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7.5 Model interpretation

8.1.3 Interaction terms

2.2.1 Un currículo integrado

Existe algo que ha estado caracterizando a la educación en niveles básicos en todos los países en los últimos años, que es el interés por lograr que se integren los campos del conocimiento y la experiencia, para que se facilite una comprensión más reflexiva y crítica de la realidad (Torres,1996).

Se requiere que esto suceda no solo en cuanto a los contenidos culturales sino que se incluya también el dominio de los procesos que son necesarios para adquirir conocimientos y comprender como es que se elabora, produce y

transforma el conocimiento, todo esto sin apartarse de las dimensiones éticas inherentes al proceso.

El mundo actual, es global, donde las dimensiones, culturales, políticas, ambientales, científicas son interdependientes, pues para ser comprendidas deben visualizarse como un todo. Esto significa que alguna acción y/o decisión en una de estas dimensiones trae consecuencias y repercusiones en las demás.

Es así como menciona Torres (p.31), que un currículo globalizado e interdisciplinario será capaz de agrupar una amplia variedad de prácticas

educativas y será la manera más apropiada de contribuir al mejoramiento de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Todo esto, puede contribuir a reconceptualizar la educación, como proponía Dewey (1982) y conectar el ámbito de la experiencia escolar con el entorno, para hacer posible que los estudiantes relacionen la experiencia de su comunidad con los conocimientos adquiridos en el aula. Pues es innegable que las instituciones escolares se están contemplando cada vez más de la forma en

que se ven a las empresas y los mercados económicos, con las mismas dinámicas, los ideales e intereses de esferas de la vida económica y social se comparten ahora con las políticas de reforma educativa y las modas pedagógicas.

Los cambios sociales antes mencionados, hacen necesario el replantear los procesos de enseñanza- aprendizaje. Dentro de esos cambios cabe recalcar la necesidad de modificar los objetivos del proceso de enseñanza–aprendizaje en una concepción de educación por ejes transversales (Boza, 2001). Esta

concepción se refiere al tratamiento de determinados contenidos educativos de forma tal que puedan integrarse las materias del currículo que normalmente se enseñaban/aprendían de manera separada sin vincularse entre sí. Apegándose a los requisitos de nuestro nuevo mundo donde cada vez se hace más patente la interdependencia (Boza, 2001).

Lo anterior está de acuerdo con lo que menciona Tobón (2006), sobre la existencia de la propensión en las instituciones educativas a implementar la transdisciplinariedad en sus planes de estudio, para entrelazar los conocimientos de las diferentes áreas. Esto tiene como finalidad la integración de saberes (académicos, científicos, culturales, filosóficos, etc.), métodos, perspectivas y valores, que permitan abordar los fenómenos en toda su complejidad, yendo a través de las distintas disciplinas e incluso trascendiéndolas.

Pocos estudiantes son capaces de visualizar algo que permita integrar los contenidos o actividades de las diferentes asignaturas, incluso hasta el

profesorado en ocasiones, no ve claramente una relación entre disciplinas. Esta situación se da en los distintos niveles educativos.

La organización del currículo debe hacerse pensando en situaciones que vayan mas allá de la disciplina, donde al alumnado se le exija que maneje marcos teóricos, conceptos, procedimientos y destrezas de diferentes disciplinas para comprender o solucionar las cuestiones y problemas que se le planteen. Al realizarse esto se permitirá que el estudiante constate de manera más fácil las dimensiones éticas, políticas y socioculturales implícitas en las soluciones o propuestas elaboradas, que si solo se visualizaran desde el punto de vista de una disciplina.

Indudablemente la integración de los campos del conocimiento y la

experiencia, que permitan una comprensión más reflexiva y crítica de la realidad es lo que está caracterizando a la educación globalizada.

Con un currículo integrado es fácil que salgan a la luz las implicaciones sociales de la educación y del conocimiento que promueven las instituciones académicas. Una planeación de currículo integrado implica que se ponga de manifiesto los compromisos y creencias que debe cumplir la escolarización en la sociedad para cumplir con el propósito de capacitar a los estudiantes para que asuman responsabilidades y lleguen a ser personas autónomas, solidarias, democráticas, sensibilizadas con su entorno (Torres, 1996).

Un cambio de visión, misión y planes de estudio de una institución requiere a su vez cambios profundos en las actitudes y aptitudes de los docentes y

profesionales involucrados en ella. Es por ello imprescindible la capacitación de docentes para actualizar sus conocimientos profesionales, así como espacios donde puedan intercambiar experiencias y generar nuevas propuestas para el desarrollo de la labor educativa.

Al optar por un currículo integrado se debe considerar también que se afectaran las funciones de los docentes, la interacción entre ellos, así como el perfil de los mismos y la forma en que podrán obtener, mediante capacitación, dicho perfil.

Se puede considerar que de la mano de un currículo integrado, viene un profesorado con capacidad de investigación y de trabajo en equipo.

2.2.2 El perfil del profesor

Hargreaves (1996), menciona y ratifica que en el mundo se están

planteando problemas y retos muy grandes tanto a los sistemas escolares como a los profesores que trabajan en ellos. La compresión del tiempo y el espacio ha provocado cambios acelerados, exceso de innovaciones, así como la

intensificación del trabajo de los educadores.

La incertidumbre en el campo científico está acabando con la pretensión que se tenía de una base de conocimientos seguros para la enseñanza. La búsqueda de formas de decisión más cooperativas está planteando problemas al trabajo aislado que los docentes venían realizando, lo que a su vez, provoca en algunos líderes, incertidumbre de hasta donde puede llegar la colaboración.

Gran parte del futuro de la enseñanza depende de cómo se afronten y resuelvan estos problemas en las instituciones educativas y por los propios docentes.

La participación de los maestros en el cambio educativo es vital; para que éste tenga éxito y para que esta participación tenga sentido y sea productiva, no basta con que los maestros adquieran nuevos conocimientos sobre los contenidos curriculares o nuevas técnicas de enseñanza, pues los profesores son aprendices

sociales y es por ello que debe prestarse especial atención a su capacidad de cambio, a sus deseos de hacerlos, para lograr hacerlo de manera eficaz, saber qué se debe cambiar y qué conservar.

Hay que recordar que el profesor es una pieza clave en todo sistema educativo. El nuevo papel de la educación y el conocimiento en la sociedad implica también la redefinición del papel de los educadores, como menciona Esteve (en Tébar, 2003 p.18) “Nuestra sociedad y nuestros profesores necesitan redefinir los valores en los que creen, los objetivos por los que trabajan y el tipo de hombre que quieren formar.”

Se debe involucrar más a los profesores en el proceso de cambio,

dándoles oportunidad de aprendizaje profesional y de que se establezcan culturas de trabajo colaborativo y de perfeccionamiento continuo. Esto lleva a considerar la necesidad de reforzar la capacitación docente en los conceptos de

transversalidad y del trabajo en torno a proyectos.

Según Fullan (1993) un docente que encaje en esta sociedad cambiante necesita algunas cualidades mínimas: capacidad de tener una identidad propia, de aprender, de ser responsable y emprendedor. Que muestre capacidad para involucrarse en la resolución de tareas, planteando estrategias propias,

procesando información, que domine conocimientos y competencias, así como un espíritu colaborativo.

En la literatura contemporánea se exponen y describen muchas características que debe exhibir el docente, aunque en ocasiones son

contradictorias, pues cuando algunas apoyan el que se tenga conocimientos y valores, otras solo recalcan la necesidad del manejo de estrategias de enseñanza

y de las tecnologías de la información. Algunos más hacen hincapié en la presencia en el docente de competencias de comunicación que les permitan interactuar con alumnos, padres y colegas (Vaillant, 2005).

La realidad a la que se enfrentan hoy en día los docentes es que deben reconocer la existencia y promover distintos estilos de aprendizaje, que deben trabajar con grupos heterogéneos de estudiantes, que se integran en las aulas alumnos con necesidades especiales, que se debe fomentar el desarrollo de destrezas curriculares transversales así como, crearrelaciones multidisciplinarias entre las diferentes asignaturas, todo esto aunado a la preocupación de

homogenizar y comparar los rendimientos de sus estudiantes (Hargreaves, 1996). A pesar de todo lo mencionado anteriormente se sabe que existe una gran distancia entre lo que debe ser y la realidad, lo que sí es claro es que en los últimos años se ha insistido en definir al docente como una guía, tutor y orientador (Vaillant, p.40).

Por todo lo dicho, es que con respecto a la definición del perfil del profesor- orientador que se encargará de llevar a cabo la integración de los nuevos planes de estudio se considera como menciona Tébar ( 2003), que el profesor es un elemento clave en el sistema educativo, es por ello que al redefinir el nuevo papel de la educación es necesario definir nuevamente su papel, para esto será

necesario tomar en cuenta lo mencionado por Girou (1997) de que al plantear un nuevo papel de los educadores, debe contemplarse el objetivo de la instrucción escolar y a las escuelas se les debe ver como lugares dedicados a potenciar, de maneras diversas a la persona y a la sociedad.

La actividad docente debe cambiar, dejar de promover la memorización de información, el conocimiento de datos científicos y técnicos, para comenzar a desarrollar competencias concretas, que integren un amplio conjunto de conocimientos y habilidades. Esto es un nuevo enfoque centrado en el aprendizaje, que maneje el lenguaje de las competencias definidas como una colección de habilidades, actitudes y conocimientos de comunicación, sociales, de razonamiento matemático, científicas, tecnológicas, creativas; todas ellas

inmersas dentro de un marco de valores.

Para realizar esto se requiere de una figura docente reflexiva, con amplia cultura y conocimientos pedagógicos que le permitan organizar el ambiente de aprendizaje, pues se convierten en un elemento motivador de éste. De igual manera estimula la colaboración y participación de todos en el aula, respeta los ritmos de aprendizaje, modula los estímulos, las propuestas, los procedimientos y actividades que se llevan a cabo.

Es por todo lo mencionado anteriormente que la formación del docente cada vez se va definiendo de manera más compleja pues se le asignan misiones que la sociedad y la familia le relegan y es así que se puede mencionar como lo hace Tébar (p.19) como cualidades indispensables en el maestro:

1. Competencia pedagógica. 2. Madurez y estabilidad emocional.

3. Conocimiento de la materia que debe enseñar.

4. Comprensión de los procesos de desarrollo del alumno. 5. Preocupación y respeto hacia los alumnos.

7. Toma de conciencia de la escuela situada en un marco social. 8. Espíritu abierto y dinámico.

En síntesis, el perfil del profesor es el conjunto de características de la persona que las instituciones conciben como ideales para laborar, en el área académica, de acuerdo a la misión, visión y planes de estudio de las mismas.

Estos se elaboran contemplando los ámbitos social, profesional y

académico donde se realiza la actividad educadora. Así mismo se contemplan en él, aspectos éticos, habilidades, actitudes y destrezas que demandan ese ejercicio profesional y los lineamientos de la institución.

2.2.2.1 El profesor orientador

La nueva era del conocimiento sitúa a la educación en el centro de la sociedad, con una proyección abierta, pues la educación debe prolongarse a lo largo de toda la vida como compañera del desarrollo de la persona (Tébar, 2003). Los valores y saberes deben conjugarse de manera armónica para presidir la maduración de forma integral en cada persona. Ambos aspectos contemplados por la orientación.

Considerando lo que Delors (1996) resume como los pilares de la

educación que implica cuatro tipos de aprendizaje: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser.

Así como los cuatro ejes de trabajo en la reformulación de los currículos: Llenar “huecos” en los programas; articular los programas con coherencia, para alcanzar objetivos interdisciplinarios, identificar lo esencial, para la formación de competencias para que los estudiantes puedan transitar por diferentes centros de formación, prepararse para estudios superiores, para el acceso al trabajo y su

integración a la sociedad y asegurar la adquisición de competencias clave, lo que significa saber activar, en una situación dada, los conocimientos y experiencias adquiridas (Tébar, p.15).

El trabajo de los maestros, como ya se había comentado, se ha multiplicado. Se considera que su papel es el de un tutor, pues no solo se

restringe a sus funciones en el aula, sino a muchos otros aspectos como: reunión con padres, con profesores, lo que supone una planeación cooperativa, actuar incluso como tutor de un compañero, ser el monitor de un maestro nuevo, participar en actividades colectivas de desarrollo del profesorado o incluso, participar en comisiones de revisión de casos individuales de alumnos con necesidades especiales.

Cabe mencionar que los contactos con los padres van más allá de las reuniones tradicionales y superficiales, incluye consultas regulares,

conversaciones telefónicas, informes escritos, etc. Cada vez hay más pruebas de que la atención adecuada y positiva a cuestiones, incluso ajenas al aula, pueden mejorar de manera significativa, lo que se desarrolla en ella.

La participación en las decisiones, el trabajo con compañeros, el

compromiso de perfeccionamiento continuo compartido, influyen en el rendimiento de los alumnos. Es por todo esto que el papel del profesor, se visualiza como el de un profesor orientador de ahí que como se mencionó anteriormente, la

determinación del perfil del profesor-orientador encargado de la integración de los planes de estudio, así como sus necesidades de capacitación se aborda desde el punto de vista de la orientación.

La orientación es una función global en la educación en la que participan profesores, tutores, orientadores y familia y la que procura proporcionar al alumnado la ayuda necesaria para su desarrollo integral (Rodríguez Espinar 1993).

Apoyando esto Bisquerra (1996), asume que la orientación debe ir dirigida a todos los aspectos del sujeto. La orientación es una acción continua que debe ser considerada parte del proceso educativo sin olvidar que ésta contempla todos los aspectos de un sujeto pues, educa para la vida, asesora sobre opciones y alternativas, desarrolla habilidades como toma de decisiones, estrategias de aprendizaje además de considerar la necesidad de atender a la diversidad para no dejar a nadie sin una guía orientadora (Boza, 2001).

Autores como Fernández Torres (1991), consideran un conjunto de rasgos que deben considerarse en el proceso orientador. Se refieren a que la orientación forma parte de la actividad educativa y es por ello que en ella deben involucrarse los profesionales de la educación. Como se trata de un proceso, se desarrolla de manera continua, alcanzando todas las edades y todos los niveles educativos; a su vez debe dirigirse a las personas o ambientes que inciden en el alumnado: Institución escolar, profesores, familia y el entorno social. Como la orientación es un proceso de ayuda se requiere que las personas que la realicen se capaciten de manera profesional.

Desde el principio de que la orientación, como menciona Álvarez Rojo(1994) debe activar y facilitar el proceso de desarrollo del sujeto, la

orientación educativa supone que se debe acompañar a los alumnos para que realicen un análisis crítico y una apropiación activa de los procesos de adquisición

del saber, en el conocerse a sí mismo, durante la elaboración de los elementos de su identidad personal y también en el análisis de la realidad que lo rodea y la integración de conocimientos, deseos, capacidades, etc., en un proyecto de vida y carrera.

Como ya se mencionó el proceso de orientación debe alcanzar a los profesores involucrados en la formación educativa, más aún cuando esta sufre cambios y adaptaciones a las necesidades y recursos de las nuevas sociedades globalizadas, pues de la manera en que se forman los docentes determina la orientación de las instituciones educativas encargadas de formar a las nuevas generaciones que enfrentaran los retos y demandas de estas sociedades.

El proceso de orientación como menciona Negro (2006), es amplio en funciones, en ámbitos de intervención y tareas que deben ser realizadas.

Los distintos modelos de intervención aportan cosas distintas a la práctica de orientación y como menciona Boza (2001) la orientación en los procesos de enseñanza-aprendizaje, otra área de la orientación, implica programas de métodos y técnicas de estudio, habilidades de aprendizaje, programas de

aprender a aprender, estrategias de aprendizaje, enseñar a estudiar, el desarrollo de aprendizaje autónomo, entre otros.

Como menciona Comellas (en Boza 2001), la orientación de los procesos de enseñanza aprendizaje requiere un análisis de base, precisamente por los cambios que está sufriendo la sociedad actual, por la variedad y expansión de las tecnologías de información y en general por la necesidad de que se adquieran nuevas y necesarias habilidades y técnicas de aprendizaje para ser competitivo en mundo actual.

De esta manera, el profesor-orientador ejercerá en ocasiones, función de orientador en el aprendizaje y otras, como se mencionaba anteriormente de tutor, al que se considera un eje educativo cuya labor se realiza en diferentes

dimensiones: la del aula, la personal, la familiar y la del centro educativo.

Esto porque favorece el proceso de aprendizaje, atiende individualmente las demandas de los estudiantes, es el punto de contacto entre la familia y la institución y es una figura que debe fomentar los valores e ideas de la institución.

Una concepción semejante tiene Pozo (1996), sobre las cinco funciones profesionales del maestro, el menciona que es un:

.-Proveedor de conocimientos. .-Modelo de comportamientos. .-Entrenador de sus aprendices. .-Tutor o guía y

.-Asesor de aprendizajes o director de investigación.

Para poder formar al profesor con estas características se puede considerar, además de su formación como orientador, el enfoque basado en competencias, el cual permite atender las necesidades de los estudiantes en los contextos, personal, educativo y laboral, lo que redundará en el fortalecimiento de la función social y orientadora a nivel educativo y en la mejor y más integral

formación del estudiante.

Este enfoque considera que los conocimientos no son lo más importante por sí mismos, sino el uso que se hace de ellos en situaciones específicas de la vida personal, social y profesional del estudiante. La escuela, al reconocerse como un espacio privilegiado para el desarrollo de los jóvenes en ámbitos más

allá de lo estrictamente académico, puede jugar un papel determinante en la atención integral a sus necesidades, realizando una labor orientadoraen la

construcción del plan de vida y carrera de dichos jóvenes a lo largo de su proceso de formación para que de manera exitosa se incorporen a la realidad social que les corresponde vivir.

Muchas de la características aquí mencionadas, que se consideran necesarias estén presentes en el profesor orientador, son compartidas por la propuesta de Tébar (2003) para el profesor mediador. El profesor como mediador es definido por la LOGSE así: “El maestro es el mediador entre los conocimientos que el niño posee y lo que se pretende que adquiera, es el guía en la construcción de conocimientos del propio alumno" (Tébar, 2003 p.73).

La mediación tiene como objetivo desarrollar habilidades en el mediado

para lograr su autonomía, cree en la potenciación y perfectibilidad del ser humano. Es una posición humanizadora, positiva, constructiva y potenciadora dentro del mundo de las relaciones educativas. Se basa en el “desarrollo potencial” definido por Vygotski (en Tébar, 2003).

Dentro de los valores de la mediación en el campo educativo, que se

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