia". y a veremos más adelante el origen de estos nombres. También se le conoce como "Ruda Antillana", "Ruda de España", "Ruda de la Tierra", "Ruda tropical", "Rura", y aquí paramos porque me falta papel.
Es un subarbusto siempre verde, de 40 a
110 cm. de alto, que puede ser usado para cercos. Tallos erguidos, ramosos, rectos, cilíndricos, verdes cuando jóvenes; leñosos en la base después; lisos de jóvenes, ásperos y grisáceos después. La planta es perenne y vive varios años. Las hojas son compuestas o recompuestas, pecioladas, de forma general cuneiforme y de distribución bipinada. Los foliolos son de un color verde azulado, pálido en el envés. Tienen forma oval o espatulada, a veces algo carnosas, y son de 15 a 25 mm. de largo por 6 a 10 mm. de ancho. Su vértice es obtuso y generalmente son lampiños aunque ocasionalmente son ligeramente vellosos. Su superficie está cubierta de pequeños puntitos que, mirados a trasluz, son transparentes. Son pequeñas glándulas de aceite, las flores son pequeñas, de color amarillo limón o blanco amarillento. La inflorescencia es un corimbo.