Parre
transparente
pintada
de blanco mate
Vaso verdadero casi llenocia, para no romper la placa. A continuación puede volverse este sombrero boca abajo; la placa de vidrio pintada pasa un solo instante por la vista del público, que no puede darse cuenta de su existencia, ya que todo el mundo la tomó por un verdadero vaso.
La única precaución importante que hay que tomar en este juego es presentar la placa bien de frente; si se pone de canto... ¡adiós truco! Conviene ensayar varias veces este juego para evitar un fracaso en esta parte del mismo.
Si ninguno de los sombreros es un clac, se modifica el final del modo siguiente: se pone la placa en el som brero, no tendida, sino apoyada contra la pared inte rior del mismo; para enseñar este sombrero vacío, se coge éste entre el pulgar, por la parte de fuera, y los otros cuatro dedos por la de dentro, que alargados convenientemente sujetan la placa apretada contra el sombrero, impidiendo que caiga al volver éste boca abajo. De esta misma manera se ha dado a creer que el otro sombrero estaba vacío al empezar el juego.
A falta de dos sombreros de copa, se pueden emplear dos cartuchos de papel fuerte, bastante gran des, muy fáciles de hacer en casa y que no estor ban nada para llevarlos de una parte a otra. Para hacer creer que los dos están vacíos, aunque en reali dad uno de ellos contiene la placa pintada, se enseñan primero aplastados, como se ven en las tiendas, y después se soplan y se abren del todo. En este caso, no se superponen al final del juego, sino que se anun cia solamente el paso invisible del vaso de un cartu cho a otro.
E L DADO EN EL SOMBRERO 197
LUI. El d a d o e n e l s o m b r e r o
(Sistema antiguo con nuevas variaciones) Este juego, muy antiguo y que ha suírido varias modificaciones, lo describiremos brevemente, porque el desarrollo del mismo, ideado por el Profesor Magicus, y que describiremos en el juego número LIV, es muy superior a todos los demás. Pero conviene conocer éste tal y como se ha hecho y se sigue haciendo en general.
El dado, que, como es natural, es de forma cúbica, tiene de cinco a diez centímetros de arista, y está hecho de madera forrada con papel negro, sobre el cual van marcados, en las caras respectivas, los pun tos reglamentarios, del uno al seis, en redondeles blancos, pintados o pegados. Este dado puede entrar sin frotamiento, pero bien justo, en un estuche cúbico de cinco caras hecho de cartón negro, es decir, en otro dado hueco. Antes de empezar la sesión se habrá intro ducido el dado macizo en el hueco, con las caras aná logas superpuestas. Finalmente se dispone otro estuche de forma cúbica, en que pueda entrar sin frotamiento el primero; este segundo estuche, aunque de forma cúbica, tiene sus caras pintadas y decoradas a volun tad, sin relación alguna con los puntos de los dados (figura 55).
Se presenta el dado solo, para que lo examine el público: después se cubre con el estuche de colores, que contiene a su vez el dado hueco, ignorado del público. Después de visto que uno puede entrar en el otro, que se ha hecho para cubrir aquél, se agrega:
«Como es natural, pueden ustedes examinar este estu che, que no tiene nada de particular», y diciendo esto se tira hacia arriba del mismo, por sus aristas, sin apretar las caras, para que quede debajo el dado macizo con el hueco superpuesto; el pequeño aumento de tamaño que experimenta el dado macizo al aparecer
recubierto del hueco, no es apreciable por el público, que cree que sólo hay el de abajo; se da a ver a los espectadores el dado hueco grande, es decir, el forrado con papel de color y adornado con estre llas doradas, etc.
Si se quiere, puede presentarse el dado macizo cubierto con el hueco; en este caso se da a examinar el estuche de colores, antes de tapar el dado. Después, y con el pretexto de que también puede verse el dado macizo, se levanta el hueco de colores, pero apretando un poco las caras para que arrastre consigo al hueco de dentro, y se da a ver el dado macizo. El resultado es el mismo; a saber, que el público pueda ver a su antojo y examinar detenidamente el dado macizo y el estuche de color, pero nunca hacer las dos cosas simul táneamente.
Una vez enseñados los dos objetos (que son tres) y puestos nuevamente en la mesa, donde habrá un som
198 JUEGOS DE MANOS CON SOMBREROS
Fig. 55.—El dado y sus dos estuches (sistema clásico).
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brero (a ser posible de copa, y si no hongo) y un plato, se dice que se va a hacer dar un viaje al dado, que va a pasar solo al sombrero. «¿Quieren ustedes que haga este viaje de manera visible, o invisible?» Las respues tas son contradictorias, y se dice: «¿Visible? Muy bien; voy a proceder con gran lentitud para que todo el mundo se dé perfecta cuenta de lo que hago; ¡aten ción!» Diciendo esto se coge el dado macizo, recu bierto con su semejante hueco, con la boca de éste hacia abajo, y apretando la mano para que no resbale aquél, se pasa con toda solemnidad al sombrero, de donde se saca la mano vacía.
«Ya está hecho el viaje visiblemente. No hay cosa más fácil».
Risa general en el público, que reclama ahora el paso invisible. «Seamos formales; voy a hacer que el dado pase al sombrero de modo invisible», se dice metiendo la mano en el sombrero y sacando el dado hueco, que se coge por las aristas, sin apretar las caras: el dado macizo queda en el sombrero, sin que el público lo sepa. Hay que cuidar no inclinar el dado hueco al sacarlo del sombrero, para que el público no pueda darse cuenta de que le falta la cara de abajo. Se da a examinar el plato, se pone sobre el sombrero (que estará boca arriba), sobre aquél se coloca el dado hueco, y se cubre con el estuche de color, se dan unos pases mágicos, se retira el estuche, apretando sus caras para sacar a la vez el dado hueco, de modo que no quede nada en el plato. Se enseña el estuche para que se vea que está vacío (pero sin darlo al público), introduciendo la varilla en su interior y dando golpe- citos en sus paredes, hasta colgarlo de la varilla.