Fig. 40. — Vista de la mesa, por detrás, con el pañuelo ya preparado para ser enganchado.
El periódico que se utiliza, y que se tiene en el bol sillo o sobre una silla, doblado como de ordinario, se
prepara del modo si guiente: supongamos que tenga, por ejem plo, seis páginas; se pasa un poco de cola sobre el margen su perior de la página 2 y sobre toda la línea que está aproximada mente en la mitad de dicha página, o sea a igual distancia del borde su p e rio r y del inferior; se cierra el periódico, con lo cual quedan
Fig. 41. — Disposición del ojal de enganche y de la hoja de papel (vista de perfil).
SECCIÓN DE SEDERÍA 171
en contacto las páginas 2 y 3: al cabo de pocos minutos quedan pegadas estas páginas por dos líneas paralelas, formando en su mitad superior un verdadero saco, abierto solamente por el borde por donde se abre el periódico.
La bujía, que está en la palmatoria y que se enciende al principio, es falsa: se hace con una hoja de papel blanco brillante, bien fuerte, de unos quince centíme tros de longitud, que se arrolla (sin dar más de dos vueltas, lo cual requiere una anchura de diez a doce centímetros) sobre una bujía verdadera, que se retira en cuanto se pega y se seca el borde del papel. En este tubo se introduce un pañuelo verde y otro rojo, y en los dos extremos (o por lo menos en el superior) se pone un trocito de bujía de verdad, que se enciende al principio (sólo tiene que arder durante un minuto). Se coloca la bujía así construida en la palmatoria, con la pegadura mirando hacia atrás, es decir, no para el público.
Finalmente, se prepara otra bujía verdadera del modo siguiente: con un alambre calentado al rojo, se hace un agujero en la misma mecha, de modo que pueda entrar una cerilla (que no sea de madera), que habrá de quedar con la cabecilla hacia afuera, sustituyendo a la mecha. Esta bujía se pone en el bol sillo interior izquierdo de la americana, y por encima de este bolsillo se cose en la tela un trozo de papel de lija. Si no se quiere hacer esto, o si los ensayos que se hagan no dan muy buen resultado, se pone en el bolsillo una bujía ordinaria, sin preparación alguna, y se saca al final, sin encender, claro está.
nes manuales que hay que hacer, ya que los efectos los hemos indicado al principio.
1.a Se toma la hoja de «papel de seda, llamado así porque está hecho de seda, que vamos a extraer desti lándolo al calor de esta bujía»; teniendo el papel entre el pulgar y el índice de la mano izquierda, con la mano derecha se coge la caja de cerillas, que se coloca en la izquierda, entre los tres dedos libres; se saca una cerilla y se frota con el rascador. Si se enciende, se empuja para adentro el cajoncillo, que hace salir por el lado contrario al pañuelo rojo, que cae en la palma de la mano izquierda. «Vean ustedes qué buen mago soy (se dice empujando el cajoncillo de la caja), que hasta hago arder las cerillas de la Compañía...» Las risas con que son acogidas estas frases hacen disipar toda desconfianza en la operación de encender la cerilla. Si no arde la cerilla primera, se dice: «Me tengo por un buen mago, pero mi poder no llega a hacer arder las cerillas de la Compañía», y se frota otra hasta que arda. Se enciende la bujía falsa, se sopla y se tira la cerilla ya apagada, y con la mano derecha se vuelve a poner la caja en la mesa. La hoja de papel, que se tiene entre el pulgar y el índice de la mano izquierda, obliga a tener ésta medio cerrada, con lo cual se tiene con toda tran quilidad el pañuelo oculto en la misma. Se enciende el papel en la vela, se agita un poco en el aire, y se jun tan las dos manos para apagarlo; se agitan de arriba abajo, y con la punta de los dedos de la mano derecha se saca el pañuelo de la izquierda.
2.a Puesto el pañuelo, como quien no quiere la cosa, sobre el espaldar de la silla, para tomar la copa, se vuelve a coger al mismo tiempo que el que está detrás
SECCIÓN D E 'S E D E R ÍA 173
sujeto con el hilo negro, poniendo los dos en la copa, como si no fuera más que uno. Se tapa la copa con el papel fuerte de tamaño mediano, y se aplica bien con las manos contra la boca de la copa, para que ésta quede bien marcada, ya veremos para qué. Se recoge este papel cuando el espectador ha sacado los pañuelos de la copa, y se pone al lado de ésta, ya sobre la mesa.
3.a Se toma, con la mano derecha, de encima de la mesa, el papel más grande, con el pulgar encima y el índice debajo; los otros dedos pasan detrás de la mesa y hacia abajo, y con el medio se engancha el asa de alambre (pero sin titubeos ni miradas furtivas; es muy fácil hacerlo, pero hay que ensayarlo); se alza la hoja de papel y el alambre con el pañuelo verde, que queda oculto a la vista del público por el mismo papel, que para ello debe elevarse bien de cara al pú blico, y nunca horizontalmente. Con la mano izquierda se hace de este papel un cucurucho alrededor de la derecha, que se retira dejando dentro de aquél el pañuelo, con su montura de alambre. Una vez retorcida la punta de este cucurucho, para que no se deshaga, se sujeta con una mano y se mete en el mismo, de manera bien ostensible, el pañuelo rojo; después de unos pases mágicos, se introduce la mano (habiendo enseñado que está vacía) en el papel y se saca el pañuelo verde, que se desprende con ligereza de la armazón de alam bre en que estaba. En cuanto se presenta el pañuelo verde, se arruga y se hace una bola con el papel y se tira al suelo, con el alambre y el pañuelo rojo dentro (no hay que olvidarse recogerlo después de la sesión).
4.a La copa que contiene el pañuelo rojo se tapa con el papel fuerte que sirvió antes, en el que está bien
señalado el borde de aquélla. Se toma con la mano derecha, y se coloca el papel con la copa debajo, sobre la trampa inglesa o sobre el servicio de la mesa, donde se deja caer al doblar el papel, ya que se procurará aflojar los dedos lo suficiente; una vez caída la copa en la trampa, se avanza con el papel entre las manos, como si siguiera la copa dentro, hacia el público, y se termina como ya se indicó antes.
5.a La desaparición del otro pañuelo se hace como sigue: se abre el periódico para enseñarlo abierto al público por las dos caras. Se cierra y se dobla en dos, como hacen los vendedores, pero de modo que caigan una sobre otra las dos mitades de la portada. Se arrolla en forma de tubo el periódico así doblado, pero de manera que la longitud del tubo sea la anchura del periódico; con dos alfileres se sujetan los bordes para que no se deshaga el tubo, y hecho todo esto, se intro ducen los dedos de la mano derecha, no dentro del tubo, sino entre las páginas 2 y 3, separándolas, y en este espacio es donde se introduce el pañuelo, haciendo como si se metiera en el centro del tubo. Al sacar la mano se vuelven a poner en contacto las hojas 2 y 3. Al quitar los alfileres se ve que el tubo está vacío; hay que procurar que la boca del saco formado por las páginas 2 y 3 no quede hacia abajo. Se arruga entre las manos el periódico, se hace una bola y se tira al suelo (pero sin olvidarse recogerlo al terminar la sesión).
6.a y 7.a El sacar los dos pañuelos de las dos mita des del tubo-bujía, es cosa que no hay que explicar, lo mismo que el sacar encendida la otra bujía, cosa que se hace frotando la cabeza de la cerilla, al sacar aquélla
EL TUBO D E PAÑUELOS 175
del bolsillo, con el papel de esmeril cosido por encima del bolsillo. -Ta~U
. É .. . - T-C- *- M * ' ' * XLV. El t u b o d e p a ñ u e l o s d e l « G r e a t R a y m o n d »
Se presenta al público un tubo de cartón fuerte forrado con papel, o de metal niquelado o bruñido, adornado todo lo ricamente que se quiera, de anchura y longitud como las de un litro o un poco más; el tubo está vacío; se puede pasar el brazo, o una palmatoria con una vela encendida, etc. Se tapa cada boca del tubo con uñ papel transparente, que se sujeta con ani llas de metal, de uno a dos centímetros de ancho, que entran en el tubo por frotamiento. Se insiste en que el tubo sigue vacío, demostrándolo porque poniendo una vela encendida cerca de uno de los extremos, el público puede ver su llama a través del otro.
Estando el tubo horizontal y mirando hacia el público, el prestidigitador, con las manos vacías, los dedos separados y las mangas subidas, rompe el papel de la cara trasera, y saca del tubo un gran número de pañuelos de seda de todos colores, banderas de distin tos países, flores, serpentinas, etc. Finalmente rompe el papel de delante: el tubo sigue vacío, y el brazo puede pasar de un lado a otro, como antes.
Explicación. — En las figuras 42 y 43 se ve clara mente el principio, tan sencillo como ingenioso, en que está fundado este juego de manos. Se ve que el tubo contiene un tronco de cono, un poco estrechado hacia un extremo, pero con el otro perfectamente ajustado al cilindro; una tira de papel de color sirve de ribete
176 JUEGOS DE MANOS CON PAÑUELOS
en este extremo, tapando al mismo tiempo la junta de ambos cartones. El tronco de cono se pinta de negro mate por dentro; el extremo más estrecho se mantiene centrado respecto al tubo, con algunas tiritas acodadas
A nilla
Fig. 42. — El tubo Raymond, visto en perspectiva, antes de la colocación del papel.
de zinc, o con clavijas de madera bien ajustadas y ase guradas con papel encolado. De este modo queda entre los dos cartones una separación, en la boca, de dos a tres centímetros: en este espacio anular se ponen,
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Fig. 43.— El tubo, visto en corte longitudinal.
antes de empezar la sesión, los pañuelos, banderas, etc., bien apretados unos contra otros, para que ocupen el menor volumen posible. Las flores y ramilletes se hacen, con plumas recortadas, coloreadas y montadas en alambritos, por quienes se dedican a esto: estos
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Trasera Delantera tranSP^entePape!E L TUBO DE PAÑUELOS 177
ramos son tan flexibles que pueden meterse en cualquier sitio sin ocupar apenas nada, hinchándose considera blemente al sacarse. También se pueden hacer con papel fino de color y unos muellecitos para estirarlo.
Hay que hacer ciertos ensayos para ver el modo de poner estos objetos entre los tubos, y de sacarlos uno a uno a través del papel roto.
No hay que decir que solamente se presenta al público la boca del tubo correspondiente a la base del
tronco de cono; resulta imposible que aquél se dé cuenta de que el orificio más distante es algo más pequeño que el más próximo.
También se han construido tubos formados por dos, uno de ellos (el de dentro) oblicuo respecto al otro, con una generatriz común, que es por donde van pegados. Esta disposición da más solidez, y además permite introducir en el espacio A (fig. 44) objetos más volumi nosos.
La invención de este tubo, cuya descripción no se encuentra en ningún libro, se debe al ilusionista Ray- mond.
CAPÍTULO V