ción de circunscripciones que co rresp o n d en a los contingentes, todos ellos o rg an i zados según el m odelo genealógico. E n B asra en co n tram o s cinco barrios, cada uno de los cuales ha sido elegido p o r una confederación de tribus: A zd, T am im , B ak r, cA b d al-Q ays, y cA b d al-cÁ liya. E n K üfa el plano recuerda el de un cam pam en to ro m an o con cu atro avenidas principales q u e se cruzan o rto g o n alm en te en el c e n tro , m arcado p o r la m ezquita y el palacio. Las calles son muy anchas, hasta 25 m , y en el c en tro de cada concesión tribal (jitta) se en cu en tra el cem e n terio del grupo. La topografía d e K úfa resp etará los lím ites diseñados p ara esta instalación que, en un principio era sem irrural. A sí, las chozas construidas con cañas y las tiendas de cam paña no serán sustituidas p o r casas de o b ra hasta tre in ta años después de la fundación. E n Fustát la arqu eo lo g ía confirm a una cro n o lo gía sim ilar: una ciudad de tiendas en la q u e las calles sep aran a las jittas tribales. A quí, no o b stan te, el plano es m ás confuso y m u estra una red de calles que cons tituyen lab erin to s, con callejones sin salida y plazas a veces cerrad as en form a de p ata de oca o de estrella. E ste plano rep ro d u ce, sin d u d a , las originalidades trib a les y ha m arcado toda la topografía u lterio r de la ciudad. Incluso en Fez, fundada en el paso del siglo vm al ix, el plano d e la nueva capital idrtsi se basa en una repartición tribal.
El urbanism o de las ciudades nuevas se caracteriza p o r un cierto núm ero de rasgos com unes: estru ctu ra basada en el grupo tribal, m ás o m enos aislado, ad m i n istrado p o r sus propios jefes con la colaboración de los «^índicos» —cuya fu n ción ad q u iere gran im portancia ya que conocen las reglas genealógicas de la tri b u —. E s una estru ctu ra sim ple que perm ite la m ovilización rápida de un p u eb lo u nido, con un ap arato jurídico y político m uy elem en tal ya que las cuestiones relativas a la h erencia son com petencia de la trib u , y un cen tro religioso e in telec tu al, la m ezquita, en con tin u a efervescencia. T o d a esta sim plicidad se desvanece poco a poco an te los progresos de una vida económ ica cuyo objetivo principal seguirá siendo el aprovisionam iento de los grupos urbanos. La organización se com plica entonces sin p e rd e r su significación fu n d am en tal de m etrópolis ren tista que «digiere el botín»; a ésto hay que añ ad ir las ren tas de la tierra , constituidas fu n d am en talm en te p o r los im puestos que los vencidos d eben ab o n ar a la com u n i dad v encedora. En todas estas ciudades se construye la C asa de la M oneda, la C asa del T eso ro e incluso, en K úfa, una C asa del B otín y un arsenal en B asra q u e, en un principio, a p u n ta hacia el G olfo Pérsico y, m uy p ro n to , hacia la India. E n F u stát la vida com ercial se e n c u en tra anclada en la tradición de los com ercian tes locales pero la experiencia d e los m ekíes se desarro lla en to rn o a un m ercado agrícola local q u e, poco a poco, se alim enta con p roductos m ás exóticos, p ro ce d en tes de la India y de C hina. E sta transform ación de las ciudades cam bia, en realid ad , su apariencia tribal de form a m uy len ta, p ero acen tú a las diferencias de riqueza e n tre las grandes «casas» q u e co n tro lan la dirección de los clanes y los linajes inferiores.
Las aglom eraciones nuevas, au n q u e constituyen el ideal de la vida u rb an a p ara los árab es que han inm igrado en las antiguas tierras del C reciente F értil, de E gipto o d e al-A ndalus, ejercen su a u to rid ad so b re una gran red de ciudades h e red ad as del pasado. Se p ro d u je ro n , sin d u d a, algunas fundaciones en tiem po de los prim ero s califas y bajo los O m eyas, sobre to d o en el Iraq y en las zonas fro n terizas, p ero lo esencial sigue siendo la estru ctu ra b izantina o sasánida. La co n ti
DEL MODELO HEGIRIO AL REINO ÁRABE 41
nuidad de la toponim ia y el h á b ita t son particu larm en te apreciables en la Siria sep ten trio n al, en los confines de A n a to lia o en Irán . A l este, do n d e la u rb an iza ción recibe un latigazo deb id o a la instalación de g randes contingentes árab es, p u ed e contem plarse un d esd o b lam ien to de las aglom eraciones antiguas y, ju n to a las ciudades persas, qu e frecu en tem en te son ciudadelas de escasa im portancia, los recién llegados desarro llan un su b u rb io (btrún), ju n to a la c a rre te ra , en el que se sitúan los órganos de la ciudad islám ica, la gran m ezquita y el palacio con el m ercado. E n N ishápúr, situada so b re la c a rre te ra q u e atraviesa el Ju rásán hacia la T ransoxania y la C hina, la ciudadela y la ciudad in terio r (m adtna o sharastan) q u ed an englobadas en un co n ju n to m ás am plio. La au to n o m ía, qu e du ra largo tiem po, de los antiguos «m arqueses» sasánidas hace que num erosas ciudades com o M arw , B alj, S am arqand y B ujára q u ed en al m argen de la islam ización. P or todas p artes se nota que se ha ro to la e stru c tu ra de la ciudad, ajena al esquem a unitario qu e sólo se reco m p o n d rá le n tam en te; en M arw , qu e d u ra n te m ucho tiem po resultó inaccesible a los á rab es q u e acam paban en el oasis, hubo q u e es p e ra r a que A b ü M uslim co n stru y era un nuevo cen tro político (D ár al-Im ára) hacia el 750. E n Siria la continuidad es aún más fuerte: la ocupación árab e se ha am oldado a la estru ctu ra de los distritos m ilitares, los d ju n d s, en las ciudades a n tiguas. D esde luego, las ciudades del lito ral, tal com o ha dem o strad o la a rq u e o logía, sufren una decadencia ráp id a en el m om ento de las grandes expediciones p or el M ed iterrán eo , p ero fuera de ellas el núm ero de m onedas de cobre que llevan los cuños distintivos de las distintas cecas confirm a la supervivencia de Ti- beríad es, E m esa (H im s), Q innasrin y A lep o . E n las plazas fronterizas, com o T a r so, A d a n a , M issisa, la presencia del ejército m an tien e una vida activa y d em o crá tica: un pueblo de co m b atien tes, ejército regular a sueldo o voluntarios retenidos po r el botín o las fundaciones pías vive en ellas, se e n tre n a , lucha, se d esgarra en oposiciones tribales o disputa la au to rid ad del g o b ern ad o r.
D am asco, q u e ha sido elegida com o capital adm inistrativa de la dinastía om e- ya, sim boliza esta mism a continuidad de una m an era diferen te. H a h e re d a d o de la tradición antigua y de la dom inación bizantina un recinto fortificado, una red de aprovisionam iento de agua, un acu ed u cto , num erosas canalizaciones y m últi ples depósitos de agua de los que p arten las conducciones que alim entan las fu en tes, m ezquitas, b años públicos (h am m ám s) y casas. Se han podido estab lecer las etap as de la evolución topográfica de la capital siria: establecim iento d e una red de m ercados (sú q s, zocos) en to rn o a la gran avenida con colum nas de la ciudad ro m an a, conquistada g rad u alm en te p o r las tiendas lo que le hace p e rd e r su tra z a do rectilíneo y su aspecto m o n u m en tal; transform ación de la antigua ara sagrada del tem plo de Jú p ite r D am asceno (B acl H ad d ád ) en una m ezquita con patio cen tral com unicada con la residencia del califa; finalm ente, dislocación de la red de calles p erp en d icu lares, p o r o b ra del particularism o trib al, que p u ed e aún vislum b rarse bajo la nueva estru ctu ra en form a de colm ena, con calles acodadas y b a rrios fortificados.
E stas transform aciones tien d en a ap ro x im ar a D am asco, capital efectivam ente arab izad a, a las ciudades nuevas, los am sár. D e hecho, m uchas ciudades antiguas siguen fieles al sistem a helénico y, p o r o tra p a rte , los secretarios del califa, inclu so conversos, siguen fieles a la cultura helénica, expresión que todavía es sinóni m a de ciencia e incluso de tecnología, y son p a rtid ario s acérrim os de u n a ciudad