Chapter IV: Interseismic plate coupling in the eastern Makran
4.5 Interseismic Coupling Models
En su libro Pedro Salinas: el diálogo creador (1969), Alma de Zubizarreta analiza el sentido del diálogo en la poesía de Salinas. Establece, estadísticamente, la presencia que el diálogo tiene en los diversos libros y propone una tipología en la que se destacan el diálogo con las cosas, el diálogo con uno mismo y el diálogo con el tú amado.
Ya desde la introducción de su libro, de Zubizarreta asegura que Salinas “descubre la relación dialógica existencial del amor, dentro de la cual la palabra crea a la amada (…) en una depuración hasta el pronombre” (1969: 21). Más adelante, agrega:
para Salinas, el diálogo es la forma de expresión de una relación profunda, relación que implica, dentro de una concepción activista, el hondo compromiso de un hacerse en la otra persona, en el tú y, de ese modo, hacer, a ese tú, o moverlo a hacerse a sí mismo en la relación. (1969: 30-31)
Además de destacar esta faceta creativa y descubridora del diálogo y su importancia para la relación yo-tú, la estudiosa destaca la presencia de las cosas y del diálogo que con las mismas se suscita. Si bien dicho diálogo está presente desde los primeros libros de Salinas, en La voz a ti debida el fenómeno se retoma pues “el poeta y la amada, haciéndose mutuamente en el diálogo, realizan a la vez la creación de un mundo redimido por ese diálogo personal esencial” (1969:46). De este modo, el diálogo no queda restringido a la relación yo-tú sino también a las cosas que rodean al yo y al tú y a los límites temporales y espaciales en que se enmarca la relación.
Sin embargo, y quizá para evitar la reducción de la amada al yo, de Zubizarreta aclara que “ese tú al que se dirige constantemente el poeta es un tú individual y único, esencializado y esencializador, nunca abstracto, siempre real” (1969: 49).
En cuanto al uso de los pronombres en detrimento del nombre, de Zubizarreta destaca que a veces Salinas “desdeña los nombres propios y comunes por considerarlos prisión de estrechos límites en espacio y tiempo, para vivir en el libre juego de los pronombres personales”, mientras que en otras ocasiones el nombre le sirve para
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acceder “a una realidad singular y singulizadora” (1969:66). Además, la preeminencia que muchas veces tienen los pronombres se debe a que constituyen el modo de acercarse a la amada y de mantener, al mismo tiempo, su univocidad (1969:69). Como señala la investigadora en otro momento, frente al nombre, que puede ser usado por todos,
el pronombre, el tú, sólo es válido para quien se hace cargo de su realidad de yo, y desde allí, encarando, se relaciona, se entrega, al pronunciar tú. La persona invocada así por el pronombre queda inmune a cualquier otro llamado: todos podrán llamarla desde un nombre cualquiera, pero sólo el que lo hace desde la radical entrega, desde el firme compromiso, puede decirle tú. (1969: 79)
Este fragmento, que en una primera lectura parece destacar únicamente la exclusividad del tú pronominal que no puede ser llamado por otra persona con la misma intimidad con que la llama el yo, plantea un problema de mayor profundidad, apenas esbozado por la autora50: al decir que el tú es válido solamente para el que se hace cargo de su yo, podemos preguntarnos si, en realidad, ese hacerse cargo de la realidad no implica, en verdad, un hacerse cargo de la realidad de enunciación, de su dimensión espacio temporal propia y de las peculiaridades que esta acarrea a la hora de analizar la relación yo-tú. De Zubizarreta no profundiza este tema, pero a partir de algunas de sus afirmaciones podemos entrever la complejidad que el problema tiene en la crítica saliniana y la diversidad de respuestas que se han propuesto. De todos modos retomaremos estos interrogantes en nuestro análisis.
Las cosas también juegan un papel en La voz a ti debida. Según de Zubizarreta, muchas veces ayudan al poeta para recibir o conocer mejor a la amada (1969:98), aunque a veces son inútiles y hasta una carga para ellos (1969:103).
Por último, y en relación con la amada, la estudiosa señala que el poeta amante busca ayudar a la amada para que encuentre su yo más auténtico y se despoje de las contingencias históricas o de los detalles superfluos. Por supuesto, dicha empresa acarreará cierto dolor para ambos participantes (1969: 123) pero la unión amorosa se erige en salvación, de allí que valga la pena el esfuerzo. Respecto a la presencia del tú, y en contraposición a las ideas de Spitzer, de Zubizarreta precisa que “en ningún momento (…) se oscurece la presencia de la amada. Su persona viva, palpitante, está allí, alienta junto a cada poema” (1969: 127). De hecho, en una nota al pie en la página
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Cfr. la nota al pie de la página 83, en la que de Zubizarreta destaca el valor deíctico (ella lo llama demostrativo) de los pronombres como un rasgo original de la poesía de Salinas.
144, y a raíz de un poema de Seguro Azar, la investigadora critica la tesis de Spitzer que sólo puede darse en alguno de esos primeros textos pero no en La voz a ti debida. El tú para de Zubizarreta no es una realidad ya consumada ni mucho menos creada por el poeta sino más bien “una invitación a ser, cuya mayor trascendencia está en la realización misma” (1969: 148). De hecho será la amada la que detente un poder creador, lo cual contradice una vez más la tesis de la pasividad del tú propuesta por Spitzer (1969: 158). El yo la ayudará y se configurará así una pedagogía amorosa (1969: 145-147).
Jorge Guillén, en el prólogo al libro de Alma Zubizarreta (1969), ha destacado la importancia de un otro en la poesía de Salinas, donde el poeta “se dirige a un término presente o invisible como si le interpelase, y ese término –una especie de tú – queda en situación de diálogo, aunque el tú no ofrezca al yo sino «la callada por respuesta»” (1969:9). Y en otro trabajo agrega que “desde el primero al último libro de Salinas encontramos una voz que intensifica la vivificación del mundo. El hombre afronta un mundo incompleto que reclama perfección” (1971: 310). Así, el diálogo con el tú –sea que se refiera a la amada o al mundo- se convierte en uno de los ejes centrales de la poesía de nuestro autor.
Olga Costa Viva (1969) señala como tema fundamental de la obra de Salinas su relación con la realidad y añade, siguiendo al propio Salinas, que existen tres realidades: la del mundo real de afuera; la del interior del poeta; y la poética, que surgiría del tratamiento que a partir de su interioridad hace el poeta de la realidad exterior a la cual, sin negarla, recrea constantemente (1969: 12-13). A partir de esta primera apreciación general, la estudiosa distingue cinco formas de aproximación a la realidad en la poesía de Salinas.
En primer lugar, destaca la exaltación de la realidad, el afán del yo de hacer suya la realidad material (1969:27).
En segunda instancia, se produce una rebelión contra la realidad a partir de la cual “Salinas persigue, en una rebeldía contra los límites, la esencia de la amada (…) y también la persigue (…) en un más allá siempre superado, en un ansia infinita de abolir barreras últimas, hasta la misma muerte (1969: 42). Agrega, además, que Salinas “se refugia en la imagen de una realidad anticipada que no es todavía realidad” (1969:42) –
de ahí la importancia que en su poesía tiene el subjuntivo – y sugiere que en Salinas el misterio está en constante devenir y nunca acabado (1969: 43).
Ahora bien, Salinas no se rebela contra toda la realidad sino “contra la sucesión de realidades iguales”. Esto implica, como ya hemos visto en otros críticos, una aniquilación por parte del amor del mundo habitual que se habitaba antes de su irrupción (1969: 54), pero sin llegar al extremo de aniquilación o negación total (1969:61).
Después de esta postura, Olga Costa viva subraya una tercera vertiente que denomina escape de la realidad. Con esta actitud la investigadora pretende destacar la huida que el poeta amante efectúa frente a la apariencia perecedera de los seres y las cosas en pos del hallazgo de su verdadera esencia, búsqueda que afecta, por supuesto , a la amada y a su ser más profundo. Se trata, en otras palabras, de un escape de los límites habituales del mundo y de un “trabajoso proceso de agregar oscuridades que se verifican en un constante y empeñoso bucear “por detrás de todo” lo dado, en virtud de un intuido más allá, el más allá donde todo se aclara”. Tanto el amor como la poesía servirán como caminos para acercarse a este mundo superior (1969: 87). En este apartado, Costa Viva señala los vínculos entre Salinas y poetas de la talla de Fray Luis de León y San Juan de la Cruz y, como ya lo había hecho también Sptizer, señala la influencia de los místicos en el poeta moderno51.
La cuarta actitud consignada es la de la idealización de la realidad que Costa Viva define como “la superación de la realidad existente por una transformación en ideas”, a partir de la cual “la realidad existente es depurada en el concepto, y el Yo y el Tú concretos son transformados en esencias ideales” (1969: 97). Este análisis de los pronombres culminará en la idea de que dichas partículas no son sólo pronombres gramaticales sino esencias de las cuales, en una primera instancia, se destaca el yo que crea un tú ideal y lo absorbe. En otras palabras, se produce “la absorción ideal de la amada por el amante” y en dicha absorción “la figura del yo crea a la amada desde sí mismo” (1969:102). En este punto, Costa Viva coincide con Spitzer a quien cita; sin embargo, luego se distancia de él al comentar que a lo largo de La voz a ti debida la amada va ganando autonomía, es decir, “el tú es cada vez menos el propio yo desdoblado que aparecía como primera plataforma del diálogo amoroso y va adquiriendo la forma de un tú esencial independiente del amante, hasta llegar a ese gran
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descubrimiento del tú autónomo” (1969: 106). De este modo el Yo se rinde paulatinamente al Tú aun cuando haya sido llamado Yo el que había iluminado al Tú en una primera instancia. (1969:107).
De aquí deducirá la investigadora tres características propias del Tú. Por un lado, su infinita posibilidad de darse que la lleva a convertirse en amante activa; por otro, su perfección que, valga la redundancia, perfecciona al Yo; y, por último, su inagotabilidad, según la cual, a punto de agotarse, vuelve a renacer.
Finalmente, llegamos a la quinta actitud de Salinas frente a la realidad: la iluminación de la misma. En este apartado de su libro, la autora enumera una serie de ciclos antinómicos o problemas que presenta la poesía de Salinas (principalmente en La voz a ti debida, aunque menciona también sus primeros libros y Razón de amor), entre los que destaca: el problema del tiempo, a partir de la cual se produce una tensión entre su duración real y la necesidad de alcanzar una temporalidad esencial de presente (1969:114); el del nombre, en el que el poeta se opone al nombrar genérico, mecanizado y corroído por el tiempo (1969:117-118); el de la apariencia y la realidad esencial de la amada que se esconde detrás de aquella falsa apariencia (de ahí que el yo sienta la necesidad “de irla despojando de toda su contextura exterior, de toda anécdota”) (1969:119-121); y en cuarto lugar, el ciclo de las dudas del yo que incluyen dudas acerca de su propia continuidad en el amor, de la existencia real de la amada y del amor del Tú.
Tras estos ciclos antinómicos y antes de ocuparse de El contemplado, Costa Viva destaca la búsqueda, en la poesía de Salinas, del mundo prenatal (con el prefijo “des”) y del mundo del detrás (con el prefijo “tras”), mundos ambos que se configuran a partir de la ruptura con los límites establecidos en el mundo habitual. En palabras de la autora, el mundo prenatal “es un mundo de entera libertad, todavía sin nombre, sin tiempo, mágico, en el que no hay estructuras” mientras que el mundo del detrás “es el del tiempo esencial, del nombre perfecto, de la revelación transparente” y ambos “están al principio y al fin de esa gran realidad que es el tiempo, al comienzo y en la meta del lenguaje, antes de la duda y después de la duda, al comienzo de las horizontales y al fin de las verticales, antes del advenimiento del ser y después del tú traslucido” (1969: 138). Apreciamos una vez más la necesidad de Salinas de crear en su poesía mundos que escapen a las limitaciones propias de la vida diaria habitual y de sus coordenadas espacio-temporales corrientes.