P o r el co n trario , el m ovim iento shicí arrastra m uchas más adhesiones, p articu larm en te en las ciudades en las que los m aw áli son num erosos, por m ás que los p a rtid ario s de cA li no se dirijan, en un principio, a ellos. Sim ple legitim ism o d i nástico, el shicismo p ro m ete una era de justicia tras el restablecim iento del linaje de M ahom a y de cA lí. O frece a los m aw áli una función revolucionaria ad ap ta d a a la concepción com ún de su p aren tesco con los seguidores de CA1T: sus clientes, elegidos, h o nrados com o m iem bros de la fam ilia, se sienten herm anos espirituales de los p reten d ien tes. Se trata de una adhesión com pleja, aunque sincera, de estos hom bres dispuestos a servir a la com unidad. Los m aw áli de K úfa participan m a sivam ente en el «m ovim iento de los P enitentes» del 684 y, sobre todo, en la insu rrección de al-M ujtár en el 687 que estableció en K üfa un em brión de E stad o y p reten d ió g o b ern ar en nom bre de los sucesores de cA li. Las grandes «casas» le a b a n d o n a ro n y esto dio lugar a su fracaso, pero el im pulso estab a ya dado p o rq u e el shicísmo encarna una aspiración p rofunda a u n a m on arq u ía to talm en te islám i ca; al m ism o tiem po se envuelve en una religiosidad m ística en la que el m artirio de la fam ilia de cAli se asocia el p arentesco profético, constituyendo un conjunto q u e conm ueve p ro fu n d am en te a los intelectuales.
Im crisis del 750
La crisis revolucionaria del 750, que term ina con el im perio om eya e inaugura una era y un régim en nuevos —am bos conceptos ap arecen expresados p o r el té r m ino d a w la — confirm a la debilidad del p oder y su incapacidad para resolver los p roblem as planteados po r la conversión m asiva de los antiguos dhim m íes. N o se tra ta , no o b sta n te , de una revolución nacional de los iranios contra los árab es ni de una revolución de los m aw áli co n tra la aristocracia tribal, sino de buscar una solución islám ica al problem a de la H acienda estatal. Si bien el centro de la insu rrección es, de nuevo, la provincia del Ju rásán , de hecho son árabes y, en p a rti cular, las tribus que se vieron privadas, hacia el 733, de los sueldos del diw án y fueron excluidas del ejército , quienes m archan sobre M arw arm adas con garrotes. Las consignas del m ovim iento no m uestran ninguna hostilidad hacia los árab es e incluso la población p ro p iam en te árab e de KOfa será invitada a apoyar y sancio nar las decisiones de los generales jurásáníes. En ningún m om ento se observa resto alguno de un p rogram a q u e p reten d a co rregir las desigualdades e injusticias de las que eran víctim as los m aw áli, sino tan sólo una prom esa de renovación del E stad o . H a surgido sim plem ente un m ensaje revolucionario que se ha recibido en un te rre n o favorable y q u e unifica diversos d esco n ten to s, todo ello en m edio de una atm ósfera vagam ente m ilenarista en la que no faltan los rasgos m ísticos característicos de los sectores extrem istas del shi^sm o.
P or o tra p a rte , la situación p articu lar del Ju rásán explica el éxito que allí tuvo un m ovim iento revolucionario: arab izad o debido a la afluencia de 50.000 fam ilias de K úfa y de B asra que constituyen una p oderosa fuerza de ocupación, la pro v in cia, m arca ex trem a del Islam , en co n tacto con los países iranios todavía in d e p e n dientes o paganos de la T ransoxania y del A fganistán, es aún «tierra de g u erra santa», de botín y de trib u to . A b u n d an en ella los conflictos tribales e n tre los de M udár o qays y los yem eníes y existe una oposición violenta a todo lo que viene
DEL MODELO HEGIRIO AL REINO ÁRABE 45
de Siria, por ta n to , a los O m eyas. El p ro b lem a de los m aw álí sólo se plan tea en térm inos de h o n o r y dignidad; desd e cU m ar II están inscritos en los registros de los contingentes m ilitares y, d espués del 738, una reform a fiscal ha aligerado sus cargas. P or el co n trario , los árab es, en p articu lar los yem eníes, tienen una rev an cha p en d ien te con los O m eyas q u e en 733 les suprim ieron los privilegios de la soldada, con la excepción de 15.000 fam ilias que se m antuvieron en los registros. La elección del Ju rásán y, en p articu lar, de la tribu yem ení de los Ju zaca com o base del m ovim iento revolucionario explica asim ism o el éxito de una pro p ag an d a clandestina y, en últim o térm ino secu n d aria, la de los cabbásíes, un linaje m ed io cre y de preten sio n es tardías. P or o tra p a rte , su paren tesco m asculino indiscutible con el P ro feta los sitúa en un plano de igualdad con los d escendientes de cA li e incluso el testam en to de uno de estos últim os, A bú H áshim , en favor del cabbásí Ibráhim , perm ite que se alíe con ellos una p a rte de la opinión shicí. D u ra n te casi 20 años los cabbásíes desarrollan un m ovim iento político (en Kúfa con A bú Salá- m a) y m ilitar (en el Ju rásán bajo A bú M uslim ) hostil a los O m eyas, sin especificar jam ás el nom bre o el linaje del «imám digno» para el que trab ajan . Sus adeptos se lim itan a referirse al d e b e r y al d e rech o a vengar a los m iem bros de la familia del P ro feta, asesinados po r los tiranos om eyas; la b an d era negra y las ropas del mism o color de sus seguidores constituyen únicam ente una señal de luto y de ven ganza; se unen tam bién al espíritu niesiánico.
El lugar que ocupan los m aw áli en to d o este asunto aclara la im portancia de los lazos fam iliares y de adopción espiritual: A bú M uslim , iranio q u e ha e n trad o com o m awlá en una tribu á ra b e de K úfa, ad o p ta el título de «general (am ir) de la fam ilia» y de « rep resen tan te» del linaje. A d o p ta d o po r el im ám Ibráhim en el 746, recibe de éste una especie de m isión, según la cual, aunque no p ueda reivin dicar el p o d er p ara sí m ism o, p u ed e, en cam bio, transm itir su au to rid ad su b d ele gada. E ste es un p rocedim iento de transm isión que será recu p erad o , m ás tard e, por los fatim íes. En K úfa, A bú S alám a, tam bién un liberto, ad o p ta un título que había sido utilizado por M ujtár d u ra n te la revuelta del 686, en nom bre del hijo de cA lt, «auxiliar» (wazir) de la fam ilia, literalm en te «el que lleva el peso de la carga», una denom inación q u e im plica, po r lo m enos, un paren tesco espiritual — recuérdese que en el C orán A aró n es llam ado wazir de M oisés—. E stos h e rm a nos espirituales asum en todos los riesgos y se hacen cargo de la pro p ag an d a y de las operaciones m ilitares, p ro teg ien d o a sus superiores, los príncipes cabbásíes o descendientes de cA li que se ocultan en una clandestinidad absoluta y q u e no se m o strarán , en m odo alguno, agradecidos: A bú Salám a será ejecu tad o in m ed iata m ente después de la victoria cabbásí y A bú Muslim en el 754, po r o rd en del califa al-M ansúr.
El éxito de la revolución se explica precisam ente p o r la am bigüedad que ro deó al nom bre del im án, p erm itien d o recu p erar toda una serie de revueltas a n te riores de los p a rtid ario s de CA1T, asociarse al m ovim iento teológico de los m ucta- zilíes, del que hab larem o s m ás ta rd e , y a d o p ta r de ellos la idea central de un «m ando» del bien que se o p o n e a una m ala au to rid ad . A l mism o tiem po, p o te n cia p len am en te la carga de los odios tribales y, en p articu lar, la oposición de los yem eníes a la hegem onía qaysí. La revolución es p roclam ada a b iertam en te en el 747 y se transm ite m ed ian te el telégrafo óptico constituido po r un sistem a de se ñales con hogueras en la región de M arw la noche del 25 de ram ad án . La decía-