De acuerdo con M. Stanford, la tarea de trasladar la propia com- prensión de los acontecimientos a una determinada forma literaria, es tan importante como el propio conocimiento histórico. Mientras que éste se sitúa entre la historia-como-acontecimiento y la historia-como-relato, aquella se emplaza entre la construcción mental del historiador y la del oyente.30Por eso, la significativa presencia de la narración en la literatu-
ra bíblica no puede ser considerada sólo como una cuestión instrumental. Si en la Sagrada Escritura –como decíamos más arriba– se ha querido de- cir los hechos de Dios en la historia de Israel, sostenemos que la narra-
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27. Cf. V. P. LONG, “History and Fiction. What Is History?”, The Art of Biblical Narrative, New York, 1981, 69-70. Al respecto, cita a D. CARR, “Narrative and the Real World: An Argument of Continuity”, HTh25 (1986) 117: “Narrative is not merely a possibly successful way of describing events; its structure inheres in the events themselves.”
28. Ibídem71. Y concluye: “The historiographicalimpulse implies constraint by the subject, the theologicalimplies point of view, and the literaryimplies aesthetic choices.”
29. Seguimos y ampliamos la clasificación propuesta por P. GILBERT, Les livres de Samuel et des Rois, 8-14.
30. Cf. M. STANFORD, The Nature of Historical Knowledge, Oxford, 1986, 71-74; citado por V. P. LONG, “History and Fiction”, 69.
popular, recogiendo alguno de sus motivos, pidiéndole a veces en présta- mo una acción de complicación. Y podrá también, tener algo de mito, en la medida en que, por su cualidad etiológica, coincide con una de las fun- ciones fundamentales del aquel. A ello habrá que añadir, según el estilo del relato o el talento del narrador, algunos rasgos de epopeya o de himno.33
En este sentido, las figuras de Samuel, de Saúl y de Elías se presen- tan a veces como héroes legendarios; sin embargo, no por ello hay que sa- car la conclusión de que es puramente imaginario. Dos ejemplos ayudan a ilustrar estas afirmaciones: la batalla de Yabés, ciudad a la que acudió a socorrer Saúl con los hombres de su ciudad (cf. I Sam. 11,1-11), y el com- bate entre Goliat y David (cf. I Sam. 17,1-58).34Ambos tienen muchos rasgos legendarios notables, pero esto no quiere decir que no reflejen na- da de la situación de inestabilidad y conflicto entre las pequeñas ciuda- des-estado en la Palestina central.
En la Biblia, las leyendas se presentan unas veces en un ciclo y otras en ciertos conjuntos en los que se mezclan textos legislativos, textos poé- ticos y, naturalmente, relatos con pretensión histórica. Vinculados a los nombres de los héroes, de ciertos lugares (Siló, Betel, Gabaón), o inclu- so, de algún objeto como el arca de YHWH, estos conjuntos presentan una elaboración de los relatos de forma que se pueda seguir cierto desa- rrollo en el tiempo. La vinculación de acontecimientos señala, de suyo, una voluntad histórica; la constitución de ciclos, ya es un camino hacia la narración histórica.35
3.3. La novela
Se puede definir sumariamente la novela como una leyenda prolon- gada por algunas acciones de suspenso o de complicación, en la que se di- rige la atención a las características psicológicas y espirituales de los perso- najes. Tiene que ver con un arte que, de alguna manera, consuma el relato
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33. W. H. SCHMIDT, Introducción, 90: “Sea cual fuere el origen de la leyenda, han intervenido en su formación experiencias históricas, en especial teológicas, de los tiempos que crearon la le- yenda para la interpretación de su situación concreta. En ella convergen y se condensa experien- cias de generaciones enteras (G. v. Rad).”
34. En II Sam. 21,19 un Goliat de Gat se enfrenta con Eljanán, perteneciente al grupo de Da- vid, el betlemita; este Eljanán, según I Cró. 20,5 mata “al betlemita, hermano de Goliat el de Gat”. 35. V. P. LONG, “History and Fiction”, 65-66: “A distinction can and should be made between narratives that are essentially representational (historiographical) and those that are not. (…) His- tory and fiction can still be distinguished on the basis of their overall purpose”.
de sorpresa y la multiplicidad de pruebas por las que atraviesa el héroe principal. Su fin es, fundamentalmente, instructivo.
3.2. La leyenda
H. Gunkel definía la leyenda como la historia de los pueblos sin es- critura. A partir de allí se consideró que leyenda e historia, de ordinario, eran imposibles de conciliar. Y así, la expresión “leyenda” quedó ligada a la ficción y contrapuesta a lo histórico.
¿Quién califica de “leyenda” a un relato? Ciertamente no aquel que es el primero en contarla y que la cree verídica, sino el que lo escucha y que, por su cultura y su carácter extraño, dice que se trata de una leyen- da. Ya el empleo mismo de la palabra “leyenda” implica una falta de acuerdo sobre la calidad de su contenido y sobre su valor histórico.
W. H. Schmidt considera que las notas formales descubiertas por A. Olrik31en leyendas procedentes del área europea coinciden en buena me-
dida con los relatos veterotestamentarios. Así destaca ciertos rasgos co- munes, especialmente en el Pentateuco: a) El elemento histórico o políti- co aparece como algo privado y personal. La leyenda condensa lo gene- ral en lo individual; b) Sólo aparecen dos o tres personas simultáneamen- te. La acción total no consta de relaciones múltiples; discurre en una sim- ple sucesión lineal hacia su objetivo; c) La leyenda tipifica y los persona- jes secundarios muchas veces son anónimos; d) La figura y el carácter de una persona aparece apenas esbozada o, directamente, no aparece. Los rasgos y los pensamientos se plasman más bien en la acción; e) Para la marcha de la acción los temas decisivos se reúnen en el discurso verbal, en especial, la palabra de YHWH. A ella se le atribuye una importancia capital; f) Suele ofrecer un comienzo y un final transparentes.32
Con frecuencia, la leyenda desempeña una función etiológica: da ra- zón de la existencia de un lugar, un monumento o una costumbre. En es- te sentido, es fundadora y se encuentra vinculada a una realidad muy con- creta: histórica, geográfica o cultural. Por eso tendrá necesariamente algo de historia, por muy tenue que sea el vínculo con ella: a veces un simple nombre de lugar o de persona. Pero podrá tener también algo de relato
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31. Cf. A. OLRIK, “Epische Gesetze der Volksdichtung”, Zeitschrift für Deutsches Altertum und Deutsche Literatur51 (1909) 1-12.
El héroe es tal por su obediencia, su fidelidad y su conformidad con la voluntad de YHWH, y su éxito está más ligado a esa voluntad que a un logro personal. Podrá, incluso, fracasar a los ojos de los seres humanos –por ejemplo, muriendo en combate–, pero a los ojos de Dios habrá ser- vido a un designio querido por Él. Así hay de entender, en cierto modo, la muerte trágica de Saúl y de Jonatán, y la elegía que les dedicará David (I Sam. 31 y II Sam. 1).
Este tipo de narración es el que conduce con más claridad a la inte- ligencia de un dato fundamental en la Sagrada Escritura: La historia hu- mana no funciona como un juego independiente y aleatorio de causas te- rrenas que sólo en ellas encuentran su propia explicación. Ella es guiada misteriosamente por el Dios de Israel. Por consiguiente, en la revelación bíblica, toda comprensión del pasado y de la historia comportará siempre una teología.
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y lo aparta de sus formas orales originales, para orientarlo a lo que será más tarde un verdadero género. Un ejemplo destacado es el libro de Rut.
También la “historia de José” es un buen ejemplo de esta forma na- rrativa. Ella resulta menos arcaica que las leyendas de los patriarcas, cons- tituye una unidad, su construcción es diáfana y posee una sola línea na- rrativa, que se extiende desde el capítulo 37 al 50 del libro del Génesis.36 3.4. La leyenda real
Aunque contenga algunos rasgos de la leyenda tradicional, este gé- nero está muy elaborado y revela con claridad sus intenciones. La leyen- da real aspira a subrayar las cualidades del nuevo rey, bien sea por la cons- trucción del relato, bien por la exaltación de algunos rasgos de su carác- ter: valentía, fuerza, habilidad, sabiduría. Ello se realiza a través de unos actos y de unas situaciones concretas, para demostrar que es digno de rei- nar en Israel y Judá. Evidentemente Saúl, David y Salomón tendrán cada uno su leyenda real.37
3.5. La narración sagrada
Por narración sagrada hay que entender un relato que por su forma y por algunos de sus elementos, puede seguir emparentada con la leyen- da, pero al que su carácter y su intención religiosa le dan un significado distinto y determinante. Sean cuales fueren las cualidades del héroe o de los héroes principales, YHWH es de hecho el verdadero “héroe”, el que lleva la acción y obtendrá “el beneficio”, mientras que los héroes huma- nos, por muy grandes que sean, no hacen más que estar a su servicio.
En la Biblia los relatos tienden a convertirse en narraciones sagradas, bien por su integración en unos ciclos o conjuntos de ciclos con una in- tención predominantemente sacra (cf. los ciclos de Elías y de Eliseo); bien por su referencia a un lugar o a un objeto (cf. el ciclo del Arca en I Sam. 4-6); bien por la introducción de YHWH en el cuerpo de la narración, ex- plicitando su intencionalidad teológica.
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36. Probablemente haya que prescindir de Gén. 38; 48-49.
37. Hay que exceptuar de esta categoría al relato conocido como “la historia de la sucesión de David” (cf. II Sam. 9-I Re. 2), el cual representa un género no demasiado presente en la Biblia: la historia (profana) cortesana.
NÉSTOR TOMÁS AUZA
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