Chapter 4 Results: Structural Attributes of the Flow
4.1.1 Instantaneous flow structures
En los primeros 3 a 5 años de vida no solo se desarrolla el control físico-motriz, sino también la habilidad para esperar, para expresar verbalmente una necesidad, o para buscar soluciones a problemas. Estas habilidades son fortalecidas por me- dio de la estimulación temprana (Tremblay, Gervais y Petitclerc, 2008) y son impor- tantes para reducir los niveles de propensión criminógena. En educación para la primera infancia están los denominados programas “modelo” y los más masivos o universales. Dos ejemplos paradigmáticos de intervenciones de estimulación temprana modelo (costosos pero de alta calidad) son los programas Perry y Abe- cedarian, ambos en Estados Unidos.
El Programa Perry atendió a niños de 3 y 4 años de comunidades vulnerables, y que al momento de inscribirse tenían un coeficiente intelectual (CI) por debajo del correspondiente a su edad. La intervención hacía que estos niños recibieran 2,5 horas por día de educación pre-escolar durante dos años en un centro educa- tivo especialmente preparado para impartir la currícula propuesta. Entrenaba a los niños en habilidades sociales siguiendo un método de planear-hacer-rever, y también haciéndolos trabajar en grupo, de manera que ejercitaban cómo resolver situaciones problemáticas en conjunto pero guiados por los docentes a cargo. A pesar de que el Programa Perry no mejoró las capacidades cognitivas (medidas por el CI) de manera permanente, sí logró grandes cambios en las habilidades no cognitivas, que son las que según Heckman, Pinto y Savelyev (2013) explican los buenos resultados de largo plazo que esta intervención tuvo en términos de mayor logro educativo, mayores ingresos laborales y menor tasa de criminalidad (Gráfico 3.a). Además, el análisis costo-beneficio del Programa Perry arrojó un resultado muy positivo: 13 dólares de rentabilidad por cada dólar invertido (Schweinhart, 2005). La mayoría de estos beneficios se debieron a la reducción en la tasa de criminalidad de sus beneficiarios (ver panel derecho del Gráfico 2.3).
Por su lado, el programa Abecedarian fue bastante más intensivo en varios senti- dos. Empezaba más temprano (a las seis semanas de edad), duraba más tiempo (hasta tercer grado de la primaria), y el componente pre-escolar tomaba todo el día en lugar de unas pocas horas. La currícula se basó en una serie de juegos edu-
Programas “modelo” de educación temprana han mostrado tener grandes retornos en términos de reducción de criminalidad más tarde en la vida.
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cativos que hacían foco en el lenguaje, las habilidades emocionales y el desarrollo cognitivo. Además, Abecedarian incluyó un componente de atención médica y la provisión de un suplemento nutricional.
Contrario al caso de Perry, Abecedarian sí incrementó las capacidades cognitivas de manera perdurable, pero fue menos exitoso en modificar las socioemocionales para el caso de los varones. Este programa logró resultados positivos en varias dimensiones, como educación, ingresos laborales, salud, entre otros. En el caso de crimen, logró reducciones en distintas variables relacionadas al delito para las mujeres pero no fue tan efectivo en el caso de los varones.
Por otro lado, “Head Start” también en Estados Unidos, es un ejemplo de progra- ma de educación en primera infancia más universal. Sus resultados de largo plazo son también positivos en muchas dimensiones aunque más moderados que los de Perry o Abecedarian. Los efectos de largo plazo sobre la tasa de criminalidad de los participantes son mixtos, y van desde ser nulos (Deming, 2009) a ser negativos (reduciéndola), como muestran Garcés, Thomas y Currie (2002). Otro programa similar, pero que además requiere la participación activa de los padres, el Chicago Child Parent Center (CPC), parece tener mejores resultados y también reducir las tasas de delito entre los jóvenes que de niños se beneficiaron de esta intervención (Heckman y Kautz, 2014).
En América Latina, los programas de educación en primera infancia son más recien- tes y han sido evaluados con menor frecuencia. Una excepción es Hogares Comuni- tarios de Bienestar (HCB) en Colombia. Si bien es demasiado pronto para entender
gráfico 2.3 Impactos y costo-beneficio del Programa Perry
Porcentaje Dólares (constantes, año base: 2000),
tasa de descuento 3% Logro educativo básico
a los 14 años de edad Terminó la escuela secundaria Gana más de 20mil USD a los 40 años de edad Más de 5 arrestos a los 40 años de edad
0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 0 50.000 100.000 150.000 200.000 250.000
Beneficios Costos Medidas sobre el grupo de control
y de tratamiento del Programa Perry Costos y beneficios por beneficiariodel Programa Perry
Ahorros por menos crimen Ahorros en asistencia social
Mayor recaudación en impuestos a los ingresos Ahorros en gastos en educación
Costos Control Tratamiento 36% 55% 40% 60% 15% 60% 77% 49% Total beneficios: USD 195.622 Costos: USD 15.166 fuente: Schweinhart (2005).
En América Latina, los programas de educación en primera infancia son más recientes y se conoce menos sobre su efectividad para reducir la criminalidad.
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sus efectos sobre el crimen, Attanasio, Di Maro y Vera Hernández (2013) muestran que ha logrado resultados positivos en términos de, por ejemplo, la altura de los ni- ños. Por su parte, Bernal (2012) encuentra que la capacitación para las proveedoras de cuidados (mayormente “madres cuidadoras”) en el contexto de HCB dio también resultados positivos, esta vez en términos del desarrollo cognitivo de los niños.
foco sobrE Los PAdrEs: tutorÍAs En EL HogAr
y EntrEnAmiEnto En EstiLos dE criAnzA
Los niños que se crían con padres o cuidadores que no son capaces de ofrecer condiciones mínimas de contención y estabilidad sufren carencias en su desarro- llo socioemocional, lo cual puede llevar a actitudes antisociales y potencialmente criminales (Doyle, 2008)15. Las intervenciones o programas que se enfocan en los padres o cuidadores apuntan a mejorar esas condiciones en el hogar, fortalecien- do los estilos de crianza y alertando a embarazadas o padres primerizos sobre cuestiones clave a atender en los primeros años de vida del niño16.
Los problemas relacionados con estilos de crianza aparecen más frecuentemente entre familias de ambientes más marginales, no solo por la escasez de recursos materiales necesarios para la crianza, sino también por los entornos más hosti- les en los que viven y también por la mayor frecuencia de maternidad/paternidad adolescente. Por ejemplo, Paxson y Schady (2007), en un estudio para Ecuador, muestran que la calidad de los modos de crianza (cuán atentos están los padres a sus hijos, si son capaces de proveer la contención/respuestas apropiadas a sus necesidades, y cuán “duros” son en la crianza), explican en parte la correlación entre estatus socioeconómico y desarrollo cognitivo de los niños.
La idea que sostiene a estos programas como preventivos de la criminalidad es que las buenas relaciones padres-hijo, más el conocimiento sobre necesidades específicas del desarrollo temprano, facilitan la incorporación de prácticas de au- tocontrol en los niños, que a su vez regulan el comportamiento impulsivo, agresivo y confrontador (Piquero et al., 2008), es decir, que limitan la formación de la pro- pensión criminógena en el largo plazo.
Los contenidos provistos en estos programas incluyen conocimientos sobre nece- sidades básicas de nutrición y salud en los primeros años de vida, y la promoción del uso de la comunicación asertiva en lugar del maltrato físico o verbal como he- rramientas para impartir disciplina. La focalización es generalmente sobre familias de alto riesgo debido a vulnerabilidad social, padres adolescentes o historial de violencia familiar.
Estas intervenciones pueden clasificarse en dos grandes grupos: tutorías instru- mentadas por medio de visitas a los hogares por parte de profesionales (como
15. Un ambiente hostil en el hogar puede afectar incluso a niños que todavía no nacieron, tal como lo encuentra Aizer (2011) en su trabajo sobre embarazadas objeto de violencia doméstica, quienes dan a luz niños con menor peso (notable predictor del desarrollo cognitivo y socioemocional posterior).
16. También existen intervenciones pensadas para asistir a los padres que se ven enfrentados a una contingencia negativa, como en el caso de separaciones, desastres naturales que afectan la residencia, entre otros.
Los programas enfocados en los padres o cuidadores intentan fortalecer los estilos de crianza y alertar sobre cuestiones nutricionales o de estimulación que son claves en los primeros años de vida del niño.
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enfermeras o trabajadores sociales) y entrenamientos grupales para padres pro- vistos en centros vecinales, escuelas o centros de salud (incluyendo o no visitas a los hogares). En América Latina, el programa “Nadie es Perfecto” (componente de “Chile Crece Contigo”) pertenece al segundo grupo, y es un ejemplo reciente de entrenamiento para padres que se encuentra en proceso de evaluación de impac- to (Recuadro 2.6). Una diferencia importante entre ambos tipos de intervenciones son los costos por familia atendida, considerablemente más altos en el caso de las tutorías con visitas en el hogar y limitantes de la posibilidad de escalarlas a un gran número de familias (Galasso et al., 2012)17.
Miller, Maguire y Macdonald (2012) revisan los resultados de programas multipro- pósito (mejora integral de prácticas de crianza) instrumentados con visitas en el hogar. Ellos encuentran resultados positivos en el desarrollo socioemocional de los niños en el corto plazo e impactos nulos sobre sus habilidades cognitivas.
17. Estimativamente, un programa de entrenamiento a grupos de padres como “Nadie es Perfecto” (Chile) cuesta alrededor de un décimo de lo que cuesta un programa de tutorías con visitas en los hogares. Además, si bien sus efectos esperados sobre algunas variables objetivo (que miden el desarrollo infantil) también son más pequeños, su costo- efectividad sería entre 2,5 y 5 veces mayor al de las visitas (Carneiro et al., 2013). Además, una versión intensiva de “Nadie es Perfecto”, en la que se prevén sesiones interactivas con los propios niños, mejoraría el tamaño de los efectos más de lo que aumentaría los costos, llegando a un costo-efectividad entre 4 y 9 veces mayor que el de un programa tradicional de visitas en hogares (Carneiro et al., 2013).
recuadro 2.6 Entrenamiento para padres en situación de vulnerabilidad en Chile en el programa
“Nadie es Perfecto”
Nadie es Perfecto (NEP) es un programa de entrenamiento grupal de padres de bajo nivel socioeco- nómico, que forma parte del programa nacional de formación de la primera infancia Chile Crece Con- tigo (CCC). Está estructurado en forma de talleres en los que se fomentan las habilidades de crianza de padres, madres y cuidadoras(es) de niños y niñas de 0 a 5 años. En seis a ocho sesiones se tratan los temas básicos: (i) atención y cuidado del niño, (ii) uso de estrategias disciplinarias no físicas, (iii) importancia de monitorear la seguridad del niño, (iv) nutrición infantil, (v) estrategias de auto-cuida- do como padres, y (vi) estrategias de creación de ambientes de aprendizaje. Cada tema incluye: a) objetivos claros y mensajes clave, b) dinámicas grupales, c) materiales de apoyo para facilitadores y libros para los papás, y d) conjunto de tareas para desarrollar en la casa. Los talleres son manejados por profesionales (facilitadores) entrenados y se sigue la metodología del programa canadiense “No- body’s Perfect”. Las sesiones son semanales, de aproximadamente dos horas, y tienen lugar en el centro de salud al que regularmente asisten los beneficiarios del programa CCC. Se proveen servicios de guardería en paralelo para facilitar la asistencia de los 8 a 12 padres que forman cada grupo. El NEP se encuentra funcionando desde 2010, cuando comenzó a expandirse gradualmente en dis- tintas zonas del país. Actualmente está en proceso de evaluación experimental de impacto, en la fase de seguimiento. La evaluación explorará los beneficios de incorporar sesiones de interacción con los niños a los talleres de padres, lo cual parece una estrategia costo-efectiva y fácilmente escalable.
fuente: Carneiro et al. (2013) y Galasso et al. (2012).
Los programas de tutorías con padres en riesgo social suelen implementarse como visitas a los hogares o reuniones en centros educativos o de salud. Los primeros son más caros y difíciles de escalar.
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Piquero et al. (2008)18 revisan los resultados de programas para padres con ni- ños de hasta cinco años, que, siendo implementados en distintos entornos físicos (hogar, escuela, etc.), tienen todos en común el foco en prevenir la violencia y la delincuencia en sus hijos. Concluyen que se trata de programas con resultados muy positivos, ya que logran una reducción notable de problemas de conducta en los niños de los padres tratados19.
foco sobrE Los niños y Los PAdrEs:
intErVEncionEs intEgrALEs
Varias intervenciones que se enfocan tanto en niños como en padres muestran resultados alentadores en el corto, mediano y largo plazos. Estos programas in- cluyen distintos componentes que hacen al desarrollo integral, físico y socioemo- cional, de los niños y de su entorno familiar. Un ejemplo paradigmático es el Nurse Family Partnership (NFP), que asiste a embarazadas de bajos recursos desde el período prenatal y durante los dos primeros años de vida del niño. Las evaluacio- nes muestran cuán rentable es apoyar al niño en conjunto con sus padres desde lo más temprano que sea posible: NFP logró reducir comportamientos riesgosos en las madres y en sus hijos (medidos cuando ya son adolescentes) y mejoró las ca- pacidades cognitivas y no cognitivas de los niños (menos problemas de conducta, ansiedad, depresión) y su participación en actividades delictivas en la adolescen- cia y la transición a la adultez (Olds et al., 1998; Heckman y Kautz, 2014).
Si bien la evidencia sobre el impacto de este tipo de intervenciones en América Latina es bastante más escasa que en países desarrollados, estudios en Chile (Aracena et al., 2009) y Jamaica (Walker et al., 2011) dan cuenta de prometedores resultados.
Para el caso de Chile, Aracena et al. (2009) evalúan un programa de visitas por parte de agentes especialmente entrenados en temas de educación para la salud a ho- gares de madres adolescentes. Las visitas comenzaban en el tercer trimestre de embarazo de madres de 14 a 19 años de edad, y continuaban hasta que los niños cumplieran un año. Los resultados del estudio indican mejoras en la salud mental y nutricional de las madres y también en el desarrollo lingüístico de los niños. Sin em- bargo es todavía temprano para evaluar impactos sobre variables relacionadas con el comportamiento criminógeno, que se materializan en el más largo plazo.
El estudio sobre Jamaica calcula los impactos de un programa enfocado tanto en niños como en padres, que proveyó suplementación alimentaria y/o estimulación psicosocial temprana durante dos años. Se midieron sus efectos no solo sobre las competencias psicofísicas de los beneficiarios sino también sobre sus conductas violentas en la adultez. El módulo de estimulación consistía en una visita semanal
18. La revisión sistemática de Piquero et al. (2008) pertenece a la serie de The Campbell Collaboration y analiza resultados de 55 evaluaciones de impacto con asignación aleatoria, casi todas en países desarrollados. 19. Una revisión sistemática anterior a Piquero et al. (2008) sobre intervenciones con familia/padres pero no necesariamente en etapa temprana (Welsh y Farrington, 2003) hecha sobre 19 estudios con asignación aleatoria, también encontró un tamaño promedio de efectos relativamente grande, con una tasa de reincidencia 16 puntos porcentuales menor en el grupo tratado (34%) que en el de control (50%).
Varias intervenciones pensadas para niños en conjunto con sus padres (con componentes que hacen al desarrollo físico y socioemocional de los niños y del entorno familiar) muestran resultados alentadores en el corto, mediano y largo plazos.
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al hogar de una trabajadora social que enseñaba a la madre técnicas de estimula- ción temprana a través del juego, así como recursos para mejorar el vínculo ma- dre-hijo y reforzar la autoestima de ambos. Si bien los efectos positivos del módulo alimentario sobre el crecimiento se desvanecieron con el pasar de los años, se siguió observando, como consecuencia del módulo de estimulación, una mejora en el funcionamiento psicosocial cuando los niños se convirtieron en adultos: se observaron una menor frecuencia de participación en peleas o comportamientos violentos serios y menores niveles de depresión e inhibición social.