Sin embargo, seis años más tarde, el propio E. H. Sturtevant publicaba un artículo titulado “The Development of the Stops in Hittite”87 que cambiaría el rumbo de la discusión en torno a la fonética y fonología de las consonantes oclusivas hititas. En él afirmaba que uno de sus estudiantes, C. L. Mudge, le había llamado la atención sobre el hecho de que las oclusivas sordas indoeuropeas solían representarse en la escritura hitita con una consonante doble, mientras que el resto de oclusivas (sonoras y sonoras aspiradas) tendían a representarse con una sola consonante. Sturtevant realizó una comprobación general basándose en las etimologías publicadas hasta la fecha y llegó a la conclusión de que “as a rule Hitt. shows a double consonant for IH. p, t, or k if the cuneiform system permits, but a single consonant for IH. bh, d, dh, g, or gh.”88 También señalaba, sin embargo, que las excepciones a esta tendencia eran lo suficientemente numerosas como para impedir que sirviera de criterio etimológico irrefutable.
En lo referente a la fonología, Sturtevant consideraba que esta tendencia de la escritura demostraba que la lengua hitita tenía dos series de consonantes, mientras que en el terreno fonético se mostraba indeciso. Partiendo de la suposición de que los escribas hititas confundían los signos CV-oclusivos sonoros y sordos del silabario babilonio, descartaba que las consonantes oclusivas hititas pudieran presentar una oposición de sonoridad, por lo que, basándose en la representación gráfica doble vs. simple, suponía que la oposición sólo podía ser de dos tipos: o de longitud (larga vs. breve) o de intensidad (fortis vs. lenis).89
Durante ese mismo año, el lingüista S. Einarsson publicó un artículo con el título “Parallels to the Stops in Hittite”90 en el que señalaba la existencia de oclusivas sordas largas en numerosas lenguas y lo consideraba un fenómeno universal. En su artículo, Sturtevant había afirmado, como argumento en contra de la interpretación larga vs. breve, que en muchas lenguas las oclusivas sordas eran más largas que las sonoras,91 pero ahora el artículo de Einarsson parecía apuntar a favor de este tipo de oposición. Por
87 Sturtevant 1932. 88 ibid., 9. 89 ibid., 12. 90 Einarsson 1932. 91 Sturtevant 1932, 12.
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ello, en la primera edición de su A Comparative Grammar of the Hittite Language92, de 1933, Sturtevant describió la oposición fonética siguiendo la sugerencia de Einarsson: “since voiceless stops are frequently longer that voiced stops, and since certain modern languages distinguish between long and short voiceless stops, it is probable that the Hittite distinction was at least in part one of quantity”.93
Sin embargo, el mismo año en que se publicaba la primera edición de la gramática de Sturtevant, aparecía en la revista Language un nuevo artículo, titulado “Hittite and Tocharian”94, en el que W. Petersen criticaba la propuesta de Einarsson. Petersen no discutía la validez de los datos lingüísticos propuestos por Einarsson, sino su relación con la escritura hitita, puesto que entendía que la diferencia real de duración entre las oclusivas (calculada con métodos experimentales) no podía haber sido percibida en modo alguno por los hititas.95 Por ello, se inclinaba más bien por la segunda de las opciones propuestas por Sturtevant en su artículo: “it remains probable that psychologically the difference between original IE voiced and voiceless explosives persisted merely as one between lenes and fortes.”96
Por otra parte, Sturtevant proponía la existencia de dos series de oclusivas en hitita, lo que planteaba varios problemas: a) ¿por qué no habían empleado los signos paleobabilónicos de sonoridad?, b) ¿qué tipo de cualidad fonética presentaba la oposición? y c) ¿por qué no se empleaba sistemáticamente? Sturtevant había respondido a la primera pregunta suponiendo que la lengua hitita había abandonado la antigua oposición de sonoridad indoeuropea, lo que le había llevado a plantearse la segunda cuestión, para la que había llegado a la conclusión de que el método gráfico empleado sólo podía reflejar dos tipos de oposiciones: o de longitud (larga vs. breve) o de intensidad (fortis vs. lenis). Sin embargo, Sturtevant no proponía ninguna respuesta satisfactoria que explicara la gran cantidad de excepciones que presentaba este empleo de los signos, lo que produjo que muchos hititólogos se mostraran escépticos al respecto. 92 Sturtevant 1933. 93 ibid., 74. 94 Petersen 1933. 95 ibid., 23. 96 ibid., 23.
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Un claro ejemplo de la prudencia con la que se abordó esta cuestión lo constituye el hecho de que en 1951, fecha de la segunda edición de A Comparative Grammar of the Hittite Language, Sturtevant sólo podía mencionar como citas alusivas a su descubrimiento, además de los artículos de Einarsson y Petersen ya mencionados, las aparecidas en sendas obras de H. Pedersen y F. Sommer, en 1938 y 1947 respectivamente. Al primero de estos dos autores, Pedersen, es a quien se le debe tanto la denominación “regla de Sturtevant” como “ley de Sturtevant”, puesto que así la mencionaba en su obra Hittitisch und die anderen indoeuropäischen Sprachen97, publicada en 1938. Sin embargo, en esta obra Pedersen no admitía que esta “regla” tuviera validez sincrónica; para él no representaba más que el rastro gráfico de una herencia indoeuropea que los hititas habían abandonado. De la misma opinión era Sommer98, quien aceptaba que “das Gefühl der Hethiter für Unterscheidung von stimmlos und stimmhaft zur Zeit der Annahme der Keilschrift misdestens sehr schwach war”99, descartando que la hubieran conservado con posterioridad. Por tanto, no puede decirse que en 1951, casi veinte años después de la publicación de su “ley”, Sturtevant se hubiera ganado la confianza de sus colegas indoeuropeístas e hititólogos.
A pesar de todo, en la segunda edición de su gramática, Sturtevant se mostraba muy convencido de la validez de su descubrimiento, como se deduce de la siguiente cita: “we know now, however, that Hittite made a distinction between voiced and voiceless stops and other phonemes by writing the latter double where the cuneiform syllabary makes this possible.”100 La razón de su seguridad, y del cambio de terminología (habla ahora de “fonemas sonoros y sordos”), residía en los recientes descubrimientos en el campo de la hurritología, donde se había propuesto la representación de fonemas sordos con escritura doble.101 Para Sturtevant estaba claro que el error inicial se había producido por influencia de las lenguas del entorno, que no poseían una oposición de sonoridad, y por el uso caótico de los signos CV-oclusivos, pero ahora consideraba que el descubrimiento del hurrita, que sí parecía poseer dicha oposición y un medio similar de representarla, constituía una prueba definitiva a favor de su teoría. 97 Pedersen 1938. 98 Sommer 1947. 99 ibid., 75. 100 Sturtevant/Hahn 1951, 26. 101 ibid., 26.
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Por tanto, la respuesta de Sturtevant en 1951 a las tres preguntas antes mencionadas era la siguiente: a) los hititas no habían empleado adecuadamente los signos CV-oclusivos paleobabilónicos, porque habían heredado el sistema de escritura hurrita, que tampoco los empleaba y b) la oposición fonética era del tipo sonora vs. sorda, porque era la misma que los hurritas representaban con este sistema. La respuesta a la tercera pregunta, sobre la irregularidad en el empleo de la grafía, seguía sin estar clara. Sin embargo, estas respuestas no hacían sino producir nuevas preguntas, cuyas respuestas eran, si cabe, más problemáticas: a) ¿por qué los hurritas no habían empleado adecuadamente los signos CV-oclusivos paleobabilónicos, si contaban con una oposición de sonoridad? y b) ¿cómo podía conocerse con tanta certeza el carácter fonético de la oposición hurrita, una lengua mucho más desconocida que el hitita y sin una familia lingüística a la que pudiera recurrirse para su comparación?