Cuando una persona se dedica a tomar fotografías, sea amateur o de modo profesional, organiza las informaciones que posee, o que crea, para convertirlas en imagen y luego las captura a través de la cámara fotográfica según sus objetivos, que pueden ser de orden documental, artística, social, publicitaria u otra. En este acto, independiente de sus intenciones particulares, los fotógrafos conjugan su técnica, sus conocimientos, las exigencias de los medios o los clientes para los que trabajan, si es el caso, y la intención de hacer de sus fotografías un objeto de expresión y comunicación.
Al convertirse en un medio de expresión de realidades o ficciones, la fotografía genera una contribución social al documentar lo fotografiado. Bajo esa premisa, la fotografía puede ser considerada un testimonio visual de los aspectos elegidos por el fotógrafo que le otorgan un sentido narrativo a la imagen captada. A través de la fotografía se puede, por ejemplo, tener acceso al conocimiento de las actitudes de una determinada época.
La responsabilidad y la necesidad de hacer visible un fenómeno de naturaleza artística o fáctica, dota a los fotógrafos de intuición y agudeza, que son los puntos de partida para elegir el instante de apretar el disparador para capturar una imagen en una mínima fracción de segundo. Cómo un acróbata, el fotógrafo trata de desafiar las leyes
de lo probable e incluso de lo posible; en último término, debe desafiar las leyes de lo interesante: la foto se hace “sorprendente” a partir del momento en que no se sabe por qué ha sido tomada. (BARTHES, R., 1989:68). El resultado de este desafío,
consumado a través de la elección del momento y del objeto fotografiado que va a sorprender o hacer reaccionar. El objeto fotografiado, aunque natural, se convierte en notable y, de esa manera, el fotógrafo acaba por convertir “cualquier cosa” en el colmo sofisticado del valor.
Otra característica esencial de los fotógrafos es la capacidad de observación: hay que ser un buen observador antes de ser un buen fotógrafo y cabe aquí esclarecer que la observación se da no sólo con los ojos, sino con todos los sentidos.
Antes de todo, el fotógrafo es un ser humano con todas sus complejidades. Es causa y consecuencia de las imágenes que realiza. Resultado de la disputa entre lo que fue y lo que va a ser después de enseñar sus fotografías y sujeto a las influencias que le condujeron a elegir lo que debe ser fotografiado y lo que debe ser rechazado, en términos de creación de fotografías como objeto de apreciación visual.
En cuanto persona, las cualidades que definen al fotógrafo se revelan a través de su obra a medida que adopta una manera de expresarse única y personal. En su libro
Cartier-Bresson, el ojo del siglo, Pierre Assouline ve al fotógrafo como un fotógrafo de
alma, más que un fotógrafo de guerra, puesto que le interesaba más registrar la esencia de los hechos en vez de las escenas cruentas y asociaba la mirada al éxito de una fotografía. Para Barthes la mirada está intrínsecamente asociada al oficio del fotógrafo, puesto que está presente en el momento en el que elige lo que va a fotografiar y también cuando la imagen es vista por los espectadores. A la experiencia personal que se produce al mirar algunas fotografías, llama “aventura”. (BARTHES, 1989:49). Según propone Roland Barthes en La cámara lúcida, los movimientos de subjetividad ocurren gracias a la intención del fotógrafo en proponer un juego, también subjetivo, con el espectador.
Otro punto a considerar es el de las influencias de cada fotógrafo. Dotados o no de formación artística, académica o cultura fotográfica en general, a muchos les complace darle los méritos a un mentor que les impartió los conocimientos necesarios para que pudieran hacer sus fotografías.
Sin considerar cualquier concepción filosófica o conceptual sobre la fotografía, hay que evidenciar lo obvio: aunque muchos fotógrafos afirmen que no teniendo una cámara en manos, hacen fotografías mentales, para efectivamente tomar una fotografía y hacerla objeto visible, todo fotógrafo necesita de una cámara, puesto que sin ella no hay fotografía. Fotógrafo y cámara, […] como en una pareja de amantes, podríamos
decir que él es lo que le falta a ella y ella lo que le falta a él. (ASSOULINE, P, 2002:
82). En este sentido, Flusser (1983) analiza la relación entre el fotógrafo y el aparato fotográfico. Según este autor lo que le impulsa al fotógrafo a tomar fotografías no es exactamente la posibilidad de retratar lo que está a su alrededor, sino el acto de jugar con lo que le ofrece el programa inserto en la cámara.
Pese a parecer bastante sencillo, al plasmar un determinado instante, el fotógrafo tiene que tomar decisiones y ejecutar varias tareas a la vez. Un proceso que reúne conocimientos, instinto y sensibilidad y luego se transforma en movimiento para que pueda disparar y, efectivamente, hacer la toma fotográfica.
Al hacer visible su fotografía a otras personas, necesariamente les enseña, además de la imagen fijada, su opinión y su manera personal de ver el objeto o el personaje fotografiado, aunque pueda no estar consciente de esto. En el ejercicio de la fotografía, aplica su gusto y su conciencia, sin embargo, es la mirada del espectador lo que hace evidente la conjunción de todos estos factores. El efecto que provoca la fotografía en quien la ve es, por lo tanto, el resultado de lo que capta la cámara teniendo en cuenta el elemento humano que la manipula, y su propia reacción ante lo observado. Según Barthes, la esencia de la fotografía y el efecto que produce se hallan en aquellos detalles que, inadvertidamente, transitan delante de los ojos del observador y aún así le suscitan recuerdos o sensaciones de añoranza y dolor. A esos elementos, Barthes llama
“secundarios o de connotación” y no pueden ser repetidos aunque se intente repetir la fotografía o la situación que la generó. Para Assouline, esas imágenes con elementos de connotación contienen una violencia oculta latente y tácita, es decir, una mirada furtiva, por ejemplo, puede revelar de manera mucho más eficiente que un conflicto demasiado evidente.
En el ejercicio fotográfico, fotógrafo y cámara juntos pueden plasmar impresiones y conceptos y hacerles impresionables y conmovedores, modificándoles o no a través de técnicas de laboratorio o programas de edición y retoque fotográfico. Con relación a este tema, tenemos variadas opiniones sobre la validez de una toma fotográfica. Para los puristas, y en esta categoría se puede incluir el fotógrafo Cartier- Bresson,(1908-2004) las técnicas de laboratorio no deben pertenecer a los fotógrafos, sino a los especialistas en revelado y no deben ser utilizadas para hacer cambios en el encuadre ni en las características originales de la toma fotográfica. Sin embargo, hay los que defienden que el laboratorio y los programas de edición ofrecen múltiples posibilidades y producen una nueva oportunidad de alumbramiento de la imagen, tanto al resaltar determinadas texturas, efectos de luces y sombras, como también siendo un recurso para salvar una imagen que, originalmente, no resultó perfecta.