• No results found

Instruments of Patent Regulation

Economic Models of Optimal Patent Regulation

2.1. Instruments of Patent Regulation

“La Historia de la cultura ofrece abundantes síntomas de una destrucción de la razón práctica”1. Con esta afirmación, Habermas se sitúa

en el centro de la problemática filosófica contemporánea y reafirma de ese modo la originalidad de sus teorías, por otra parte, enfrentadas al extendido “juicio pesimista acerca de las posibilidades de avanzar en la dirección indicada por la Filosofía moderna, adquiriendo incluso la firma de una revuelta contra la herencia del racionalismo moderno”2. En sus reflexiones se revisan una de las consecuencias más importante que la Modernidad ha provocado: el olvido, como consecuencia de un continuo proceso de especialización y desmembración del saber, de la tradicional sabiduría práctica, que quedó orillada en los estrechos e incomprensibles márgenes de un irracionalismo decisionista. En este sentido, su pretensión posterior de ampliar el ámbito de la racionalidad parte, en efecto, de sus análisis histórico-conceptuales de la problemática relación de dos

1 Problemas de legitimación en el capitalismo tardío, p. 211.

categorías claves, que atraviesa la Historia de la Filosofía: la teoría y la praxis; no en vano, la racionalidad comunicativa que, ya en los años ochenta, ocupa definitivamente a Habermas busca fundamentar la praxis en un planteamiento pragmático del lenguaje, advirtiendo las posibilidades de fundamentar racionalmente las cuestiones prácticas, en definitiva, su posibilidad de verdad. Podemos afirmar que la Teoría de la acción

comunicativa dará cumplida respuesta a una divergencia aporética en la

que había incurrido el pensamiento positivista: la imposibilidad de relacionar e imbricar los términos de la teoría con los de la acción del hombre3. La pervivencia de la problemática existente entre el saber y su posible aplicación constituye, como ha advertido A. Giddens, uno de los hilos conductores de su trayectoria intelectual4.

El libro Theorie und Praxis. Sozialphilosophische Studien5, es una

compilación de artículos escritos en los años sesenta. La fecha es significativa. Por esos años se fraguaba la famosa revolución del 68, que centró la discusión pública de la izquierda en torno al problema de la participación y de la praxis revolucionaria. Habermas había elaborado, dentro de los trabajos que le fueron encomendados en el Instituto de Investigaciones Sociales de Frankfurt, un estudio empírico sobre las aptitudes políticas de los estudiantes alemanes. Esta investigación la realiza junto a L. von Friedeburg, C. Oehler, y F. Weltz y se publica más tarde, en 1961, y sin la referencia al Instituto de Investigaciones Sociales

3 Ibidem, p. 107.

4 Cfr. A. GIDDENS, “J. Habermas”, en Q. SKINNER (Comp.), El retorno de la gran

teoría en las ciencias humanas (Madrid, Alianza, 1988), p. 120.

5 Publicada en 1963 en Frankfurt a. M., por la editorial Suhrkamp. En la segunda edición

preparada por Suhrkamp, en 1971, se añadió un prólogo importante en el que Habermas repasa su obra. La edición manejada es Teoría y Praxis. Estudios de Filosofía social, trad. de M. Jiménez Redondo (Madrid, Tecnos, 42000, con una reedición en 2002).

de Frankfurt, bajo el título Student und Politik. Eine soziologische

Untersuchung zum politischen Bewusststein Frankfurter Studenten. El

contenido teórico se debe principalmente a la pluma de Habermas. Son años de marcado activismo político, ya que, como respuesta a la escisión de la rama juvenil del SPD, tras la depuración del marxismo que este último llevó a cabo en el Congreso de Bad Godesberg (1958), Habermas, como el padrino de su habilitación para la docencia universitaria, W. Abendroth, funda la denominada Liga Socialista, un grupo de mayores formado para apoyar al SDS (la organización juvenil del SPD escindida), del que más tarde se separará6.

Esta obra se mantiene, pues, en esa línea de preocupación por la participación política y la necesidad de democratizar las instituciones, que había comenzado con Student und Politik y que siguió en su trabajo de habilitación. Ya antes, sin embargo, en el contexto de su reflexión juvenil sobre el nazismo, le comenzó a interesar la praxis, en el sentido de que se percato de que la justicia y la libertad no son tanto temas de investigación, como valores que tienen que ser realizados7. En cualquier caso, Habermas comenzó siendo una de las referencias intelectuales de los jóvenes estudiantes. Obsérvese los capítulos dedicados a proponer la cogestión de los estudiantes en la enseñanza superior8, asunto que ya había abordado en un escrito anterior9 de 1957. La famosa polémica en la que nuestro autor acuñó la expresión “fascismo de izquierdas”, para referirse a quienes,

6 Cfr. R. WIGGERSHAUS, The Frankfurt School, cit., p. 619. Véase R. C. HOLUB,

Jürgen Habermas: Critic in th public Sphere, cit., p. 78 y ss.

7 Cfr. R. J. BERNSTEIN, “Introducción”, en AA. VV., Habermas y la modernidad, cit.,

p. 15.

8 Ver especialmente, “La transformación de la formación académica” (p. 335-350), y

“Democratización de la enseñanza superior: ¿politización de la ciencia?” (p. 351-359), recogidos en Teoría y Praxis.

durante los agitados años sesenta, reivindicaron la acción directa y violenta (frase de la que, para ser exactos, se arrepintió y más tarde calificó de desafortunada), es consecuencia de la tesis central de este libro, a saber: que no es posible actuar en la práctica sin una teoría previa y sin una toma de conciencia por parte de los ciudadanos, es decir, sin opinión pública política, sin diálogo; en definitiva, sin un proceso ilimitado de ilustración. No en vano, a su juicio es más importante conformar teorías orientadas a la praxis que promover una transformación radical y directa de las estructuras educativas10. Habermas puede ser considerado un demócrata radical, pero no un revolucionario11.

Al mismo tiempo, la teoría y la praxis se convierten, como en su momento se subrayó en referencia a la publicidad, en categorías centrales de su pensamiento político-social. Porque el análisis de la esfera pública contemporánea y la necesidad de reivindicar una nueva forma de entender la Política, el objetivo, en definitiva, de repolitizar los ámbitos sociales, desemboca inexorablemente en un reflexión generalizada sobre la posibilidad de admitir que la Política y la Ética, la praxis, pueden ser ámbitos racionales; pero también se impone la exigencia de proponer una Teoría de la Sociedad que no tenga que renunciar, en razón de su objeto, a la cientificidad por abogar por el cambio, la reforma, la justicia o la emancipación del hombre.

Tres son, en palabras de Habermas, los aspectos importantes que permiten considerar decisiva su preocupación en torno a la relación entre teoría y praxis. En primer lugar, el aspecto epistemológico. La necesidad

10 Teoría y Praxis, p. 41.

11 Cfr. J. ALEXANDER, “Habermas and Critical Theory”, en A. HONNETH y H. JOAS

(eds.), Communicative Action: essays on Jürgen Habermas “The communicative Action”, trad. del alemán por J. Gaine y D. L. Jones (Cambridge, Polity Press, 1991), p. 50.

de llevar a cabo una crítica al planteamiento reduccionista del positivismo y su consiguiente interpretación tecnocrática de la Política, le obligaron a introducirse en la elaboración de una Teoría general de la ciencia y de la razón, que delimitara la praxis, la técnica y la teoría: el siguiente capítulo de esta investigación se dedicará precisamente a reflexionar sobre la teoría de los intereses del conocimiento en el marco de una autorreflexión de la ciencia. En segundo lugar, Habermas subraya el aspecto metodológico. Con ello hace referencia a su inquietud por conformar una Teoría Crítica de la Sociedad que sea al mismo tiempo científica y práctica y que puede delimitarse disciplinariamente frente a teorías de otro origen12. Este convencimiento decidirá su dedicación a “reconstruir el materialismo histórico” con el fin de enderezar el planteamiento de la Filosofía de la Historia y completarlo con una Teoría de la evolución social. Por último, en tercer lugar, el aspecto que denomina empírico, esto es, el problema de la mediación política de la teoría con la praxis, de la Ciencia y de la Política, en la conciencia ciudadana dentro de las Sociedades poscapitalistas y científicas. Estos tres aspectos, que analizaremos en las siguientes páginas, preludian el posterior desarrollo de la Teoría de la acción comunicativa.

I

La relevancia teórico-política de la dicotomía teoría y praxis

Teoría y Praxis es, fundamentalmente, un ensayo de Filosofía

política, aunque en ocasiones Habermas invade el campo de la Sociología, la Filosofía de la Historia e, incluso, la Filosofía de la Ciencia. Esto no constituye un defecto; más bien sirve para ponderar en su justa medida la importancia de las categorías que analizadas. En efecto, la teoría y la praxis pueden ser consideradas categorías políticas, en el sentido de que señalan la posibilidad de un fundamentación teórica de la acción humana; pero, al constituir formas de expresión del ser humano, son también categorías antropológicas y cognoscitivas. De ahí que Habermas trate de subrayar la relevancia teórica y política de las mismas como uno de los primeros puntos de reflexión, esto es, ensayar hasta qué punto la teoría tiene conexión con la práctica en la Epistemología.

La polémica correspondencia de la teoría con su aplicación práctica representa uno de los hilos vertebradores de las preocupaciones de Habermas. A la reivindicación de una Política racional y razonable, su principal objetivo epistemológico, le sigue la configuración de una Teoría de la Sociedad coherente, que no tenga que renunciar a un patrón científico, y que tampoco sucumba en cuanto al método ante los reduccionismos del positivismo ni ante las mistificaciones de planteamientos exclusivamente antropológicos o personalistas13. Por eso

13 Teoría y Praxis, p. 13. Cfr. L. KOLAKOWSKI, Las principales corrientes del

mismo, la teoría y la praxis constituyen para él dos categorías imprescindibles de la Teoría de la Sociedad. Pretende fundar de manera racional una teoría que establezca criterios para la acción, que guíe y oriente la Política14. Para ello habrá de despejar la sinapsis entre reflexión y acción; lo hace, sin embargo, con un fin eminentemente transformador de la realidad socio-política, que ha de tener como finalidad la emancipación del hombre.

Existe, en cualquier caso, un reconocimiento común a la labor de Habermas y a su decisivo papel en la recuperación de una praxis susceptible de verdad. Tras la II Guerra Mundial, la Filosofía reaccionó contra la visión decisionista al tomar conciencia de las barbaries totalitarias15; más tarde, se evidencia en confrontación con un avance

técnico ilimitado y una Ética condenada al sinsentido16; por último, hoy día, la Moral tiene ciertas implicaciones en el campo de las biotecnologías17. El debate, en cualquier caso, se tornaría inacabable sin el establecimiento de un patrón de racionalidad práctica, como el que propondrá Habermas con su Teoría de la razón discursiva.

14 Un intento de realizar una recuperación de los aspectos prácticos de la Teoría política

es W. Hennnis, pero sin incurrir en algunas de las contradicciones de Habermas. Cfr. W. HENNIS, Política y Filosofía práctica (Buenos Aires, Editorial Sur, 1973).

15 Como señala el mismo Habermas, “Después de 1945 ya no es posible conservar la

inocencia de una autocomprensión neutralista”, en Perfiles filosófico-políticos, p. 18.

16 Cfr. H. ARENDT, La condición humana, cit., p. 15. Ver también H. JONAS, El

principio de responsabilidad. Ensayo de una Ética para la civilización tecnológica

(Barcelona, Herder, 1995).

17 Cfr. El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesia liberal?, trad. de R. S.

1. Teoría y Praxis en el contexto general de la Filosofía y del marxismo en los años sesenta

Por lo que se refiere al contexto general de esta colección de estudios, hay que recordar que en los años 70 se publicó en Alemania una obra colectiva que declaraba la intención de recuperar la praxis18, imponiéndose también de manera general una rehabilitación de la Filosofía política19. Esto puso de moda una corriente de Filosofía práctica conocida con el nombre de “neoaristotelismo”, de raigambre germana, y formada, o bien por aquellos pensadores que emprendieron el exilio a los Estados Unidos (H. Arendt, H. Jonas, junto con L. Strauss y E. Voegelin, entre otros), o bien por aquellos que discutieron los modelos aristotélicos, pero incardinados en otras doctrinas filosóficas (H.- G. Gadamer, el propio Habermas)20. Todos ellos proclamaron la necesidad de una vuelta a una Filosofía que reivindicara la Política como parte indiscutible de la reflexión especulativa, aportando criterios de orientación a la práctica habitual, frente a los mecanismos descriptivos de las Ciencias sociales. Habermas puede considerarse un continuador de esta orientación filosófica que incide, sobre todo, en la diferenciación clásica de la técnica y la praxis, ya que sólo apelando a ésta es posible realizar una crítica coherente y oportuna de la tecnocracia contemporánea; la novedad del planteamiento habermasiano consiste en que inicia también un proceso de autocomprensión de la ciencia sobre sí misma, particularmente con su

18Cfr. M. RIEDEL, Rehabilitierung der praktischen Philosophie (Freiburg, Verlag

Rombach, 1974). Cfr. A. de SIMONE, Tradizione e modernitá. Ermeneutica, filosofia

pratica e Teoría politica nel primo Habermas (Urbino, Quattro Venti, 1991), p. 13 y ss.

19 Cfr. D. INNERARITY, Dialéctica de la Modernidad, cit., p. 181.

20 Cfr. F. VOLPI, “Filosofía práctica y neo-aristotelismo”, en Anuario Filosófico,1999

teoría de los intereses cognoscitivos21. Habermas recibe la influencia de ciertos pensadores, como J. Ritter, H. Arendt o W. Hennis –lo que se evidencia ya en la misma bibliografía utilizada-; su postura, a fin de cuentas, puede entenderse como una vuelta, con los matices que impone el progreso de las ciencias, en particular de las sociales, a la concepción clásica de la Política enriquecida con las aportaciones de la Filosofía y la Ciencia social moderna22.

Sin embargo, más en concreto, el interés de Habermas por el problema de las relaciones entre la teoría y la praxis revela su propia formación marxista. La praxis constituye una de las categorías antropológicas centrales del pensamiento de Marx, quien privilegió la acción sobre la contemplación. El marxismo, en su formulación original, pretendió la unificación de la teoría con la praxis, pero no al modo en el que se ha entendido por algunos intérpretes. La praxis no constituye el campo de aplicación de una teoría ajena a ella; en ese caso, caería presa de un planteamiento abstracto. Por el contrario, las tesis del materialismo histórico parten de que la reflexión ha de estar implicada en los procesos materiales23. La praxis es la categoría que posibilita el cambio

revolucionario de la Sociedad.

La línea que condujo a que el joven Jürgen Habermas se introdujera en el pensamiento marxista procede de la primera Escuela de Frankfurt. Horkheimer y Adorno se habían enfrentado a la racionalidad instrumental

21 Cfr. S. BELLARDINELLI, Scienza e Filosofia pratica. Saggio su Jürgen Habermas

(Urbino, La Nottola, Studi Filosofici, 1983), p. 7.

22 Esto lo pone de manifiesto también D. INNERARITY, Praxis e intersubjetividad. La

Teoría Crítica de Jürgen Habermas, cit., p. 28. Y A. de SIMONE, Tradizione e modernitá. Ermeneutica, filosofia pratica e Teoría politica nel primo Habermas, cit., 81.

23 Cfr. A. SCHMIDT, voz “Praxis” en AA.VV, Conceptos fundamentales de filosofía

mediante la recuperación del concepto de praxis. Asumiendo, por otro lado, las posturas del psicoanálisis freudiano, la Teoría Crítica intentó diagnosticar las patologías sociales más hirientes de los sistemas sociales contemporáneos, pero con una finalidad práctica: transformando esos mismos sistemas y liberando al hombre y a la Sociedad de todas sus ataduras24. Este es el aspecto que interesa resaltar para advertir la influencia de los primeros teóricos críticos en el planteamiento habermasiano: la denuncia de que un planteamiento positivista de la Ciencia social es, por principio, incompatible con la reestructuración y la eliminación de las dominaciones porque la cara oculta de esta corriente filosófica es el conformismo25. Resulta aplicable a Habermas esta frase de

Horkheimer, que define su propuesta como “momento de una praxis orientada a formas sociales nuevas […]. Su oficio es la lucha, la cual es parte de su pensamiento, no el pensar como algo independiente que debiera estar separado de ella” 26. Como pone de manifiesto Raúl Gabás, en Habermas y en la tradición de Frankfurt la praxis predomina socio- históricamente, pues para estas corrientes ni el hombre ni la Sociedad poseen naturaleza: son históricos y el hombre se crea y a su vez altera la Sociedad por medio de la transformación de la naturaleza27.

Uno de los apartados centrales de Teoría y Praxis es el estudio bibliográfico del marxismo que Habermas llevó a cabo con enorme éxito a

24 Cfr. J. HABERMAS, “Sobre la dificultad de decir que no”, en Israel o Atenas. Ensayos

sobre religión, teología y racionalidad (Madrid, Trotta, 2001), p. 79-86. Recogido

también en Textos y contextos, trad. de M. Jiménez Redondo (Madrid, Tecnos, 1991).

25 Cfr. A. CORTINA, Crítica y utopía. La Escuela de Frankfurt (Madrid, Editorial

Cincel, 1985), p. 35, donde se refiere la interdisciplinariedad También lo hace C. F. GEYER, Teoría Crítica. Max Horkheimer. Theodor W. Adorno (Barcelona, Alfa, 1985), p. 18.

26 Véase M. HORKHEIMER, Teoría Crítica (Buenos Aires, Amorrortu, 1974), p. 248. 27 Cfr. R. GABÁS, o. c., p. 21-22.

finales de los años cincuenta del siglo pasado. Con posterioridad, en concreto en el prólogo a la edición de 1971, reconocía que no se había logrado todavía una respuesta sistemática a los problemas planteados en el seno del marxismo; tampoco él ha trabajado en ese campo, como confesó que era su pretensión en la edición de 1973. En cualquier caso, Teoría y

Praxis contiene algunos de los estudios de Filosofía política y social más

importantes del siglo XX, no sólo porque busca vincular de nuevo y reflexionar sobre las posibilidades de una praxis racional y dirigida a la emancipación humana, sino sobre todo porque ofrece un desarrollo histórico-conceptual que permite comprender en su profundidad la crisis del ámbito práctico en las Sociedades de mediados y fines del siglo pasado.

2. La relación crítica de la teoría con la praxis en la actualidad

El punto de partida de los estudios reunidos en Teoría y Praxis es la desvinculación comúnmente admitida, tanto por especialistas como profanos, de la teoría con respecto a la praxis. Una desvinculación que se explica en función de dos razones: una de carácter histórico y otra de carácter filosófico.

En primer lugar, Habermas se percata de que la racionalización que ha acompañado a la Modernidad ha conducido a un mundo mucho más productivo, tal y como se evidencia con el prestigio de la técnica; al mismo tiempo, y siguiendo la estela de la dialéctica de la Ilustración frankfurtiana, el proceso de racionalización se antoja paradójico: mientras el trabajo científico-técnico ampliaba sus dominios, engullía el ámbito de la praxis, condenada a la “irracionalidad”. El asombro filosófico nace

cuando se constata ese desequilibrio: Habermas se pregunta por qué la emancipación con respecto a la miseria y la pobreza –el éxito económico, científico y técnico- no converge de forma necesaria con una emancipación respecto de la servidumbre y la humillación28.

“La unidad de la razón teórica y la práctica es, pues, el problema clave de las modernas interpretaciones del mundo, que han perdido su condición en cuanto imágenes del mundo”29, afirma rotundamente. No hay nada de extraño en que la atención se dirija, de nuevo, al surgimiento de la Modernidad. Como veremos, desde la perspectiva de la Historia de la ideas, la Ilustración supone un avance crítico frente al sistema filosófico y cultural anterior; el imaginario moderno no quiere ofrecerse como “una imagen del mundo”. Pretende, más bien, ser la única imagen, la científica. Descubierta la racionalidad universal, que ofrece criterios exactos, se