CHAPTER 3: INTERPRETATION, DESIGN, AND MANAGEMENT
3.2 INTERPRETATION
cojrrjorar— la enfermedad: «Por últirgoy-giaeda pen- diente el gran problema de determinar si es posible prescindir de la enfermedad, mchispjjaraeL^
Üode nuestra virtud yTe^p^ciaTmente, si nuestra sed de conocimiento y autoconocimiento tiene tanta nece- sidad del alma enferma como dolágana: considerar, en suma, la posibilidad de que la exclusiva voluntad de salud sea un prejuicio, unacobardía y, quizás, un residuo de la más exquisita barbarie y atraso».51
2. Lo que está enjuego —en esta polémica contra una voluntad de salud incapaz de hacer frente a su propio contrario y, por ende, a sí misma— es la proble- mática del vínculo entre la vida y elpeligro que cons- tajot>emente la desafía. No hay que imaginar este de- safío como la comparación o el choque entre dos fuer- zas yuxtapuestas, a la manera de una ciudad sitiada que se defiende de un enemigo externo resuelto a in- gresar en ella y conquistarla. Esta imagen no es ex- traña a la lógica profunda del discurso nietzscheano, como queda evidenciado por su vertiente eugenéjiica. Pero, como hemos señalado, está lejos de agotarlo. Se puede incluso afirmar que el extraordinario impacto
c\p. la. nbra de Nietzsche reside justamente en cruzar- la, y contradecirla, con otra trayectoria argumentati- va situadanoen sus antípodas, sino dentro de ella. La figura que de ello surge es la de una superposición por contraste cuyos pasos lógicos debemos reconocer en su sucederse tanto como en su copresencia. Hemos se- ñalado que Nietzsche no impugna los dispositivos in- munitarios déla modernidad negándolos, sino des- plazando el nivel de la inmunización del plano de las instituciones al de la vida efectiva. Lo que debe ser protegido del excedente, o de la dispersión, de sentido ya no es el orden político formal, sino la supervivencia
de la especie en conjunto. Su posibilidad —en un mar- co filogenético de degeneración creciente— está con- dicionada al aislamiento y al vallado de los ámbitos de vida todavía íntegros frente al avance de la conta- minación por parte de los que ya declinan, e inclusive a la reducción maltusiana de estos en favor de aque- llos. Pese a todo, también hemos visto que dicha pres- cripción sólo constituye un primer nivel, hiperinmu- nitario o tanatopolítico, del léxico nietzscheano. A su lado, y entrelazado con él, un segundo vector catego- rial se orienta en otra dirección o, mejor, permite una lectura distinta. Este segundo vector no estriba en una revisión, sino en una dilatación semántica de las categorías previas —a partir de las de «salud» y «en- fermedad»— que hace estallar su pretendida identi- dad, al ponerlas en contacto directo con su contrario lógico.5 2 Desde esta perspectiva, en relación con la metáfora de la ciudad sitiada, el peligro, incluso bioló- gico, ya no es el enemigo que asedia la vida desde fue- ra^jjino-su propia fuerza propulsora. Ppjuesta -razón, «Jos griegos nada poseían en menor medida que una salud fuerte: su secretñiéravener^..^im.o apios tam-~ biénlaenfermedad^^
también por esta razón, «la gran sahid [...] no sólo se posee, sino que se conojnste^dehe conquistarsejle continuo, ya que sigmjír£^e^a^^ca-.y debe_jvoh/erja sacrifícarge»? Ser «peligrosamenteTsanos, de una sa- lud siempre renovada»,54 significa-que esta última de- bgnecesariamente pasar a través de esa-enfermedad que parece combatir. La salud forma un todo con el riesgo mortal que la transita impulsándola más allá
;
5 2 Enagtesentido, cf. M. Vozza, Esistenza_eJ.nterpretazione. Nietz- sch^Q^e)HeialeggerxRota&, 2001. Sobre la metáfora de la enfermedad,
véasec!K Wotlmg, Nietzsche et le probléme de la civilisation, París,
1995, págs. 111 y sigs.
53 F. Nietzsche, Umano, troppo umano, I, op. cit., pág. 147.
de sí misma, renovando sin cesar sus normas, invir- tiendo y recreando sus estatutos. El resultado es un vuelco por intensificación de la lógica, defensiva y ofensiva, qi^-gebernaba jajestrategia eugenésica: si la salud ya nó jgugde separarse de la enfermedad, si la enfermedad'JoSiaparte^^Ta salud, no será posible dryldiFel cuerpo indiyiduaTy social coíi arregío^lí- ñeas infranqueables de tipo profiláctico y jerárquico. TodaTla seíaáfM^iHmmiifaria parece ahora contra- dicha, o mái teten reinterpretada, en una perspectiva que simultánsasnente la potencia y la invierte, la con- firma y la deconstruye.
Hay un parág. rumano, demasiado huma-
no, titulado «Enr • - • nto a trayé^jieJiajiegene- ración», que coñTIeño- en'pocas expresiones todaTa trayectoria que hemos reconstruido. En el centro del cuadro sobresale la comunidad consolidada por la igualdad de condiciones y por una fe compartida. Lo que amenaza su vitalidad, más que posibles riesgos externos, es su estabilidad misma, que, cuanto más la conserva intacta, tanto más reduce su tasa de innova- ción. El maynr_p^hgropara la comunidad esjues. su evitación preventiva del peligro. Una vez inmuniza- da, no corre riesgos de fractura, pero precisamente por ello se encierra, bloqueando toda posibilidad de vínculo con el exterior y, por ende, de crecimiento. Al evitar la degeneración —conforme a las prescripcio- nes eugenésicas de la salud perfecta—, termina por perder su propio poder autogenerador: no es capaz de crear condiciones de aésarróllo y así termina por re- plegarse sobre sí misma, Quienes pueden sainarla oe esta decadencia son Ios-individuos más hbres del sín- drome autoconsérvativo. más proclives a experimen- tar con lo nuevo pero, por eso mismo, tambiénmás _J>-^ebileslleM^ de vista biológico. Dispuestos como están a prodigar los bienes que_poseen. y su pro-_ pia sustancija-yital, están destinados, tardeo tempra-
no, no sólo a ponerse ellos mismos en riesgo^ sjnn^ _ prjgypcaruiia heriaaa~toda la comunidad. No obstan-
te, justamente en este riesgo extremo tiene cabida el punto de unión productiva entre degeneración e inno- vación: «Precisamente en este punto heiniio-y-debilita.- do se inocula, por así decir^algo nuevo-ala comunidad
entera; en conjunto, su fuerza debe ser lo bastante ^¿p> grande como para recibiren su sangr_e.jastojmevn_y
asimilarlo. Las naturalezas degenerantes son de su- , majmportancia dondequiera que deba seguir un pro-
greso»?5 Fuede parecer un golpe de efecto de quien, ^* en otro sitio, machacó tanto sobre la defensa de las ra- ^ zas y de los individuos sanos contra el contagio de los v degenerados. En realidad, como ya lo dijimos, no se
debe entender este fragmento como un distancia- miento cónrespecto al paradigmainmunitario, sino gomo su aperibma~aTpropio reverso común: esa forma de pr^GgaMáHau^ojdisolutr^ quetomó el nómbrente' cgrnrnunitas. Un indicador de esta superposición se-
mántica es el vocabulario que Nietzsche emplea, si- • ~ tuado precisamente en el punto de confluencia entre 0 léxico inmunitario y léxico comunitario. No me refiero
tan sólo a la identificación de la novedad con la infec- ción., sino también a los efectos ennoblecedores produ- cidos por su inoculación. Al igual que en el cuerpxi_de J¡3 -lidad, en el del hombre individual «el educa-
inferirle heridas, o utihzarlasheridas queel
^_¿2±^j ¿e produce, y cuando así hayan nacido el dolor
y la necesidad, algobueno y noble jpue^eJnoculS'se A ^ también en loi~pmitc¥h^rIdoXTbj33 su_naturaleza lo
aceptará e¿ si y, más tarde, pondrá de manifiesto en sus frutos el ennoblecimiento».56 O )
Como se ve, Nief2sc^e"emplea el lenguaje inmuni-
tario de la vacunación: una mínima porción del virus
i}
55_F. Nietzsche, Urnano. troaoo humano. I. ov. cit., pág. lfiJL__
es introducida en el organismo, individual o colectivo, que.se quiereffor^ecBrrPero la lógica subyacente no apunta a la conservación de la identidad o la mera su- pervivencia, sino a la innovación y a la alteración. La diferencia entre ambos planos del discurso y el desli- zamiento de uno al otro residen en la manera de en- tender la relación con lo «negativo» y, antes, en su de- finición misma. Nietzsche no recomienda inocular un antígeno destinado a activar anticuerpos, ni tampoco una suerte de anticuerpo adicional orientado a forta- lecer la carga defensiva del sistema inmunitario. En definitiva, no es un negativo menor utilizado preven- tivamente para bloquear el camino a un negativo ma- yor. Todo ello forma parte del procedjn¿enlnnialáiááco que Nietzsche critica como reáctivoy al que contrapo- ne una modalidad distinta, según la cuaHojüiedesde el primer JJunto de vista es rnnsiriftrarlrf n n m a l )—el sufrimiento7Tó~nnpreviit^ el peligro—, esJncQgpo- radolie^anerajjosi^ más intenso de la existencia. Desde esta perspectiva, lo, negativo no es a su vez negado —frenado, apartado, rechaza-
do—, sino afirmado en cuanto tal: como parte^senciaí/ rQ I de la vida, aunque, y justamente porque, lajaonejie"'
continuo en peligro empujándola hacia una.fallapro- blemática que la engulle y la potencia a la vez/El pa- ^lmjsmo^Hla^líisa^J—aíretenos, aquellacapazcfe abandonar el sistema de ilusiones que de por sí con- tribuyó a alimentar, e internarse-en~mar abierto— es asimilado por Nietzsche a una suerte de intoxicación voluntaria: ya no comolgEaaré protectora, sino como Medusacuyorostrono puedecontemplarsesinexpe- rimentar la potencia lacerante de contradicciones m-
ablesTEinTestes^^
K)ne continuamente en pehgroé/ mismo^^en efectoT 'detecta la verdad de la vida en algo que continuamen-