Chapter 3: Methods
3.4. Intervention
Elección Aperitivos Postres… INVITADOS Número Cómo colocarlos AMBIENTE Música Iluminación Adornos en La mesa UTENSILIOS Vajillas Mantel Utensilios cocina COMIDA O CENA EN CASA
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Finalmente, compruebe que ya ha saciado su sed; si no es así, repita este último paso tantas veces como sea necesario.
Cortázar
3.
LOS POETAS TAMBIÉN COMEN
“Si como soy como soy”
Carlos Edmundo de Ory”
El gusto por los alimentos, el placer que proporciona una buena comida, la sencillez de una barra de pan han sido escritas en poesía en todos los tonos y en todos los tiempos. También el sabor que evoca un momento de amor, el gusto de la persona amada o una tarde que pasa ante nosotros y que el escritor paladea como si fuera un suculento plato o un recuerdo amargo que vuelve una y otra vez a nuestro paladar, todo nos hace recordar que nuestro cuerpo es la razón suprema como bien decía Nietzsche y es en él donde quedan las huellas de nuestra vida.
El recuerdo de una tarde Ángel González la titula Meriendo algunas tardes.
Meriendo algunas tardes
Meriendo algunas tardes: No todas tienen pulpa comestible.
Si estoy junto a la mar Muerdo primero los acantilados, Luego las nubes cárdenas y el cielo
-escupo las gaviotas- y para postre dejo los bañistas jugando la pelota y despeinados.
Si estoy en la ciudad Meriendo tarde a secas: Mastico lentamente los minutos -tras haberles quitado las espinas-
y cuando se me acaban me voy rumiando sombras, rememorando el tiempo devorado con un acre sabor a nada en la garganta.
Ángel González, La promoción poética de los 50. Col Austral Espasa Calpe. Madrid 2000
En este poema, toda un alarde de una evocación a través del sabor de una vida que, al final, deja un gusto acre, el autor literalmente come, mastica, rumia y muerde el recuerdo imborrable de una vida que ya está en el atardecer en un ejercicio lúcido y crítico de la experiencia personal con un lenguaje sin adornos, simple y asequible.
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Ahora imitaremos a Ángel González:
Hay un verso que enuncia lo que hace el poeta: Verbo en 1ª persona + complemento de tiempo
Meriendo algunas tardes...
Después tenemos una oración condicional Si estoy junto a la mar.. y después toda una serie de acciones propias de la comida: muerdo, escupo..
De nuevo se repite la estructura: Si estoy en la ciudad... y un conjunto de acciones: masticar, rumiar, devorar...así hasta acabar con un verso de cierre. Pongámonos a escribir el poema. Hacemos un T.I. con los elementos siguientes: Primero buscaremos el momento de la comida: El desayuno, la comida, la merienda o la cena, según queramos describir el comienzo de nuestra vida, nuestra edad juvenil o la madurez. Luego, buscamos los lugares que queremos evocar: nuestra casa, la montaña, la ciudad... Nuestros recuerdos, buenos y malos, las vivencias que tenemos de aquellos momentos, los objetos, las personas, las sensaciones... Seleccionamos los verbos que tengan que ver con las acciones que queremos describir: tragar, masticar, morder..Y pongámonos manos a la obra.
Ángel González escribió este bellísimo poema como una metáfora del paso
de la vida. Pero hay otros poetas que hicieron alusión a la comida de modo
directo para contarnos una historia de dos, una historia de amor en el que la complementariedad de dos personas está escrita en términos directamente referidos a la comida. La costarricense Ana Istarú escribió este texto:
:
Y colgaríamos naranjas en cada nube
Si yo fuera azúcar Y tú fueras almohada,
Si yo fuera pan
Y tú amor escarchado en la nevera, Si fuéramos
La ranura blanca
De una puerta que se abre en la oscuridad, Las luciérnagas que brotan
De las latas de conserva, Si fueras mi bolsillo
Y yo un puño de moras recién cortadas, ¡cómo se enredaría la brisa alrededor nuestro
par formar una canción inmensa de burbujas celestes y amarillas
enmarcando la extensión antigua de las ventanas! Ana Istaru: La estación de la fiebre y otros amaneceres.
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Podemos intentar escribir un poema parecido a éste. Es una sucesión de oraciones condicionales en las que los pronombres yo y tú se van alternando en los versos para concluir en un verso en primera persona del plural
Este es un ejemplo.
Si yo fuera un helado Y tú fueras chocolate caliente…
Si yo fuera fruta fresca Y tú el azúcar que la cubre…
Si fuéramos
Alimento el uno del otro… El hambre no tendría nombre.
El amor, el contacto físico del acto amoroso, el beso tienen sabor dulce como así lo canta Javier Marín Cevallos, en un poema muy corto y esclarecedor en el que el beso dulce es comparado con el alimento, tan necesario como es la comida para un animal; en este caso, la hierba para un búfalo.
La vida de las abejas
Ella robaba azucarillos en las cafeterías y salía radiante Poniéndose el azúcar en la lengua
Para que yo acudiera a besarla
(como un búfalo en extinción acude al olor de la hierba)
Javier Marín Cevallos. Bufes, vida mía
De la escritora argentina Olga Orozco hemos seleccionado el poema Señora tomando sopa, un hermoso e inquietante texto, sugeridor de durísimas experiencias a través de imágenes de gran eficacia, metáforas de la aceptación o de la renuncia cuyo pretexto es un plato de sopa que hay que aceptar porque no hay otra salida.
Señora tomando sopa
Detrás del vaho blanco está la orden, la invitación o el ruego, Cada una encendido sus señales,
Centellando a lo lejos con las con las joyas de la tentación e el rayo del peligro
Era una gran ventaja trocar un sorbo hirviente por un reino, Por una pluma azul, por la belleza, por una historia llena de
Luciérnagas.
Pero la niña terca no quiere traficar con su horrible alimento: Rechaza los sobornos del potaje apretando los dientes. Desde el fondo del plato asciende en remolinos oscuros la condena:
Se quedará sin fiesta, sin amor, sin abrigo,
Y sola en lo más negro de algún bosque invernal donde aúllan los lobos Y donde no es posible encontrar la salida.
- 141 - Ahora que no hay nadie,
Pienso que las cucarachas quizá se hicieron remos para llegar muy Lejos.
Se llevaron a todos, tal vez, uno por uno, Hasta el último invierno, hasta la otra orilla.
Acaso estén reunidos viendo a la solitaria comensal del olvido, La que traga ese fuego,
Esta sopa de arena, esta sopa de abrojos, esta sopa de hormigas, Nada más que por puro acatamiento,
Para que cada sorbo la proteja con los rigores de la penitencia, Como si fuera tiempo todavía,
Como si atrás del humo estuviera la orden, la invitación, el ruego.
Olga Orozco. Eclipses y Fulgores .Lumen.1998.
Un escritor que ha dedicado un gran número de poemas a alimentos, casi todos ellos sencillos condimentos que forman parte del acompañamiento o de l enriquecimiento del plato principal es Pablo Neruda. En sus Odas elementales, el escritor chileno dedica sus mejores alabanzas a humildes alimentos como el pan, la cebolla, la alcachofa.
Oda al pan Pan, Con harina, Agua Y fuego Te levantas. Espeso y leve, Recostado y redondo, Repites El vientre de la madre, Equinoccial Germinación terrestre. Pan, Qué fácil Y qué profundo eres: En la bandeja blanca
De la panadería Se alargan tus hileras Como utensilios, platos
O papeles, Y de pronto,
La ola De la vida,
La conjunción del germen Y del fuego, Creces, creces
De pronto Como Cintura, boca, senos,
Colinas de la tierra, Vidas,
- 142 - La plenitud, el viento
De la fecundidad, Y entonces
Se inmoviliza tu color de oro, Y cuando se preñaron Tus pequeños vientres,
La cicatriz morena Dejó su quemadura En todo tu dorado Sistema de hemisferios, Ahora, Intacto, Eres Acción de hombre, Milagro repetido Voluntad de la vida.
Pablo Neruda, Odas elementales.
La propuesta ahora es escribir una oda y tomaremos la de Pablo Neruda como ejemplo perfecto para hacer un pequeño homenaje a nuestro alimento favorito,
Lo primero que debemos recordar es que una oda es una composición poética en tono solemne de alabanza a alguien o a algo. Para saber escribir un, nada mejor que analizar la estructura de la que hemos puesto de ejemplo:
• Se alaba un alimento, le trata en segunda persona (tú/ usted) • Se describe su aspecto.
• Se describe cómo se cocina.
• Se describe cómo lo saboreamos y /o cómo nos gusta.
Ahora vamos a analizar un fragmento de la estructura del poema.. En primer lugar fijémonos en los adjetivos aparecen encadenados y que nos sugieren formas, colores, sentimientos y adjetivos de carácter antitético. También prestaremos atención a las metáforas, como la comparación que hace el autor con el cuerpo de la mujer, sus senos que son colinas de la tierra o la cicatriz morena para denominar la hendidura que divide en dos una hogaza o una barra de pan.
Veamos la composición de un fragmento del poema: 1. sustantivo (al que se le dedica la oda)
2. preposición + sustantivo 3. conjunción +sustantivo 4. verbo en 2ª persona
5. Definición: adjetivo + adjetivo. 6. adjetivo + adjetivo.
7. verbo en 2ª persona. 8. sustantivo (comparación) 9. encadenado de metáforas.
- 143 - Ahora vamos a escribir. Procuraremos buscar un alimento que produzca en nosotras un sentimiento ambivalente, por ejemplo la miel. Su excesivo dulzor y su espesa textura puede provocar en nosotros agrado o desagrado dependiendo de nuestra capacidad de saturación de dulce.
Una primera aproximación al alimento y, desde luego, al poema sería una exploración completa de la miel. Debemos tener en cuenta:
• Lo que de la miel vemos. • Lo que oímos.
• Lo que olemos.
• La sensación que nos produce cuando la saboreamos
• Los sentimientos y las sensaciones que nos produce. (exploración
multisensorial).
Después de esta primera aproximación, buscamos metáforas que nos sirvan para ensalzar lo que tiene de positivo y que nos critique lo que tiene de negativo.
Ya tenemos el material – las palabras- con las que confeccionar el poema. Veamos una propuesta:
• Primer verso: Miel • Segundo verso: néctar
• Tercer verso: adjetivo + adjetivo (antitéticos) • Cuarto verso: Adjetivo + adjetivo.
• Del quinto al décimo verso: encadenado de metáforas. • Undécimo verso: Un vocativo.
• Duodécimo : Miel
Para hablar de los poetas comenzamos con una merienda, la de Ángel González, terminaremos con un desayuno de Luis Alberto de Cuenca, un elegante juego de amor cotidiano en la que el poeta hace un recorrido por los hábitos y los gestos que le gustan de la persona a quién ama y que termina con unos versos con humor referidos a la relación del amor y las ganas de comerse a la persona amada.
El desayuno
Me gusta, cuando dices tonterías, Cuando metes la pata, cuando mientes, Cuando te vas de compras con tu madre
Y llego tarde por tu culpa.
Me guata más cuando es mi cumpleaños Y me cubres de besos y de tartas,
O cuando ere feliz y se te nota, O cuando eres genial con una frase
Que lo resume todo, o cuando ríes (tu risa es una ducha en el infierno) o cuando me perdonas un olvido. Pero aún me gustas más, tanto que casi
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Cuando, llena de vida te despiertas Y lo primero que haces es decirme: “Tengo un hambre feroz esta mañana,
Voy a empezar contigo el desayuno.”
Luis Alberto de Cuenca..
Tenemos aquí una composición de estructura repetitiva:Se pueden hacer poemas con estructuras repetitivas con variedades: diciendo lo que gusta y lo que no gusta de una persona. Para ello, escribimos un T.I. para recordar todas aquellas cosas que nos agradan o nos desagradan, o ambas cosas de una persona y luego escribir un poema con una estructura sintáctica repetitiva para terminar con un verso o dos de ruptura.
Y ahora vamos a darle un giro a la poesía. Escritores ha habido que se han servido de la mesa para dar rienda suelta a su sentido del humor. Un ejemplo famoso es el poema del escritor del siglo XVI Baltasar del Alcázar, Cena jocosa, en el que se describe, con todo lujo de detalles el transcurso de una cena copiosa y los sentimientos y sensaciones que cada vianda y cada plato producen en el invitado, todo ello regado con buen vino.
Cena jocosa
En Jaén, donde resido, Vive don Lope de sosa,
Y diréte, Inés, la cosa Más brava dél que has oído,
Tenía este caballero Un criado portugués...
Pero cenemos, Inés, Si te parece primero. La mesa tenemos puesta; Lo que se ha de cenar, junto;
Las tazas y el vino, a punto: Falta comenzar la fiesta. Rebana pan. Bueno está. La ensaladilla es del cielo; Y el salpicón, con su ajuelo,
¿no miras que tufo da? Comienza el vinillo nuevo
Y échale la bendición: Yo tengo por devoción De santiguar lo que bebo. Franco fue, Inés, ese toque:
Pero arrójame la bota: Vale un florín cada gota
Deste vinillo aloque. ¿De que taberna se trajo? Mas ya: de la del cantillo;