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6.3 Static Interaction

6.3.2 Interaction with Single Impulse Responses

Los medios locales y nacionales narran las luchas, negociaciones y tomas, remarcando la visión de los vecinos que se ven perjudicados por los usurpadores en cuanto a desprolijidad, malos servicios e inseguridad, sin ahondar en el tema y repitiendo el discurso hegemónico:

(…)Las personas que residen en la región remarcaron su temor de que esa esquina "se llene de roedores y tengamos ratas en nuestras casas" y agregaron que "la delegación no ha instrumentado ningún mecanismo para evitar esta situación tan problemática para nosotros".

Cabe destacar que el tema de los asentamientos ilegales también ha afectado a los vecinos de la localidad de Villa Elisa que decidieron poner en marcha un sistema de vigilancia con el objetivo de "evitar este tipo de situaciones" (…) (El Día, 23 de julio 2001)

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“(…) El legislador bonaerense Gonzalo Atanasof (Unión Celeste y Blanco) aseguró que “cuando una de estas ocupaciones se produce, los vecinos que viven en la zona sufren el colapso de los servicios y sienten el descuido en torno a la seguridad (…)” (El Parlamentario, 16/2/2011).

“ (…) Tales asentamientos -además de implicar en muchos casos una violación de la propiedad privada- tienen un fuerte impacto en la calidad de vida de los vecinos de aquellas zonas en los que se instalan y suelen generar, por ejemplo, un rápido colapso de los servicios esenciales (…)” (Editorial El Día, 16/02/2007)

“En medio de los desalojos que vienen sucediéndose en los últimos días en la ciudad, el Concejo Deliberante analiza la creación de un registro para que los vecinos puedan denunciar usurpaciones y que Control Urbano los asista para evitar la toma de terrenos. (…) El concejal de Peronismo Federal, Juan Pedro Chaves, presentó el proyecto que busca crear el Departamento de Prevención de Usurpaciones. Según el texto, esta nueva dependencia funcionará en el ámbito de la Dirección General de Control Urbano, y trabajará sobre los reclamos vecinales vinculados con las denuncias de usurpaciones y asentamientos ilegales. El objetivo de este departamento será centralizar la información coordinar actividades, formular denuncias, dar intervención a las autoridades judiciales y policiales competentes en la región, ya sean provinciales o federales. El proyecto también prevé la creación de una línea telefónica gratuita con atención

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las 24 horas donde los ciudadanos puedan denunciar o alertar sobre usurpaciones o intentos de usurpaciones de inmuebles” (InfoNews 4/05/2010).

Esta visión de los asentamientos interpretada desde el afuera no describe a los asentamientos populares como un problema urbano, sino como una problemática relacionada directamente al ocupante de las tierras como sujeto social. Entonces, se desplaza el nudo de la cuestión de este problema urbano a las acciones de los habitantes de los asentamientos.

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Figura 2. Publicaciones de “El Día” resaltan como problema de los asentamientos la inseguridad y problemas ambientales. Se los vincula a los habitantes con punteros políticos y se insiste con los adjetivos ilegales y usurpadores.

- 90 - Esta tipificación roza con el sentido común. Se asocia así al habitante del asentamiento con la falta de moral, con el clientelismo político y con la inercia para querer mejor sus condiciones de vida.

Luis Arias sostiene que los medios que apelan a la usurpación en sus textos cometen un gran error. “La ocupación no es delito, 20 años de ocupación te dan derechos, un año te da derechos

a repeler una eventual ocupación. Poseyendo la tierra tenés derechos, la posesión tiene sentido jurídico. Existe el delito de usurpación por medio de la fuerza violenta romper alambrado, una tranquera, materialmente violento. Ahora, si un terreno no tiene cerco ni tranquera y lo ocupan no es usurpación porque si no hay violencia no es delito. Los medios y la justicia penal califican como usurpación cuando no son, esto es por interés y prejuicio social donde se asocian los dos intereses, nadie quiere una villa cerca, está el sentido que la clase media quiere higiene social, una ciudad limpia, los habitantes son ratas, son delincuentes.”

Sin embargo, muchos medios no diferencian y utilizan el término usurpación para referirse a las tomas.

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Figura 3. Los medios nombran las ocupaciones como usurpaciones, plasmando una connotación negativa hacia los residentes de los asentamientos.

Muchas veces, incluso, se diferencia al villero con los otros pobres. Rosana Guber describe esas narrativas en su trabajo: “el villero es un pobre indigno, un pobre que no puede sobrellevar digna, moral, honradamente su pobreza” (Guber, 2013:174).

Estos discursos también son reproducidos y naturalizados por parte de la sociedad que traduce el problema del acceso al hábitat digno a las formas de vida de ese otro. Así, los discursos reproducen el “les gusta vivir así”; “están acostumbrados a vivir de esa manera”.

- 92 - Sin embargo, otros medios hacen hincapié en los de adentro, en los vecinos de los asentamientos, en la intimidación policial y el sufrimiento de las familias tras los desalojos:

“Allí unas 300 familias consiguieron frenar el desalojo que los amenazaba desde hacía tres meses, cuando empujados por la necesidad de una vivienda digna ocuparon un predio en la zona de 526, 528, 161 y 166. Los vecinos calificaron como “un atropello” la acción policial y hoy harán una presentación a la justicia para proceder con un pedido de informe que explique los hechos” (InfoNews, 18/10/2011).

“Vecinos de Barrio Aeropuerto, integrantes de unas 150 familias, iniciaron el domingo a las 5.30 un proceso de ocupación de terrenos en la zona que va de 118 a 120 y de 613 a 614, y llegaron ayer a un principio de acuerdo con los titulares de las tierras, para comprarlas. Se trata de unas 10 hectáreas que estaban en venta. Hoy por la mañana se reunirán las partes en la inmobiliaria encargada de la operación para cerrar un acuerdo.

Como parte de ese pacto, los vecinos abandonaron el predio y se organizaron en grupos para hacer una guardia en el lugar, un inmenso terreno cubierto de pastizales que ya luce con un loteo informal de hilos y cintas, además de la presencia de un patrullero policial.

Son más de 150 las familias que se encuentran en una situación habitacional dramática. “Nosotros necesitamos las tierras y las queremos comprar. Tenemos hijos y familia y con lo que ganamos en nuestros trabajos no nos alcanza para pagar un alquiler”, dijo Sofía González, quien junto a Miriam Valdez y Susana Vallejos

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organizaban los turnos de 12 horas de las guardias en el terreno. “Nosotros queremos pagar por las tierras. Somos pobres pero con honra”, señaló, por su parte, Vicente Paredes, quien se encargó de desmentir las acusaciones de “ladrones” (Diagonales, 11/10/2011).

Los problemas ambientales son atribuidos como consecuencia de los asentamientos. La supuesta falta de higiene se asocia a la precariedad constituyendo un nuevo miedo para el resto de la población:

“(…) la gente del barrio sostuvo que este no es el único intento de ocupación ilegal de terrenos que se produjo en la zona. "Unas personas trataron de instalarse en una propiedad ubicada en Córdoba y 148. El dueño tuvo que soportar que durante dos semanas se quisieran meter en su terreno con todas las chapas. Afortunadamente el propietario logró que se retiraran, pero todo podría haber terminado mucho peor", explicaron.

Las personas que residen en la región remarcaron su temor de que esa esquina "se llene de roedores y tengamos ratas en nuestras casas" y agregaron que "la delegación no ha instrumentado ningún mecanismo para evitar esta situación tan problemática para nosotros".

Cabe destacar que el tema de los asentamientos ilegales también ha afectado a los vecinos de la localidad de Villa Elisa que decidieron poner en marcha un sistema de vigilancia con el objetivo de "evitar este tipo de situaciones. (…) “(El Día, 23 de junio de 2001).

- 94 - Como sostiene Carman (2006) muchas veces, el discurso ambientalista resulta un argumento “neutral” para echar a los vecinos de los asentamientos “se los desaloja por “su propio bien”, por su propia seguridad” (...) Por esa aparente ausencia de carga ideológica, el embellecimiento ambiental de un área degradada, gana consenso rápido entre los actores diversos” (Carman, 2006:391).

Jesús Martín-Barbero ha asociado a los medios con los miedos en la textura urbana, que puede comprenderse como entretejida por los cruces y pugnas entre la oscura sin-razón y la claridad ordenada. Martín-Barbero afirma que “para pensar los procesos urbanos como procesos de comunicación necesitamos pensar cómo los medios se han ido convirtiendo en parte del tejido constitutivo de lo urbano, pero también cómo los miedos han entrado últimamente a formar parte constitutiva de los nuevos procesos de comunicación” (Martín-Barbero, 1991: 12).

Rossana Reguillo también estudió la relación medios/miedos, trabajando los conflictos que emergen en la ciudad. En “Mitologías urbanas, la construcción social del miedo. Una perspectiva latinoamericana”, trabaja el miedo como “individualmente experimentado, socialmente constituido y culturalmente compartido, exacerbado por la atmosfera cultural de fin de milenio y convertido en instrumento de control político” (Reguillo, 2000).

Los miedos son una clave de los nuevos modos de habitar y de comunicar; “son la expresión de una angustia más honda, de una angustia cultural” (Huergo, 2000:37).

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