COE Applications
SUMMARY, CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS
6.2 SUMMARY OF THE STUDY
Puede sost enerse, a modo de ‘ idea-fuerza’ , que el Trueque funciona a modo de una economía ent re parént esis, en el decir de sus part icipant es como un ‘ mient ras t ant o’ . En el sent ido en que se inst ala en una t rayect oria de inserción económica y laboral de sus part icipant es permit iéndoles no quedar desocupados al mismo t iempo que les brinda la oport unidad adquirir servicios y/ o bienes e increment ar saberes y resignificar compet encias. Est o ocurre, claro est á, a la espera del final de la act ual recesión económica. Es decir, al cierre de ese parént esis que se inicio con la perdida del empleo. De la pert enencia a cada uno de los grupos de muj eres dependerá la forma en que sea resuelt o ese cierre de parént esis, es decir, en el caso de las muj eres empobrecidas quizás signifique una nueva part icipación en la economía formal; para las muj eres pobres quizás est o t ome ot ro un t iempo y, ese cierre, se demore aún un poco más.
En t odo caso, queda claro la profunda ut ilidad social y económica del Club del Trueque no sólo como ámbit o donde las muj eres pobres y empobrecidas pueden acceder a bienes y servicios sino t ambién como el lugar en el que pueden ej ercit ar la solidaridad y la ayuda mut ua. Es a la vez una plat aforma format iva y de act ualización de conocimient os previos que será de ut ilidad para el desarrollo de nuevas pequeñas empresas al moment o de la recuperación económica.
Hast a ciert o punt o, ambas hipót esis plant eadas al comienzo del t rabaj o han sido corroboradas. Por un lado, en cuant o al post ulado de la primer hipót esis, es indudable que los Clubes del Trueque quiebran un prolongado proceso de
desafiliación social y laboral de las muj eres pobres y empobrecidas. Est os dos grupos pueden acceder a bienes de consumo básico que de ot ro modo no podrían acceder, así como t ambién dedicarse a cuest iones de gest ión comercial y en algunos casos de producción. Al mismo t iempo, encuent ran en el Trueque la posibilidad de vincularse con ot ras personas pobres y empobrecidas en un plano de relat iva igualdad. Ambos ‘ logros’ , en el plano económico y social les permit en det ener su const ant e movilidad descendent e y comenzar a vislumbrar lent ament e pero sobre sólidas condiciones propias la posibilidad de la recuperación. Es claro que el Trueque no brinda ni impulsa las condiciones macroeconómicas necesarias para la recuperación económica, pero si colabora en const ruir las condiciones microeconómicas básicas para apoyar dicha recuperación sobre un t erreno sólido y fért il: el desarrollo del capit al social y las habilidades de gest ión económica y producción por part e de los sect ores pobres y empobrecidos de la población.
Por ot ro lado, en cuant o al post ulado de la segunda hipót esis, t ambién se encont ró muchos casos en donde las est rat egias desarrolladas de las muj eres pobres y empobrecidas implican est rat egias de caráct er defensivo que recluye a las muj eres sobreviviendo en un cont ext o de pobreza. Si bien pueden det ener los procesos de desafiliación social y laboral en los cuales est aban imbuidos y acceder a medios de sobrevivencia, y en algunos casos, de mej ora de sus consumos de bienes y servicios, no logran clarament e salir del cont ext o de pobreza en el cual se hallan imbuidas. La fragilidad del Club del Trueque como mercado es ext rema, se ha vist o la facilidad con que se dan aspect os nocivos del mercado formal o ‘ afuera’ como la inflación pronunciada y la compet encia desleal. Al mismo t iempo la capacidad de ahorro e inversión es mínima, en t ant o uno de los principios básicos del Trueque es que los crédit os no se pueden ni deben acumular. Junt o a est a limit ación int erna se encont ró ot ra limit ación fundament al de caráct er ext erno, como es el caso de los ‘ cuellos de bot ella’ para conseguir ciert os insumos y colocar ciert os product os en la economía formal. Si bien ha habido ciert os int ent os para expandir las cadenas de valor hast a las mat erias primas est as experiencias son punt uales y relat ivament e aisladas.
Est as limit aciones (de ahorro e inversión, y de ‘ cuellos de bot ella’ en la cadena de valor) nos llevan a afirmar que difícilment e las muj eres pobres y empobrecidas puedan salir del cont ext o de pobreza del cual generaciones de su propia familia vienen sufriendo o al cual fueron empuj adas por el crecimient o de la desocupación en los años novent as y la recesión de fines de la década del novent a y principios del dos mil.
En fin, se observó la complej idad de est e fenómeno y de la part icipación en él de las muj eres pobres y empobrecidas. Est as complej idades y múlt iples sent idos del fenómeno no deben ocult ar la relevancia del Club del Trueque como fenómeno social y económico aut ogenerado y aut ogest ivo por las propias fuerzas de la sociedad civil. Con sus limit aciones y problemas abre un camino de esperanza para que la recuperación del desarrollo económico y social sobre bases sólidas y amplias. Es decir, con la act iva part icipación de amplios sect ores sociales y grupos vulnerables, como son las muj eres pobres y empobrecidas del Gran Buenos Aires.
Postscriptum.
Desde mayo de 2002 -moment o en que se escribió el art iculo- hast a la act ualidad – f ebrero de 2004- se dieron una import ant e cant idad de cambios en la realidad argent ina.
Las t ransf ormaciones económicas y sociales ocurridas t uvieron efect os en el Club del Trueque. En principio, y puest o que el art iculo se basó en un est udio de caso, se debe mencionar que cerró el nodo de La Bernalesa. Est e nodo f ue, por su hist oria -f ue uno de los primeros en abrirse- y por la cant idad de personas –llegó a albergar a 30. 000 part icipant es-, uno de los más import ant es (Clarín; 19/ 02/ 03). De acuerdo a det erminadas est imaciones el Club del Trueque llegó a cont ar con 5. 000 nodos; a diferencia de esos moment os de auge en la act ualidad est arían f uncionando algo menos de 1. 000 (Hint ze y ot ros; 2003). Más allá de est as cifras, las que deben ser consideradas como aproximación, result a apropiado int errogarse sobre ¿Qué f act ores explican el ocaso del t rueque? ¿Qué dej o est a experiencia a sus part icipant es en t érminos personales y de organización colect iva? Exist en, en el orden de las respuest as, variadas int erpret aciones sobre lo ocurrido con el Trueque.
Sin lugar a dudas, no exist e una única explicación sino un conj unt o de causas concurrent es que podrían dar cuent a del debilit amient o y sit uación act ual de est e f enómeno. Hay ent re est as causas algunas de índole ext erno y ot ras asociadas al f uncionamient o y propia dinámica del Trueque.
Dent ro de los f act ores exógenos que af ect aron al t rueque se puede dest acar a aquellos asociados al ret orno de ciert a liquidez monet aria, product o del levant amient o de las rest ricciones al sist ema f inanciero, la puest a en marcha del Programa Jef es de Hogar, y más recient ement e, la salida de la recesión económica y la baj a del desempleo.
Hay que recordar que en diciembre de 2001 se est ablece mediant e el Decret o P. E. N. 1570/ 01 la rest ricción de ret iros en ef ect ivo y la prohibición de hacer t ransf erencias de dinero al ext erior, est as limit aciones fueron conocidas como "Corralit o" bancario. Est o prof undizó la recesión y dio por f inalizada la posibilidad de ot orgamient o de nuevos crédit os bancarios. Luego de unos cuant os meses, en f ebrero de 2002, se inst auró las primeras medidas t endient es a la f lexibilización (llamadas Corralon - Comunicado BCRA Nro. 42632) est as comprendían: en primer lugar, la creación de cert if icados que podrían ser t ransf eribles o int ransf eribles, por el import e parcial o t ot al de cada vencimient o - capit al e int ereses -, y t ransmisibles por endoso en el primero de los casos. Est o apunt aba, por un lado a ampliar las posibilidades de disposición de t ales recursos, f acilit ar su movilidad dent ro del sist ema f inanciero, y react ivar las t ransacciones con bienes.
Luego se est ablecieron algunas primeras excepciones, como por ej emplo, aquellas que permit ían ext raer el dinero a t it ulares mayores de 75 años o a las personas que necesit aban hacer gast os médicos en el país y en el ext erior. También comenzaron a t ener lugar los medidas j udiciales a f avor de los reclamos present ados por los ahorrist as.
Est e proceso “ liberación” de los f ondos t raj o consigo un aument o en la disponibilidad y circulación de dinero que t uvo su efect o en los nodos del t rueque. Est e impact o, quizá, no se dio de un modo direct o. En realidad, la gran mayoría de los part icipant es de los nodos del t rueque no est aban bancarizados pero si muchos int egrant es de sect ores medios vinculados en múlt iples maneras con ellos.
Ot ro hecho, quizá mas import ant e, al moment o de explicar el ret orno del acceso al dinero por part e de los int egrant es del t rueque f ue el lanzamient o del Programa Jef es de Hogar.
Hacia el final del año 2001 y comienzo del 2002 los programas de empleo t ransit orio est uvieron muy cerca su piso hist órico en cuant o a la cant idad de prest aciones ot orgadas (100. 908 en enero-2002). Est e hecho empezó a revert irse hacia mediados de abril con la puest a en marcha del Programa Jef es de Hogar (en adelant e PJH); est e llegó a brindar 1. 856. 129 de prest aciones en agost o de ese mismo año mant eniéndose en valores cercanos a ese hast a la act ualidad. Est e inusit ado crecimient o en la cobert ura de personas supuso que ingresen al PJH un conj unt o import ant ísimo de personas que nunca ant es habían recibido est e t ipo de benef icios. En la act ualidad cerca del 66% del t ot al de sus part icipant es son muj eres.
Gráfico N° 1: Evolución de la cantidad de prestaciones ot orgadas a través de Programa de Empleo Transitorio. Enero 2002 - Septiembre 2003. Total País.
Fuente: Minist erio de Trabaj o, Empleo y Seguridad Social . Dirección General de Est udios y Formul ación de Polít icas de Empleo.
Est e programa, al igual que el Programa de Empleo Comunit ario t ambién implement ado en el marco del Minist erio de Trabaj o, Empleo y Seguridad Social, brinda a sus part icipant es un ayuda económica de 150. - pesos mensuales y a cambio exige una cont raprest ación en capacit ación o t rabaj o comunit ario.
Est e dinero se dest ina principalment e a la adquisición de aliment os (87, 3%); luego se dest ina a el pago de servicios (22%); vest iment a y calzado (19,9%); salud (9%) y educación (7, 6%) (Roca y ot ros; 2003).
Es de dest acar dos aspect os signif icat ivos respect o de los int ereses del art iculo: quienes part icipan en el PJH son mayorit ariament e muj eres y dest inan sus ingresos, en principio, a la aliment ación. Incluso la disposición t errit orial de ambos f enómenos da lugar a una posible vinculación. De hecho, cerca del 25% de los part icipant es del PJH se encuent ran en el Conurbano Bonaerense; j urisdicción en la que exist ieron una cant idad muy import ant es de los nodos del club del t rueque (ver en Hint ze y ot ros el Anexo 2. Magnit ud del t rueque según dist int as f uent es). Est o, sin duda, guarda ciert a similit ud con part e de los hallazgos present ados en el art ículo en cuant o a la mayor part icipación f emenina y la sat isf acción de necesidades inmediat as, como la aliment ación. Sin embargo, cabe aquí int roducir
0 500000 1000000 1500000 2000000 2500000 Ene - 02 Fe b - 02 Ma r- 02 Ab r- 02 Ma y- 02 Jun- 02 Jul- 02 Ag o - 02 Se p - 02 O c t- 02 No v- 02 Dic - 02 Ene - 03 Fe b - 03 Ma r- 03 Ab r- 03 Ma y- 03 Jun- 03 Jul- 03 Ag o - 03 Se p - 03 20
ciert o resguardo met odológico en cuant o a la necesidad de prof undizar los est udios exist ent es sobre la t emát ica con el obj et o de corroborar dicha af irmación a part ir de su comprobación (o ref ut ación) con la realidad.
Finalment e, el t ercer f act or exógeno se ref iere a la recuperación económica y la baj a del desempleo. La t asa de desocupación se ubicó en el 16, 3 por cient o en el t ercer t rimest re de 2003, sobre la base de la inf ormación provist a por la nueva Encuest a Permanent e de Hogares (INDEC) En t ant o, la subocupación se ubicó en el 16, 6 por cient o en el t ercer t rimest re, mient ras que la t asa de act ividad f ue del 45, 7 por cient o y la de empleo en el 38, 2 por cient o.
El desempleo (sin cont abilizar planes sociales) descendió 1, 6 punt os porcent uales, de 23 por cient o en el segundo t rimest re a 21, 4 por cient o en el t ercer t rimest re de 2003
Siguiendo la viej a met odología la desocupación se ubicó en 14, 3 por cient o y la subocupación en 16, 6 por cient o. Por lo que comparando con la medición de Oct ubre de 2002, la desocupación baj ó del 17, 8% al 14, 3%. Est o implicó que unos 378. 000 desempleados dej aron de serlo en el lapso de un año.
Est os result ados se deben en buena part e a los programas de empleo t ransit orio pero t ambién al repunt e experiment ado por la economía Argent ina. El PBI, después de cuat ro años de recesión, ha venido experiment ando una expansión récord. En el últ imo t rimest re de 2003 la economía creció un 9, 8%, y lleva acumulado un 7, 7% en lo que va del año, dest acándose el crecimient o de sect ores con buena absorción de mano de obra (const rucción, t ext il y aut omóviles)
En f orma paralela a est os inf luencias ‘ exógenas’ , se agudizaron ciert as t ensiones vinculadas al modo de f uncionamient o del propio t rueque y que en muchos casos llevo a un cuest ionamient o global del t rueque.
Dent ro de est as cabe mencionar la crisis de conf ianza referida por muchos part icipant es, responsables de dist int os nodos e inclusos est udiosos del t rueque. Por est a crisis debe ent enderse al proceso iniciado a part ir de la perdida de credibilidad en los crédit os t ras la aparición de crédit os f alsos.
Los crédit os f alsos t raj eron, además de ciert a desconfianza respect o del valor de la propia moneda, ot ros dos impact os asociados.
Por una part e, el aument o del circulant e j unt o con la devaluación de la moneda en la economía ‘ f ormal’ (el peso) se t raduj o en crecimient o de la inf lación pot enciando así la t endencia inf lacionaria exist ent e en el t rueque a causa de su vinculación con el rest o de la economía. En realidad, est o es muy dif ícil de mensurar pero est e hecho aport ó al comport amient o inf lacionario observado t ras la devaluación en el t rueque. Mient ras que el ot ro ef ect o que t uvo la int roducción de crédit os f alsos al sist ema f ue el aislamient o de muchos nodos de la red del t rueque. En la práct ica est e ret iro supuso un mayor cont rol sobre el ingreso y egreso de ‘ prosumidores’ event uales a los nodos y se dio en un int ent o de mant enerse al margen del circuit o de los crédit os f alsos. Est e “ volcarse” al int erior de cada nodo implicó el cese de int ercambios ent re dist int os nodos con la consecuent e perdida de la diversidad de act ividades y ‘ prosumidores’ que el sist ema, en reit eradas ocasiones, había ganado a lo largo de su desarrollo.
Ot ro aspect o est rechament e vinculado al ant erior est a relacionado a lo descript o en la part e general del art ículo respect o de la aut osuf iciencia en cuant o a los
insumos necesarios para la elaboración de los dist int os product os. Exist ieron incluso int ent os abocados a fort alecer la obt ención de insumos con el obj et o de ampliar el ámbit o de incumbencia del t rueque. Dent ro de los desaf íos del t rueque est a est ablecer una relación “ j ust a” con el rest o de la economía; con la int roducción de los crédit os f alsos est e desaf ío t ambién se vio af ect ado por la crisis de confianza. En definit iva, se ident ificaron procesos exógenos y endógenos al t rueque que han puest o presión sobre su funcionamient o y sost enimient o como sist ema. Si bien no se ha cumplido ciert a ut opía de regeneración de las relaciones económicas ligada a la experiencia del t rueque, no caben dudas que como espacio económico aport ó soluciones a las urgencias económicas y de aliment ación que se present aron en el auge de la crisis a principios de 2002.
También se puede afirmar que en muchos casos permit ió revalorizar y recuperar habilidades laborales de muchos t rabaj adores y t rabaj adoras que habían quedado sin t rabaj o con la recesión, est o a su vez, y a modo de hipót esis, puede est ar siendo de ut ilidad para la su reinserción económica en la recuperación de la economía. Sin embargo, est a afirmación, como t oda hipót esis, deberá ser corroborada o refut ada en próximos t rabaj os sobre la t emát ica.
Bibliografía
Alvarez, Sant iago (2001) : Teoría y práct ica del Trueque. Document o de t rabaj o Grupo de Insumos Int ernos del Area Social Product iva. Programas Territ orial. SEPYME.
Asociación Regional de Desarrollo Empresario -ARDE- (2001): Caract erización de la act ividad empresaria en nodos que realizan el Trueque mult ireciproco. Segundo Inf orme de Avance, como part e del Convenio SEPYME-ARDE.
Cast el, Robert (1997): Las met amorf osis de la cuest ión social. (Buenos Aires: Edit orial Paidós).
Colet t i, Maria Laura (2002): “ Las nuevas relaciones en las relaciones laborales dent ro de los Clubes del Trueque” en la revist a virt ual Espacio Polít icos (www. espaciospolit icos. com. ar/ ps/ Trueque.ht m)
Coragio, José Luis (1998): Bases para una nueva generación de polít icas socioeconómicas: la economía del t rabaj o o economía popular. Ponencia present a en el Encuent ro de Cult ura y Socioeconomía Solidaria, PACS, Port o Alegre.
Feij oó, M. del C. (1993): “ Los gasoleros. Est rat egias de consumo de los NUPO” , en Cuest a Abaj o. Minuj in (Comp.). (Buenos Aires: UNICEF/ LOSADA)
Hint ze, S. : Trueque y economía solidaria. Edit orial Promet eo Libros. Buenos Aires, 20003.
Kliksberg, Bernardo (1996): “ Pobreza y desocupación en América Lat ina. El círculo perverso” en la Revist a Encrucij adas (Buenos Aires), Nro. 2.
Morizio, C. (1998) “ ¿Son los Clubes de Trueque una alt ernat iva al desempleo en Argent ina? ” CEMA-ISEG
Lan, D. (2000): “ Doble j ornada laboral e invisibilidad del t rabaj o de las muj eres” art ículo present ado al Tercer Congreso Lat inoamericano de Sociología del Trabaj o, Buenos Aires.
Lo Vuolo, R. ; Barbiet o, A. ; Paut assi, L. y Rodríguez, C. (1999): “ La pobreza… de la pobreza cont ra la pobreza” (Buenos Aires: Miño y Dávila Edit ores – CIEPP)
Primavera, Heloísa (2001) Redes de Trueque en América Lat ina: ¿Quo vadis? .