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Team behaviour in self-managed teams

La comunidad de San Isidro se encuentra en el municipio de San Gabriel; está ubicada en una región de extrema pobreza, donde la cobertura de servicios públicos es muy deficiente, la irregularidad en el suministro de agua potable y la falta de drenaje son los problemas principales de la población. Por otra parte, la migración, el arrendamiento de tierras, el deterioro de los recursos naturales, los monocultivos, y las agroempresas de hortalizas marcan el pano- rama rural en esta comunidad localizada en el mítico Llano “en llamas” de Juan Rulfo.

La comunidad de San Isidro es resultado de una larga lucha por las tierras; estos procesos de movilización han sido semillero de dirigentes sociales, y de un profundo proceso de concientización ciudadana. Los campesinos del lugar han participado activamente en manifestaciones, marchas y procesos ciudadanos, en busca de una transformación de su realidad, y han establecido relaciones con organizaciones campesinas estatales y nacionales. En el entorno regional, la comunidad es reconocida por la organización comunitaria en defensa de sus derechos.

En este contexto, en la comunidad han surgido iniciativas orientadas hacia el mejoramiento del nivel de vida de sus habitantes, aunadas a la búsqueda del manejo sustentable de las tierras por las que tantos años se ha luchado, entre ellas sobresalen las cooperativas de Ranchos Milagrosos y de La Espe- ranza de San Isidro.

La Sociedad Cooperativa Ranchos Milagrosos, nace como un intento de aplicar formas de producción agropecuaria que les permita vivir en su comuni- dad. Ranchos Milagrosos busca cuidar la tierra que tantos esfuerzos ha costado, a través del uso de técnicas sustentables, y que pretenden además, ser un grupo de referencia para otros agricultores de la comunidad y la región. La Esperanza

El huerto de nopal

Respuestas locales frente a la globalización económica

de San Isidro, es una cooperativa integrada por catorce mujeres que buscan consolidar formas de producción y transformación de alimentos orgánicos, en la perspectiva de generar mejores opciones de vida para las familias campesi- nas y evitar así la migración y desintegración familiar y comunitaria.

Ambas cooperativas actúan en común en diversas actividades, con la idea de promover un modelo de producción y comercialización alternativo, social- mente justo, que contribuya a la conservación ambiental y promueva los va- lores culturales. Su trabajo se basa en el amor a la tierra, en la distribución equitativa de las ganancias, en prácticas productivas ecológicas y en la organi- zación de acuerdo con la cultura campesina.

La estrategia de las cooperativas se orienta a fortalecer el control de las familias campesinas sobre sus procesos productivos; los participantes bus- can no depender de recursos ajenos, no arrendar y poder ganarse la vida como agricultores en su propia tierra, sin necesidad de emigrar. Las familias campesinas de San Isidro, que vienen de una historia productiva reciente de monocultivos y agroquímicos, han recuperado el valor de la diversidad

productiva, y sus sistemas se encaminan en esa dirección. Ahora siembran diferentes tipos de maíz locales, calabaza, frijol, tomate, jitomate, chile, papa, crían distintos animales domésticos y producen nopal para la venta, lo que comienza a reflejarse en un abasto familiar más variado a lo largo del año, y también en los paisajes rurales del Llano, en un claro contraste con sus veci- nos que sólo tienen monocultivo.

Uno de los ejes del trabajo de estas cooperativas es el amor a la tierra, y se refleja claramente en las técnicas agroecológicas que están utilizando; la aplicación de abonos orgánicos, la diversidad vegetal y la exclusión de agroquímicos, van mejorando el suelo paulatinamente, a través de mucho trabajo y dedicación. En este proceso han sido acompañados y asesorados por la Red de Alternativas Sustentables Agropecuarias de Jalisco (rasa), que

a través de su experiencia ha facilitado la capacitación en agricultura susten- table, y ha abierto canales de comercialización. La incorporación de técnicas agroecológicas ha significado un nuevo aprendizaje de los campesinos, que comienzan a ser una referencia a seguir en la comunidad, a partir de la cual los miembros de las cooperativas han iniciado procesos de capacitación a otros campesinos de la región.

La cooperativa La Esperanza desempeña un papel activo en procesos de comercio justo, e interacción con habitantes urbanos, las mujeres realizan pro- cesos de acopio y transformación de alimentos relevantes en la región, y pro- ducen una amplia gama de derivados de maíz, nopal, frutas locales y postres tradicionales. La eliminación de los agroquímicos en los cultivos para el consu- mo, les ha reportado un importante ahorro en sus costos de producción, y ha permitido diversificar sus cultivos, mejorando con ello la alimentación familiar, ahora la posibilidad de venta ha tenido un impacto positivo en la generación de ingresos para las familias campesinas participantes.

Se busca que estas actividades en la comunidad de San Gabriel, sean una alternativa para que la gente pueda vivir de la agricultura dignamente, cui- dando de la tierra por la que pelearon tanto tiempo. La apuesta es que sus hijos sigan la profesión de agricultores, y se queden a vivir en la comunidad, manteniendo sus valores y su cultura. Con las prácticas se enfatiza la dignidad de los agricultores y sus familias, un trabajo honesto y reconocido, el arraigo a la comunidad y su cultura. Las familias campesinas involucradas, intentan dar a la comunidad la esperanza de que es posible vivir de otra manera, más

La perspectiva desde adentro

independiente y sana, cuidando la tierra y sin sufrir la migración. Los resul- tados comienzan a mostrar la viabilidad de ese camino y ello fortalece sus perspectivas de desarrollo.