1 Introduction
4 The barriers to internationalisation
4.2 Barriers to internationalisation: their internal and external dimensions
4.2.1 Internal barriers 1 Firm size and resources
Esta idea de la razón acerca de sí mismo se forja en Grecia y tiene tal fuerza de persistencia que desaprovechó para corregirla hasta el gran drama cristiana, cuyo destino era horadar la razón y lanzarla más allá del racionalismo griego. No aconteció así y, por el contrario, el racionalismo europeo moderno elevó a su máximo grado y a su mayor expresión esta idea de la razón, creyendo además en su poder absoluto [...] Vino a nacer aquí, lógicamente, el confiado progresismo liberal del siglo XVIII. Ante la replica que la realidad insumisa ofrecía a diario al optimista racionalismo, ante la injusticia, el absurdo y el error, nació la idea del progreso y la fe ilimitada en él (Ibíd.).
Sobreviene la reconvención histórica:
Sólo le reprochamos a estos progresistas liberales su excesiva simplicidad y ligereza, su superficialidad al no tener en cuenta todos los subterfugios y disfraces de que el hombre es capaz y sobre todo y más gravemente el no distinguir entre la inteligencia como dote de un hombre concreto de carne y hueso y la inteligencia en su historia, en su desenvolvimiento a través de los acontecimientos más encontrados [...] Y si algo hoy se nos aparece claro, con claridad hecha de dolor, es que la inteligencia no funciona incondicionalmente, sino que es sobre unas circunstancias sociales, políticas y económicas como se mueve. Después del Renacimiento, por complicados caminos, el hombre fue falsificando, desrealizando cada vez más la imagen y hasta la idea de su vida. Se fue idealizando hasta llegar en su soberbia a presentarse una imagen de su existencia coincidente con su ideal (Ibíd., pp. 91-91).
Desde el punto de vista de reflexión crítica, tenemos pues, del “corazón de Europa en llam as” de Unamuno al “alm a estrangulada de Europa” en la voz zam braniana en su intento de desenm ascarar la cubierta del hombre racionalista moderno, a partir de indicar en él su inhabilidad de vivenciar una experiencia como es la angustia como elem ento vital, o bien, la “de su fluctuar sobre la vida sin lograr arraigarse en ella, -en que- sale el fascismo como un estallido ciego de vitalidad que brota de la desesperación profunda, irremediable, de la total y absoluta desconfianza con que el hombre mira el universo” (Ibíd., 95). Esto encierra, según Zam brano, la dimensión “atea” del fascismo respecto de la vida, pues no ve en ella la estancia de ayuntamiento amoroso. No pasemos por alto, que esta
de su vida; una repugnancia infinita de defendía de esta realidad. El hombre se evitaba a sí mismo y eludía su propia imagen" (p. 91).
“desconfianza" a la que alude Zambrano nos inserta en aquello que podríamos designar la primera manifestación nihilista en que se caracteriza una crisis de la objetividad como diagnóstico de la época en que el juicio fundamental se articula en que el modo tradicional de hacer filosofía es insuficiente para la vida y el hombre. Pues en la filosofía no se encuentra la totalidad de lo humano. Escribe Zambrano:
Si volvemos la vista a Grecia, vemos en ella dos caras: la de la filosofía y la de la tragedia. Si la primera trasciende de la vida griega a causa de su lograda universalidad, la tragedia nos asoma como a una sima sin fin, al mundo terrible y luminoso a la vez de las relaciones humanas concretas. La filosofía se dirige al hombre en cuanto que piensa y le invita a liberarse de todo lazo; en la tragedia contemplamos los conflictos de estos terribles lazos de las estirpes y abolengos, «la fuerza de la sangre», la voz de los dioses, la fuerza cósmica..., la fuerza y la de todo aquello sobre lo cual el hombre no tiene jurisdicción {Ibíd.: 195).
Es legítimamente en aquello de lo cual la filosofía en su característica dualidad que Zam brano asume la autoridad de pensamiento que la lleva a delinear una “actitud reaccionaria” en la posibilidad transhistórica de una nueva verdad que se abre camino. Esta misma actitud que lleva en sí la resistencia es en la que em erge algo que está por nacer:
La nueva realidad de la persona, de la vida personal, de eso absoluto en su desamparo que nace desasistido de la razón y apartado de su reino. Una verdad cuyo nacimiento no se había verificado en medio de los grandiosos sistemas filosóficos, sino que había venido al mundo con apariencia tan frágil, encubierto en el misterio, confundiéndose con el delirio, con el absurdo; como algo imposible en lo que ningún pensamiento serio podía fijarse {Ibíd. : 197).
Nueva realidad del hombre, “este hombre nuevo es el hombre interior: «Vuelve en ti mismo; en el interior del hombre habita la verdad»” (Zam brano, 2000: 76). En este sentido, el compromiso zam braniano está ahí, por una parte, en la negación del reino de la razón que deshumaniza al hombre soslayando su posible
trascendencia33, y por la otra, extender la finalidad de denunciar el largo error filosófico: el error de la verdad, tal como la expone los sistemas filosóficos que tienden a instituirse bajo conceptos puros históricos en su modo exclusivo y absoluto de ser. Luego, “la filosofía griega no deja lugar tampoco para la historia humana, pues es también una forma de resignación34. Llega en su mayor violencia, hasta establecer el mundo, el ser de las cosas, pero, en cuanto al ser del hombre, vacila” (Ibíd.:55). Sobre esta cuestión se legitima la violencia del pensamiento europeo que expresa a su vez la otra violencia del existir. De ahí que Zam brano pretenda diseñar una asistencia y participación categórica a la terrible violencia europea dirigida a reivindicar la estructura de la vida humana, constantemente, en esperanza de renacimiento.
Esta participación zam braniana nos ha de llevar por los caminos del lenguaje en la configuración de la razón poética, fundamentalm ente por un tratam iento del lenguaje que aspira a disolver la reducción del pensamiento al concepto. Pues, tanto Nietzsche como Zambrano la metáfora ha de contener un enorm e valor frente al concepto. El pensamiento zam braniano se dirige en desistem atizar la forma pura de la filosofía, frente a ello poner de manifiesto la unidad de la filosofía con la poesía en la osadía auténtica de expresar tanto sus “conexiones históricas” como sus aproximaciones. Pues existe entre la filosofía y la poesía una íntima, esencial y viva unidad. Esta unidad que despliega la reunificación entre estas dos formas de palabra, de pensamiento que da como resultado la racionalidad poética, misma que se traduce en la obra zam braniana
sobre el diseño de una f il o s o f ía d e l a id e n t id a d, ya que la “unidad que es
identidad, una especial identidad entre la persona viviente con su creación” (lbíd.\ 47) representa para el hombre la necesidad de la creación poética, como para Nietzsche la creación artística a cargo de una «subjetividad artísticam ente creadora».
33 Cfr. La agonía de Europa: “...pues ser hombre es poseer esta interioridad que lo trasciende todo, esta interioridad inabarcable”.
34 El término de “resignación” aparece también en Los intelectuales en et drama de España con