• No results found

Interaction effect of open stope geometric and inclination parameters on the

Chapter 4 Evaluation of the effect of geometrical parameters on the stope probability of

4.4.4. Interaction effect of open stope geometric and inclination parameters on the

Y así, por medio del impresionante silencio de tantos años como para abarcar más de una generación, la Escritura nos lleva a la muerte de Abraham, en «buena vejez» de ciento setenta y cinco años, setenta años después del nacimiento de Isaac. Y por citar el lenguaje significativo de la Biblia, «fue unido a su pueblo», una expresión muy diferente de morir o ser sepultado, y que implica reunión con los que habían partido primero, y una creencia firme y segura en la vida venidera. Y mientras sus hijos Isaac e Ismael, ambos de avanzada edad, están al lado de su sepulcro en la cueva de Macpelá, nos parece oír la voz de Dios diciendo en todo tiempo: «Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y abrazándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra».11

8

Un precio muy considerable para aquel tiempo.

9

Jeremías 32:7, 8.

10

Ver «Those Holy Fields»; Palestine illustrated by Pen and Pencil, p. 39.

11

Capítulo 15

(Génesis 24; 25:19; 26)

El relato sagrado se vuelve hacia la historia de Isaac, el heredero de las promesas, todavía marcando su curso los tratos de parte de Dios que habían caracterizado la vida de Abraham. Desde el punto de vista de las promesas divinas, el casamiento de Isaac tenía que ser ineludiblemente un asunto de gran importancia para Abraham.

El patriarca tenía dos cosas muy claras: Isaac no podía en modo alguno tomar una esposa de entre los cananeos del lugar, no debía hacer alianza con los que iban a ser desposeídos de la tierra; y que Jehová, quien tan a menudo había demostrado ser un Dios fiel, y en obediencia al cual ahora rechazaba lo que hubiese podido parecer relaciones altamente ventajosas, proporcionaría él mismo una compañera adecuada para Isaac. Estas dos convicciones determinaron la conducta de Abraham, como también condujeron la de «su criado más viejo», al que Abraham encargó llevar a cabo sus deseos, y quien, en términos generales, parece haber estado profundamente implicado en el espíritu de su amo.

Hacía poco tiempo1 que Abraham había sido informado que su hermano Nacor, a quien había dejado en Harán, había sido bendecido con numerosos descendientes. A él, pues, envió el patriarca «su criado, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía»; se cree que era Eliezer de Damasco,2 aunque por aquel tiempo ya debía ser de edad avanzada como su amo. Pero antes de partir le hizo jurar por Jehová (ya que este asunto concernía la esencia misma del pacto) para impedir cualquier alianza con los cananeos, y para aplicarlo a su «parentela». Y cuando el criado le planteó la posibilidad que para la ejecución de su deseo podría ser necesario que Isaac volviera a la tierra de donde viniera Abraham, el patriarca se negó rotundamente, tanto por ser contrario a la voluntad divina como por su creencia con fe que no habría dificultad alguna, y confió el resultado en las manos de Dios. En todo esto Abraham no tuvo ninguna nueva revelación del cielo; ni tampoco la necesitaba. Simplemente aplicaba a las circunstancias presentes lo que ya había recibido como la voluntad de Dios, del mismo modo que en todas nuestras circunstancias de la vida no necesitamos ningún nuevo comunicado de las alturas; solamente precisamos comprender y aplicar la voluntad de Dios tal como se nos revela en su Santa Palabra.

El resultado demostró cuán ciertas habían sido las esperanzas de Abraham. Tras llegar a Harán, el criado de Abraham puso en oración el asunto para que Dios «prosperase su camino», porque incluso durante nuestro camino por los mandamientos de Dios debemos buscar y pedir su bendición especial. Allí, mientras estaba fuera de la ciudad junto al pozo al que, según la costumbre oriental, las doncellas acudirían a sacar agua para sus casas, se le ocurrió con naturalidad relacionar en su oración una muestra de aquella cortesía, hospitalidad y amabilidad religiosas a lo que había estado habituado en la casa de su amo, con la parentela de Abraham, y por lo tanto el objetivo de su viaje. Casi no había terminado de orar cuando llegó la respuesta. «Antes que él acabase de hablar»3 Rebeca, la hija de Betuel, hijo de Nacor, hermano de Abraham, fue al pozo junto al cual se había parado el extraño con sus camellos. Su aspecto era muy simpático («la doncella era de aspecto muy hermoso»), y su forma de actuar muy modesta y conveniente. De acuerdo con la señal que él había determinado en su mente, le pidió agua para beber; y concordando con la misma señal, sobrepasó su petición sacando agua incluso para sus camellos. Pero ni siquiera así el criado de Abraham cedió ante su primera impresión; solamente lo hizo ante el cumplimiento exacto de su oración, «el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje o no». Antes de proseguir preguntando quién era su familia, y buscando su hospitalidad, recompensó la amabilidad de ella con regalos espléndidos. Pero cuando las respuestas de Rebeca le demostraron que Jehová le había

conducido directamente «a la casa de los hermanos de su amo», el hombre, muy conmovido, «se inclinó y adoró a Jehová». 1 Génesis 22:20. 2 Génesis 15:2. 3 Comp. Daniel 9:20, 21.

Related documents