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Internal communication for coordination

4.1 Changes to group process due to introduction of self-managing teams

4.1.2 Team communication

4.1.2.2 Internal communication for coordination

En muchas partes de México, el bordado se enseña a las niñas desde pe- queñas por tradición familiar, y en ocasiones continúa el aprendizaje en la

escuela. Fue por iniciativa de unas niñas y sus mamás, que en la comunidad indígena de Cuzalapa, el bordado dejó de ser una tarea para convertirse en un negocio. Un pequeño grupo decidió vender unas servilletas y unos mapas de la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán que habían hecho, y después de venderlas, continuaron fabricando más. En una foto que posee el grupo, se puede ver a una niña, de ocho o nueve años con su bordado, mostrando el dinero de la primera venta. Se ve claramente el orgullo en su sonrisa.

Al ver que había mercado para los productos bordados, las madres de las niñas también comenzaron a hacer bordados. Al principio vendieron servi- lletas y mapas, después manteles y prendas variadas como vestidos, blusas y camisas. No pasó mucho tiempo para que las mujeres formaran un grupo y compartir la tarea de llevar los bordados a vender a otros lugares. Desde 1998, que fue cuando iniciaron, ahorraron cinco pesos de cada pieza para el fondo del grupo. Del fondo común se paga el pasaje a otros pueblos cuando van a vender y requieren trasladarse en camión. Pero no siempre tienen que viajar en camión pues la Universidad de Guadalajara en oca- siones les apoya con el transporte. Con esta ayuda, y con las ventas que han tenido, los fondos del grupo fueron aumentando poco a poco, hasta que tuvieron la oportunidad de hacer un desembolso inicial para la compra de máquinas de coser.

La idea básica del grupo es que cada mujer continúe haciendo los bor- dados con un estilo propio y que le guste hacer. No usan los mismos diseños, sino que bordan lo que les gusta, por lo tanto, cada pieza es original. “A algunas no les gusta hacer el deshilado, pero a mí, sí, entonces yo hago el des- hilado y ellas hacen otro tipo de bordado”. Dos tipos de trabajo se realizan, el lomillo bordado y uno que se llama hilvanes. Son formas tradicionales de bordar que pocas personas lo saben hacer. El lomillo bordado, que sólo se hace en Cuzalapa, está compuesto por líneas cortas que forman cuadros. En los hilvanes también se usan líneas cortas, pero es un diseño que comienza con una línea que se va aumentando de un modelo ondulado hasta que hay seis líneas y otra vez regresa a una sola línea, sólo dos o tres mujeres del gru- po saben hacerlo.

Los precios de las piezas dependen del trabajo invertido en el bordado. En- tre todas las mujeres decidieron tener precios fijos para cada tipo de ropa, por

La perspectiva desde adentro

ejemplo, una blusa cuesta 95 pesos, pero puede aumentar el precio si tiene mu- cho bordado o lleva lazo. Cada una puede decidir la cantidad de bordado que hace, dependiendo del tiempo que tienen para hacerlo. Cuando no hay pedidos normalmente hacen una a dos piezas por semana, pero cuando hay mucha demanda llegan hacer hasta cuatro piezas.

Aunque tienen algunos pedidos locales, también van a otros municipios a vender sus productos como Autlán, Melaque y La Manzanilla, con la ayuda de la Universidad de Guadalajara, que en ocasiones las traslada en uno de sus vehículos. La mayoría de sus productos son vendidos en Autlán, y la Costa sólo es buen mercado cuando hay muchos turistas. Con el apoyo que les brinda la Universidad no les resulta tan problemático trasladarse para ir a vender, sin embargo, se enfrentan al dilema de quién irá.

Cada vez que quieren ir a vender tienen que pedir permiso a sus esposos, y mandan sólo a quienes les permiten ir. Cuando comenzaron fue mucho más difícil hacerles entender a los hombres que el negocio les podía ser de ayuda, pero poco a poco han logrado su apoyo. Una mujer que antes no tenía permiso de su esposo para ser parte del grupo de bordado, ahora sale a vender acom- pañada de éste y sus hijos.

Pero les resulta un mayor problema conseguir las telas que necesitan para sus bordados. Para comprar la manta tienen que ir a El Grullo o hasta Guadalajara, en donde es más barato el material. A veces van a El Grullo y no la encuentran, o la tienda les aumenta el precio al ver que siempre adquieren la misma tela. Por lo tanto, quisieran tener un lugar de confianza, y que no esté tan lejos de donde viven, para conseguir lo necesario. Además, como recién acaban de obtener máquinas de coser nuevas, esperan que les siga yendo bien en la venta para acabar de pagarlas, y en un futuro distribuir sus prendas en pueblos más grandes, donde haya venta durante todo el año, no sólo cuando haya turistas.

Aunque no se dan cuenta, los bordados que hacen más que un negocio son obras de artesanía tradicional, que ahora tienen la oportunidad de ser conservadas. Para estas mujeres, el éxito del negocio significa una mayor independencia, no sólo en el plano económico, sino también en lo social, se enorgullecen de su trabajo y habilidades, y del hecho de mantener una tradición indígena.

La tienda en Cuzalapa

Venta de productos en un tianguis de la región

Respuestas locales frente a la globalización económica Caso 26. Los sombreros de otate de Chiquilistlán

En el pueblo de Chiquilistlán existe una larga tradición de artesanía de canas- tas hecha de otate. Para muchos habitantes de Chiquilistlán, este es un negocio familiar que los padres transmiten a sus hijos desde pequeños, y que es de ayuda para algunas familias del pueblo en sus gastos domésticos. Fue el padre de Lauro Córdoba Estrada, quien después de aprender de un amigo de otro pueblo el tejido del otate, instruyó a algunos de sus vecinos en Chiquilistlán para producir canastas.

A la edad de cinco años, aproximadamente, el señor Lauro Córdoba Es- trada aprendió el oficio de su padre. Ya adulto decidió desarrollar otros pro- ductos, comenzando con sombreros. “Trabajé dos años para poder hacer un sombrero bien formado. Lo hice sin la ayuda o instrucción de ninguna otra persona”. En 1995 comenzó a elaborar sombreros comunes, y posteriormente charros y cachuchas. Tiempo después amplió su producción con la fabricación de bolsas, floreros, botellas forradas, sillas, mesas, libreros, petaquillas y respal- dos para automóviles, todos ellos tejidos de otate.

Para hacer los artículos de otate, las ramas son cosechadas y después parti- das por la mitad, de donde se sacan las tiritas para labrar el tejido. Las mujeres ayudan en la labor de golpear las ramas y sacar las tiras del centro del otate. La familia comparte el trabajo en la elaboración de los productos, cada uno de sus integrantes recibe un salario por lo que hace. Todos los artículos son hechos a mano y diseñados por el señor Córdoba. Hacer una silla demora dos días y tiene un precio de 500 pesos, a un librero se le tiene que dedicar poco más de un día y cuesta 300 pesos.

Pero su especialización es el sombrero de otate, sólo lo saben hacer unos fa- miliares del señor Córdoba y otras personas que él ha enseñado, por el secreto para armar la copa del sombrero. Los sombreros tienen varios precios, el más barato cuesta 400 pesos y el más caro, que está hecho con tiras más angostas cuesta 3,000 pesos. Fabricar un sombrero de manufactura sencilla se lleva de dos a tres días y su precio oscila entre los 400 y 1,000 pesos, pero los que son vendidos a 3,000 pesos requieren dos semanas de trabajo. Los sombreros más baratos son el producto que más se conoce y se vende en otros pueblos, inclu- yendo a Tapalpa, Tepec, San Martín, Autlán de Navarro y Guadalajara. Cuan- do inició salía cada quince días a venderlos, pero ya casi no tiene que hacerlo

Don Lauro trabajando El otate

Los diferentes productos de otate Sombreros

porque tiene suficientes pedidos. Además, cuando sale a vender le compran más de los baratos, pero cuando le hacen pedidos generalmente son de los sombreros más caros.

El señor Córdoba ha sido invitado a llevar sus sombreros y a dar cursos de su elaboración en exposiciones de artesanías en Guadalajara y Cuautitlán, entre otros lugares. Imparte el curso durante dos meses y, argumenta: “En dos meses no van a poder hacerlos bien, pero les da una idea para que pueden continuar practicándolo”. Dice que un cantante de Guadalajara, llamado Luis Fernández, quiere hacer un video sobre el proceso de producción de los som- breros para ponerlo “en la red” (internet), y llevar al señor Córdoba a Canadá con unas muestras.

Aunque ha logrado mucho respeto por sus habilidades artesanales, quiere mejorar su nivel de producción. El señor Córdoba desea tener más traba- jadores, y formar una cooperativa para los artesanos de otate del pueblo. “Hay bastante otate en el cerro, y el sombrero lleva muy poco”. Así que como materia prima no les falta, sólo necesitan más personas para poder aumentar la producción. Sin embargo, también quiere sembrar más otate porque el ganado deja áreas en donde las plantas ya no crecen. De esta ma- nera planea la conservación de sus recursos naturales, y asegura la existencia de sus artesanías. Es un buen ejemplo de la manera en que los negocios que utilizan plantas locales pueden contribuir en la conservación de los recursos naturales de Jalisco.