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Chapter 3 Results: Turbulence Statistics

3.1 Streamwise–wall-normal plane measurements

3.1.3 Quadrant analysis

Los niños de hasta cinco años no cometen crímenes. Pero en esta etapa de la vida, que también abarca el período prenatal, comienza a formarse la propensión criminógena, por lo que es una ventana de oportunidad importante para realizar inversiones que la reduzcan. Además, y si bien a esa edad no es posible que una mayor exposición criminógena haga que los niños cometan crímenes, sí es pro- bable que esta afecte sus niveles de estrés y su desarrollo socioemocional. De esta manera, las intervenciones que intentan morigerar la exposición criminógena en esta etapa serán preventivas del crimen en la medida en que logren reducir su influencia en la formación de la propensión criminógena.

Los primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo cognitivo y no cogniti- vo, debido tanto a cuestiones biológicas como de entorno. Entre las principales cues- tiones biológicas prenatales están el bajo peso al nacer (y/o deficiente nutrición de la embarazada), el nacimiento prematuro, la exposición a sustancias tóxicas (nicotina u otras drogas) durante la gestación y los condicionantes genéticos. Todos estos factores pueden afectar la estructura y el funcionamiento del cerebro y condicionar el desem- peño cognitivo y psicosocial de las personas, básicamente por su influencia en las habilidades para el autocontrol y el manejo del estrés, determinantes de la propensión criminógena. Por otro lado, las deficiencias en la alimentación en los niños pequeños están relacionadas no solo con deficiencias cognitivas, sino también con problemas de comportamiento, como una mayor propensión a la agresión (Tremblay, Gervais y Petit- clerc, 2008). El Recuadro 2.4 discute la importancia de la nutrición durante los primeros 1000 días de vida (desde la concepción) en cuanto a sus efectos sobre el desarrollo cerebral y la consecuente determinación de capacidades cognitivas y no cognitivas.

intervención dada puede haber dado buenos resultados en un contexto y nulos o malos en otros. Es decir, las revisiones sistemáticas son una forma de construir parcialmente “validez externa” para las intervenciones de política analizadas. Además, las revisiones sistemáticas suelen incluir estimaciones de costo-efectividad, lo cual resulta de gran utilidad para elegir entre intervenciones alternativas. Sin embargo, copiar los programas que las revisiones sistemáticas promueven como medidas eficaces o costo-efectivas no siempre terminará en los resultados deseados, ya que la calidad con la que se instrumente la intervención estará condicionada por rasgos idiosincráticos del con- texto específico. Esto es especialmente importante para el caso de países menos desarrollados copiando modelos de políticas implementadas en países desarrollados.

fuente: elaboración propia.

En los últimos años ha aumentado la evidencia sobre la efectividad de programas de prevención del crimen.

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Además, aún para niños con condiciones biológicas óptimas, las características del entorno social en la primera infancia pueden influir en su propensión criminóge- na. En los primeros años de vida se forman los lazos entre los padres y los niños, quienes además comienzan a entender su individualidad y a ejercerla. Comienzan a hablar, a explorar el mundo que los rodea, a reafirmarse y a extender sus vínculos emocionales con personas ajenas a la familia. Un entorno violento durante este proceso puede tener efectos devastadores sobre los niños, tanto directamente como a través de sus padres, ya que el estrés asociado a estas situaciones afecta su capacidad de responder a las necesidades de la crianza de los hijos13. También la falta de estimulación temprana adecuada, o ciertos modos de crianza hostil —como la negación madre-hijo y otras formas de paternidad y maternidad disfun- cional— son factores que aumentan la propensión criminógena14.

Investigaciones recientes del campo de la criminología biosocial enumeran facto- res de entorno que activan mecanismos —neurofisiológicos, genéticos, epigené-

13. La idea de un entorno violento durante la niñez generalmente evoca la existencia de conflictos en el seno familiar, pero también puede referirse a la comunidad o el barrio donde reside el niño. Vivir los primeros años de vida en un barrio violento puede condicionar el tipo de crianza que los padres dan a sus hijos. Los padres pueden, por ejemplo, prohibirles actividades que ayudan a un desarrollo infantil pleno y que, de vivir en una zona segura, serían naturales para un niño, como salir a jugar en la calle, compartir tiempo en casa de amigos, entre otras.

14. Además, un pobre desarrollo temprano se asocia con una baja calidad de paternidad o con malos estilos de crianza futuros, sobre todo en el caso de padres adolescentes. Este mecanismo potencia los vínculos intergeneracionales de la propensión criminógena.

recuadro 2.4 Nutrición y desarrollo cerebral en los primeros 1.000 días

El correcto desarrollo del cerebro depende mucho de la disponibilidad adecuada de nutrientes como hierro, ciertas proteínas, fuentes de energía como la glucosa, algunos tipos de grasas, hierro, zinc, cobre y ácido fólico. La falta de alguno o algunos de estos nutrientes puede causar alteraciones permanentes en el funcionamiento cerebral, tanto por cambios en la estructura cerebral como por cambios genómicos (p.e., epigenéticos).

Las distintas regiones del cerebro trabajan de manera interconectada pero se desarrollan siguien- do trayectorias diferentes. Cuando una región se está desarrollando de manera más acelerada es cuando más necesita de nutrientes específicos. Por lo tanto, la falta de un nutriente dado a cierta edad crítica puede provocar daños más severos que la falta del mismo nutriente en otra edad, y esto afectará luego el funcionamiento integral del cerebro.

La mayor parte del desarrollo cerebral ocurre en los primeros 1.000 días desde la concepción, y es entonces cuando la escasez de nutrientes puede tener efectos sobre el futuro. Una alimentación adecuada, tanto para la embarazada como para el recién nacido y los niños pequeños, es indis- pensable para asegurar un funcionamiento saludable del cerebro en el largo plazo. Pero no basta con esto. El adecuado procesamiento de los nutrientes disponibles depende de la capacidad metabólica del receptor, la cual puede ser baja debido a enfermedades o a estrés (Recuadro 2.5), comprometiendo igualmente el crecimiento cerebral.

fuente: Wachs et al. (2014).

La falta de nutrición y estimulación temprana adecuadas, o ciertos modos de crianza hostil, son factores que aumentarían la propensión criminógena.

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Por qué algunas personas delinquen y otras no

ticos y psicológicos— como mediadores para afectar la propensión criminógena durante los primeros años de vida. Por ejemplo, Scott (2008) muestra los efectos neurofisiológicos del maltrato infantil sobre la actividad de los neurotransmisores y de los mecanismos de respuesta a situaciones de estrés, que determinan la capacidad de autorregulación y de decidir de modo no impulsivo hacia futuro. Respecto a la relación entre genética y propensión criminógena, la revisión de DeLisi y Piquero (2011) documenta no solo la influencia de ciertos genes en la conformación de habilidades de autocontrol y de abstinencia sino también la de factores ambientales durante la gestación y los primeros años de vida que “epi- genéticamente” pueden afectar el accionar de genes protectores o estimulantes de dicha propensión. Por último, existen también canales exclusivamente psicoló- gicos a partir de los cuales los condicionantes de entorno (p.e., depresión de una madre, según Walker et al., 2007) activan problemas de conducta en un niño, que alimentan su predisposición a involucrarse en actividades criminales más tarde en la vida. El Recuadro 2.5 resume los mecanismos a través de los cuales el exceso de estrés en edades tempranas limita las capacidades para manejar el estrés du- rante episodios que se presentan más tarde en la vida.

A menor nivel socioeconómico hay un mayor número de todos estos factores de riesgo, ya sean biológicos, genéticos o psicológicos, que limitan la formación de habilidades socioemocionales en la primera infancia, incidiendo así sobre la pro- pensión criminógena. Por ejemplo, Walker et al. (2007), para un estudio hecho en Guatemala, encuentran que los factores de riesgo (biológicos, psicológicos o de

recuadro 2.5 Estrés tóxico en la primera etapa de vida

Ante situaciones amenazantes, el cerebro activa mecanismos automáticos, neuroendocrinológi- cos, metabólicos y del sistema inmunológico que promueven la adaptación a la nueva circunstan- cia para asegurar la supervivencia. Esta respuesta es conocida como ‘carga alostática’ y provoca cambios en la arquitectura cerebral. Una exposición prolongada a situaciones estresantes con- vierte a la carga alostática en “tóxica”, impidiendo que los mecanismos cognitivos y de regulación emocional, que se activan ante nuevas situaciones amenazantes, actúen de manera balanceada y coordinada, volviéndose inefectivos.

En especial, la exposición prolongada a situaciones de estrés en los primeros años de vida, inclu- yendo la gestación, predispone al cerebro a la sobrecarga alostática, e implica una mayor vulnera- bilidad ante el estrés en la adolescencia y la adultez. La exposición de un niño (o de su madre du- rante el embarazo) a eventos de violencia familiar o comunitaria, disolución familiar, inestabilidad o privaciones económicas, mudanzas repetidas o abuso verbal o físico puede implicar sobrecargas de estrés que disparan más tarde sobre-reacciones ante circunstancias percibidas como conflic- tivas o amenazantes. Por ejemplo, se incrementa la frecuencia de estados emocionales negativos como la ansiedad o la ira y se exagera la percepción de amenaza aun frente a situaciones que no son realmente amenazantes. Estos efectos limitan las capacidades para encontrar soluciones pacíficas a situaciones conflictivas.

fuente: Wachs et al. (2014) y Lipina (2006).

El estrés “tóxico” en edades tempranas limita las capacidades para manejar el estrés durante episodios que se presentan más tarde en la vida, alimentando así la propensión criminógena.

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entorno socioeconómico) en los hogares de los niños de hasta 3 años se refuerzan y potencian sus efectos negativos sobre el nivel de habilidades cognitivas logrado hasta la adolescencia. Esta evidencia sugiere que las falencias en condiciones meramente biológicas se potencian con otras ambientales, sustentando la reco- mendación de implementar intervenciones integrales para maximizar en potencial de desarrollo desde la primera infancia.

Existen muchos programas que, apuntando a la primera infancia, tratan de paliar el lastre de la vulnerabilidad social sobre el desarrollo infantil. Pueden clasificarse en tres grupos: 1) los que se enfocan directamente en los niños; 2) los que apoyan a los padres en sus prácticas de crianza; 3) los que atienden necesidades tanto de los niños como de sus padres.

foco sobrE Los niños: nutrición

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