“El calentamiento global es un problema multidimensional que pone en peligro la existencia de la civilización humana, pero hay soluciones multifacéticas que podrían ser efectivas si contaran con la voluntad, creatividad y fuerza organizada de miles de millones de personas. Es cierto que algunos elementos que contribuyen al calentamiento global, tales como los gases invernadero que permanecen largo tiempo en la atmósfera, continuarán teniendo efectos adversos sobre el medio ambiente, aunque se tomaran de inmediato medidas para eliminar nuevas emisiones. La biodiversidad está gravemente amenazada. Pero asumir una actitud fatalista sería tan malo como ignorar el problema y esperar el desastre.
Las soluciones técnicas y el desarrollo de medidas que beneficien al medio ambiente se encuentran al alcance humano, el problema es que lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer depende del sistema global imperialista basado en la ganancia. Obtener ganancias instantáneas sin importar cómo, es el modo fundamental de operar del
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capitalismo. Los costos de resolver problemas versus la necesidad de obtener ganancias inmediatas ponen obstáculos gigantescos a las soluciones de largo plazo.
Ninguna compañía, y en último término ningún país capitalista, quiere destinar vastos recursos a algo cuyo costo reduciría la rentabilidad general, por ello ningún país capitalista quiere tomar medidas al respecto a menos de que Estados Unidos lo haga y por eso justifican su propia pasividad bajo el pretexto de la inacción estadounidense, quien ha rechazado y saboteado las débiles decisiones de Kioto y Copenhague”.11
Pero la segunda razón, más sustantiva, es que el gigantesco traspaso de la manufactura mundial a los países del tercer mundo, solo citemos el ejemplo de China donde el llamado "desarrollo" la ha transformado en la mayor maquiladora de mano de obra barata del mundo. Eso ha contribuido en gran medida a traspasar la contaminación del oeste al este y del norte al sur. El problema de la contaminación industrial en el tercer mundo no radica solo en esos países; en un mayor grado radica en la red mundial de relaciones capitalistas que hay que derrocar y arrancar de raíz para salvar al planeta. 2.2.9. EL DESARROLLO SOSTENIBLE
El Desarrollo Sostenible, se define como: un desarrollo actual que cuente con el mantenimiento de un stock de recursos naturales para las generaciones futuras. Dichas teorías se presentan envueltas en toda una palabrería sobre “conservación”, “bienestar colectivo”, “obligación de los Estados a garantizar la protección de la naturaleza y condiciones de vida digna para todos”, como siempre, dejando en el papel objetivos inalcanzables para la humanidad en este sistema capitalista-imperialista antihumano e irracional. Esto sin embargo no puede pasar de ser una teoría puesto que la lógica del capital es la generación de ganancia a costa de lo que sea.
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En 1992, la ONU, realiza la Cumbre de la Tierra conocida como la Cumbre de Río por haberse celebrado en la ciudad de Río de Janeiro en Brasil.
“En Río, 172 gobiernos, incluidos 108 Jefes de Estado y de Gobierno, aprobaron tres grandes acuerdos que habrían de regir la labor futura: el Programa 21, un plan de acción mundial para promover el desarrollo sostenible; la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, un conjunto de principios en los que se definían los derechos civiles y obligaciones de los Estados, y una Declaración de principios relativos a los bosques, serie de directrices para la ordenación más sostenible de los bosques en el mundo.”
Posteriormente se han dado una serie de tratados internacionales para la protección del medio ambiente como el famoso Tratado de Kyoto (1997), que nunca fue ratificado por Estados Unidos, ni siquiera cuando el vicepresidente de ese país era el “ecologista” Al Gore.
La realidad nos demuestra que estas no pasaron de ser declaraciones pues el deterioro ambiental es cada día mayor y no se puede frenar debido a la naturaleza propia del sistema capitalista-imperialista, esto es, generar ganancia, acumulación permanente y cada vez en proporciones más irracionales, lo que ha llevado a que hoy 51 de las 100 economías más grandes del planeta sean corporaciones transnacionales.
Hay que partir del hecho de que el actual sistema económico mundial se basa en la explotación y la desigualdad. Sin explotación de la mano de obra no es posible la acumulación capitalista, que genera un permanente círculo vicioso de desigualdad.
“En Haití, por ejemplo, corporaciones gigantes como Disney, Wal-Mart y J. C. Penny pagan a sus trabajadores 11 centavos por hora. Los ahorros que los grandes negocios obtienen de una mano de obra barata en el extranjero no se traducen en precios más
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bajos para los consumidores de otros sitios. Las corporaciones no contratan mano de obra en regiones lejanas para que los consumidores en Estados Unidos puedan ahorrar dinero. Los contratan para incrementar su margen de beneficios. En 1990, los zapatos que hacían en Indonesia niños que trabajaban doce horas al día por 13 centavos a la hora, costaban solamente dos dólares sesenta centavos pero se vendían en Estados Unidos por cien dólares o más.”12
A las grandes empresas transnacionales como: Shell, General Motors, Exxon, British Petroleum, Mobil, Nestlé, Philips, Intel, DuPont, Standard, Bayer, Coca-Cola... entre las clásicas; Microsoft, Cisco, Oracle, entre las nuevas, poco les importa el cómo se generan sus ganancias, son corporaciones cuya razón de ser es la acumulación de riqueza. Para ellas no existen seres humanos, existe “capital humano” que se usa para el proceso de acumulación. En este contexto ¿será posible un desarrollo sustentable o sostenible? “La garantía de un equilibrio del medio ambiente en materia de recursos y de la actividad económica son objetivos fundamentales del Desarrollo Sostenible…”13 y esto es imposible en este sistema capitalista-imperialista pues a más de lo que ya se ha mencionado, hay que tomar en cuenta que:
1. La lógica del sistema es “crecer o morir”. Es una necesidad vital para el capitalista bajar los costos de producción y crecer para competir y ganar una mayor tajada en el mercado. La producción, sin planificación, de gran escala e interconectada mundialmente plantea una grave amenaza para el medio ambiente, porque su crecimiento implica una destrucción social y ambiental en proporciones cada vez mayores y que necesita continuar expandiéndose. Cualquier límite para su expansión es asumida como una amenaza mortal para el capital.
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“Misterio: porque la riqueza crea pobreza en el mundo”, Michael Parenti, 15-11-06. Artículo publicado en la página web Rebelión.
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2. Los horizontes del capitalismo tienden a ser de corto plazo. Hay que potenciar al máximo las ganancias rápidamente, sin pensar en las consecuencias en 10, 20 o 30 años.
3. La producción capitalista por naturaleza es privada. La economía se subdivide en unidades capitalistas de control y propiedad de los medios de producción que compiten entre sí, y cada unidad de capital se preocupa fundamentalmente por su propia expansión y sus propias ganancias. La economía, el ambiente natural y el ambiente construido por los seres humanos, y la sociedad no se pueden tratar como un todo social en el capitalismo.
4. La anarquía en la producción capitalista, es otro grave factor, pues, la producción no se basa en las necesidades reales a ser satisfechas a través de la producción de bienes y servicios, sino en la competitividad en el mercado para lograr colocar sus mercancías y evitar que los otros competidores copen la demanda, ello implica que siempre existe una sobreproducción alentada por la expectativa de lograr vender los productos y por tanto un derroche de materias primas y trabajo de mercancías que no logran ser vendidas y que van a formar parte de la chatarra global. Este desperdicio tiene enormes costos ambientales y sociales que el capitalismo es incapaz de controlar. 5. El Estado capitalista, sirve a los intereses de las clases explotadoras, por lo tanto
es incapaz de ir en contra de los imperativos de la expansión y dominio intrínsecos al sistema. Los Estados capitalistas por tanto jamás podrán redistribuir equitativamente la riqueza o proteger el ambiente. “Consecuentemente el principal trabajo del Estado capitalista es servir a la meta de la acumulación, lo cual significa que es incapaz de cuidar adecuadamente la naturaleza.”14
Las corporaciones transnacionales son un poder económico mundial, por lo tanto también son un poder político dominante frente al cual nuestros Estados son simples piezas de ajedrez de su juego global. Frente a las imposiciones de las transnacionales el
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papel de nuestros Estados y gobiernos es simplemente el de cumplir órdenes. Toda la actuación, las políticas, las leyes son meras formalidades para encubrir y dar mayores ventajas a la penetración y dominación de las transnacionales imperialistas. En definitiva el capitalismo-imperialismo por su naturaleza y por su lógica es simplemente insustentable. Y esta no es una conclusión teórica sino más bien la constatación de la realidad del deterioro ambiental del planeta, y la inequidad cada vez mayor entre los más ricos y los más pobres. De ahí que, desde sus orígenes, una de las líneas más destacadas y que más nos caracteriza es la colaboración con el sector empresarial, en el intento de que mejoren sus políticas y prácticas comerciales y de este modo, lograr un comportamiento más respetuoso con el medio ambiente.
Resulta que las grandes transnacionales imperialistas que son las responsables del deterioro ambiental del planeta, se presentan como los grandes filántropos que invierten millones de dólares en programas, proyectos, para la protección del ambiente. Claro, es que lo que pierden en “protección ambiental”, lo recargan a sus costos de producción y lo ganan saqueando y depredando en nuestros países, protegidos además por un “sello verde”, que les otorgan otras transnacionales que han hecho de la salvaguardia del ambiente un jugoso negocio que se basa en la mercantilización y privatización de la naturaleza con el pretexto de su defensa.
“En su primer año, 1987, Conservation International compró una pequeña porción de la deuda de Bolivia a cambio del consentimiento del gobierno boliviano para apoyar la expansión de la Reserva Biológica Beni, la cual contiene algunas de las más grandes reservas mundiales de caoba y cedro tropicales. Los críticos acusaron que sus pericias actualmente se extendieron al "uso múltiple y conservación" de las áreas periféricas alrededor de la reserva. Conservation International ofreció entrenamiento y asistencia técnica sobre el `uso sustentable' de los bosques. Los pueblos indígenas Chimane y
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Moxeno no fueron consultados, y sus tierras fueron divididas por expertos en desarrollo sustentable y les fue negada la posibilidad de manejar sus tierras comunalmente…”15