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PERS FIN LOG SAMHS
4.8 INTEGRATED FORCES AND INTEGRATED INFORMATION SYSTEMS
Hast a aquí se han present ado los hallazgos del t rabaj o de campo. Para f inalizar, se los ha de f ormular en t érminos de proposiciones, con el obj et ivo de revisar su pert inencia en las próximas et apas del Proyect o.
Ref erido a las t ravest is en sit uación de prost it ución:
Exist e una relación alt ament e signif icat iva ent re la visibilidad del est igma y la conf iguración de sus it inerarios laborales.
El est igma det ermina el t ipo de t rabaj o (y no al revés).
La visibilidad del est igma sumada a una posición social de pobreza ext rema, pot encia la est igmat ización y hace poco probable la incorporación a circuit os de prost it ución más alt os.
El alt o grado de reprobación social produce un universo de relaciones sociales posibles coincident e casi excluyent ement e con el agregado f ormado por las compañeras de t rabaj o y los dist int os int egrant es del mundo de la baj a prost it ución.
La vulnerabilidad social se deriva del est igma y luego de la posición económico-social.Ref erido a las muj eres en sit uación de prost it ución:
No exist e una relación signif icat iva ent re la visibilidad del est igma y la configuración de sus it inerarios laborales.
El t ipo de t rabaj o det ermina el est igma (y no al revés).
Se t rat a de un est igma “ discret o” que, al poder gest ionarse, posibilit a el mant enimient o de relaciones sociales het erogéneas.
La pot encia est igmat izadora del caráct er “ sexual” del t rabaj o es moment ánea. Una vez abandonado el t rabaj o, sólo opera la pert enencia económico-social a secas de cara a la incorporación al mercado laboral.
La vulnerabilidad social se deriva más de la pert enencia económico- social que del t rabaj o sexual en sí mismo.Pero cualquiera sea el caso que se analice, pareciera que el doble “ accident e” de ser pobres y est ar sindicadas como t rabaj adoras del sexo hace poco probable que puedan t raspasar “ hacia adent ro” las f ront eras de los márgenes de la sociedad. Sin dudas, será est imulant e emprender una nueva invest igación con f ines comparat ivos. Puede not arse en los t est imonios t ranscript os más arriba, un ambiguo grado de percepción de los derechos ciudadanos y una escasa (casi nula) organización colect iva para prot egerse de las arbit rariedades de la malvada policía y de quienes t ant o se le parecen: los ladrones. Es sorprendent e recordar como, algunos años at rás, en 199842, a pocos kilómet ros del lugar en que se desarrollaban
est os dramas (Quilmes y Florencio Varela), los habit ant es de una ciudad ent era, ya sea en calidad de indignado vecino palermino o dist ant e t elevident e, est aban encapsulados en un debat e sin precedent es sobre la despenalización de la prost it ución callej era y la inconst it ucionalidad del accionar policial escudada en la 42 Una excelent e ref erencia de los sucesos puede leerse en el t ext o de Alej andro Modarelli (MODARELLI, 2003).
f igura de los f amosos “ edict os” . Cabe recordar que las dos cuest iones f ormaban part e de la agenda más ant igua de las organizaciones de minorías sexuales en Argent ina, a pesar de que en aquel ent onces el origen del debat e pareció ser propiedad de los medios de comunicación. Más allá de su post erior avat ar, el sancionado “ Código de Convivencia Urbana” f ue en gran medida el result ado de una revuelt a colect iva en t orno al orgullo del t rabaj o sexual. Act ivist as t ravest is y muj eres del of icio (mucho más las primeras por razones mediát icas) inf laron discusiones que hirieron sensibilidades medias y despert aron secret ament e muchas ot ras.
La pregunt a es t an predecible como dif ícil de cont est ar: ¿Cómo, por qué no se replica en el Gran Buenos Aires la experiencia colect iva “ t rabaj o sexual is beaut if ul ” ? ¿Por qué, y hast a cuándo, en est os enclaves suburbanos de pobreza, los int ent os por civilizar el t rabaj o sexual de muj eres y cont est at arios sexuales serán sólo t ema para un bloque de un t al k-show t elevisivo?
Bibliografia
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GOFFMAN, ERVING: "Est igma. La ident idad det eriorada", Buenos Aires, Amorrort u, 1970.
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GUTIERREZ, ALICIA: "Pierre Bourdieu: las práct icas sociales", Buenos Aires, Cent ro Edit or de América Lat ina, 1994.
MECCIA, ERNESTO: “ Cuat ro ant inomias para una sociología de las minorías sexuales” en MARIO MARGULIS (Ed.) Juvent ud, cul t ura, sexual idad. La dimensión cul t ural en l a sexualidad y l a af ect ividad de l os j óvenes de Buenos Aires, Buenos Aires, Biblos, 2003.
MECCIA, ERNESTO: “ Las reglas del secret o. Brevísimos apunt es para una sociología de las organizaciones de las minorías sexuales” , en Revist a Ciencias Social es. Publ icación de la Facul t ad de Ciencias Sociales, UBA n° 48, Buenos Aires, 2001. MODARELLI, ALEJANDRO “ 1998: Unas met amorf osis que ciegan y embriagan” , Ponencia present ada en la Primera Reunión Regional Sexualidades, sal ud y derechos humanos en América Lat ina; Universidad Peruana Cayet ano Heredia, 2003. (disponible en www. ciudadaniasexual .org)
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Informe sobre Rrecuperadores de residuos
Lic. Pablo Gut iérrez
1. Introducción.
Est e t rabaj o int ent a analizar la act ividad de los recuperadores de residuos, dest acando sus condiciones de t rabaj o, sus f ormas de organización y los ef ect os que t iene en los suj et os involucrados: los propios t rabaj adores “ cart oneros” y sus f amilias. El espírit u del mismo es aport ar a la comprensión de las dimensiones que la exclusión y la pobreza t ienen para los suj et os, y los esquemas ideológicos sobre los que se mont an.
En primer lugar, se coment arán algunos aspect os que sirven para enmarcar el t rabaj o de los recuperadores. Luego int ent aremos plant ear algunas hipót esis en t orno al problema de la const it ución de ident idades en t orno a est a act ividad laboral. El obj et ivo será ref lexionar sobre la yuxt aposición de dos t ipos de ef ect os: las condiciones obj et ivas de t rabaj o que signan a la act ividad en la act ualidad y los niveles de est igmat ización que padecen est os suj et os. Como disparador se ut ilizaron una serie de ent revist as a recuperadores que act úan en la Ciudad Aut ónoma de Bs. As1 realizadas a f ines de 2002.
2.
Contexto y características de la actividad
La act ividad laboral de los recuperadores consist e principalment e en la recolección inf ormal de residuos reciclables para la vent a. También supone la implement ación de una est rat egia de subsist encia donde coexist en el t rabaj o en negro, dist int as f ormas de mendicidad, el t rabaj o f amiliar e inf ant il en un marco de marginalidad y desaf iliación. Est os suj et os sociales se ubican por lo general debaj o de la línea de indigencia y sus condiciones de vida se caract erizan por la mala aliment ación, la f alt a de acceso a salud, la vivienda inadecuada y el padecimient o de una discriminación social que los const it uye en suj et os de una acción de persecución policial, a la vez que coexist en con condiciones de seguridad clarament e peores al rest o de la población.
La exist encia de dist int as denominaciones para est e t ipo de t rabaj o -ciruj as, bot elleros, cart oneros- responde en part e al desarrollo y devenir de la demanda de los t ipos de residuos que se conviert en en “ rent ables” en cada época. En el cont ext o act ual, la act ividad se encuent ra signada por la cent ralidad de la recuperación de papel y cart ón sobre ot ros mat eriales.
Una serie de act ores se relacionan de un modo u ot ro con el t rabaj o del recuperador: comenzando por quienes generan los residuos (vecinos, 1 Durante septiembre y noviembre de 2002 se entrevistó a: C. (muj er-50 años) quien es líder fundadora de una cooperat iva de viviendas y recolección; E. (muj er-42 años) quien es f undadora de la cooperat iva de vivienda y recolect ora desde los siet e años; P. , (muj er-18 años), quien es part e de una f amilia que vive ínt egrament e de la recolección de cart ón y act ualment e es mimbro de una cooperat iva; M, (hombre-28 años) ex-t rabaj ador de la const rucción y cart onero independient e desde f ines del 2001; PP, (hombre-“ 50 y pico” ) cart onero del “ t ren blanco” .
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supermercados, comercios, pymes, et c. ), los encargados de edif icio, las empresas de recolección, basureros y barrenderos “ t radicionales” , cooperat ivas y ongs de reciclado, organizaciones maf iosas de recolección (capangas, punt eros), acopiadores y deposit eros inf ormales, acopiadores mayores, t rabaj adores enf ardadores, clasif icadores, separadores, empresas y plant as de producción de papel a part ir de recort es, dist int as inst ancias gubernament ales (CGBA, Municipios), empresas y público consumidores de mat eriales reciclados. Est os diversos act ores no han most rado las mismas disposiciones hacia la act ividad de recuperación de residuos realizada por los “ cart oneros” . En part icular, el cambio de escala del f enómeno ha provocado dist int as reacciones, desde planes públicos para f acilit ar el t rabaj o del recuperador, hast a int ent os por capt urar los recursos en dist int os punt os de la cadena de recuperación o quej as y reacciones airadas de vecinos preocupados por la est ét ica y la higiene de sus veredas.
En ef ect o, en los últ imos años, se ha asist ido a un crecimient o significat ivo de la recuperación mot ivado f undament alment e por dos f act ores. Por una part e, la expansión de est e t ipo de act ividad est a direct ament e relacionada con la desaparición de ot ras opciones laborales (caída del empleo) y la disminución del poder adquisit ivo de los salarios, que impact an en los niveles de pobreza e indigencia, en especial desde el comienzo del ciclo recesivo de la economía a f ines de la década del 90. Pero además, las caract eríst icas de la act ual expansión se relaciona con la variación en el precio de los mat eriales recuperados: el precio del papel recuperado ha aument ado ant e la salida de la paridad cambiaria, por el peso relat ivo del papel import ado en el t ot al del consumo del mercado local. Est o ha permit ido un aument o coyunt ural en la rent abilidad de est a act ividad por lo que una import ant e cant idad de t rabaj adores expulsados del mercado laboral se han volcado a est e t rabaj o, donde a priori para insert arse no es necesario poseer credenciales educat ivas ni, calif icación ni of icio en la mat eria y para el que no se requiere de gran capit al inicial.
La inexist encia de est adíst icas of iciales específ icas es una de las consecuencias que se derivan de la insuf iciencia regulat oria que ha signado a la act ividad2 y uno de los mayores obst áculos para la adecuada cuant if icación del f enómeno, así como para el análisis de t endencias y t rayect orias, en est udios de t ipo panel, de est e t ipo de t rabaj ador. Algunos especialist as en la problemát ica especulan con que más de cincuent a mil t rabaj adores est arían recorriendo a diario las calles de Buenos Aires, valor que en algunos casos se ext iende hast a cien mil3.
La Encuest a Permanent e de Hogares clasif ica a los recuperadores dent ro de la cat egoría de “ vendedores ambulant es no calif icados” , j unt o a t oda una gama de f ormas laborales que compart en de algún modo el espacio urbano para su desempeño. Est a cat egoría midió en mayo de 2002 a 75 mil t rabaj adores4, de los 2 Sólo recientemente se ha logrado un reconocimiento oficial del papel de los recuperadores en el reciclado de los residuos sólidos urbanos en la Ciudad de Buenos Aires, poniendo f in a más de 20 años de persecusión policial. Ver Ley992/ 2002 CABA
3 Aquí puede consultarse distinta información periodística publicada durante 2002. Ver por ej emplo, Clarín 31/ 08/ 02, Clarín 27/ 10/ 2002
4 Si se incluye solo los asalariados inf ormales, cuent a propia y t rabaj adores sin salario de la cat egoría la est imación se aproxima a los 65 mil, aunque los alt os coef icient es de variación indican que la cif ra podría ser
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cuales solo una part e serían recuperadores. De t odos modos est e valor f unciona como un t echo para est imaciones “ de máxima” sobre las dimensiones del f enómeno. Se debe t ener en cuent a que la est rat egia muest ral de la EPH no est á pensada para medir f enómenos de est as caract eríst icas por lo que la alt a variabilidad de la concent ración geográf ica de est e t ipo de act ividad (con especial concent ración en barrios carenciados) podría producir ot ros errores que est én subest imando la cant idad real de recuperadores.
Con t odas sus limit aciones, est a herramient a ha most rado un increment o que part e de unos 3. 000 en el año 1989, hast a los valores act uales, con un crecimient o pronunciado a part ir de 1998, cuando se regist raban ya más de 25. 000. Ya por esos años, podemos avent urar, la mayoría de quienes se dedicaban a la recuperación de residuos eran “ nuevos” ciruj as: provienen de una t rayect oria con cent ro en el mercado f ormal (individual o f amiliar) y se dist inguen clarament e de los t radicionales ciruj as que si bien est án ya a mucha dist ancia de los primeros crot os, ciruj as o linyeras que opt aban por est as f ormas de vida como part e de una práct ica y una experiencia polít ica5, son suj et os que han alt ernado la inserción laboral, generalment e ligada al mercado inf ormal, con la recuperación de residuos desde mucho t iempo at rás, y por lo t ant o cuent an con mayores recursos simbólicos y conocimient os práct icos para desempeñarla.
Porque de hecho, la recuperación de residuos ha f ormado part e de una est rat egia implement ada por sect ores marginales desde mucho ant es del últ imo ciclo recesivo, aunque las dimensiones del f enómeno dent ro del mercado laboral los ha mant enido al margen de la at ención pública. Con un origen ligado a las migraciones laborales product o de la expansión del f errocarril y el t rabaj o golondrina est acional en el sect or agropecuario, los crot os de principios del siglo XX se nut rían de una f ilosofía de anarquist a que los propios inmigrant es t raían consigo de Europa. Su f alt a de asent amient o est able y la implement ación de dist int as est rat egias para la obt ención de aliment os les imprimen un perf il propios y dist int ivo que no obst ant e se f unde en el imaginario social con los linyeras y hueseros, personaj es que subsist ían de la recuperación de residuos y aliment os de los basurales. La hist oria de la const rucción de est a f igura en el imaginario nacional, y su evolución en el t iempo hast a llegar a los act uales “ cart oneros” es t odavía una t area pendient e. El t rabaj o de los recuperadores present a hoy rasgos caract eríst icos del t rabaj o precario no f ormal: ilegalidad, baj a product ividad, escasa inversión de capit al, mínima división del t rabaj o, escaso nivel de calif icación, f lexibilidad para la ent rada y salida del negocio y baj o nivel de ingresos. Además, diversas problemát icas observadas en est a act ividad se corresponden con la ausencia de t oda regulación y los escasos márgenes de ganancia que permit e: f alt a de herramient as adecuadas, f alt a de element os de prot ección adecuados, j ornada de t rabaj o ext endida, t rabaj o inf ant il, serio riesgo sanit ario para el t rabaj ador y su f amilia, y ni hablar de cobert ura de salud o j ubilación, dos pilares f undant es de la
aún mayor.
5 Baigorria O. (1998) "En Pampa y la Vía" "Crotos, Linyeras y otros trashumantes" Ed. Perfil libros.
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sociedad salarial6 y cent ro del esquema de t rabaj o en el mercado f ormal de la economía, al menos hast a hace algunos años.
Est a relat iva f lexibilidad de ent rada la conviert e en una de las pocas opciones para suj et os desprovist os de credenciales educat ivas y sin experiencia laboral capit alizable en los segment os ocupacionales más dinámicos. Aquí un f act or que pareció reit erarse en las ent revist as se relaciona con el achicamient o de espacios de inserción ant e la virt ual desaparición de ciert as act ividades f ormales, como ser sect ores indust riales en seria crisis, o informales por la f alt a de liquidez product o del “ corralit o” . Por ej emplo, uno de los ent revist ados a f ines de 2002 se había volcado por la recuperación de residuos luego de el cierre de la empresa de const rucción de pilet as donde t rabaj aba hast a el 2001, en la zona nort e del conurbano bonaerense. Muchos ot ros casos dan cuent a de realidades similares y un est udio recient e del gobierno de la Ciudad de Bs. As7. conf irma la inserción de