La contingencia, por supuesto, conduce a ú n a indeterm inación que im pide decir m ucho sobre la lucha ideológica que tenga aplicabilidad
general.
A pesar de la creencia d cT h crb o rn de q u e puede haber un a teoría general de la ideología, el insiste con sensatez en que las ideologías, aun dentro del modo capitalista, varían en sus contenidos, y especialm ente en sus efectos. Por ejem plo, observa que el nacionalism o proporciona un ejem plo interesante de cóm o un'discurso ideológi co aparentem ente directo contiene num erosas contradicciones.T herborn advier te la asociación histórica entre las revoluciones burguesas y el nacionalism o, "que quedó vinculado a la revolución burguesa al proporcionar una ideología de la lucha que oponía al poder dinástico y/o colonial un Estado de ciudadanos legal- m ente libres c iguales que correspondía a determ inado territorio" (p. 6 9 ). Pero la ideología burguesa es com pleja e inconsistente, porque el nacionalism o puede ser visto como opuesto ai internacionalism o (“cosm opolitism o”) supuesto en la ad hesión burguesa a la racionalidad del m ercado y al individualism o com petitivo (p. 6 9 ). M ás aun, T herborn reconoce que el nacionalism o, como una de las "fór mulas de la legitim ación de la clase dom inante" (p. 6 9 ), produce resultados inde term inados, que algunas veces llevan a las clases subordinadas a unirse al “interés nacional" y apoyar los intereses dom inantes, a veces form ando parte de la “tradi ción ‘nacional-popular’" de la lucha (p. 70).Suscribim os a este argu m en to y sugerim os, al co ntrario de lo que opinan muchos m arxistas m odernos, q u e el nacionalism o d ifíc ilm e n te puede ubicarse como parte de la ideología d o m in a n te dcl cap italism o ta rd ío , al menos en Gran Bretaña. A unque el cap italism o se desarrolló dentro de Estados nación y to d a vía tiene una orientación n acion al im portante, el cap italism o tardío tam bién tiene un im portante carácter transnacional q u e sign ifica q u e el estatuto dcl nacionalism o
c o m o
ideología burguesaes
am b ig u o . D iferentes intereses econó micos dentro dcl capitalism o y sus fracciones de clase aso ciad as,-tin to naciona les como internacionales, han creado, por lo tanto , posiciones contradictorias dentro de la ideología d o m in a n te. En la m ed id a en q u e.el nacionalism o tiene efectos sobre los subordinados, éstos tam bién son contradictorios. Por un lado, el nacionalism o ha form ado p arte, con frecuencia, de u n a contraideología po pular.C o m o
H obsbaw m nos recuerda co nvin cen tem en te, la com binación del patriotism o con la conciencia de clase obrera ha sido h istó ricam en te un agente poderoso de cam bio social ra d ica l, como lo fue en G ran B retaña luego de la Segunda G uerra M u n d ial y an tes, en c! período cartista.8 En los últim os años, el nacionalism o ha inform ado el p ro p am a político de la izquierda, especial m ente en las políticas referidas a la C o m u n id ad E conóm icaE uropea
y a la reim posición de restricciones sobre el m ovim iento dcl cap ital en el extranjero diseñadas para proteger los intereses populares contra el cap ital m onopólico. Por otra parte, debem os d ar cu en ta cel efecto aparentem ente unificador dcl nacionalism o com o respuesta a las am enazas externas, especialm ente la guerra. La "crisis de las M alvinas"," obviam ente, es un buen ejem plo de esto. Sin em bargo, aun qu e la cuestión d e las M alvinas movilizó efectivam ente a am plios sectores de la sociedad detrás de símboios conservadores y patrioteros, es difícil que el patriotism o cam bie el h u m o r popular subyacente de "desesperanza, ap a tía y derrotism o".5 Esos sociodram as episódicos pueden tener escasas conse cuencias para la formación d e las ideciogías que tienen efectos de largo plazo. Además dcl ejem plo de H obsbaw m de la afin id ad histórica entre el radicalism o de la clase obrera y el n acio n aliu n o patriótico en determ inados períodos, observa mos que el nacionalism o periférico der.tro d e regiones periféricas -p o r ejem plo, Gales y Escocia- tiene consecuencias dr/isivas para el Estado nación y no podría ser considerado una ideología dom inanre; ciertam ente, no un a del tipo burgués.El asunto es que la form a id e o ló g ia fundam ental de las ideologías históricas inclusivas, aun cuando
se
d efin an más estrecham ente com o nacionalism o, noF alk hndi C riút e n el original. [N. (le U i.;
8 Eric Hobsbawm. "Falldands fjJIout", en: M ar/.iim Today. 1983. 5 Ib/d., p . 1 9 .
necesitan tener poder explicativo para predecir el resultado de la lucha ideológi ca. Se trata claram ente de un d ilem a entre un análisis general determ in ista, que no perm ite las contingencias de la ideología,
y
un anáJisis indeterm inado que no perm ite afirm aciones generales. En nuestro libro, hemos tratado de dem ostrar la contingencia de la relación entre la ideologíay
la actividad económ ica capitalista.De m anera em pírica, parecería ser que un m odo cap italista de producción puede coexistir con una gran variedad de superestructuras ideológicas. En cuanto a las ideologías religiosas, tenem os el catolicism o en Francia, el catolicism o y el protestantism o en H olanda, la “religión civil" de los Estados U nidos y el islam en los Estados del Golfo. En los sistem as ju ríd icos, nos encontram os con el problem a histórico planteado
p o r W eber
de q u e la “ley hecha por los jueces" en Gran B retaña y la ley formal en A lem ania eran am bas com patibles con el cap i talism o. En cuanto a la política, diversos sistem as políticos q u e van desde el fascismo hasta la dem ocracia liberal parecen desarrollarse ju n to con el cap italis mo. Las form aciones sociales que com parten la m ism a base cap italista expo nen, así, un a variedad de sistem as ideológicos diferentes. Desde esta perspecti va, aun qu e puede ser posible argu m en tar q u e la ideología contribuye bajo de term inadas circunstancias históricas a la unidad de las clases o a la organización económ ica (com o, por ejem plo, la organización fam iliar y la enseñanza católica de la sexualidad en el feudalism o), es difícil extraer conclusiones generales de observaciones particulares. Sin em bargo, concluir que, en el plano de la form a ción social, la ideología es siem pre variable y contingente tanto en su contenido como en su función podría resultar una exageración.U na objeción evidente es que tiene que haber lím ites para estas variaciones, fijados por los requerimientos básicos de las “condiciones de existencia” de un modo de producción. Sin em bargo, los requerim ientos ideológicos del
capitalis
mo
parecen poco comunes en relación con otros modos. EnLa tesis /le la ideología
dom inante,
observamos la paradoja de que en el capitalism o tardío el aparatoideológico está m uy extendidoi'-a pesar de que la subordinación económ ica y política del pueblo hace cada vez más redundante la incorporación ideológica. Existen dos razones poj.las que creemos que la variación ideológica aum enta con el desarrollo del capitalism o tardío: ( ! ) la “coerción sorda” de ia vida cotidiana es adecuada para la subordinación del trabajador; y (2) no existen requisitos econó
micos para una ideología dominance. En sum a, el capitalism o puede “tolerar” la contingencia mucho mejor que cualquier otro modo de producción.
Q uizá debería considerarse que el m odo de producción establece determ i- iados parám etros am plios que fijan los lím ites de una variación ideológica. En -1 capitalism o tem prano, por ejem plo, las relaciones de producción necesitan apoyarse legalm ente en instituciones com o la propiedad privada y la estabilidad
de ios contratos económ icos, pero los sistem as legales que pueden garantizarlas
so n
diversos. En el plano de la form ación social, la id eolo gía sólo puede ser estu d iad a - s ig u ie n d o a W e b e r - en fu n c ió n de d e te rm in a d a s id e o lo g ía s preexistentes, históricam ente específicas, q u e pueden o no co n trib u ir al creci m iento de la cu ltu ra cap italista (la tesis de la ética protestante). La ideología no sólo incorpora clases; es, m ás bien, un “recurso" de acción colectiva. Por ejem plo, com o señaló M arx, la burguesía, despuc's de m ovilizar el in dividualism o contra el feudalism o, se encuentra con que los grupos opositores utilizan las “libertades civiles” contra la dom inación c ap italista.10 El in d ivid u alism o p ue de, entonces, ser considerado un recurso de la luch a p olítica. M ás au n , com o ya hem os argum entado, la ideología, bajo la form a del in d ivid u alism o , p uede ser eficaz en darle una verdadera form a específica a la sociedad capitalista. Sin em bargo, no tienen ecesariam ente
esa función.D e este análisis se sigue que los m arxistas deberían especificar el nivel de abs tracción en el que está ubicada la ideología. La ideología no es una condición de existencia necesaria de la base económ ica y, en el plano de la formación social, la estructura de clases, los conflictos políticos, la composición étnica, la naturaleza del desarrollo del Estado, etc., determ inan el contenido y la función variables de la ideología. No h ay una teoría general que pueda enum erar las funciones
y
el contenido de la ideología para diferentes sociedades. La eficacia de una id eolo gíaes
una cuesrión co m pletam ente separada de la m era presencia d e un a id eo lo gía. Los efectos del ap arato de tran sm isió n ideoló gica son variables (d ep en den del nivel de educación p o lítica de la clase trab ajad o ra, del nivel de la organización de clase, de la presencia de u n a trad ició n de radicalism o de clase obrera, etc.). En el m arxism o, la cap acid ad de los aik y otras in stitu cio n es socializadoras de determ in ar la co nciencia de clase, especialm ente la conciencia corporativa, ha sido exagerada en gran m edida.No es evidente, en ningún caso, que las sociedades necesiten el grado de apoyo ideológico supuesto por T herborn. C om o argum en ta Foucault, la in d i vidualización, la
co n s tr u c ció n y
la d isciplin a de los individuos se pueden asegu rar m edian te prácticas regulatorias e instituciones (el panóptico) que no requie ren la conciencia subjetiva de las personas individuales.El sentido de nuestro argum ento
es
que T herborn exagera la im p ortan cia a la ideología, y d em anera
especialm ente notable en su visión de la ideología • corno constructora de subjetividades. Prop o n em o s, en
cam bio, un abordaje10 Kart M a rx , “ T h e eighcecnth Brumairc o f Louis Bonaparte", en: Surveys fro m Etiie,
Harm ondsw orth, 19 74 (irad. esp.: El d iecioch o B ru m a rh d e Luis Bonaparte, en: Kart M a rx y Friedrich Engels, Obras escogidas en tres tomos, Moscú. Progreso, ! 9 S ! , romo l, p p . 404 -498].
m ucho m ás in determ inado : la id eolo gía tiene efectos causalm entc im portantes sólo sobre algunos fenóm enos sociales en determ inadas ocasiones. Por ejem plo, com o intentam os dem ostrar en
La tesis d e la ideología d om in a n te
, la ideología no suele operar para incorporar a las clases subordinadas. De m anera análoga, la id eolo gía puede o no tener un p apdfen la form ación y el m antenim iento de cu alq u ier práctica económ ica. O - p a r a adoptar una posición propuesta por T herborn—, ¿por q u e tendríam os q u e suponer que el papel de la ideología es form ar subjetividades? ¿Por q u e, del m ism o modo, no podríam os suponer que la ideología form a las subjetividades sólo de m anera contingente y q u e estas pueden ser creadas de otras formas con el m ism o grado de eficacia?C reem os q u e T herborn no es lo suficientem ente in d eterm inad o , y, es más, parece haber reun ido formas m u y diferentes de determ inism o, tanto m arxistas com o sociológicas. Por supuesto, no es nuestra intención decir q u e la in deter m inación no tiene lím ites —un a posición de insensato e m p irism o -, y en un com entario de esta extensión no podem os in ten tar ocuparnos de la cuestión de lo que son los lím ites, au n q u e hem os d elineado una posible solución para Gran B retaña en