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LOGIC MODEL FOR A TK CONTROL EFFECT

Cluster 3 June 1991 and February

Rutina, obtenida de la planta que nos ocupa y que tiene empleo claramente establecido en el tratamiento de las enfermedades que producen trastornos de la permeabilidad capilar.

Pero fuera de un comentario general, debemos notar aquí que ésta es una de las plantas de composición más compleja, con una enorme gama de compuestos que abarcan toda clase de fa- milias químicas. Para damos una idea aproximada de esto, transcribimos los nombres de más de cuarenta alcaloides que han sido identificados en esta interesante planta: - l-Hidroxy-3-Metoxy-N-Metil acridona - l-Hidroxi-N-Metil-acridona - M-Metil-l-Hidroxi-acridona - N-Metil-l-Hidroxi-2-3 Dimetoxi-acridona - N-metil-l-Hidroxi-3-Metoxi acridona - N-Metil-l-Hidroxi-acridona arborina - arborinina - dictamnina - Edulinina - Gamafagarina - Furacridona - glicosminina, - gravacridonclorina - iso-gravacridonclorina - gravacridondiol - Glucósido de Gravacridondiol - Monometileter de Gravacridondiol - Gravacridoncloruro, - Gravacrinodol - Gravacrinodol cloruro Gravacridontriol- Glucósido de gravacridontriol - Graveolina - Graveolinina - Kokusaginina - Platidesmina - N-Metilplatidesmina - Quinol-4-ona,2-(N-dodecyl) - Quinol-4-ona,2-(N-tetradecil) - Quinol-4-ona-2-(N-tridecil) - Quinol-4-0na-2-(N-undecil) - Quinol-4-ona-N-Butil:2 (Metilenodioxi-fenil) - Rutacridona - Epóxido de rutacridona - Epóxido -l-hidroxi rutacridona - Epóxido-hidroxi-rutacridona - Rutamina - Rutaverina - Eskimianina - Ribalidina - Ribalirium - Rutalinidina - Rutalinium - Halacridona

A esto hay que agregar una larga lista de alcanos, benzenoides, lípidos, cumarinas, monoterpenos, sesquiterpenos, flavonoides, etc.

La enorme complejidad química

de esta planta no

permite todavía identificar con cierto grado de seguridad cuál de sus diversos componentes químicos es responsable por cada una de las acciones registradas en sus efectivos usos populares o en los ensayos del laboratorio farmacológico.

Hecha esta salvedad, no creemos necesario entrar por ahora en disquisiciones hipotéticas sobre los probables principios activos, a riesgo de confundir al lector. La gran mayoría de los efectos farmacológicos comprobados experimentalmente han sido estudiados con extractos de la planta, ya sea acuosos, alcohólicos o con su aceite esen- cial, así como con la planta misma, fresca o sometida a procesos de secamiento.

Su acción estimulante sobre la mucosa uterina ha sido claramente comprobada en los extractos acuosos de la planta total, en diversos animales de laboratorio. En cambio, no parece estar presente en el aceite esencial. Similarmente, su capacidad de provocar el aborto es débil para el aceite esencial y fuerte para la planta total.

Su toxicidad es clara a altas dosis en el uso popular donde produce mareo,

narcosis y complicaciones hepáticas y renales. Ha sido cuantificada para el aceite esencial en el ratón (LD50: 2.54 gr. x Kg. de peso), para la rata y el conejo (LD50: 5 gr. x Kg. de peso) y su acción deleterea sobre el hígado y el riñón ha sido objetiva- mente estudiada en el conejo y el cobayo.

El aceite es frecuentemente irritante en el uso externo sobre la piel humana, aún en concentraciones de 1% Y su acción de sensibilización a la luz es muy clara con el aceite puro sobre la piel humana pero es nula en concentraciones débiles (1 %). Esto puede verse también en el laboratorio. En la piel del ratón, esta acción es nula a una concentración de 0.78%; es equívoca al doble (1.56%), clara y definida al cuádruple (3.12%). El uso de una pasta de hojas frescas produce pronta reacción fotosensibilizante en la piel humana y lo mismo puede decirse del extracto acuoso.

Su acción sedante sobre el sistema nervioso, tan generalizada en el uso vernacular, ha tenido poca atracción para los farmacólogos. El extracto alcohólico a una dosis de 4 cc. por Kg. de peso es anticonvulsivante en el ratón y el aceite esencial puesto en el agua deprime la actividad de los peces. Por otro lado, su acción antiespasmódica en el tubo digestivo ha sido comprobada en el perro, tanto con el extracto alcohólico como con el aceite esencial (1 cc. x Kg.). En el intestino aislado del cuy ha podido probarse que esta acción está presente en una solución de los alcaloides totales de la planta.

Su acción insecticida y repelente, claramente demostrada en los usos populares, parece desaparecer en los pre- parados a base del producto seco, pero es muy definida en el aceite esencial y en la planta entera.

Su efecto antihelmíntico ha sido ensayado positivamente in vitro usando diversas especies (Hirudo, Ascaris, An- guillula) y el extracto etéreo con otras (Strongyloides, Ankylostoma duodenal, Ankylostoma caninum). El uso del aceite a

la dosis de 1 cc. por vía oral, ha dado también resultados positivos.

Por último, su acción anti- microbiana in vitro, con las reservas expresadas más abajo, ha dado los siguientes resultados:

El Staphilococcus aureus es sensible al extracto acuoso de las hojas y al aceite esencial; la Escherichia coli es sen- sible al extracto acuoso pero no al aceite esencial; el Bacilus subtilis es sensible tanto al extracto acuoso como al extracto alcohólico de la raíz y la Pseudo mona aeruginosa es sensible al extracto alcohólico de la raíz, al cual también es el bacilo de Koch.

Ninguno de los virus ensayados es sensible a la acción antimicrobiana in vitro del extracto acuoso de esta planta (herpes, influenza, vaccinia, polio) pero en cambio muchas levaduras (cerveza, candida albicans, C. Tropical, C. Krusei, Cryptococcus reoformans) son sensibles al aceite esencial y un buen número de hongos fitopatógenos responden también favorable- mente.

A propósito de los exámenes bacteriológicos in vitro, muchos de los cuales serán mencionados en este texto en relación a diversas plantas medicinales, es necesario enfatizar lo siguiente:

Desde la década de los cuarenta, es muy amplia la literatura científica que demuestra la acción antibacteriana y el efecto antibiótico de muchísimas plantas superiores y no es extraño que, ante tales noticias aisladas del contexto general, se desarrollen posiciones utópicas y teorizantes sobre el uso de algunas de esas plantas para el control terapéutico de infecciones clínicas.

Generalmente, las comunicaciones aludidas se refieren a experimentos in vitro, donde un extracto acuoso o alcohólico de la planta es activo sobre un cultivo de determinada especie microbiana.

La realidad es que, desde un hallazgo de esta naturaleza hasta su posible efectividad terapéutica, hay generalmente mucho trecho por recorrer.

La aplicación tópica de la planta o de su preparación galénica sobre una herida infectada, puede muchas veces contribuir a controlar la infección, pero el éxito depende mucho de cómo se logra que los principios antimicrobianos de la planta logren alcanzar a los gérmenes causantes de la infección. La presencia de tejidos 'necr6ticos, de colonias microbianas intratisulares, de secreciones y otros líquidos biológicos de la herida, de las reacciones de acidez o alcalinidad del medio, etc., pueden hacer que la acción comprobada en el laboratorio no sea efectiva en la práctica, y, si se trata de una infección sistémica, el problema se com- plica exponencialmente. A esto se le llama "biodisponibilidad", es decir, la capacidad de un medicamento de llegar realmente al sector o nivel de un tejido vivo donde pueda ser efectivo.

A este problema de la bio- disponibilidad hay que agregar que las noticias sobre acción antimicrobiana in vitro se refieren por lo general a extractos totales o parciales de una planta medicinal, pero no a determinado principio activo. La determinación de este último es generalmente el producto de un proceso complejo y muy prolongado, pues el principio activo antimicrobiano puede estar y generalmente está acompañado por otros componentes químicos de acción colateral indeseable.

Por lo tanto, al leer o comentar un hallazgo del laboratorio sobre la acción antibacteriana de una planta, es necesario ser muy cauto antes de lanzarse entusiastamente a su uso indiscriminado en la práctica clínica.

***

PAPAYA

(Carica papaya L.)

Alguien le dijo a Linneo que Fernández de Oviedo le había llamado a esta fruta "higo de mastuerzo" y no le pareció mala la idea de clasificado como un higo (carica en griego) y como además, dicen que las muestras que le llevaron provenían de la India, y especialmente de una región del Asia que se llamaba en ese tiempo Caria, bautizó este género con el vocablo de Carica y lo apellidó con la denominación ya universal de papaya. Llegó así a tomar ciudadanía el nombre latino de Carica papaya que es el que usaremos en este apunte, sin dejar de mencionar otros sinónimos científicos que no han tenido mayor aceptación: Papaya

vulgaris, D.C., Carica qinqueloba, Sessé y

Moc., Carica comunis Noronha, Papaya

carica Gaertner, Papaya cubensis Kuntze y

quince o veinte más.

El nombre común de "papaya" proviene del caribe "abbabai". Oviedo, un sacerdote naturalista que visitó el Nuevo Mundo desde 1513, nos dice que, además del vocablo papaya, pudo recoger el nombre de "olocotón" en Nicaragua y que los soldados recién llegados de España le llamaban "higo de mastuerzo".

Debemos aclarar que mastuerzo era, en ese tiempo, cualquier planta silvestre cuyo nombre fuera desconocido, cualquier berroy, por extensión cualquier hombre tonto y mal cultivado. Y la denominación de "higo" se refiere a que la papaya silvestre es de fruta pequeña, del tamaño de un huevo, y llena de gran cantidad de semi- llas. Con gran indulgencia, puede equipararse a un higo.

De todas maneras, aunque aquella comparación influenció a Linneo para bautizar al género Carica, no tuvo mucha acogida entre el vulgo que adoptó el nombre de "papaya" para distribuido por toda América y transportado a las Filipinas donde se transformó en kapaya, lapaya, papaye, paypás, tapaya, capayo, etc. y a la India donde se disfrazó de papita, pappaiya, papeya, papayi, papali, pipiya y lo que se te pueda imaginar...

Los africanos, más conservadores, inventaron una larga docena de otros nombres sin tomar en cuenta a los caribes, por lo que nosotros no los transcribiremos aquí. Pero no los culpemos de rebeldes sin causa, porque nuestros propios indígenas de la Amazonía peruana tampoco le hicieron mucho caso a los caribes: a la papaya se le llama capaidso (culima), naimi (amahuaca), nampucha (cashibo), napucha (pano),

papué(amuesha), pucha (shipibo-conibo) y chamburú (indígenas del Brasil), etc. Curiosamente, ni los aztecas ni los quechuas dejaron en claro cómo le llamaban a fruta tan deliciosa, aunque Hernández, el protomédico de México, menciona "Chichialxochitl" (flor de las tetas) como vocablo nahuatl que la designaba.

Origen e

historia

Al lado de estos nombres tan diversos, la mojigatería latinoamericana ha complicado aún más la nomenclatura. Resulta que a alguien se le ocurrió usar el vocablo '"papaya'" para designar los genitales femeninos. No he podido averiguar quién fue el ocurrente ni porqué lo hizo, pero la idea pegó y se generalizó en los trópicos caribeños. Y como sucedió con el culantro que en México le dicen cilantro, con perdón de usted, la Carica papaya se llama "lechosa" en Colombia y Puerto Rico, "la fruta bomba" en Cuba, "Melónzapote" en algunas regiones de México, "Mamón" en la Argentina y Paraguay, "Mamao" en Brasil y siga Usted diciéndome pero no le diga papaya, porque me ruborizo y a otra cosa.

La palabra papaya se usa también para calificar, con algún adjetivo agregado, a otras especies cercanas: papaya de mico (Carica peltata) y otras poco conocidas entre nosotros. Hay que mencionar, desde luego, a la papayita arequipeña, deliciosa y aromática, prima hermana de la fruta que nos ocupa y que se llama también papaya de altura. Es la Carica cundamarcencis o Carica Pubescenso Una variedad de esta especie, dadas las características de sus semillas, puede formar voluminosos y resistentes bolos fecales que obstruyen la defecación ocasionando emergencias médicas alarmantes. Por esta razón, en la sierra de Colombia y en Venezuela, le llaman "tapaculo". Dios nos perdone.

Hay consenso en Origen e que la papaya es historia originaria de la América

Tropical, pero también, hay cierta confusión histórica sobre la región geográ- fica específica, ya que algunos favorecen a Centroamérica, otros a México y la mayoría a la Hoya Amazónica, que incluye el Perú. No se trata de una votación democrática, pues en cuestiones científicas la mayoría frecuentemente es derrotada, pero en este caso debemos recordar que el Padre Oviedo, el primero que la descubrió, dice que fue llevada a las Islas del Caribe desde la Costa Norte de Sudamérica por. Don Alfonso de Valverde. Lo más probable es

que, como muchas especies pan-tropicales, su origen geográfico exacto quede sepultado en las oscuridades de la prehistoria pues se trata de una fruta cuyas semillas son fáciles de transportar y mantienen largamente su fertilidad. Además, la papaya es muy atractiva para las aves fruteras que se encargan de propagada. W oodson y sus colaboradores, en 1958, llegaron a la conclusión que la papaya es originaria de las laderas occidentales de los Andes Peruanos, aunque Solms desde 1889 ha insistido que la cosa fue en México. Como fueron los pájaros los que se ocuparon de propagarla, sólo los pájaros saben. Nosotros, naturalmente, respaldamos la peruanidad de la papaya. Hemos encontrado semillas inconfundibles en tumbas de Nazca, y en el Perú hay un buen número de especies del género Carica, lo que no sucede en México ni en Centroamérica.

Lo cierto de todo esto es que no hay viajero ni cronista de los siglos XVI Y XVII que no, mencione la existencia de la papaya cada vez que habla de las frutas que encontró en cualquier parte de la América Tropical.

Apenas llegados, los españoles y los portugueses se encargaron de llevada a todo el trópico del orbe, empezando por las Filipinas y la India, aprovechando después el tráfico esclavista con el África y diseminándola además, por la Malasia y por todas las islas de Pacífico.

Hasta el primer cuarto del siglo XX, la papaya no pasó de ser una fruta popular en la mesa tropical y su producción fue de índole básicamente doméstica. A ningún patio trasero del trópico le faltó su papayo. En todos los mercados de la región la papaya compitió en baratura con el plátano.

Ya desde fines del siglo XVIII se sabía que algunos grupos indígenas sudamericanos usaban las hojas del papayo para envolver la carne de los animales que cazaban con el objeto de hacerla más suave y sabrosa. Además, Edlicher y Vanquelin

Descripción

habían reportado, en 1756, la acción vermicida y digestiva del látex. Esto fue motivo de una serie de experimentos que durante dos años realizó Wurtyz, quien, en 1880, comunicó al mundo científico el descubrimiento de la papaína, una sustancia que Chittenden calificó como fermento vegetal, en 1883.

Hubo después, una serie de investigaciones y descubrimientos complementarios que progresivamente fueron atrayendo la atención de empresario se industriales. Hasta la cuarta década de este siglo, el país más organizado en la producción masiva de papaya para papaína era Ceilán (Sri-Lanka), pero alrededor de 1935, Becker promovió su cultivo industrial en el África para producir papaína. Co- menzó con Tanganica (Tanzania) y siguió con Uganda, Kenya, el Congo Belga, etc., animando de paso a los australianos y a los sudafricanos.

Actualmente, la industria de la papaína ocupa un importante nicho en la economía agrícola de la India, las Filipinas, México, Hawaii, Jamaica, etc. Como decimos que la papaya es peruana, aquí no se produce papaína.

Aunque a veces crece hasta 8 a 10 mts. de altura, los botánicos nos dicen que es una planta herbáceo, porque no forma madera en sus tallos. Tiene la apariencia general de una palmera, con un tallo recto y sin ramas, generalmente único, coronado por un penacho de hojas que forman como una sombrilla en el vértice. El tallo, cuya altura varía por lo general entre 2 y 8 mts. (según la variedad), tiene un diámetro de 15 a 20 cm., es carnoso, poroso y generalmente hueco.

Presenta en la superficie típicas cicatrices foliares, donde estuvieron insertadas las hojas.

Son antiguas huellas triangulares, bien dibujadas, que le dan una apariencia típica. Como decimos líneas arriba, lo fre- cuente es que no tenga ramas y sea un tallo

único y erguido. Pero algunos individuos viejos echan dos o tres ramas, también erguidas. Si el tronco es amputado o se le infieren heridas profundas, la aparición de ramas es más frecuente.

Las hojas crecen en el vértice del tallo en una especie de roseta espiral, formando una corona o sombrilla, también inconfundible. Tienen largos pecíolos de 50 a 90 cm., huecos, que cuando son lesionados exudan un látex pegajoso que coagula rápidamente. El limbo de las hojas es de un diámetro aproximado de 70 cm., y su forma es de un diseño redondo pero con profundas escotaduras que le dan un as- pecto palmeado con cinco a siete lóbulos. Las nervaduras son muy prominentes en el envés.

Las flores son variables, de- pendiendo del sexo. Las hay masculinas, femeninas, hermafroditas y neutras y no es raro encontrar plantas que producen varios tipos. Las flores masculinas aparecen en ramilletes que están en el extremo de un largo peciólo (15-20 cm), siendo esta característica la que permite identificadas desde lejos. Son de color blanco cremoso, a veces verdosas o amarillentas. Tienen por lo general 10 estambres de filamentos largos y variables, con anteras amarillas. La corola es tubular (2-3 cm) con cinco lóbulos cortos, cáliz pequeño y un pistilo rudimentario con ovario atrófico que algunas veces da origen a un fruto abortivo. Son flores fragantes, muy atractivas para los insectos diurnos y nocturnos.

Las flores femeninas tienen pecíolo corto; se les ve pegada al tallo, casi sesiles, solitarias o en ramilletes de dos o tres, en la axila de las hojas. El cáliz mide 5 ó 10 mm. y la corola presenta cincopetalos angostos, separados entre sí, triangulares, de 5-7 cm. de largo. El ovario es ovoide, de una sola cavidad por la fusión imperfecta de cinco lóbulos. Tiene un pistilo que también es la fusión de cinco estigmas, y cinco placentas con numerosos óvulos.

El fruto no necesita mucha descripción para los lectores de este apunte,

Cultivo

Uso en la

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