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Chapter 5 Case Study: Adaptive Scan D ithering

5.1 Introduction

Según el reporte de Ashley Montagu (1986), antropólogo británico-norteamericano, entre las décadas de 1940 a 1960 tres investigadores, Adolf Portmann, John Bostock y F. Kovacs, aparentemente de manera independiente, llegaron a una conclusión similar en relación a la duración de la gestación humana. Ellos llamaron la atención sobre

la inmadurez y vulnerabilidad del humano al nacer, que contrastaba con un mayor potencial de sobrevivencia de los recién nacidos de otras especies animales, incluidos los primates, y concluyeron que el humano al nacer sólo habría alcanzado una fracción de su gestación, debiendo completar la siguiente mitad – o algo más – fuera del útero. De acuerdo a sus trabajos, la gestación humana debería ser de aproximadamente entre 20 y 24 meses para alcanzar el nivel de desarrollo de los demás primates y otros mamíferos recién nacidos. Bostock propuso que la falta de maduración músculo esquelética del humano requeriría un periodo de gestación externa que debería extenderse hasta que se alcanzara la locomoción cuadrúpeda (gateo), es decir, alrededor de los 10 meses después del nacimiento. Con base en lo anterior, se propuso entonces que la gestación humana debería incluir dos etapas: la interna, en útero, y la externa. Montagu propuso la designación de estos periodos como útero-gestación y extero-gestación, precisando que la segunda se extendería hasta los 24 a 30 meses después del nacimiento.

Si aceptamos lo anterior, la unidad biológica establecida entre la madre y el conceptus, a partir de la concepción y durante el embarazo no cesa en el momento del

nacimiento, sino que se intensifica y se hace más interactiva durante la extero-gestación. Durante ese periodo de dependencia del infante en su madre se establecería una relación simbiótica que permitiría, además, el crecimiento y desarrollo del cerebro. Al respecto, también a diferencia de otros primates, el cerebro del niño al momento del nacimiento tiene entre un cuarto

cuadro 18. Acciones conducentes al mejoramiento de la seguridad alimentaria y nutricional, efectos, sostenibilidad

y medios para lograr impacto

Líneas de acción

en atención a actividades Efectos en el tiempo Sostenibilidad Medios que la política utiliza para el logro de impacto

Manifestaciones Provisión temporal de bienes y servicios Corto a mediano placo Baja

• Focalización • Efectividad • Continuidad

Causas subyacentes Desarrollo de programas integrados Mediano y largo plazo Mediana

• Integralidad • Universalización • Continuidad Causas básicas o estructurales Estado de derecho, empoderamiento de la mujer y la sociedad, crecimiento con equidad

Largo y muy largo plazo Alta

• Autoridad nacional • Gobernabilidad • Concertación en

y un tercio del peso del cerebro del humano adulto, alcanzando su mayor velocidad de crecimiento durante el primer año de vida. Es por esta razón que el parto ocurre cuando el producto es aún inmaduro, puesto que si el parto se pospusiera hasta cuando el cerebro alcanza madurez su tamaño haría imposible el tránsito por el canal del parto.

El crecimiento y desarrollo del cerebro durante los primeros 12 a 24 meses de edad demanda una

considerable cantidad de energía, oxígeno y nutrientes. Si el cerebro de 1,350 gramos de un adulto, que representa el dos por ciento de su peso, requiere aproximadamente el 20 por ciento de toda la energía del adulto en reposo, en el recién nacido la demanda es proporcionalmente mayor, alcanzando hasta un 65 por ciento de la energía disponible.

Siendo el cerebro un órgano esencial para la vida, su adecuado crecimiento y desarrollo es prioritario para el organismo y, en consecuencia, será privilegiado en la aportación de la energía, oxígeno y nutrientes disponibles. En el caso de que existan deficiencias nutricionales en el neonato o infante, el cerebro

mantendría prioridad, aún a expensas de otros órganos y tejidos, lo que afectaría su crecimiento y desarrollo. La baja talla para la edad, así como otras anormalidades del crecimiento y desarrollo representarían entonces adaptaciones exitosas del proceso evolutivo por las que ha transitado la humanidad.

Puede concluirse que la adecuada nutrición durante el periodo que comprende el de la útero-gestación, la extero-gestación y el periodo de transición es fundamental para un óptimo crecimiento y desarrollo humano. Durante ese tiempo, que corresponde al embarazo, periodo de lactancia exclusiva y lactancia complementaria hasta el segundo año de la vida, debe establecerse una estrecha relación madre- hijo que exige de la madre preparación, cuidado y especial dedicación. Es durante ese periodo en el que programas exitosos de alimentación, nutrición y salud tendrían una ventana de oportunidad para promover el óptimo crecimiento, desarrollo y formación de capital humano. Ese periodo es el que en la actualidad se conoce como el periodo de “los mil días”, resultante de la suma de la duración del embarazo, 270 días, más los 730 días correspondientes a los primeros dos años de vida.

La iniciativa de “los mil días”, entre el embarazo de una mujer y el segundo cumpleaños del niño, ofrece una “ventana de oportunidad” única para impactar en el crecimiento del niño, su capacidad de aprender y superar la pobreza. La recomendación de focalizar programas de alimentación, nutrición y salud durante ese tiempo han tenido confirmación, entre otros, por resultados de estudios efectuados en Guatemala por el Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá (INCAP). Fueron precisamente hallazgos del estudio longitudinal de crecimiento y desarrollo del INCAP, iniciado en 1969 y extendido hasta el presente, los que confirmaron que las acciones de nutrición en edad temprana eran claves en la reducción de la morbilidad y mortalidad, el mejor crecimiento y desarrollo, el rendimiento escolar, así como en la mayor productividad e ingreso económico del adulto. Este estudio, continuado por más de 40 años, también está aportando valiosa información para entender la relación directa entre la desnutrición temprana en la vida y las enfermedades crónicas del adulto.

Con base en lo anterior se propone que acciones efectivas de alimentación y nutrición focalizadas en los primeros mil días de la vida son clave para el mejoramiento de la salud y nutrición de los guatemaltecos. Ello implica que las acciones preventivas deben iniciarse desde antes del embarazo y continuarse durante el embarazo y el posparto, de modo que el estado de nutrición materna sea óptimo para garantizar la adecuada nutrición del feto y del lactante, en los periodos de la útero y extero gestación. La puesta en práctica de esta recomendación, que parece muy sencilla, no es, sin embargo, tarea fácil. La mujer en edad fértil, en especial la mujer rural e indígena, es la más afectada por los problemas crónicos de salud y nutrición, como se evidencia en su baja talla, en muchos casos inferior a la encontrada en adolescente de países desarrollados. Por otra parte, la mujer es también quien lleva la carga del trabajo doméstico, que representa consumo elevado de tiempo y energía y que compite con el cuidado de los niños y la preparación de sus alimentos, entre otras. Otros estudios también del INCAP mostraron que hasta un tercio de la energía disponible cada día para la mujer rural se utiliza en conseguir agua para uso doméstico; otro tanto se utilizaría en cargar leña, trabajos agrícolas y otras actividades. Por otra parte, el estatus de la mujer en el hogar y en la sociedad está, en general, subordinado.

Medidas de efecto en el corto

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