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3.6 Data Collection Methods

3.6.1 Interviews

El licenciado Vidriera. Novelas ejemplares. Dibujo de Paret (Barcelona, etc., Ediciones Populares Iberia, 1932). [nº 24]

Tomás Rodaja es un joven de once años que llega a Salamanca a honrar a su familia gra- cias a las letras. Junto con dos estudiantes a quienes sirve, consigue el título de licenciado, y con él, después de un periplo militar por tie- rras italianas acompañando al capitán Valdivia, se presenta en Salamanca para ganarse la vida gracias a su ingenio. Y será en este momento cuando la citada dama salmantina le envenene con un hechizo:

Y así, aconsejada de una morisca, en un mem- brillo toledano dio a Tomás unos d’estos que llaman hechizos, creyendo que le daba cosa que le forzase la voluntad a quererla, como si hu- biese en el mundo yerbas, encantos ni palabras suficientes a forzar el libre albedrío; y así, las que dan estas bebidas o comidas amatorias se llaman veneficios; porque no es otra cosa lo que hacen sino dar veneno a quien las toma, como lo tiene mostrado la experiencia en muchas y diversas ocasiones.

Seis meses pasará el pobre licenciado Rodaja en cama. Y al cabo de este tiempo, recupera la salud, pero no la razón ni el entendimiento. Ahora no se trata de personajes que descono- cen su origen y nacimiento, que esconden sus sentimientos e intenciones, que se dejan llevar por el deseo de aventuras o que terminan triun- fando cuando se une la virtud con la hermosu- ra, sino de un personaje que cambia, que se transforma, que deja su antigua identidad para agenciarse una nueva: el licenciado Rodaja ha quedado en la cama y quien ahora se levanta de ella es el licenciado Vidriera. El envenenamien- to del hechizo con el membrillo le ha converti- do en otra identidad, una identidad doble. Pues es ingenioso en sus palabras, pero loco en su comportamiento, en sus gestos:

Y aunque le hicieron los remedios posibles, solo le sanaron la enfermedad del cuerpo, pero no de lo del entendimiento, porque quedó sano, y loco de la más estraña locura que entre las

locuras hasta entonces se había visto. Imagino- se el desdichado que era todo hecho de vidrio, y con esta imaginación, cuando alguno se llegaba a él, daba terribles voces pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen, porque le quebrarían, que real y ver- daderamente él no era como los otros hombres, que todo era de vidrio de pies a cabeza.

Y sacará su ingenio a las plazas y calles de Sa- lamanca primero y luego en Valladolid, a donde se ha trasladado la corte desde Madrid desde 1601 (y hasta 1606). Y no dejará pregunta sin contestar ni oficio sin criticar: los poetas y la poesía, los libreros, mozos de sillas de mano, mozos de mulas, boticarios, jueza de comisión, sastres, zapateros, pasteleros, alguaciles, da- mas cortesanas, tahúres… Tan solo los actores y los clérigos parece que se salvan del dardo certero de sus críticas ingeniosas. De los pri- meros se expresa con estas palabras, muestra de su gran ingenio:

pero lo que menos ha menester la farsa es per- sonas bien nacidas; galanes sí, gentiles hom- bres y de expeditas lenguas. También sé decir d’ellos que en el sudor de su cara ganan su pan con inllevable trabajo, tomando contino de memoria, hechos perpetuos gitanos de lugar en lugar y de mesón en venta, desvelándose en contentar a otros, porque en el gusto ajeno consiste su bien propio. Tienen más, que con su oficio no engañan a nadie, pues por momentos sacan su mercaduría a pública plaza, al juicio y a la vista de todos. El trabajo de los autores es increíble y su cuidado extraordinario, y han de ganar mucho para que al cabo del año no salgan tan empeñados, que les sea forzoso hacer pleito de acreedores. Y con todo esto son necesarios en la república, como lo son las florestas, las alamedas y las vistas de recreación, y como lo son las cosas que honestamente recrean.

Dos años permanecerá el licenciado Vidriera sorprendiendo a todos con su ingenio y con su

La fuerza de la sangre. Nouvelles exemplaires de Michel de Cervantes Saavedra . Traducción del Abad S. Martin de Chassonville (A Lausanne & à Geneve, Marc-Michel Bousquet & Comp., 1744).

[nº 21]

locura, con ese creerse tan transparente como el vidrio. Y a los dos años, un religioso de la orden de San Jerónimo termina por curarle. Y ahora el licenciado Rueda (su nuevo nombre al haber cambiado una vez más), con su salud y con su entendimiento recuperado, intenta ga- narse la vida con su ingenio en la corte, pero el recuerdo y la sombra de su locura vítrea no se lo permiten: cada vez que sale de casa, le rodean niños y curiosos esperando respuestas ingeniosas a las que les tenían acostumbrados. Así que no le queda otra que recuperar su ofi- cio de militar y acompañar al capitán Valdivia en sus aventuras, dejando “fama en su muerte, de prudente y valentísimo soldado”.

Si en La española inglesa, Cervantes dedica el último párrafo a indicarnos la enseñanza, la “ejemplaridad” que se puede sacar de este relato, con el triunfo de la hermosura y la vir- tud, La fuerza de la sangre, supone una vuelta de tuerca sobre el mismo argumento, alrede- dor de uno de los temas más debatidos, piedra angular de la sociedad barroca de la España de principios del siglo XVII: la honra. Un debate que fue aplaudido por el cervantismo del siglo XIX, y que hoy presenta argumentos, acciones y comportamientos muy alejados de nuestra sensibilidad.

El argumento parte de una historia toleda- na, que el propio Cervantes alude a ella como contemporánea (de ahí que los nombres de los personajes escondan el verdadero de sus pro- tagonistas para no sacar a la plaza pública lo que era un secreto), y contrapone dos mundos, en una visión de la sociedad de la época muy del gusto del autor complutense: por un lado, un viejo hidalgo que, aunque empobrecido, vive en paz con su mujer y sus dos hijos: un niño