Data collection and analysis
3 Stakeholder views on the ecosystem services approach: the VALMER interviews
3.3 Methods: stakeholder interviews
3.3.5 Interview analysis
organismos vivos que se encuentran en un medio ambiente (environnement).
La posición tomada por el racionalismo de la preguerra (materialista: Kosic; espiritualista: Mounin) defendía una doble tesis sobre el lenguaje humano: su independencia de los lenguajes animales y la arbitrariedad del signo lingüístico. Es decir, que su estructura sería ajena a la época evolutiva en que hubiera cristalizado (autonomía de lenguaje) y arbitraria en relación a las cosas del mundo. La Etología, que ha cristalizado tras la Segunda Guerra Mundial (Lorenz, Tinbergen), introduce diferencias esenciales en la consideración del lenguaje humano: éste no sería más que un episodio de los lenguajes de comunicación animal y no sólo no sería independiente del mundo, sino que estaría vinculado al medio ambiente. Thom se alinea con esta última posición. Su argumento responde a la pregunta: ¿Es el sentido una cuestión puramente lingüística! La respuesta ha de ser negativa. El Sentido desborda la actividad lingüística, porque en el mundo hay «formas» que poseen «sentido» para organismos que no poseen lenguaje. Pero defender la tesis de la comunicación animal no tiene por qué conducir a un reduccionismo biológico, puesto que los organismos vivos reaccionan ante esas «morfologías» sin que sea obligatorio que la respuesta esté vinculada estrictamente a las formas, a los contornos, a las siluetas...; puede ser un sonido, un color, un aroma... Lo que sí parece necesario, sin embargo, es que haya una cierta
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precisamente la TC estudia la estabilización de gérmenes inestables. Pues bien, estos fenómenos son estudiados por Thom bajo el concepto de pregnancia.
La ontología de saliencias / pregnancias
Una saliencia es, en la ontología de Thom, toda forma experimentada que se separa netamente del fondo continuo del cual ésta destaca. Algunas de entre estas saliencias provocan una reacción de gran amplitud en el sujeto: liberación de hormonas, excitación emotiva, atracción o repulsión, etc. A estas formas Thom las llama
pregnantes (la psicología de la Gestalt hablaba de Prágnanz) y pregnancia a ese
carácter específico.
Los animales están fascinados por formas del mundo externo, que, para ellos, tienen una gran capacidad de ser pregnantes. Ciertamente estas formas son un subconjunto de otras formas más numerosas, las saliencias que se destacan en el espacio externo produciendo, al menos, un interés momentáneo. Pero no todas estas saliencias tienen el mismo interés para el animal; sólo algunas de ellas, las grandes estructuras de regulación que afectan al comportamiento de todo individuo -hambre, apresamiento, sexualidad, huida, etc.-, se convierten en pregnantes16. Estas formas pregnantes se propagan a través de una saliencia (sonido, olor...) que puede entenderse como una fisura de la realidad por donde se filtra la pregnancia. Tales saliencias quedan
catectizadas m por las pregnancias, cuyos modos de propagación son los bien conocidos
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El criterio que propone Thom es la capacidad de identificación del sujeto con la «morfología», debido a la resonancia: las pregnancias quedan estabilizadas por acoplamiento de las saliencias. Se podría decir que el análisis morfológico de los objetos consiste en atribuir algo así como un cuerpo, es decir, un efecto de frontera que separa la «figura», un contorno, del «fondo», un continuo, por lo que no es descabellado hablar de una cierta intencionalidad del objeto más que del sujeto. La identificación del sujeto con una forma exterior es el aspecto fundamental de la «significación». Es en esa situación cuando se produce el «juicio» conceptual (en el sentido escolástico de la predicación), que es, en realidad, la elección de una estrategia frente al objeto al que se ha conferido una intencionalidad: «El rayo mata, destruye». Estrategia, en principio, espacial, como la «captura», la «huida» o la «lucha».
El hombre es capaz, sin embargo, de construir pregnancias, de dar significado a formas que biológicamente no son interesantes [Fig. 5.5]. Es lo que asociamos a la
curiosidad, a la capacidad de análisis del mundo, una vez resuelta la supervivencia. El
lenguaje habrá de ir permitiendo diferenciar el «yo» del mundo «exterior» y darnos la posibilidad de la autoconciencia. En el extremo se instalará el enfermo patológico (neurótico), que identifica el lenguaje con el mundo exterior. Frente a los animales, que quedan constreñidos con necesidad biológica por las grandes figuras de regulación, el hombre es capaz de superarlas mediante la creación de «conceptos» contingentes. El arte, la religión, la filosofía -las figuras del Espíritu Absoluto hegeliano- ya son posibles.
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El lenguaje nos permitirá disminuir ese poder de fascinación de las formas externas, al construir conceptos que serán pregnantes. Esta tesis estaría corroborando la del psicólogo Nicholas Humphrey, quien tras plantearse la cuestión de qué es lo que hay de complejo e imprevisible en la vida de los seres humanos para que necesiten ser tan inteligentes, llegó a una respuesta sorprendente: No es el mundo de los asuntos
prácticos lo difícil de controlar, sino el comportamiento de los otros miembros de la especie. Las relaciones humanas habrían jugado un papel más fundamental en el
proceso de antropomorfización que la fabricación de herramientas, etc.: "La historia de
la sociedad humana en los últimos miles de años es la historia de lo que las personas se han dicho unas a otras, de lo que han pensado unas de otras, de rivalidades, de amistades, de ambiciones personales y nacionales".
Este contexto psicológico es muy adecuado para entender por qué Thom se adentra en una teoría del origen del lenguaje. Este tema sobre «los orígenes lingüísticos», que despertara pasiones durante el siglo XVIII y buena parte del XIX, se convirtió en tabú cuando la Société Lingüistique de París resolvió en 1866 no considerar trabajos sobre el tema. Y, aunque este artículo de los estatutos fue eliminado en la reforma de la Société en 1876, la prohibición fue objeto de un consenso que permanece hasta nuestros días. La apuesta de Thom es, sin duda, una provocación a las tradiciones de su país, y se pone manos a la obra: El lenguaje se iniciaría como un grito de la presa- humana, que (jaría cuenta del peligro virtual o real ante la amenaza del depredador- animal; no carga, sin embargo, las tintas sobre el papel maniqueo de |o «nuestro» contra lo de «ellos». También se centra en la detección, mediante otro conjunto de signos, del posible «engaño» del enemigo «interior»; éste sería el privilegio de la resonancia
psicológica entre humanos: tratar de comprender mediante signos lingüísticos el estado
de ánimo del «otro». "La vida en grupo incitó desde muy temprano a los hombres (y a
los animales prehomínidos) a forjarse una representación del comportamiento de sus congéneres y en particular a forjarse una representación de los caminos de su regulación afectiva". De ahí que las relaciones inmediatas sean tanto las relaciones
circulares con sus congéneres como las relaciones con «seres» portadores de peligros potenciales (presumiblemente animales predadores), lo que nos llevaría a una tesis sobre la religión, como relación animal-hombre, muy espectacular, en la que aquí no podemos
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entrar21). En todo caso, esas señales asociadas a una situación biológica podrían consi- derarse como las primeras formas de los conceptos: clases de equivalencia entre formas salientes provocadas por la emisión de una señal.
Los primeros conceptos, la primera predicación, se iniciaría con los deícticos. El fenómeno lingüístico puro sería la catexia (objetiva, intergrupal, común a la especie) de una forma saliente sonora por una pregnancia. Una forma pregnante (alimento, calor...) se propaga a través de una saliencia (sonido, olor...), que suele estar vinculada al cuerpo de la madre: los sonidos que salen de su boca, las manos indicando objetos, etc. De ahí la necesidad de indicar (mediante deícticos o métodos semejantes) esta localización, que al principio está indeterminada y necesita auxiliares apropiados de naturaleza demostrativa para ser fijada. Thom trata de responder a una cuestión central: Las estructuras pregnantes ¿están o no determinadas genéticamente? Frente a la teoría estándar de la Biología Molecular, considera que las cadenas de ADN no pueden contener suficiente información para codificar todos los contornos que los objetos pueden adquirir en un espacio tridimensional: a lo sumo pueden aproximarse a la estructura topológica global. Se necesita aprendizaje, transmisión cultural, lenguaje. El lenguaje sería uno de los medios más decisivos para el reconocimiento de las formas, tanto de aquéllas con las que hay que asociarse, como de aquéllas otras de las que hay que huir. Una de las motivaciones de la función lingüística es destruir la «alienación» primitiva por las formas pregnantes. Entre el alimento y el predador, entre las parejas sexuales, entre el atacante y la huida... se crea un espacio intermedio, un espacio
semántico en el que surgen los conceptos y que matizan la vida de los hombres: la
comida tiene lugar a unas horas determinadas, en unos lugares determinados (la casa propia, por ejemplo; hay que pensar en lo que esto significa de cara a la propiedad privada, etc.); el piropo, el requiebro, las coplas... distancian las relaciones entre varones y mujeres; la negociación reemplaza al conflicto, etc, etc.
NOTA: Estos dos primeros apartados no son en absoluto gratuitos, porque funcionan como operadores que permiten pasar de la teoría matemática al dominio de la Lingüística, por lo que están bien justificados: sólo pueden ser formas pregnantes aquellas que poseen cierta estabilidad interna; y el concepto de «Estabilidad» es preocupación central de la TC. Pero, en efecto, la TC es independiente de la Lingüística,
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no tiene nada que ver, en principio, con ella. «Resonancia» y «regulación biológica» pertenecen, digamos, a los pre-ambula fidei de la TC, a su preparación y propedéutica.
3) El Desglose lingüístico de un proceso espacio-temporal. Desde la teoría de